Mis tebeos favoritos VIII: Calvin & Hobbes, de Bill Watterson

Cada relectura de uno de los recopilatorios de Calvin & Hobbes produce en mí dos efectos definidos y repetitivos: el primero, una sonrisa tonta que me atraviesa la cara de oreja a oreja, expresión externa de una sensación nebulosa que podría interpretarse como felicidad. El segundo, una reflexión interna que me lleva de forma unívoca a considerar que la obra de Watterson estaba muy baja en mi lista de tebeos favoritos, lo que se traduce siempre en una subidilla de un par de escaños en mi ranking particular, en una ascensión que parece no tener final.
Creo no equivocarme si afirmo que las aventuras de Calvin y su tigre de peluche Hobbes reúnen con una sabiduría sin precedentes todas las enseñanzas de aquellos que le precedieron. Watterson supo aunar la frescura del Barnaby de Crocket Johnson con la reflexiva madurez de Peanuts y la magistralidad visual de Walt Nelly para parir un personaje único, una tira diaria que sintetiza perfectamente la esencia del ser humano.
Porque Calvin & Hobbes tiene la extraña capacidad de reflejar con un realismo espeluznante esa indefinida amalgama de crueldad y ternura de la infancia, consiguiendo que sea imposible no sentirse reflejado en las travesuras de ese niño, en su aplastante filosofía infantil que desnuda de argumentos cualquier réplica. Es como si se abriese una puertecita en la cabeza de un tierno infante, que nos permite durante cuatro viñetas ver el mundo a través de sus ojos. Un momento en el que nuestro cerebro se queda sin defensas, donde todos nuestros prejuicios se desploman y que es usado por Watterson para lanzarnos su mensaje, su reflexión sobre el ser humano vitalista y optimista. Un golpe directo que nos contagia y nos desatasca las neuronas, rejuveneciéndolas de forma instantánea.
Desde las naves espaciales a los viajes en el tiempo, de la picaresca infantil a los dinosaurios, todo tema que pasase por nuestra cabeza en la infancia está ahí reflejado, además con una genialidad sin límites. Porque además de su evidente habilidad a la hora de enfocar la infancia, Watterson es además un genio de la historieta, capaz de sacarse de la manga planchas dominicales sencillamente mágicas, que igual homenajean las películas de serie B que el pop-art o las tiras románticas de prensa. Y no sólo eso, su dominio del complejísimo formato de la tira diaria es brillante, cada cuatro viñetas de la serie son una lección de cómo enfocar y desarrollar un gag, ya sea aislado o dentro de una línea argumental. Una característica que pasa desapercibida, demostrando aún más su genialidad, que se acompaña por último con uno de los dibujos más expresivos que se han dado en la historia del tebeo. Buen seguidor de las enseñanzas de Chuck Jones, Watterson descansa una parte fundamental de los gags en la extraordinaria gestualidad facial de sus personajes, deslumbrante.

Por desgracia, Watterson decidió que no tenía nada más que contar con Calvin & Hobbes y la serie cerró tras un glorioso periplo de diez años, que dejan no sólo una de las mejores series de la historia, sino todo un ejemplo de actitud. Además de la historieta, Watterson fue un encendido defensor de los derechos de los dibujantes, logrando muchos logros ante los todopoderosos syndicates, así como un cerrado luchador por la integridad de su obra, que concebía de una forma global. Independientemente de las muchas leyendas urbanas que corren sobre una supuesta fortuna petrolera, lo único cierto es que Watterson peleó contra los elementos para evitar que su serie cayera en la comercialización salvaje del merchandising, una fuerza que ha relegado a segunda plano grandes series (me viene ahora a la memoria Garfield, una gran serie en sus inicios que hoy por hoy es una simple excusa para seguir sacando muñequitos) y que el creador de Calvin dejó de lado, pese a la gran presión a la que fue sometido.
Tras la última tira de Calvin, Watterson dejó los cómics, retirándose a su hogar de en Chagrin Falls, Ohio, dejándonos a todos huérfanos.

Ediciones en España
Si bien fue La Colla de la Pesigolla la encargada de dar a conocer al personaje en España, los lectores españoles hemos podido leer la obra de Watterson gracias a Ediciones B, que ha publicado en su totalidad todas la serie en diferentes formatos (tapa blanda, tapa dura). Además, la serie sigue publicándose en muchísimos diarios españoles, desde los más modestos a las planchas dominicales en el suplemento infantil de EL PAÍS.
Aprovechando el décimo aniversario de la finalización de la serie, la editorial Andrews McMeel tiene previsto publicar en Octubre una lujosísima edición integral de Calvin & Hobbes, denominada “The Complete Calvin & Hobbes”. Una edición en tres volúmenes que nos permitirá gozar de esta gran obra en su totalidad por sólo 150$ (o incluso menos, que en Amazon es posible reservarla por 94.50$).

