Mis tebeos favoritos III: Krazy Kat, de George Herriman

Me comentaban el otro día lo extraño de no haber elegido Krazy Kat como el mejor tebeo de la historia, una elección bastante lógica a poco que se vea la estética de la página es un homenaje a la gran obra de Herriman. Y es verdad, debo reconocer que con estas tres primeras obras tengo un serio problema. Cualquiera de las tres me parece tan brillante, tan única, que es muy difícil decidir cuál de las tres es la mejor. De hecho, depende única y exclusivamente de mi estado de ánimo el elegir una u otra. Si ahora me encuentro en una etapa “spiritiana”, es más que posible que en breve pase a una “krazykatiana” o “nemosiana”. ¡Quién sabe!
Pero lo cierto, la única realidad es que estas tres obras suponen para mí la Santísima Trinidad del tebeo. Un triunvirato que domina apabullantemente cualquier intento de clasificación, lista u ordenación.
Toca hablar, pues, del tercero en discordia de este podium personal e intransferible: el Krazy Kat de Georges Herriman.
Una obra única en todos sus aspectos, que nació casi de forma casual en la serie The Dingbat Family, una serie humorística (renombrada al poco como The family Upstairs) iniciada en Junio de 1910 en la que pronto Herriman haría aparecer animales domésticos, en particular, un gato y un ratón que se trasladarían a una especie de tira complementaria inferior apenas un par de meses después. Poco a poco, el asexuado Krazy Kat y el ratón Ignatz comenzaron a ser el verdadero leitmotiv de la tira, llegando a sustituir a los Dingbats en alguna ocasión. Una fuerza que derivó, lógicamente, en la independencia de la tira, que aparece como tal el 23 de Octubre de 1913, curiosamente en un poco habitual formato vertical, anunciando quizás lo que supondría en el futuro la serie.
Se inicia en ese punto el recorrido único de una serie que tuvo la etiqueta de lo extraordinario como habitual. Una serie que nunca fue especialmente popular, pero que recibió el mecenazgo exclusivo de William Randolph Hearst, el gran magnate de la prensa americana (y gran aficionado a la historieta, afortunadamente), que consideraba a Krazy Kat una obra de arte que merecía su apoyo incondicional, pese a que apenas se publicase en un par de periódicos. Un apoyo que se tradujo en la obra más personal de la historia de los cómics.
Herriman construyó en Krazy Kat un universo propio, temático y gráfico, que se avanzaba a todo cuanto se había hecho en cómic hasta el momento.
Un extraño trío formado por una gata (o gato, Herriman nunca quiso decidir sobre esta ambigüedad), enamorada del ratón Ignatz, un cínico ratón que se burla de ella y la aleja a ladrillazo limpio ante la persecución de Ofissa Pupp, un perro policía enamorado de Krazy. Un lugar aparte del universo donde no existen reglas o normas, Coconino County, donde la única frontera es la imaginación. Puntos de partida atípicos para construir una serie tan personal y vanguardista que hacen compleja incluso la tarea de expresar qué es Krazy Kat.
Herriman usaba la serie como un crisol de experimentación radical, apartándose de todo lo que se había hecho hasta el momento. Sus planchas dominicales, casi siempre en blanco y negro (otro hecho atípico: mantuvieron el blanco y negro hasta 1935) eran un ejercicio de desvarío gráfico con una coherencia narrativa pasmosa. Jugó con la composición, con ejercicios metalingüísticos, con la tipografía, con los fondos (siempre cambiantes, volubles, con vida propia), logrando que cada plancha fuese una obra de arte única. Leer Krazy Kat es una experiencia a muchos niveles, desde el impacto visual del conjunto a la sorpresa de cada viñeta o la irónica carga de profundidad que siempre esconde. Filosofía visual, pensamiento gráfico… es imposible definir lo que hace Herriman en cada página, pero para muchos ha sido la primera gran obra de arte de la historieta. Fue seguida con reverencia por críticos, artistas (se dice que Picasso era un fan de Herriman y que se hacía enviar todas las páginas, incluso que se las contaran por teléfono), políticos, literatos… menos por el gran público, pese a que la serie llegó a contar con una versión en dibujos animados de la KFS.
Pero todo eso poco le importaba a Herriman, que nunca bajó el nivel, que siempre dio un paso adelante en su búsqueda imparable de los límites de la historieta. Cuando en 1935 la serie comenzó a publicarse en color, encontró un nuevo campo de investigación en el uso narrativo y visual de la composición cromática, abriendo lo que serie una década insuperable y simpar. Hasta la muerte de su autor, en 1944, la serie alcanzó cotas de calidad increíbles, como si el color hubiese sido un alimentador de la imaginación desbordante de Herriman.
Tres décadas en las que la historieta alcanzó, definitivamente, la categoría de arte.

