Mi selección del Salón

Llega el salón y, por estas fechas, uno tenía la costumbre, ya saben, de hacer selecciones variadas: “La Selección de la Cárcel”, “La selección de 100€”, “Sólo puede quedar uno”… Lo de siempre, listas para entretenimiento privado y de los que aparecieran por aquí. Nunca he sabido si, realmente, llegaban a ser útiles, pero hay dos cosas seguras: a muchos le gustaban y, a mí, también. Así que ya puestos, como yo estaba haciendo mi particular lista de compras, pues la comparto. La lista la hago con el obligado listado de Entrecomics, sin duda el más completo, usando tanto los meses de abril como los de mayo, ya que muchas novedades se han solapado con las del Día del Libro.
Vamos allá: a primera vista, la verdad es que la sensación es de desolación. Bueno, no más que desolación, cierta decepción. Quizás es que estábamos malacostumbrados, a listas interminables con centenares de novedades que siempre tenían algunos títulos de esos de impacto absoluto, que te hacen babear de gusto con sólo pensarlos.
Este año la lista es exigua, con títulos que casi piden permiso con timidez para salir. Quizás porque los gordos, los llamados a llevarse los premios (Sacco, Ware, Beto, etc), ya han salido durante los primeros meses del año. Quizás, porque antes las editoriales eran de tebeos y esperaban a quemar sus naves en el Saló y, ahora, las editoriales son grandes grupos de la edición de libros a los que el Saló les importa relativamente poco. No lo sé. El caso es que visto el listado, me ha costado encontrar un título completamente indispensable para esta cita catalana. Si tuviera que elegir de todos los que siguen a continuación, me quedaría sin duda con el libro de Kurtzman, pero es algo ya publicado en nuestro país. Aunque en penosas condiciones (¿recuerdan ustedes aquella miniatura llamada Biblioteca EC?), no es estrictamente una novedad.
En cualquier caso, ahí va la lista de novedades que me hacen tilín este año (a falta de la lista que más me interesa desde hace años, la de fanzines y autoeditores, que este año vendrá vitaminada por la Gutter Fest y Graf), ahí va . Como siempre, personal e intransferible.

Cutlas, el vaquero samurái, de Calpurnio (Panini). Una obra maestra del cómic. Un continuo reto a las posibilidades expresivas del medio. Un delirio sin límite. Vamos, que no me lo pierdo ni jarto güiski.
FF2, de Matt Fraction y Mike Allred (Panini). No he leído esta serie, pero los comentarios son los suficientemente elogiosos como para picarme el gusanillo de leer algo de superhéroes.
He visto ballenas, de Javier de Isusi (Astiberri). El tema (la situación del País Vasco), atrae. Que lo firme Isusi, más, porque ha demostrado una especial inteligencia para tratar sus obras.
Las guerras silenciosas, de Jaime Martín (Norma). Martín es un fuera de serie que vuelve otra vez al relato personal y autobiográfico con esta historia sobre la mili. Es un narrador dotado, pero sus aproximaciones al género nunca me llegaron como las series de los Primos del Parque o Sangre de Barrio. Volver a esa época con ese trayecto posterio de aprendizaje narrativo promete.
La marca amarilla, de Edgar P. Jacobs (Norma). Edición de lujo de un tebeo que me suliveya. Que sí, que Jacobs es reiterativo, que sus textos son infinitos… Pero La marca amarilla tiene su punto retro y, sobre todo, esa componente nostálgica inocente en la que, de vez en cuando, vale la pena zambullirse.
¡Cadáver en el Imjin! y otras historias bélicas, de Harvey Kurtzman (Norma). Vale, paren las máquinas. EL CÓMIC del salón. No por su temática bélica (que, reconozco, no me llama especialmente), sino porque Kurtzman es capaz de desarrollar las reflexiones más lúcidas sobre la guerra desde un planteamiento narrativo de una modernidad aún hoy no superada. Indispensable.
kurtzman
- I am hero 7, Kengo Hanazawa (Norma). Sí, estoy enganchado, ¿qué pasa? Buen entretenimiento con una aproximación diferente a los zombis de siempre.
Marte, Ida y Vuelta, de Pierre Wazem (La Cúpula). Apúntenme al bando de a los que les gustó mucho Koma, la obra que realizó con Peteers. Sumen ustedes que no me disgustan las colaboraciones con Tirabosco y el resultado de la ecuación es que tengo muchas ganas de leer una obra suya en solitario.
Tarzán vol. 1, de Russ Manning (Livros de Papel) No soy un gran aficionado a Tarzán. Ni siquiera me interesan mucho las tiras de Manning, gran dibujante, lo reconozco, pero de un estilo que no me llama. Pero la labor de Caldas es tan necesaria, tan brillante, que hay que apoyarle, saque lo que saque.
La entrevista, de Manuele Fior (Salamandra Graphic). Fior me deslumbró con 5000 km por segundo y me dejó maravillado con La señorita Else. Dicen las malas lenguas que esta obra es todavía mejor. Para mí, la cuarta gran novedad del salón
Cuadernos rusos, de Igort (Salamandra Graphic). Igort deambula a veces entre la genialidad y obras que me dejan frío, frío. Pero siempre hay que darle una oportunidad, sobre todo después de las interesantes entregas de cuadernos anteriores.
Last Man 1, de Balak, Sanlaville y Vivès (Diábolo). Divertidísimo tebeo de aventuras, un delirio que acumula todas las influencias que deglutieron los niños de finales del s. XX, del manga a los videojuegos.
La técnica del perineo, de Ryuppert y Mulot (Diábolo). Ya lo comenté por aquí: esta pareja hace los tebeos más sorprendentes del panorama francés. E incluso lo hacen desde el mainstream más puro. Se han edulcorado en lo experimental, pero su inteligente discurso está incólume. Excelente, la segunda gran novedad del salón.
El polo sur, de Alexis Nolla (Apa Apa) Nolla es un autor a seguir, ya sea haciendo una pequeña colaboración en un fanzine o las obras que ya ha publicado con esta editorial. Fijo en la compra.
- El Bus, de Paul Kirchner (Ninth Ediciones). La obra de Kirchner es tan exigua como fundamental. Surrealismo delirante con dosis de humor negro vitriólico en uno de los tebeos más sugerentes de la década de los 80. La gran tercera novedad del salón.
El colecionista, de Toppi (Ninth ediciones). Nadie entiende la narrativa gráfica como Toppi. Su concepción es de un barroquismo complejo, que aprovecha hasta el último resquicio de su trazo para dirigir la vista del lector. Sí, sus guiones no son lo mejor, pero su brillantez gráfica es tal que todo se le perdona.
Manos Kelly Integral, de Hernández Palacios (Ponent Mon). No soy un gran fan de Hernández Palacios, siempre me ha parecido demasiado estático en su planteamiento narrativo. Pero Manos Kelly es una obra entretenida y divertida que marcó en cierta forma la historia del tebeo en este país al aparece en Trinca, abriendo la puerta a una forma más europea de contar historias de aventuras en tebeo.
Garabatos, de Liniers (reservoir Books). Liniers para niños. Me da igual, siempre que leo a Liniers me siento como un niño.
Seraphim, de Satoshi Kon (Planeta de Agostini). El Kon director de cine es magistral. El dibujante, excelente. Hay tan pocas obras de Kon en papel que es obligatorio leerlas todas.
Degenerado, Chloé Cruchaudet (dibbuks) No he leído nada de Cruchadet, pero viene avalada con montones de premios y, sobre todo, por excelentes reseñas en mis webs de referencia de BD, así que le daré oportunidad.
Masala Chai, Christian Cailleaux (dibbuks). Cailleaux me ganó con la espléndida R97 y no pienso fallarle.
- Tyler Cross Río Bravo, Fabien Nury y Brüno (dibbuks) Me encanta Brüno y Nury es un guionista solvente, razón más que sobrada para darle oportunidad a esat incursión en el género negro.
Pioneros del Cómic. Monsieur Criptograme y otras historias, de varios autores (El Nadir) Esta pequeña editorial sigue haciendo arqueología de lujo de la historieta. Necesaria, obligada para entender el medio que amamos.
La canción de Apolo, de Osamu Tezuka (ECC) Y la quinta novedad inexcusable. Leída ya y, aunque no sea una de las grandes del maestro japonés, tiene momentos de una poesía increíble y, también, la escena más dura y cruel que jamás he visto en un tebeo.
Putokrio, de Jorge Riera y otros (Ponent). Jorge ha sido siempre un provocador nato. Un ego desmedido en busca de reconocimiento que, a diferencia de otros, tiene una tendencia autodestructiva que le da una perspectiva completamente distinta a sus obras. Putokrio es un resumen perfecto de esa fascinante dualidad. Y salgo yo en un cameo :)

