Bajo el signo de la luna

2.07.09 | Enlaces

En octubre se estrena Le signe de la Lune, la nueva obra de José Luis Munuera y Enrique Bonet. Un álbum de 130 págs. que será editado simultáneamente en Francia (Dargaud) y España (Astiberri), del que ya pudimos ver un avance en una excelente entrevista a Munuera en Entrecomics y que ahora comienza su promoción con un blog en el que se explicará el desarrollo de la obra (donde se incluye “cómo presentar un proyecto a Dargaud”), una página en facebook y fan-art (que estrena Manu Arenas).

lesigne

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La cultura del duodeno

1.07.09 | Fanzines

Recomendación encarecida, oigan. De lo mejorcito en fanzines que he leído últimamente: La cultura del duodeno.
Colaboraciones de Marc Torices, Pau Anglada, gummo, Mònica Estrada y Xavi Moliner.

duodeno

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Revista Exégesis

1.07.09 | Enlaces

Ya se puede descargar gratuitamente el primer número de la revista de cómics de ciencia-ficción Exégesis. La revista está disponible en formato CBR y PDF.

xegesis

Una revista gratuita, online y trimestral. En su web se publica una historia semanalmente y, a los 3 meses, se recopilarán en revista. Están abiertos a recibir nuevas contribuciones, así que ya sabéis… :)

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Persépolis 2.0

1.07.09 | Enlaces

La situación en Irán obliga a actualizar la obra de Marjane Satrapi: Persépolis 2.0

Persepolis20

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Cuentos

28.06.09 | Lecturas

bicho“Que si, que si, que lo sé de buena tinta, que me lo contó el Paco..”.
Pongan ustedes tranquilamente otro nombre porque nada cambiará. Así comienzan casi todos los chismes, rumores y cotilleos, pero también se inicia así el camino de las leyendas y los cuentos. Con el boca a boca, contando las historias y transformándolas en cada nuevo relato, agregando un clavito que las va enganchando al imaginario popular. A veces son simples anécdotas que, con el tiempo, se transforman en gestas épicas o en cuentos de misterio y terror, según el azar haya decidido en un momento dado de la larga cadena cuentistas y oyentes que a su vez se transforman en cuentistas. Son esas historias que a nosotros, de niño, nos llegaban en esos cuentos ilustrados troquelados que nos compraban nuestros padres y que están en la base de una de esas joyitas que ha dado el salón y que pueden quedar enterradas por las montañas de novedades. Por ver el bicho volar, de Loren, es un tebeito pequeño, en tamaño y en ambiciones. Tanto que puede ser que el lector deslumbrado por las portadas coloristas y efectistas de los tebeos que han salido este mes no se fije en él, por mucho que esté editado con primor y gusto por parte de bang ediciones. Y sería una lástima, porque Loren cuenta tres historias pequeñitas que son deliciosas, tres cuentos de esos que se comentan en las mesas de los bares de pueblo para asombrar a extranjeros como quien contase leyendas propias de Roldán o el desembarco de Normandía. Cuentos que nacen de lo real y pronto, como era de esperar, se pierden por la fantasía con una ingenuidad desarmante.
Fantasmas, bichos voladores o incluso los cotilleos del pueblo son los protagonistas de esta obra, que Loren narra a modo de cuento infantil, con grandes viñetas y textos al pie, de dibujo elegante de inspiración a medio camino entre Bruguera y la ilustración infantil de los años 60.
Se lee con gusto y sonrisa continua y permite, durante unos instantes, olvidarse de todo. No es poco.
Extracto en la web de bang.

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Michael

26.06.09 | Enlaces

¡Genial Montt!

michael

(¡Ay!… se mueren Michael Jackson, Farrah Fawcett, tengo cenas de 25 aniversario de COU… Decididamente, me hago mayor…)

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Ha muerto Andrés Cascioli

26.06.09 | Noticias

cascioliHa pasado un poco desapercibida en España la muerte a los 72 años del editor Andrés Cascioli, responsable de cabeceras míticas como Humor, Satiricón y Fierro. Ahora que se reeditan las maravillosa Puertitas del Sr. López de Trillo y Altuna, hay que recordar que éstas y otras muchas historias fueron posibles gracias al empeño de Cascioli, que en plena dictadura militar defendió la libertad con las armas de la inteligencia, la cultura y el humor. Él y su guerrilla de dibujantes y guionistas, con nombres como Sasturain, Tabaré, Trillo, Altuna… Pero también fue el primero que, tras décadas de ninguneo, defendió los derechos de autor de los creadores de historieta. No sólo el tebeo argentino hubiera sido diferente sin él, el tebeo mundial sería ahora otro muy diferente si este editor no hubiera existido.
La desaparición de Cascioli es una triste noticia para el tebeo mundial.
Descanse en paz.
- Noticia en Página 12
- Artículo de Juan pablo Feinman
- Artículo de Juan Sasturain
- Artículo de EDuardo febbo
- La noticia en La Nuez