Ediciones en España (y parte del extranjero)
Krazy Kat es uno de los grandes desconocidos del público español. Que yo tenga constancia, en España sólo se han editado dos álbumes, uno de Estuve en 1990 y la edición en castellano del primer volumen de la recopilación de las planchas a color de Kitchen Sink del mismo año, editado por Norma en 1996 (hay que añadir una edición sudamericana recientemente distribuida en España). Dos ediciones absolutamente inencontrables hoy y que marcan el desierto absoluto que era hasta hace poco la edición de este clásico, no sólo en nuestro país, sino en los USA, donde la mítica serie apenas había sido editada de forma dispersa y esporádica. Ediciones como la de Eclipse en 1990, la comentada de Kitchen Sink o recopilaciones en The Comic Strip Century Book, el Smithsonian y poco más. Hasta que, por fin, Fantagraphics inició recientemente la edición cronológica de la obra, que consta ya de cinco volúmenes (recopilados posteriormente en uno de 600 páginas), exquisitamente diseñados por Chris Ware y que incluyen todas las Sundays en blanco y negro, desde 1925 hasta 1934. Fantagraphics planea recuperar también todas las planchas del periodo 1916-1924 y la etapa en color de 1935 al 44, e incluso las tiras diarias, disponibles en una infame edición de Tony Raiola.
También es fácil obtener en España la edición del excepcional libro “Krazy Kat: The comic art of George Herriman”, de Patric McDonell (sí, el de Mutts), Karen O’Conell y Georgia Ryley, un completo e interesante libro a un precio ínfimo (14.95$).
Esperemos que sea editada alguna vez en España, aprovechando la edición de Fantagraphics, aunque hay que reconocer que Krazy Kat choca frontalmente con un gravísimo problema: la traducción. Herriman hace hablar a sus personajes en un duro slang, con terribles giros fonéticos y gramaticales que hacen su lectura en inglés todo un ejercicio de sufrimiento incluso para los más conocedores del idioma. En muchas ocasiones, la única solución para leer Krazy Kat es leer en voz alta la frase hasta conseguir la traducción por similitud fonética. Una dificultad que es todo un reto para una industria donde la traducción ha sido demasiado maltratada y que, en este caso, incluso necesitaría de la inclusión de los textos originales en inglés si realmente se quiere hacer una edición definitiva en castellano.
Podéis leer algunas tiras diarias en la página de Coconino World , en la página dedicada a Herriman, Coconino County y en la página de imakinarium. También se pueden encontrar algunas páginas en la Biblioteca del Congreso, así como animaciones de Herriman.

Un comentario en “Mis tebeos favoritos III: Krazy Kat, de George Herriman

  1. Guitián on 11 Diciembre 2005 at 20:31 said:

    KK nunca ha gozado de la simpatía del gran público pero su influencia en generaciones y generaciones de creadores es enorme, por ejemplo es dificil imaginar a dos creadores más radicalmente opuestos que Walt Disney y Robert Crumb y cada uno a su manera ha mamado mucho KK.

    Comparto que es dificil explicar en palabras que es Krazy Kat y

    creo que no basta con decir que es un despliegue de inventiva gráfica y narrativa.El universo de Krazy Kat es mágico,mutante, desconcertante, tiene vida propia y destapa con aparente sencillez (y con ayuda de un ladrillo!!!) las complejidades y contradicciones del alma humana.Herriman desplegó su sensibilidad y talento irrepetibles dentro

    del más "humilde" de los formatos de comic: la tira humoristica.

    Para mí Krazy Kat es pura poesía en viñetas.

    GT

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