ACTUALIZACIÓN

Me entero, tarde, que por fin Fulgencio Pimentel saca su antología Terry para el Graf. Ojito que la selección es impresionante:  Seiichi Hayashi , Los Bravú. Olivier Schrauwen, Sindre Goksøyr, Sébastien Lumineau, Michael DeForge, Sammy Harkahm, Bendik Kaltenborn, Nacho García, Simon Hanselmann, Jim Woodring, Rayco Pulido, Ed Carosia, Gonzalo Rueda, Peter Jojaio y José Ja Ja Ja. Una obra en la línea de otras grandes antologías que se presenta como una de las grandes novedades del Salón/Graf. Sin duda, la sexta de las novedades imprescindibles.

Lo mejor del 2013

Con esto de las listas me siento casi siempre inmerso en una dicotomía, como decían los Luthiers. La razón, en plan Pepito Grillo, me repite machaconamente que es una tontería, que no se puede hacer una lista rigurosa sin haberlo leído todo, que no deja de ser una chorrada sin más importancia, por mucho que Eco eleve las listas al origen de la cultura… Y tiene razón, obviamente, como su nombre indica. Pero claro, en el momento en que la dichosa razón se da la vuelta, entono cánticos plañideros de culpa para justificarme pero me dedico a hacer listas de todo, a seguirlas, a buscarlas y a divertirme con ellas. Porque sí, porque es divertido, ya sea para criticar, para debatir o simplemente para reconocer espíritus hermanos. Es verdad que podemos encontrar mil y una justificaciones más, que incluso son útiles si se usan bien y con cierto tino, pero lo de las listas es, básicamente, un divertimento. Decía Don Umberto, también, que sirven para ordenar y generar conocimiento, lo que no deja de ser cierto y práctico, pero a lo que vamos, lo fundamental es pasárselo bien con ellas. Llevo ya un par de años un poco apartado de la primera línea y, aunque todavía no he podido recuperar el ritmo lector de antes, este año me he pegado un atracón de lecturas comparado con los tres anteriores. Y oigan, menuda suerte, porque el año ha sido suculento hasta decir basta…
Les pongo la lista de mis 25 mejores lecturas (el orden, azaroso, no le hagan demasiado caso, los cinco primeros sí que me parecen superiores al resto, pero el orden que le he puesto puede variar según cómo amanezca la mañana), y luego voy comentado:

1. El libro de los insectos humanos, de Osamu Tezuka (Astiberri)
2. Los surcos del azar, de Paco Roca (Astiberri)
3. La cuerda del laúd /Fran, de Jim Woodring (Fulgencio Pimentel)
4. La infancia de Alan, de Emmanuel Guibert (sins entido)
5. Atajos, de Martí (La Cúpula)
6. La propiedad, de Rutu Modan (Sins Entido)
7. El rayo mortal, de Daniel Clowes (Random House)
8. Playground, de Berliac (Ediciones Valiente)
9. Grandes preguntas, de Andres Nilsen (Fulgencio Pimentel)
10. Un médico novato, de Sento (sins entido)
11. La hermandad de historietistas del Gran Norte, de Seth (Sins Entido)
12. Vampir, de Joann Sfar (Fulgencio Pimentel)
13. No os indignéis tanto, de Manel Fontdevila (Astiberri)
14. Nela, de Rayco Pulido (Astiberri)
15. Aâma 3, de Frederick Peeters (Astiberri)
16. La gran odalisca, de Bastien Vives, Ruppert y Mulot (Diábolo)
17. Beowulf, de Santiago García y David Rubín (Astiberri)
18. Spleen, de Esteban Hernández (Autoedición)
19. Pulir, de Nacho García (Fulgencio Pimentel)
20. Conversación de sombras, de Max (La Cúpula)
21. El fuego, de Miguel B. Núñez (Caramba)
22. Autobiografía, de Shigeru Mizuki (Astiberri)
23. I am a hero, de Kengo Hanazawa (Norma)
24. Pornográfica, de Nacho Casanova (Diábolo)
25. Cuaderno de frases encontradas, de Juan Berrio (Autoedición)