Algunos enlaces

Sitio oficial
Calvin & Hobbes’s Magical World
The Calvin & Hobbes Jumpstation
Calvin and Hobbes Snow Art Gallery

Mis tebeos favoritos VII: Philemon, de Fred

¿Os habéis detenido alguna vez delante de un mapamundi? Sí, de esos con sus paralelos y meridianos, y sus continentes hábilmente ordenados al estilo europeo, con la vieja Europa en mitad del mundo conocido. Supongo que, como la mayoría, os dedicaréis a buscar esos países que salen en el telediario y nunca sabemos colocar con exactitud en la geografía mundial, pero seguramente no os habréis dado cuenta de que, justo entre Europa y América hay un extenso océano, llamado Atlántico. Y si afináis la vista y el ingenio, comprobaréis que en todos los mapas habidos y por haber en ese océano hay una serie de letras que forman las palabras “Océano Atlántico”. ¿Coincidencia?
¡No!
Es una gran realidad, esas letras no están puestas de forma aleatoria, sino que referencian un lugar real, el mundo de las letras. Un mundo desconocido para todos excepto para el pobre Philemon, el hijo de un pocero que un día tuvo la fortuna o desgracia de caer en un pozo que estaba directamente conectado con una de las A, exactamente la segunda de Atlántico.
Comienza así “El Naufrágo de la A”, la primera de las aventuras de Philemon, su burro Anatole y el pobre y eterno naufrago Barthelemy. Pero se inicia también uno de los viajes más surrealistas e inspirados de la historia del tebeo. La unión entre el delirio de Herriman y la imaginación de McCay, pasados por el tamiz de la reflexión sobre la realidad, con unas gotas de la poesía de Lewis Carroll y aromas de absurdo dadaísta. Un cóctel asombroso que consigue la que es, en mi opinión, la mejor obra del tebeo europeo de todos los tiempos.
A través de sus viajes por las letras, Philemon encuentra mundos fantásticos habitados por seres imposibles que son, paradójicamente, el mejor reflejo de la sociedad en la que vivimos. En los quince álbumes que la serie ha deparado hasta el momento (tantos como letras de Ocean Atlantique) Fred ha dejado caer vitriolo en estado puro sobre el mundo de la crítica, sobre la burocracia, el capitalismo, el arte, la educación y los usos sociales. En un tebeo poco acostumbrado a las innovaciones como es el francés, fiel de la narrativa secuencial sin grandes estridencias, Fred ha sido, además, el gran innovador de la narrativa con una constante búsqueda de las posibilidades de la historieta, que le llevaban a composiciones imposibles, juegos alocados con la lectura, la composición y la página. Philemon ha salido del espacio físico de las viñetas para moverse entre páginas en fascinante puzzles que obligan al lector a penetrar por vericuetos narrativos nunca antes vistos. No hay reglas físicas, sólo el límite que el lector quiera poner a la expansiva realidad fantástica del mundo de Philemon.
Aunque la serie parecía terminada con su decimoquinta entrega, desde hace varios años Fred viene anunciando una decimosexta aventura de Philemon, eternamente aplazada, quizás porque Philemon ha conseguido ir más allá de las letras y entrar en nuestro mundo, jugando al escondite con sus lectores, quién sabe.

Ediciones en España.
Siento decirlo, pero leer a Philemon en castellano es un imposible. Tan sólo los seguidores de la revista infantil en catalán Cavall Fort pudimos descubrir esta maravillosa obra bajo el título de “Filalici” (además de otras genialidades de autores como Tilleux, Peyo, Mezieres, Xots, Madorell, Pilarín Bayés… la labor de esta revista nunca será lo suficientemente valorada), pero jamás se han publicado álbumes de esta serie, ni siquiera en catalán. Pero es que, además, Fred es un gran desconocido en España, apenas entrevisto en algunas historias cortas en TOTEM o en el álbum publicado por Grijalbo “Historia de un cuervo con bambas”.
No me cansaré de reivindicar la publicación de esta magistral serie en castellano, pero de momento, la única posibilidad de disfrutarla es leer los álbumes en francés de Dargaud.

Algunos enlaces
Un homenaje a Philemon, Batbad
Philemon
Fred en Dargaud

Novedades de Aleta

Savage Dragon nº 1 (año 2), de Erik Larsen . 100 págs. – Color – 9,50 EUROS

Invencible: Auténticos Desconocidos, de Robert Kirkman y Ryan Ottley. 142 págs. – Color – 11,50 EUROS

Nathan Never nº 9, de Alberto Ostini y Paolo Di Clemente. 100 págs. – B/N – 5 EUROS
Martin Mystère nº 9, de Vincenzo Beretta yFranco Devescovi. 100 págs. – B/N – 5 EUROS
Dylan Dog nº 9, de Paola Barbato y Bruno Brindisi. 100 págs. – B/N – 5 EUROS
Sword nº 4, de varios autores. 64 págs. – B/N y color . 5,50 EUROS