El final de una ilusión

Es curioso.
Casi 200 blogs y ninguno, incluído éste, hemos sido capaces de hacer una pequeña referencia a una triste noticia: la desaparición de la revista Dos veces Breve.
Aunque quizás, y pensándolo bien, ése sea el problema, que nadie se había percatado del fruto del esfuerzo impresionante que estaba haciendo José Vicente Galadí al frente de un proyecto lleno de ilusión y utopía: editar los tebeos que le gustaban.
Con mucho sacrificio y usando esos ahorros que nunca se deben tocar, el ‘editor breve’ comenzó lo que sería una carrera de obstáculos, pero también una demostración de obstinada y cabezota ilusión. Dos veces breve nacía como un intento de volver a llevar los tebeos a los quioscos, con una revista periódica que diera oportunidades a los jóvenes autores. Un proyecto que pronto se reveló como imposible, pero que se transformó en revista aperiódica donde los jóvenes autores tenían siempre abiertas las puertas. Ocho números después de esta decisión, y con una lista de nombres impresionantes en sus páginas, Dos Veces Breve tiene que cerrar. De poco sirve un número con impresionantes historietas de Fermín Solís o Enrique Bonet, con sorpresas como El Bute o el tándem que forman Alex Romero y J.L.López… da igual. La realidad, la cruda y durísima realidad se ha vuelto a imponer. En un mercado en el que las librerías especializadas se saturan mes a mes en una progresión geométrica incontenible de novedades, los autores españoles no tienen hueco en las estanterías. Y mucho menos si empiezan.
Llámese Carlos Giménez, Alfonso Font, Luis Durán, Fermín Solís o cualquiera de los debutantes que han pasado por la publicación de José Vicente Galadí, las ventas de los autores nacionales pocas veces alcanzan para recuperar la inversión de la edición.
Pero eso ya lo sabemos todos.
Lo que me jode de este tema, y mucho, es que la muerte del Dos Veces Breve es mucho más que el fin de una revista. Esa costumbre ya ha hecho callo duro y reseco: antes fue el TOS, y antes el Idiota y Diminuto, y antes todavía el Como Vacas… pero hubo antes muchas más, como las hay ahora con el BDBanda o el NSLM y como las habrá en el futuro con HUMO u otros proyectos que se cocinan por la geografía nacional. Ése no es el problema, no.
El problema es que es el fin de una ilusión, de la perpetua, alegre y algo alocada ilusión de José Vicente Galadí, que por mucho que le auguráramos que la cosa no podía seguir, él volvía a demostrarnos número a número que sí, que a base de esfuerzo y cabezazos, los muros caen. Y daba gusto hablar con alguien del mundillo que no lloraba y que siempre respondía a los problemas con un “pero habrá que intentarlo, ¿no?” soltado con sonrisa andaluza demoledora.
Al final, los cabezazos no pudieron con el hormigón, armado y reforzado, de la triste realidad…
Pero algo me dice que queda un poquito de esa ilusión, bien escondidita, preparada para seguir dando guerra, aunque sea una vez cada mucho.
¡Ánimo José Vicente!