Como este año no he hecho reseñas, comento algunas cosas…
Lo de Tezuka, simplemente brutal (Nota: no, no he puesto Fénix porque es reedición y sólo he considerado las nuevas ediciones en España), estratosférico. La capacidad de este autor para sacar a flote las miserias humanas es de genuflexión y saludo florido. Me sorprende además cómo Tezuka consigue salirse de la tradición nipona de relatos extraordinariamente extensos (que él mismo practica en Fénix, Buda, Astroboy o Black Jack) para sintetizar en obras cortas como El libro de los insectos humanos o la magistral también Ayako unos mensajes tan potentes, tan acertados. Para muchos puede que su estilo gráfico humorístico sea un problema, pero creo que en este caso juega a su favor y aporta un contraste entre forma y fondo que consigue descolocar todavía más al lector. De Don Paco Roca, ¡qué decir! Que firma su mejor obra hasta el momento y que me sigue sorprendiendo su innata capacidad para construir sobre todo lo que ha hecho antes. En Los Surcos del Azar se pueden detectar los mejores hallazgos de El invierno del dibujante y de Memorias de un hombre en pijama, pero corregidos y asimilados para entenderse en una historia donde el mensaje superficial es contundente y el subyacente, magistral. Porque me ha parecido que su reflexión sobre las muchas heridas abiertas de la Guerra Civil es pertinente y necesaria, pero esa realidad imaginada que analiza y cuestiona las razones del autor, que es capaz de lanzar una autocrítica tan dura hacia la canibalización de las personas que hace la ficcionalización de la historia es tan necesaria como demoledora. Del señor Jim Woodring nos ha llegado doble entrega y hago trampa, colocándolos juntos, cierto, pero es que mi pasión por el Omnifactor® es sólo comparable a otras coconinadas mías. Me apasiona cómo Woodring desgrana lo cotidiano para transformarlo en materia imaginada, pero que sigue manteniendo intactas sus propiedades vitales. Las historias de Frank cabalgan entre lo real y lo imaginario, son ventanas que muestran un retrato colorido en blanco y negro de una realidad deformada y repugnante. Y de las dos entregas, Fran concentra lo mejor de lo mejor, la síntesis de la vida humana expuesta en dos extremos contrapuestos. El congreso de las bestias y Fran son, para mí, la síntesis perfecta de lo que representa la visión de Woodring, y la edición de Fulgencio Pimentel en un solo volumen potencia todavía más esa doble versión: por un lado, una visión repleta de actualidad que pone en tela de juicio la triste verdad del ser humano, creyente en una esperanza de felicidad que es manipulada por otros; por otro, la única felicidad verdadera que le queda al ser humano, el amor, apenas un concepto que vive más de la imaginación que de lo efímero de su existencia. Las dos, sin principio ni fin, cara y cruz, una refugio de la otra. Maravilloso.
De La infancia de Alan sólo decir que el señor Guibert había alcanzado los cielos con El Fotográfo y La guerra de Alan, pero que al llegar a la infancia se transfigura y logra en sí mismo el estatus de dios celestial. Porque lo que hace con la niñez de Alan no es dar testimonio de la dureza de una infancia o del paso del tiempo, es hilar con esmero un tapiz donde todas las infancias están recogidas, donde todos nos podemos reconocer de una forma u otra. Universaliza al ser humano a través de la infancia, crea un espacio común en el que todos podemos ser parte a través de nuestra memoria. Por su parte Atajos me ha vuelto a llevar a los 80, a esos momentos donde mis neuronas fueron destrozadas y reeducadas a golpe de historieta de El Víbora, descubriendo que el tebeo lo podía todo y se atrevía con todo. Y mucha culpa tuvieron las historietas de Martí, desnudas de artificios y decoraciones, que se me clavaban en los ojos hasta hacerlos sangrar. Y lo increíble es que lo siguen haciendo, que treinta años después me siguen descolocando y desasosegando con la fuerza de ese trazo grueso y limpio (a ver si se anima La Cúpula con esa genialidad que es Dr. Vértigo, uno de mis tebeos españoles preferidos de la historia).
Tras este grupo de cinco genialidades, el orden deja de importar, pero voy comentando telegráficamente que me encantó como Rutu Modan se convierte en nuevo estandarte de la línea clara (puro Flotc’h en este libro) para seguir esa línea suya de contar historias en segundo plano, ahí escondidas. Porque La propiedad toma lo cotidiano y anecdótico para devolver casi, casi, el suspense de una aventura canónica de Hergé, pero inoculando inadvertidamente duras reflexiones sobre la historia judía y sobre las relaciones personales. El rayo mortal llega tarde a España, demasiado tarde, toda una década, pero sigue siendo una lectura catártica, un fin de etapa emocional para el lector aficionado a los superhéroes. Reconozco que nunca he tenido ese punto adicto a los superhéroes, quizás porque nunca me han enganchado los personajes (en general, no os creáis, siempre he sido un repelente empollón gafapastoso como bien saben los que esto leen), pero la obra de Clowes tiene fuerza hasta para alguien que jamás los haya leído. Es el degüello final, la pica en Flandes: Moore mató a los personajes llevándolos a la realidad y Clowes mata aquí los restos de ilusión del aficionado demostrando que la realidad no cabe en los personajes. Quizás la lástima es que se pierde en la edición que llega aquí (la misma que la reciente reedición americana) el formato original en grapa de gran tamaño, que aportaba una reflexión metalingüística nada desdeñable. Pero sigue siendo una gran, gran tebeo. Playground fue una sorpresa, un discurso agresivo y descarado que obliga a repensar los dogmas del tebeo desde una reflexión paralela que toma a Cassavetes como inspirador e hilo conductor. A mí me dejó bocabierto por su atrevimiento y fuerza. Por su parte, las Grandes preguntas de Andres Nilsen son el ejemplo perfecto de cómo la trascendencia tiene también su lugar en el tebeo, pero desbrozándola de pretenciosidad y pontificados doctrinales para llegar a ella desde el minimalismo más absurdo, dejando un discurso tan limpio como penetrante y efectivo. Sento fue, en su día, uno de los grandes renovadores del tebeo español, formó parte de esa generación de autores que reivindicaron un arte adulto y comprometido con lo cotidiano y con una nueva estética, que nunca se marchó del todo, pero que por fin vuelve por la puerta grande con Un médico novato, adaptación de la biografía de su suegro, Pablo Uriel, que sirve como testimonio de cómo la Guerra Civil atrapó a muchos a medio camino de todo, de la vida y de las ideas. Y de cómo las adscripciones a bandos estaban más ligadas al azar de la vida que a la realidad de las ideas. Sento está ahí, en esos dibujos tan reconocibles y suyos (¡Ay! Lo hice, me volví a releer por enésima vez Velvet Nights y Cazando millonarios) para soltar esa bonhomía que le inunda a capazos en sus viñetas, en forma de narrativa tan sencilla como perfecta. Me ha encantado. Seth es un señor que me encanta cuando se poner el traje de Ware para renovar lenguajes, pero reconozco que me apasiona cuando hace relatos de apariencia sencilla e inocente como Wimbledon Green y su continuación natural, La hermandad de historietistas del Gran Norte, deliciosa reivindicación de la lectura de tebeos y de sus autores. Hago trampa con Sfar, lo sé, porque Vampir se ha publicado ya, pero como la edición de Fulgencio Pimentel incluye dos inéditos en España, aprovecho para colarla en la lista. Porque Sfar me apasiona y porque Vampir, también. Por su frescura, por su sinvergonzonería, por su descaro y por su romanticismo. Porque los vampiros molan, pero los vampiros románticos que más que obsesión por morder, tienen obsesión por estar enamorados, molan más. De No os indignéis tanto, de Manel Fontdevila, mantengo lo que dije en twitter: en el futuro, debería ser el libro de texto obligado para entender el comienzo del siglo XXI. Primero, porque Manel pone la bala donde pone el ojo. Pero una bala tan fina y certera como explosiva y destructora. Segundo, porque las reflexiones de Manel son lúcidas y acertadas, y más de uno debería hacérselo ver si no coincide con él. Y tercero, porque este señor es un genio dibujando y estruja el lenguaje del tebeo hasta donde muchos no se atreven. Con la excusa de que es humorismo gráfico, que son chistes, o incluso que no son tebeos, más de uno se pierde los logros increíbles logros para el lenguaje de la historieta que está haciendo este hombre. Las futuras generaciones de autores se lo agradecerán. Y las de españolitos.
De la actualidad al pasado, nada menos que a Don Benito Pérez Galdós, señor famoso porque en la EGB consiguieron que lo odiáramos, obligándonos a leer los episodios nacionales cuando lo que nos pedía el cuerpo era leer a Julio Verne. Con el tiempo me enganché a los Episodios Nacionales, a sus extremos exagerados y su populismo, que me encantaron, pero reconozco que no había leído la Marianela que adapta Pulido. Y como que me da igual, porque con mis disculpas a Don Benito, menudo tebeo se marca Rayco Pulido con Nela, atreviéndose con un clásico difícil pero reescribiéndolo hasta hacerlo próximo y actual, pero sin perder ese realismo costumbrista añejo. Brillantísimo. La tercera entrega de Aâma, de Frederick Peeters es otra genialidad de este hombre, que está construyendo con esta saga una revisión de la ciencia ficción en cómic de los 70. Comenzó su primer volumen homenajeando a Gillon y Los náufragos del tiempo, para terminar en esta tercera entrega inmerso en la lisergia humanoide de Moebius y Jodorowsky. Y todo con una historia que no te deja de atrapar. Otros que se dedican al homenaje con espíritu revisionista son el trío calavera formado por Bastién Vives, Ruppert y Mulot. El primero ya había demostrado ser un estilista del lápiz, un superdotado para transmitir sensaciones. Los otros dos son unos dinamitadores de las preconcepciones en el 9º arte, personalmente los autores que más me están haciendo disfrutar en los últimos años con su constante reinvención del medio. La unión era extraña a priori, pero el resultado ha sido afortunado, un homenaje repleto de guiños a la aventura clásica (manga, TV, etc) pero lleno de claves propias de las tendencias actuales de la historieta, en el que lo íntimo se encuentra con los fuegos de artificio en una mezcla atípica donde la ironía actúa de perfecto cemento. Porque si algo tiene La gran odalisca es que es un tebeo divertidísimo. Y que hace pensar mucho sobre cómo ha evolucionado el medio, todo sea dicho.
De Beowulf, a priori, no esperaba mucho. No por la solvencia de los autores, fuera de toda duda, sino por mi alergia a la épica y la fantasía, que no sólo está fuera de toda duda, sino que con la edad se agrava. Me hago abuelo cebolleta y cada vez me interesan menos las épicas, héroes, leyendas y fantasías. Y no es desprecio hacia ellas, ojo, sino aceptación resignada de mi degeneración neuronal, que llega tan galopante como la presbicia. El caso es que lo cogí sin ganas y, de repente, me encontré devorándolo con fruición, encantado y apasionado por los requiebros narrativos y artísticos que Santiago y David había urdido. Hay hallazgos realmente interesantes en la propuesta, como esas visiones paralelas del Grendel, desasosegantes, o la concepción de la puesta en escena que despliega Rubín, impactante. Por lo dicho antes, Spleen estaba destinado a gustarme. Y vaya si me ha gustado, no sólo porque de Esteban siempre me espero propuestas interesantes, sino porque en este caso me ha parecido una de sus obras más conseguidas. Esteban ha actuado siempre de francotirador de esa cultura de apariencia novedosa pero profundamente acomodada, es un autor que se resiste, afortunadamente, a caer en lo sencillo con propuestas que obligan a lector a pensar y repensar. Pero con Spleen le da la vuelta a todo y se planta ante el lector con una obra que le da lo que quiere, la felicidad a buen precio y facilita. Pero claro, menudo regalo envenenado, porque el misil de Spleen da en la diana y obliga a replantear si la felicidad es posible o si vale la pena la mierda -literal- a la que aspiramos… De Pulir no se puede ni se debe decir mucho. Pulir se debe leer. O mirar. O qué se yo. Pulir es la nueva presentación del LSD, que ahora en lugar de inhalarse, tragrase, inyectarse o fumarse, se lee. Pulir te deja noqueado durante horas, te rompe las retinas, te deja la corteza cerebral hecha unos zorros y luego te deja tirado como una piltrafa. Pero te levantas después como un ser (humano) nuevo, de verdad, oigan. De Miguel B. Núñez soy fan irredento: me encanta, me parece uno de esos autores que supuran inteligencia en sus propuestas y que parece que son invisibles para el resto del mundo. Me da igual, me sigue encantando y El fuego me ha parecido una lectura sugerente, un porno diferente capaz de impregnar de sexo los cuentos de siempre. Miguel suma y sigue, tras la prodigiosa El corazón de los árboles, El fuego me parece recomendabilísima. Conversación de sombras en la villa de los papiros, de Max, nace quizás con espíritu de obra menor, casi de sainete filosófico, pero que creo que recupera un Max gamberro, capaz de traducir una conversación filosófica entre Graco y Filodemo a puro estilo Bruguera, pero sin perder un ápice de la trascendencia de lo tratado. En apenas unas páginas, sabiduría gráfica y existencial por el mismo precio. La Autobiografía de Shigeru Mizuki ha sido a lo largo de sus seis volúmenes un deleite, un disfrute de esos pantagruélicos. El descubrimiento de Mizuki me dejó pasmado, es de esas dosis de humildad cruelmente humillante que el tebeo nipón nos suelta de vez en cuando: ¿te creías que lo sabías todo de tebeos? ¡Zas! En toda la boca, por chulo y garrulo. Un autor del que no sabías nada y es un genio. Entrar en su vida es puro cotilleo, puede, pero también una forma excepcional de conocer a un genio. I am a hero, de Kengo Hanazawa me gusta porque es un manga de zombis. Y punto. Pero también porque se atreve a iniciar el periplo matazombis con un guiño a Bakuman, y luego ponerse canónico pero contarlo de maravilla. Tras el agotamiento de la fórmula de Kirkman y Adalrd, Hanazawa es un soplo de maravilloso aire podrido para los que gozamos con los desmembramientos de muertos vivientes. Pornográfica, de Nacho Casanova es un tebeo del que no se ha hablado mucho. Y se debería. Quizás el problema es el de siempre, “uichs, le gusta el porno ¡qué depravado!”, loa soplapollez de siempre. Y no. El tebeo de Nacho es sexo puro, pero del de verdad, no el de las películas de pollas de medio metro e implantes mamarios hinchables. Es sexo del de las personas de carne y hueso, real, próximo, excitante y sincero. Es el sexo que vemos en nuestra casa, no en la tele. Y es genial. Y para acabar con un número redondo, mención para Cuaderno de frases encontradas, esa joya de Juan Berrio que, posiblemente, sea más ilustración que historieta, pero que me da igual, porque Berrio cuenta historias con una sola viñeta, abriendo tan sólo el espacio cerrado de una viñeta para contar una historia que se inició antes y seguirá después pero de la que no sabemos nada. Tan sólo imaginamos. O simplemente disfrutamos del placer voyeurista, que también. Qué más da: disfrutamos.