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De héroe a leyenda

25.06.09 | Lecturas

superman1“..quiero que sepan lo que se sintió al vivir el despertar de la era de los superhéroes.”
Es la frase que Superman le dice a Lois Lane para explicar el sentido de la Fortaleza de la Soledad y, en el fondo, la que mejor refleja el espíritu que impregna todas y cada una de las páginas del All Star Superman que firman Grant Morrison y Frank Quitely. Tras décadas imbuidos del pesimismo marcado por la “Era Oscura” de los superhéroes, la obra que acaba de publicar Planeta DeAgostini en un único volumen recopilatorio es un homenaje entregado al género superheroico, reivindicando las claves y circunstancias que marcaron su nacimiento. Un inmenso retablo que recuerda a los procesos mitológicos de creación del héroe explícitamente relacionados en la obra con las tareas de Hércules, que Morrison y Quitely hábilmente entroncan con episodios clásicos de la vida de Superman. Investigando la larga historia de 75 años del personaje, toman esos momentos gloriosos de la Silver Age guionizados por Otto Binder para plantear si es hoy posible un superhéroe guiado por los principios de aquellas creaciones. Principios bastardos, derivados de la prohibición manifiesta marcada por el Comics Code, pero que dieron lugar a un seguido de historias de orientación infantil donde el único límite era la imaginación desbordante de los equipos creativos. Aquellas locas historias de Jimmy Olsen, Lois Lane, Luthor, Bizarro… son rescatadas con una visión moderna, que acepta sin prejuicios el mensaje moral de vocación infantil para traducirlo y actualizarlo con un espectro mucho más amplio. Un arriesgado intento de traducir “el sentido de la maravilla” al lenguaje de una generación escéptica, que ha perdido en muchos casos la capacidad de sorpresa, abrumada por unos medios que muestran la imagen de que todo es posible y un modelo de héroe que ya no se corresponde con aquél que dio origen al género. Sin embargo, Morrison y Quitely consiguen un brillante relato gracias precisamente a sumergirse en las bases fundacionales del mito de Superman, centrándose en unos valores morales universales de sencillez inmaculada, pero que son diseccionados por los autores con indudable acierto. Desde el primer momento, evitan la focalización sobre la épica clásica del héroe, centrándose en una concepción mucho más pausada. Hay, es evidente, grandes peleas y enfrentamientos, pero la gran mayoría de las escenas del libro desarrollan largos diálogos. Exceptuando el genial guiño hacia “la muerte de Superman” y Doomsday, reescrito en términos de homenaje a las siempre camaleónicas aventuras de Jimmy Olsen, en las luchas Superman apenas se defiende, no ataca nunca y suele terminar las luchas en ejemplos de diálogo y tolerancia. Es, en el fondo, ese modelo de comportamiento que transmitían a los niños aquellos tebeos de la Silver “el fuerte protege al débil”, traducidos ahora en términos de tolerancia y respeto. Las splash-pages de las aventuras de Superman, siempre reservadas al momento más titánico de la lucha, a ese gigantesco puñetazo que se despliega por varias páginas, aquí están reservadas a momentos íntimos del héroe. Lo más importante no es cuando gana al villano, sino cuando está con su amada o llora por su padre. En ese sentido, es fundamental la aparente sencillez compositiva que eligen los autores, sin apenas experimentos compositivos, volcando todo su esfuerzo en una fluidez visual hacia el lector casi perfecta, que transforma la habitual síncopa de la narrativa post-image en un tránsito suave que lleva al lector en volandas por las escenas, permitiendo que se centre en ese mensaje emocional que quiere transmitir la obra. Una labor fundamentada en la puesta en escena y la elipsis -obligada con una planificación que rara vez supera las tres o cuatro viñetas, casi siempre horizontales, por página-, que obliga a un estudio y planteamiento previo milimétrico que no deje nada al azar.

Morrison y Quitely son conscientes que un ser omnipotente sólo tiene una lectura posible, en términos de encarnación de una nueva divinidad como ya explorase Moore en Miracleman, pero derivan este concepto precisamente hacia una interpretación que lo traduce en un Dios de las pequeñas cosas, que es capaz de sentir y conocer la verdad última del universo (genial el contraste entre esa concepción del todo desde la perspectiva científica actual y, a la vez, como un haiku único), “el sentido de la vida”, pero también, por ello, valorar hasta el último y minúsculo aspecto de su vida. Pero lejos de considerar una deidad, Morrison y Quitely le dotan de la humanidad de la muerte, de un final que, paradójicamente, quedará abierto en un metajuego donde el propio relato se va transformando. La incesante reivindicación de integrar al superhéroe en el mundo real que el género ha demandado en los últimos años es rechazada por los autores en una progresión donde la única vía de deificación es la leyenda. Sólo la imaginación de los hombres crea dioses, y Morrison y Quitley establecen precisamente ese juego de interferencias entre el lector y la historia, entre la realidad del mito que nació en 1938 de la mano de Shuster y Siegel y el que después se ha integrado en el imaginario sociocultural como icono. En la diferentes gestas que va logrando Superman, perfectamente estructuradas a través de un relato tan clásico como la sempiterna lucha con Lex Luthor, el propio personaje es consciente de su finitud, de que la única realidad posible es la del ser humano y su brevedad, pero que la humanidad necesita un icono. Y se prepara precisamente para la creación de un icono, de una leyenda. Es un dios que se creará a sí mismo por el único camino posible: el de la imaginación del hombre.

