Mis tebeos favoritos IV: Príncipe Valiente, de Harold Foster

Hablar de Príncipe Valiente tras el excelente libro de Rafa Marín, Hal Foster, una épica post-romántica (número 2 de la colección Sinpalabras de la editorial sins entido) , me parece casi una herejía. Así que en lugar de centrarme en la parte más histórica o descriptiva, me vais a permitir que haga un recorrido mucho más personal.
Mi primer contacto con el Príncipe Valiente de Hal Foster fue la edición de Dólar de 1963, la famosa serie C, que compartía protagonismo con otras maravillas de la tira diaria en un extraño batiburrillo. Mi padre coleccionaba las ediciones de Dólar y, pobre de él, acepto con resignación paterna que su hijo le cogiera (y destrozara en muchos casos, para qué negarlo) sus amados tebeos. Yo, pobre de mí, con esas edades donde la razón apenas está relegada a tres o cuatro neuronas mal dispuestas, comencé a devorar todos estos tebeos que llegaban a mí por arte de magia. Estaba maravillado por el Flash Gordon de Barry y por el Hombre Enmascarado de Wilson McCoy, mis preferidos, relegando a un segundo plano esas aventuras de caballerías del tal Príncipe Valiente. Me aburrían soberanamente, recuerdo vagamente. No había ni luchas galácticas, ni tensas persecuciones… ni siquiera un en mal puñetazo que dejase marcada una calavera.
Pero años más tarde, cuando ya uno se va alejando del acné de la preadolescencia para entrar en la hiperhormonación adolescente, volví a encontrarme con el amigo Val en la edición de B.O., en blanco y negro, sin remontar… ¡Menuda sorpresa! Aquellas viñetas dispersas de la edición de Dólar tenían un sentido, una disposición. Se unían en páginas gloriosas, inmensas, obras de arte de una minuciosidad exagerada, rondando la perfección absoluta. Una impresión que no se correspondía con aquellos recuerdos infantiles, de los que también llegaba la sensación de aburrimiento. Total, estaba en la Biblioteca Pública y no tenía que gastar dinero… ¿por qué no leerlo?
Y ese día, descubrí El Príncipe Valiente.
Descubrí una obra que hablaba del proceso de madurez de la persona, de la búsqueda de la felicidad, así, con minúsculas, porque es la que se encuentra en las pequeñas cosas, la que nace de estar en armonía con los demás.
Foster supo cómo atraparme, llevándome desde la épica de Camelot, del Rey Arturo y sus aventuras al camino sin retorno de la maduración del ser humano. De las terribles luchas por reconquistar su reino natal de Thule a maravillarse con la naturaleza, con una puesta de Sol. Un camino que hubiera sido imposible sin la magistralidad de Foster. Su dominio apabullante del dibujo (es posible afirmar, sin miedo, que Foster ha sido el dibujante que mejor ha entendido la figura humana en la historia del tebeo) le permitió trasladar al lector la pasión de sus protagonistas, la calidez de unos paisajes que nos transmiten la brisa de las praderas, el olor del mar…
Supo mezclar con habilidad la leyenda con la documentación histórica para crear el mundo perfecto para que sus personajes crecieran, protagonizando el primer gran “slice of life” de la historia (medieval, pero cumpliendo fielmente las claves de este género).
Si con Tarzán demostró que el dibujo naturalista, tradicionalmente alejado de la historieta, era un perfecto aliado de la tira diaria, en Príncipe Valiente dota de mayoría de edad al tebeo de factura realista. Hasta tal punto llega la importancia de este autor que es posible afirmar que, si construimos un árbol de los referentes de todo dibujante realista actual, en su base siempre estará Foster.
Queda aparte la anécdota de muchos que siguen sin entender la magna obra de Foster, afirmando que “no era un tebeo”, por incluir los textos a pie de viñeta. Y me permitiréis que ante semejante afirmación sólo pueda decir: “menuda gilipollez”.

Ediciones en España
Afortunadamente, en España se ha podido disfrutar de muchas y variadas ediciones de la obra de Foster. No siempre de calidad, muchas veces remontada (asesinada, mejor dicho), y siempre sin el color original, aunque disfrutar de Foster en blanco y negro es una gozada. Dólar en los 60, Burulán (remontada y recoloreada, aunque con una traducción aceptable) en los 70 y Ediciones B a finales de los 80. Ésta última edición es relativamente fácil de encontrar, ya que se ofrece en muchos casos en volúmenes encuadernados bastante lujosamente, aunque no es difícil encontrar en las Ferias de libro de ocasión una serie de retapados que hizo ediciones B. Está recoloreada en parte (sobre todo al principio), para luego disponer de los colores originales. No es una edición extraordinaria, pero incluye toda la etapa de Foster y la posterior de Collen Murphy.
También es posible encontrar en España la revitalización que intentó Marvel del personaje, un digno homenaje realizado por Charles Vess, Elaine Lee y John Ridgway que editó Planeta y que se puede encontrar saldado en muchas librerías especializadas. La misma editorial que a partir de Enero, si todo va bien, publicará de nuevo la serie con la espectacular recuperación de color de Adolfo García.
Pero Prince Valiant es de esas series que no murió con su autor. Tras su retiro, siguió la serie John Collen Murphy, con guiones de su hijo Cullen Murphy. Gary Gianni continuó la serie al morir Collen Murphy, que sigue en la actualidad junto a Mark Schultz. Se puede leer la serie semanalmente en la web de King Features Syndicate.
Para más información, os recomiendo efusivamente el libro de Rafa Marín antes mencionado. Y si domináis el inglés, podéis leer el excelente Prince Valiant Companion de T. H. Goldberg aquí.

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