Me gustaron también, y cito rápidamente, La colmena, de Charles Burns (Random House), en la que el americano sigue en su extraña revisión tintinesca; Hawkeye, de Matt Fraction y David Aja (Panini), brillante Aja en su planteamiento de lo cotidiano del superhéroe con una concepción gráfica rompedora; Papel estrujado, de Nadar (Astiberri), un debut impactante, una obra que se lee de un tirón y que construye un thriller cotidiano apabullante; Hark, A Vagrant, de Kate Beaton (Ponent Mon) porque es deliciosamente absurda; Silvio José Destronado, de Paco Alcázar (Astiberri), porque Alcazar ha creado una versión hispana de Ignatius J. Reilly que supera al original con creces y Dictadores, de Irkus Zeberio y Sergio Puyol (apa apa) porque es una obra que en estos tiempos de dictadorzuelos encubiertos, se debe leer.
No son los únicos tebeos que he disfrutado, me lo he pasado pipa con reediciones como Creepy presenta Richard Corben (Planeta), con la que me he vuelto a enamorar del chicarrón de Kansas como hace 35 años; con los deliciosos Johan y Pirluit, de Peyo (Dolmen); con la incomparable Fenix, de Osamu Tezuka (Planeta de Agostini)… Me sigo quedando prendado de la elegancia de Romeo y Julieta, de Gianni de Luca (001 Ediciones) y, por supuesto, me declaro seguidor sectario y furibundo de Krazy Kat, de George Herriman, sobre todo en esa edición gigantesca de Peter Maresca que trajo Norma. Y ya puestos a hablar de clásicos, reverencia a Nadir y Reino de Cordelia por recuperar la obra de Caran d’Ache y el Litlle Sammy Sneeze, de Winsor McCay. Los agradecimientos siguen: a Astiberri por reeditar el Baco de Eddie Campbell, posiblemente la obra que más me gusta de este autor (excepción hecha de cuando colabora con el barbudo); a EDT por recuperar el Aghardi, de Enric Sió, fabuloso, rompedor e innovador y el apocalíptico Hombre de Antonio Segura y José Ortiz, lástima que hayamos perdido a estos dos gigantes de la historieta en tan corto intervalo de tiempo. Y a Planeta, por volver a editar Regreso al mar, de Satoshi Kon, uno de los mangas que me descubrió, valga la redundancia, el manga.
Y ya para acabar, resumo todo lo anterior en dos tebeos que este año me han devuelto el amor a los tebeos (que nunca he perdido, pero la frase queda bien y vosotros me entendéis): Le cadeau, de Ruppert y Mulot y La tendresse des pierres, de Marion Fayolle. El primero, porque manda a tomar por saco toda preconcepción que tengamos sobre la historieta haciéndole la autopsia literal a un tebeo. El segundo porque demuestra que existe la poética del tebeo.
Y eso es todo, amigos.

