Mis tebeos favoritos V: Terry y los piratas, de Milton Caniff

Hace poco dediqué un largo post a la quinta obra de mi lista de favoritos: Terry y los piratas, de Milton Caniff. Un texto que intentaba poner en contexto a los lectores que llegaban de nuevo a esta impresionante obra, de una influencia decisiva en la historia del cómic por bastantes razones. La primera, por la endiablada habilidad narrativa de Caniff, que conseguía con una facilidad pasmosa que sus tramas fuesen totalmente adictivas. Con Caniff, la tira diaria de temática “realista” llegaba a una madurez definitiva, estableciendo todas las bases de los recursos narrativos de este formato. Siguiendo muy de cerca las enseñanzas de Noel Sickles y Roy Crane, Caniff llevó al extremo la síntesis necesaria para contar historias en un formato tan complejo y limitado como el de la tira diaria. Desarrolló una capacidad portentosa para establecer en la tira una línea de continuidad gracias a la composición y la puesta en escena, a la interrelación de lo que pasaba en los fondos, que dejan de ser un adorno para ganar entidad propia y, sobre todo, demostró la importancia de la fuerza dramática del entintado, de uso inteligente de las luces y sombras (Jules Feiffer afirmaba que para Caniff, el negro era el color primario) para envolver la acción y obligar al lector a seguir el ritmo marcado por el autor. Con esas herramientas bien engrasadas, Caniff articuló además unas historias que enganchaban al lector gracias al cuidadoso trabajo de desarrollo de los secundarios y a una estricta y rigurosa labor de documentación. Sabía que para captar al lector debía, en primer lugar, conseguir que éste se creyese lo que estaba leyendo, que no pusiese en duda los dibujos que veía, dando lugar a un trabajo de documentación tan excepcional que las tiras de Terry pueden ser usadas sin ningún problema como referente histórico. Pero también era consciente de la importancia de los secundarios, del realismo que trasladaban sus personajes y de la identificación del lector con los personajes, lo que le llevó a desarrollar personajes complejos y de una rica personalidad. A la integridad de sus “héroes buenos” (Terry y Pat Ryan) se contrapone la jugosa versatilidad de las mujeres fatales, encarnadas en Burma y Dragon Lady, féminas de ambigua personalidad, siempre en el nebuloso camino entre la bondad y la dureza de unas situaciones donde la crueldad es sólo una forma de supervivencia.
Cuando Caniff deja la serie en 1946 en manos de George Wunder (que la continuó hasta su fin en 1973) se cierra un ciclo memorable y único que había llevado la tira diaria a la madurez definitiva.
La influencia de Caniff ha sido impresionante, tanto en el mundo de la historieta (Con casos tan evidente como los de Frank Robbins o el español Jordi Bernet, hasta Hugo Pratt pasando por cientos de autores que han aprendido de las tiras de Caniff) como en el cine, siendo quizás Orson Welles el más conocido de los fans de este autor.

Ediciones en España
No han sido muchas las ediciones en España de esta obra. Las más recientes en el recuerdo son las de La Guadaña/BO a mediados de los 80, que recopiló en 12 tomos en formato apaisado parte de las tiras diarias y la bien conocida de Norma Editorial de los años 90, que editó las planchas dominicales en color en su totalidad en 12 lujosos tomos. Una excelente edición, pero de lectura más confusa a partir de la unificación argumental de las tiras y las planchas dominicales. Si bien es cierto que Caniff construía las entregas dominicales de forma que pudieran ser leídas de forma aislada de las tiras diarias, la realidad es que sólo una lectura conjunta de las entregas diarias y dominicales permite contemplar en su totalidad la maravilla que es esta obra. El alto precio de los volúmenes para la época hizo que la serie fuera un fracaso, saldándose posteriormente a 3€ el volumen (sirva como dato curioso que la tirada de la edición en España era mayor que la que se hacía para los EEUU).
Desde Junio, Planeta DeAgostini ha comenzado la publicación cronológica de esta obra, uniendo tiras diarias y planchas dominicales en una edición en blanco y negro, de calidad bastante pobre, por lo menos en estos primeros volúmenes (aunque mejor que la de BO, prácticamente ilegible en algunos tiras).
Y como análisis teórico, uno de los mejores libros que se pueden encontrar sobre esta obra es el libro “Cuando la Inocencia Murió”, de Javier Coma (Ediciones Eseuve).
Como curiosidad, es posible descargarse los seriales radiofónicos basados en esta serie, en formato mp3 (e incluso como podcasting). Podéis leer también la famosa página de la conversación entre Terry y Flip Corkin aquí.

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