superman2

No es fácil el ejercicio de equilibrios que desarrollan dibujante y guionista, manteniendo la coherencia de un mensaje a la vez que despliegan un seguido de guiños al lector en forma de homenajes casi continuados. El lector que conozca la etapa inicial del Superman de la Silver Age (especialmente la de Otto Binder, que ahora se está recuperando en la colección de Showcase de DC) encontrará detalles en prácticamente cada viñeta, que son introducidos con elegancia en un discurso donde los autores apuestan por la emoción como sentimiento fundamental que debe obtener el lector. Si caer en el sentimentalismo o la sensiblería, la conversión icónica de Superman es mostrado como un relato que, más allá de la épica heroica, se expresa como un recorrido por la formación emotiva y moral del ser humano, que durante su infancia y juventud ha tenido en los héroes a modelos morales y de comportamiento de los que ha aprendido las bases de su personalidad. Un modelo de transmisión de valores que sigue siendo válido y que, sobre todo, permite desde su simplicidad alzar reflexiones mucho más complejas, como bien demuestran Morrison y Quitely, reivindicando no sólo el género superheroico, sino que todas las aproximaciones siguen siendo válidas.
Una obra brillante, posiblemente uno de los mejores tebeos del género que se han editado en años, que Planeta DeAgostini presenta en una cuidada edición recopilatoria (en este caso, ganando enteros respecto a su edición en fascículos) que, por desgracia, no es ajena a las típicas erratas que esta editorial comete, con inexplicables defectos de rotulación (cambio absurdo de fuentes) o la repetición de una de las portadas originales de la serie (que no afecta para nada a la lectura, pero encenderá con lógica la ira de los puristas). (4)

- Reseña en El Show de los hombre lobo

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Clásicos del Humor: Don Pío

18.06.09 | Lecturas

pioNueva entrega absolutamente imprescindible del coleccionable de RBA, esta vez dedicada al Don Pío de Peñarroya. Una serie atípica, como bien recalca Guiral en su introducción, vocacionalmente costumbrista y afectada por la censura en términos delirantes. La vida de pareja y los problemas conyugales fueron originalmente el eje fundamental de las historias que Peñarroya plasmaba desde una perspectiva menos fundamentada en el gag, más dirigida hacia un costumbrismo casi descriptivo, que en sus primeros tiempos evitaba toda imagen dulcificante o ingenua y apostaba por la puesta en escena de todo aquellos momentos difíciles de la convivencia que nunca se cuentan. El humor, en estas primeras entregas de finales de los 40, escondía matices amargos, agrios, que se fueron mitigando a partir de la intervención de una censura que no podía permitir una representación de la familia que no integrara los mensajes de felicidad que se esperaban de la institución. A partir de mediados de los 50, Peñarroya rebajó el tono de las historias con la inclusión del sobrino de la pareja (en un requiebro surrealista, un hijo que en realidad es un sobrino porque no se podía mostrar el embarazo de Benita), llevándolas a un terreno más infantil (y, muy acertada la puntualización de Guiral, sin que eso suponga una matización peyorativa) pero sin perder ese tono costumbrista. Pese a que las historias ya no tenían ese atractivo inicial, el tomo que edita RBA es una especie de resumen de la historia de este país de los años 50 a los 70, reflejando los cambios de las modas sociales y cómo eran aceptadas por la sociedad. Incluye planchas de todas las épocas (por desgracia pocas de finales de los 40 y primera mitad de los 50, pero suficientes para poder analizar los cambios que sufrió la serie.
Obligatorio.

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La peonza

17.06.09 | Noticias

La revista de literatura infantil y juvenil Peonza dedica su número 88/89 al cómic, en un especial monográfico de 250 páginas con colaboraciones de Antonio Altarriba, Yexus, Pepe Gálvez, Ana Merino, Norman Fernández, Antoni Guiral, Pablo Torrecilla y Juan Gutierrez que incluye además entrevistas a Roman Gubern, Jesús Cuadrado y Max y notas de una treintena de autores. Además, fichas de las editoriales españolas de historieta, galería de ilustraciones y una amplísima selección de títulos.
¡Impresionante e imprescindible!

17062009008

(Por cierto, que no es el primer especial de esta revista dedicado a la historieta: su número 41, de octubre de 1997, también estuvo dedicado al cómic y se puede leer íntegro en la Biblioteca digital Miguel de Cervantes)

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