Una década encarcelado

Hace diez años abrí La Cárcel de Papel. Hace ahora casi un año, cerré este espacio. Han pasado muchas cosas, quizás demasiadas, entre ese 27 de diciembre de 2002 y éste de 2012.
Y creo que es un buen momento para divagar un rato sobre estos diez años.
Vamos primero por lo más personal.
Nunca me imaginé el éxito que tendría la página. Es algo que aun hoy me sigue pareciendo increíble: ¡miles de personas siguiendo las tonterías que decía día a día! La verdad es que, con el tiempo, uno va comprendiendo que el éxito en internet tiene un mérito personal relativo: la red suele funcionar cambiando el clásico “winner takes all” por un más escueto “first takes all”. El que primero llega se lo come todo. Simple, pero eficaz. Y yo fui el primero. Simplemente. Ni soy un gurú, ni un iluminado, ni mi sapiencia es ilimitada ni tengo carisma. Llegué el primero y la propia naturaleza de la web favoreció que fuera de los más visitados, por encima de otras páginas que llegaron después y que eran muy superiores a ésta. A partir de ahí, la historia está escrita y el éxito de la página me llevó a meterme de lleno en el “mundillo del tebeo”. Pero el tiempo pasa y fueron ocurriendo muchas cosas, la más importante, obviamente, ser padre.
Dice el tópico que te cambia la vida. Mentira. Se queda corto.
Es un cambio profundo que trastoca por completo todo tu esquema de valores, que relativiza todo lo que te pueda ocurrir y que, sobre todo y ante todo, devora todo tu tiempo. Y cansa, también. Que nadie avisa a los futuros padres de ese extraño estado en el que vivirás durante años, en el que sueño y cansancio se entretejen para crear una pesada cota de malla que es imposible de quitarse de encima. Pero oigan, que uno la lleva con felicidad, porque aunque las ojeras te lleguen a los talones, aunque el cuerpo te exija a grito pelado caer tendido en cualquier cuneta, en cuanto el crío te hace una gracia, tu cerebro libera serotoninas hasta dejarte anestesiado en un estado de bienestar casi lisérgico. ¡La Naturaleza es sabia!
Hoy, ya con la tranquilidad de esos once meses alejado de esta página, creo que fue una decisión muy acertada. Ya no tenía tiempo para estar al día y mi ritmo de lecturas se había desplomado de leer un tebeo casi todos los días a que ahora leo un tebeo cuando me acuerdo. No se puede mantener una página de “actualidad” en condiciones con esos términos. Y, afortunadamente, hay muchas páginas que suplen con creces lo que yo hacía aquí, muchísimo mejor de lo que yo hubiera sido capaz nunca de hacer. Es más, ahora soy consciente de hasta qué punto la página había degenerado. Había entrado en una inercia absurda en la que leía tebeos para reseñarlos con el automático puesto. Leo ahora las últimas entradas de La Cárcel y no me reconozco, no me encuentro como sí lo hago en las de los primeros años. Había perdido la frescura y, sobre todo, la libertad: me había creído al final la estupidez esa de que “todo poder conlleva una gran responsabilidad” y no me daba cuenta de que la opinión es libre. Que la responsabilidad del que opina es consigo mismo, con su coherencia, con sus ideas, y que no está sujeta a más obligación que el respeto mutuo. Tenía que haber cortado mucho antes, pero esa supuesta responsabilidad me nubló la sensatez.
¿Volveré a escribir aquí? No creo, aunque ya se sabe, “nunca digas nunca jamás”. Si algo tengo claro es que, si volviera a escribir en esta página, no sería para volver a esa dinámica loca de actualizaciones diarias obligadas. Hoy por hoy, me encuentro mucho más cómodo compartiendo mis lecturas a través de twitter o facebook. Es verdad, como algunos me han dicho, que sigo haciendo reseñas, aunque sean de sólo 140 caracteres, pero que nadie se equivoque: es simple deformación profesional como docente. Me cuesta escribir sólo el “mola/no mola” que sería más apropiado a las redes sociales, más que nada porque llevo años poniendo exámenes donde la pregunta solía acabar con la coletilla “Justifica brevemente tu respuesta”. Vamos, que si yo lo exijo, debo ser el primero en dar ejemplo.
Como veis, una soplapollez, pero uno ya peina canas y como que le da igual…
Dejemos lo personal, va, y hablemos de tebeos. Joder, cómo ha cambiado la cosa…
Hace diez años, el mundillo del tebeo intentaba salir todavía de esa fosa abisal en la que se había hundido durante los 90. Recordemos un poco la situación: durante los 80, los tebeos en España dieron un salto desconocido. Un medio puramente infantil rompía todos los esquemas y se subía al carro de la modernidad siguiendo el ejemplo de los colegas gabachos una década y media antes. ¡Qué tiempos! Fue el boom de las revistas, el boom del cómic de autor, que encontraba en los magazines el lugar ideal para expresarse con total libertad. De ser adulto y considerado. Fue la revolución autoral total: de hace chistes para niños de una página, a tratar cualquier tema por espinoso que fuera. Ser podía hacer género desde la fresca renovación que venía de Francia o desde la tradición americana, se podía hablar de experiencias personales o de cuestiones sociales, se podía hablar de sexo o de política, de la Guerra Civil o de la movida… ¡se podía hacer cualquier cosa con una historieta! Los medios de comunicación hablaban de historietas, los programas modernos dedicaban especiales a la historieta… la sociedad comenzaba a reconocer que la historieta era adulta y libre, que era un medio tan válido como cualquier otro. El cómic de autor, como bien bautizaba Javier Coma, campaba a sus anchas, por fin. Tenía la limitación de la publicación seriada en revistas, pero como explicaba el mismo Coma en El ocaso de los héroes en los cómics de autor, los autores habían sabido siempre aprovechar al máximo las limitaciones de la técnica editorial, buscando cualquier resquicio de la todopoderosa industria del entertainment para expresarse, para romper los esquemas. Con la tira diaria, con el comic-book, con el álbum francobelga o con la entonces incipiente comic-novela (¿os suena?). La repanocha fue aquello. Yo viví todo aquello con la pasión del que aprende sin parar, maravillado con lo que se publicaba en TOTEM, Comix, Vertigo, Madriz, Cairo, CIMOC… ¡Aprendiendo como loco con las maravillas que atesoraba la Historia de los Cómics de Toutain! Deseando leer todas aquellas joyas… hasta que la ilusión desapareció. La crisis de los 90 pegó con fuerza en el sector editorial y la burbuja explotó. El tebeo que tanto había deslumbrado volvió a quedarse en un objeto de entretenimiento para jóvenes. Y cuidadín con moverse que no salen en la foto. Durante los 90, los autores, de nuevo, tercos, intentaron amoldarse a ese formato de comicbook que anegaba e inundaba las estanterías de las librerías especializadas. Tuvieron suerte, bien mirado. Sobrevivieron gracias a que las librerías especializadas generaron un circuito de distribución limitado pero eficaz y a que la técnica rebajó los costes de edición, evitando las otrora obligadas tiradas abultadas. Se podía hacer un tebeo con una tirada de 500 o 1000 ejemplares a un coste razonable, algo que era inviable económicamente apenas una década antes. Circunstancias que favorecieron que, con el cambio de mileno, el tebeo se encontrara con una situación tan curiosa como inesperada: por un lado, una infraestructura de distribución casi perfecta para pequeñas tiradas. Por otro, una serie de evoluciones tecnológicas que permitían editar un libro con una tirada mínima. Y por último, un grupo de locos que montaron pequeñas editoriales para defender la obra personal de otro grupo de locos que querían, ante todo y sobre todo, hacer tebeos. En el 2002, cuando abrí la página, comenzaban a proliferar pequeñas editoriales que, desde casi la marginalidad, publicaban obras que recogían ese estandarte del cómic de