Ganadores del sorteo “Entender el cómic”

Casi ¡600 participantes!, de los que aproximadamente 500 contestaron correctamente que la respuesta a la pregunta era “Calles”…
Así que haciendo uso de la tecnología más puntera, el sorteo se realizó mediante MATLAB, generando cinco números aleatorios entre los N acertantes.
Los agraciados han sido:

Rubén Varillas
Paula Sanchez Cestino
Iván Saenz de Santamaría Martín
Cristina Carrasco Ramírez
Esteban Latorre Vives

Que recibirán un mail en su buzón en unos minutos para que me envíen su dirección y les haga llegar su premio.
¡Enhorabuena a todos!

Lecturas: You are Here

Tras la maravilla de Why I hate Saturn, uno de los mejores tebeos publicados en los 90, Kyle Baker tenía el listón puesto muy alto. Su análisis acertado de una generación era el punto más brillante de una carrera que se auguraba como espectacular y que sorprendentemente, se truncó cuando Baker decidió dejar el cómic y dedicarse a la televisión. Nos dejó huérfanos durante casi una década hasta que DC anunció que la línea Vertigo acogería una nueva obra suya: You are here.
¡Y menuda sorpresa! Baker se redefinió a sí mismo y nos dejó a todos encandilados con una obra en la que se resumían todo lo que había aprendido en sus años en la televisión y la animación, un tour de force narrativo donde los recursos del mejor cine de persecuciones y enredos eran trasladados al cómic en un alocado guión que no deja lugar al respiro. La historia de un ladrón redimido por el amor que es perseguido por un asesino psicópata que quiere saldar viejas cuentas es tan sólo un pretexto para jugar con el lenguaje de la historieta, partiendo de los recursos narrativos del storyboard y transformándolos a su criterio, consiguiendo secuencias de un dinamismo impactante, de una velocidad contagiosa. Baker resume en You are here influencias que van del slapstick a Chuck Jones y Tex Avery, pasando por el cine negro de los años 40, pero reconstruyéndolos en un seguido de nuevas técnicas que nunca antes se habían unido en el cómic.
Si la lectura de You are here es un entretenidísimo y divertido ejercicio, todavía más fructífero resulta pararse a descubrir las bambalinas de la obra: su uso del cromatismo como vehículo narrativo; el texto separado que llega a alcanzar su propio protagonismo (esa secuencia genial en la que todos hablan a la vez y en la que el contraste de la acción dibujada y el texto toma forma propia); las secuencias de acción, vertiginosas gracias al cuidado de la composición; la genial gestualidad de los personajes (incluyendo la genial interpretación de Robert Mitchum, deudora del aterrador reverendor Harry Powell)…
Es verdad que hay algunos detalles chirriantes, derivados siempre del ominoso momento en el que Baker descubrió los ordenadores y el Photoshop (uno de esos episodios a borrar de la historia), pero son todavía pequeños detalles sin importancia frente al cúmulo de aciertos que encierra la obra (no como lo que pasará más adelante con King David, donde destroza todo su dibujo).
No os la perdáis. (4)

Lecturas: Zero Girl

Dice Alan Moore en el prólogo de Zero Girl que Sam Kieth está en una delgada franja indefinible entre la comercialidad y la experimentación. Que podría ser el autor más comercial de aquellos que experimentan con el lenguaje o el menos comercial de los autores que siguen rumbos más clásicos. Es, posiblemente, una perfecta definición para un autor que resulta inclasificable como pocos, que juega siempre al límite siempre de lo “permitido” en un cómic comercial, pero consiguiendo un estilo personal como pocos. Un autor siempre a seguir, capaz de sacar oro de los argumentos más a priori estériles (recuerdo, hace poco, el interesante Lobezno-Hulk) y que alcanza sus mejores trabajos cuando deja volar su inabarcable imaginación.
Si The Maxx era un juego sugerente y desconocido dentro del mainstream, Zero Girl da un paso más allá e introduce una suerte de autobiografía simbólica dentro del cómic-book. Kieth reflexiona y nos habla sobre él mismo, sobre su amor hacia una mujer diecisiete años mayor que él, y lo hace como sólo él sabe, construyendo una fábula moral tan simple como eficaz: los círculos contra los cuadrados, el bien contra el mal, la sociedad que no entiende de trasgresiones frente a los que defienden su ideal. Sencilla, casi cándida, pero lo suficientemente clara como para jugar desde la simbología más estrafalaria con un argumento tan delicado como la relación entre una joven y un adulto, bordeando siempre los aspectos más peliagudos (es evidente que es un tema sometido a debate y que siempre generará polémica, sobre todo en aquellos temas que tratan la sexualidad y que Kieth elude hábilmente), todo sin olvidar tratar la exclusión social en la época juvenil. Pero lejos de caer en una visión romanticona digna de telefilme sabatino, Kieth es capaz de cerrar la historia con una reflexión realista, que aporta una visión completamente distinta a la fábula vivida. Es el contrapeso perfecto a la ilusión juvenil, el matiz que da la madurez y que supone la diferencia entre la ficción y la vida real.
Todo, aderezado como es habitual por el alocado estilo de este autor, capaz de pasar de la figuración más naturalista a la abstracción y la caricatura incluso dentro del mismo dibujo, en una locura gráfica absorbente pero de una coherencia insospechada.
Una curiosísima obra (3).