autor. Ponent, Astiberri, Sins Entido, Inrevés… rompían los esquemas apostando por una edición en formato de libro, de obras de autor tan personales como minoritarias. Pero que ahora tenían un mercado. Minúsculo, pero existía. Era el comienzo de algo que todavía no tenía nombre claro, pero que pronto adoptó uno que venía de los USA: novela gráfica. Pero no era un término nuevo en España: mucho antes de que Eisner, Corben, Kane o la Marvel hablaran de novelas gráficas, las editoriales españolas de los años 40 ya usaron esa nomenclatura para definir un producto diferenciado del tebeo infantil, dirigido a lectores más adultos. Las “Novelas gráficas para adultos” fueron comunes durante los años 60, aunque generalmente con material de prensa americano (curiosamente, Terenci Moix denunciaba en Los cómics, arte para el consumo y formas pop que el término se estaba utilizando para intentar colar material extranjero). En el fondo, era siempre lo mismo. La búsqueda de un término que permitiera hablar de tebeos sin la carga peyorativa de la consideración infantil del medio. Se intentó con comic, comix, comic-novela, literatura dibujada…Y, la verdad, muchos vimos en la “novela gráfica” otro término destinado a pasar a la historia. Pero nos equivocamos. El concepto de “novela gráfica” no sólo llegó para quedarse, sino que tuvo un éxito desmedido. Se convirtió en el perfecto sinónimo de un cómic de autor que alcanzaba a través suyo un sentido total. Y es que mientras en el cine el concepto de “cine de autor” siempre estuvo en discusión, en cómic lograba sentido pleno a través de la novela gráfica: por fin, después de años buscando la expresión total, el autor tomaba pleno control de su obra, de continente y contenido. Durante toda la historia anterior, el continente quedaba siempre delimitado por unas posibilidades tecnológicas y de distribución controladas por una industria que entendía el tebeo sólo como entretenimiento. Ahora, el formato era controlado por el autor en toda su extensión. Es verdad que, bien mirado, era consecuencia de una contracción brutal del mercado, con tiradas tan pequeñas que eran ridículas comparadas con las que se daban apenas unos años antes, pero favoreció que el cómic de autor encontrara en la novela gráfica su lugar natural. Pero hizo mucho más: ese cómic de autor dio el ansiado salto a la legitimización sociocultural. El respeto que el tebeo había alcanzado durante los 80 volvió y se multiplicó, superando todo lo previsible. Los medios hablaron de tebeos, la oficialidad cultural admitía al tebeo como un arte más, las instituciones lo acogían, se creaba el Premio Nacional… Evidentemente no es un logro de la “novela gráfica”, sino de los autores, los que realmente han sostenido el tebeo y son los reales merecedores de todos los parabienes y alabanzas. Pero no se puede obviar que el término “novela gráfica” ha roto el veto que el tebeo tenía a entrar en los hábitos culturales. De hecho, el propio concepto ha tomado vida propia para convertirse en casi un sinónimo de tebeo para adultos aplicable a cualquier género o expresión, desde los tebeos más comerciales de superhéroes a los más intimistas, en una evolución de la que hay que congratularse, porque ayuda a normalizar la presencia de los tebeos en toda su extensión. Hemos visto en estos diez años cómo el género de superhéroes pasaba a ser fagocitado por la industria del cine (como, por cierto, anuncié casi al principio de la historia de La Cárcel, me pongo la medalla de Rappel de segunda B) para convertir al cómic en un merchandising de las películas, pero que seguía teniendo su espacio propio en el cómic gracias a unas “novelas gráficas” de los personajes más famosos, que afirmaban así el abandono de su originario público juvenil por uno más adulto. Ya no es necesario que el sistema se dinamite desde dentro, como hicieron Miller o Moore en los 80 con cómics de autor que hacían temblar los cimientos de una industria que busca desesperadamente la producción seriada completamente despersonalizada. El cómic de autor es ya una forma que lo impregna todo y que, cada vez más, deja en evidencia esas prácticas de producción industrial que olvidan la creatividad del autor como eje fundamental de todo producto cultural, ya sea de entretenimiento o artístico. Lo vemos en el comic-book, en el álbum francobelga con los francotiradores nacidos del Atelier Nawak, en el manga, en la tira de prensa, en los webcomics y, por supuesto, en la novela gráfica, desde la más comercial hasta la más rompedora.
¡Cómo ha cambiado todo! De un mercado de comic-books a otro de novelas gráficas. De internet casi testimonial, al alcance de cuatro privilegiados a convertirse en un reto tecnológico y sociocultural que ha cambiado la forma de entender el acceso a la cultura. Con todo, vivimos una gran época para el lector de tebeos, con una oferta desconocida antes, con unas posibilidades nunca vistas que, quizás, dejan como paradójico gran damnificado al autor, el gran protagonista de esta evolución que ve cómo su figura se equipara a la de los de cualquier otra área. Como en la literatura, la pintura, la música, etc, es prácticamente imposible que el autor de cómics pueda vivir de su obra. Puede, con suerte, vivir de hacer comics, pero difícilmente de su obra personal, un lujo reservado a cuatro privilegiados. Un cambio que también ha protagonizado la red en lo que a información se refiere, con la explosión de los blogs de información y opinión sobre tebeos, quizás hoy de capa caída por la todavía mayor explosión de las redes sociales, pero con muchas cosas que decir y con una selecta nómina de supervivientes a los que hay que seguir casi obligadamente.
Es difícil olvidar estos diez años. La Cárcel se ha convertido en una parte de mí y, también, para qué negarlo, en una verdadera prisión de la que era difícil salir. Pero he salido y, como decía, no sé si volveré. De volver a escribir en esta página, si alguna vez tengo tiempo, todo sea dicho, sería más puntualmente, y con otra idea completamente diferente. Es posible, por ejemplo, que haga un par de entradas al año que mucha gente me ha pedido y de las que siempre me ha gustado hacer: a finales de enero, un resumen de mis lecturas del año, que ahora son más recortadas y limitadas que nunca; y allá por mayo, el tradicional artículo sobre “los números del años”. Dos entradas que creo que son útiles y que, sobre todo, me lo pasaban muy bien haciéndolas- Es posible, también, que recupere el espíritu original de la página y vaya colgando por aquí los artículos que hago para la Cartelera Turia y algunas colaboraciones esporádicas que hago por aquí y por allá. Quería mantenerme totalmente al margen del mundillo del tebeo, pero la cabra tira al monte. Acabé quemado, muy quemado, lo reconozco. La experiencia de Angoulême fue ya la gota que colmó el vaso: hubo cosas malas, sí, pero las positivas debían ganar por goleada a las negativas. Sin embargo, el hecho de que la exposición me hiciera perder amistades, que gente a la que apreciaba me retirara la palabra, hizo que tirara la toalla. Después de aquello quise romper toda amarra con el mundillo, pero ahora me doy cuenta de que es imposible. Ya no tengo el tiempo de antes, pero sigo haciendo cosas, es evidente. Amo demasiado los tebeos como para dejar totalmente todo lo que les rodea. Y sí, si un amigo me pide que le presente un tebeo, lo haré. Y si puedo ayudar a montar cosas, pues lo hago. Pero eso sí, ya no estaré nunca en primera fila. Es el momento de otros.
Es el momento de disfrutar de todo lo que ha cambiado en el mundo del tebeo en estos diez años, que no es poco.
Y es el momento de daros a todos las gracias. La Cárcel existió porque exististeis vosotros leyéndola. Fue vuestro espacio y me habéis dado diez años geniales.
Gracias.

Hasta siempre

Todas las cosas tienen un principio y un final.
Llevaba mucho tiempo meditando esto, pero creo ahora ha llegado el momento: se acabó mi paso por la actualidad del mundo de los tebeos. Se cierra este espacio de La Cárcel de Papel que me ha dado tantas satisfacciones durante nueve años y dejo de colaborar en prensa (con la única excepción de la vinculación que tengo con la Cartelera Turia de Valencia) o eventos relacionados con el tebeo. Durante muchos años, casi veinte, he convertido mi hobby, mi pasión, en casi una segunda profesión. Y creo que debo volver a buscar esa sensación de disfrutar de la lectura de tebeos como lector raso, con la única preocupación de gozar de su lectura. Creo sinceramente que en estas cosas se debe dejar paso a los que vienen detrás y, sobre todo, ser consciente de las limitaciones de uno mismo. El comisariado de la exposición sobre tebeos españoles en Angoulême, uno de los proyectos más ilusionantes en los que he trabajado, es un perfecto broche final a mi trayectoria. No dejaré, eso sí, la vinculación académica y teórica con los tebeos, pero como algo muy reducido.
Han sido unos años maravillosos y, sin duda, me quedo con más amigos de los que merezco.
Vuelvo a ser, simplemente, un lector de tebeos.
Gracias a todos y hasta siempre.

Adiós Antonio

A punto de embarcar para España leo una de las peores noticias que podía leer: ha fallecido Antonio Segura.
Toda la alegría que me llevo de Angoulême ha desparecido de un plumazo. Ha muerto uno de los grandes, de los muy grandes. Y un buen amigo. No olvidaré jamás esos almuerzos en los que arreglábamos el munodo, Antonio. Descansa en paz.

Paco Roca

(Entrevista realizada en enero de 2011 y publicada en la Revista Laraña de Sevilla en 2011, aprovecho el estreno de la película de Arrugas para recuperarla. Como veréis es una entrevista muy informal, pensada para un público muy generalista.)

ENTREVISTA A PACO ROCA

La entrevista no puede tener mejor fondo: en la pantalla del ordenador, la portada de Laraña que está haciendo Paco, rememorando la mítica del primer Tío Vivo en una versión realista, al estilo de lo que Alex Ross hizo con Kirby.

Comencemos por el principio: ¿dónde nacen las ideas?
Pues la verdad es que es complicado. Por lo menos llegado el momento en el que estoy ahora, que creo que no es que cada vez tenga menos libertad, pero que te planteas las cosas de una forma diferente. Las ideas nunca sabes bien de donde salen, pero al final todas las ideas son como un reciclado de todo lo que nos rodea y vivimos, desde una película, un libro que has leído, un artículo… cualquier cosa. La reciclas y, llegado el momento, más o menos como el de ahora, haces una selección. Yo creo que ya no llegas a hacer todas las cosas que quisieras si no las cosas que crees que tienes que hacer, por diferentes motivos, por ventas, y más o menos por lo que ya es tu línea. En un principio me gustaba mucho la aventura, me gustaba el género, el fantástico y demás, pero poco a poco te vas desmarcando. Es algo que me sigue gustando mucho y me gustaría hacer una historia así, pero creo que ahora no encaja, empiezas a tener un tipo de público como muy general. Al principio cuando hice El juego lúgubre o Hijos de la Alhambra todavía no tenía ningún público y yo hacía lo que quería, ahora me apetece hacer otro tipo de cosas  incluso, pero piensas que a estas alturas hacer este tipo de cosas no te llevan a ningún lado. Yo creo que el tener más lectores cada vez te va delimitando más el abanico de ideas.

Es paradójico: cuando llegas al estatus del “creador” pierdes libertad, cuando debería ser al contrario, ¿no?
Sí, ganas libertad en el sentido de que se abren muchas más puertas y, en teoría, nadie te replantea las historias que haces, pero tú mismo te las planteas porque te da más miedo hacer ciertas cosas o cambiar de registro. Yo lo intento, pero siempre dentro de una misma línea para un mismo tipo de público determinado. Es verdad que contra más lectores tienes, pierdes un poco de libertad creativa. Cuanto más tienes, más miedo da perderlo.


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LOS AUTORES DE LA ESCUELA JOSO CONQUISTAN FRANCIA

La Escuela Joso ha presentado esta mañana en el Instituto Francés de Barcelona la exposición Un puente hacia Angulema, que celebra 26 años de viajes ininterrumpidos de la Joso al Festival de la BD de Angulema, donde se muestra el estrecho vínculo generado entre el festival, la ciudad y la escuela. La exposición, surgida de una iniciativa conjunta entre la Asociación del FIBD (Festival Internacional de la BD) y la Escuela Joso, cuenta con la participación del Institut Ramon Llull, FICOMIC y de la CCI (Cámara de Comercio e Industria) de la ciudad de Angulema.
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Colibrí 4

Atentos, muy atentos, a Colibrí 4:

Uno de los mejores fanzines actuales, que incorpora color a sus páginas para dar cabida a un plantel de verdadero lujo: Alexis Nolla, Cristina Daura, Clara Tanit, Martin Romero, Jessica Boston, Chema Peral, Aisha Franz, Judit Armengol, Broadley, Albert Aromir, Martin Ernstsen, Elisa Riera, Sergi Puyol, Felipe Almendros y Clara Artigas.
Se pueden ver imágenes de números anteriores en su tumblr

Novedades de Dolmen

- Dolmen #197 Varios autores Revista. 68 págs. Color. 2,99 euros.
Ezequiel Himes: Zombie Hunter, de Víctor Santos y Alberto Hernández Cartoné. Bitono. 72 páginas. 15,95 euros.
(*)- La Mansión de los Susurros, de Javi Montes y Tirso Cons. Cartoné. Color. 144 páginas. 24 euros
Los Muertos Revivientes #5: El club de los tarugos muertos, de José Miguel Fonollosa Comic-book. 36 páginas. 3,50 euros
(*)- LA EXPLOSIÓN MARVEL: HISTORIA DE MARVEL EN LOS 70 (Colección Pretextos Dolmen nº 18), de José Joaquín Rodríguez Libro. 280 páginas. B/N. 18 euros.

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Club de lectura IDECOMIC

El próximo miércoles 18 de enero de 2012, a las 19:30 h, se inician en Picnic (C/ Minas 1, Madrid) las actividades del CLUB de LECTURA de NOVELA GRAFICA, una iniciativa impulsada por IDECómic (Instituto para la Divulgación y Estudio del Cómic y la Ilustración). Toda la información, aquí.

Mesa redonda sobre humor en Cádiz

El próximo viernes 20, a las 18:30, en Colophon (Plaza Jesús Nazareno, 13, local) MESA REDONDA SOBRE HUMOR GRAFICO (GADITANO). Invitados: Mel (El Jueves; Diario de Cádiz…), Isaac Casanova & Julio Videras (La Guarida de Leviatan; Ella siempre me quiso por mi cerebro) y Francisco (Diario de Cádiz; El Conciso)
Moderador: José Luis Vidal

Los problemas de Jijé, Franquin y Morris

Parece que la próxima edición de Gringos Locos, un álbum de Yann y Schwartz editado por Dupuis que recuerda el viaje que Jijé, Morris y Franquin hicieron por los EE.UU. en los años 50, tiene serios problemas. Lo que en principio era sólo un retraso en la edición podría ser realmente la retirada y destrucción definitvia de toda la tirada, aparentemente por desaveniencias con los herederos de Jijé… (gracias por el aviso, Pepe)

Premios

De todas las noticias de la nueva edición del Salón del Cómic de Barcelona destaca sobre todo, a mi entender, la muy esperada y demandada reformulación de los premios del Salón. Durante años, el Salón ha arrastrado unas categorías ya caducas en la forma de entender la historieta, que se han ido engordando sin funcionalidades, objetivos o definición clara. Empezando por el Gran Premio del Salón, que abandona su oscurantismo anterior para tener un unívoco fin: reconocer una dilatada trayectoria profesional por parte de los gremios afines a la historieta. Importante también dejar por fin las divisiones artificiales a dibujo, guión, etc, que podían hacer caer los premios del Salón en ese absurdo que son los Eisner y Harvey, con decenas de categorías que atomizan su importancia. Un sólo premio y, además, muy bien dotado económicamente, que coloca al premio del Salón a la altura de los premios más importantes del Noveno Arte. Un premio a la mejor obra extranjera, que tiene una finalidad promocional de cara a librerías y editoriales, igual que el premio del público a la mejor obra y, creo, un gran acierto al mantener el premio al mejor fanzine, como expresión clara del futuro de la historieta.
Es verdad que se podrían haber puesto muchas más categorías, que muchas que se han perdido eran reivindcaciones antiguas de diferentes colectivos de la historieta (librerías, divulgación…), pero lo lógico es lo que ha hecho Ficomic. Y ahora, si hace faltar premiar a un autor revelación, una librería, a un divulgador, al dibujo, al guión o a la mejor labor editorial, deberían ser otras instituciones las que propusiesen esos premios, que se podrían dar simultáneamente en la misma ceremonia de entrega de premios del Salón de Barcelona. La Asociación de Críticos podría dar el premio a la mejor labor de divulgación (al que propongo desde ya el nombre de “Premio Juanjo Sarto”); la asociación de librerías podría hacer lo propio con las tiendas; la de editores reconocer la excelencia editorial de sus compañeros; la FADIP por ejemplo dar el premio al mejor dibujo o al autor revelación… Y, por qué no, que estas mismas instituciones negociaran con mecenas privados (ahora que parece que va a ser lo que se llevará) para conseguir que estos premios tengan dotaciones económicas.
El camino iniciado por Ficomic es el correcto para que los premios de Barcelona tengan importancia y reconocimiento real. No estaría de más indicar también los listados de votantes con “voz” en estos premios, enterrando de una vez todas las dudas que muchas veces se lanzan sobre ese famoso listado. Sinceramente, no creo que ese listado esconda ninguna sorpresa: autores, libreros, críticos, editores, distribuidores…gente con nombre y apellidos que forman parte de esta profesión y que, creo, tienen derecho a votar como parte de este gran gremio de la historieta.

Arranca el XXX Salón del Cómic de Barcelona

[Nota de prensa]
LOS ROBOTS INVADIRÁN EL 30 SALÓN DEL CÓMIC DE BARCELONA
El certamen contará con grandes autores venidos de todo el mundo

El 30 Salón Internacional del Cómic de Barcelona ha anunciado hoy un avance de su programa en un acto celebrado en la Universitat Politècnica de Catalunya, que este año tendrá un carácter cultural, lúdico y científico con motivo de la exposición Los robots en su tinta.
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