Principio y final…a la inglesa

Coinciden en la librería dos novedades con muchas coincidencias: un principio y un final, responsabilidad de guionistas ingleses y ambas para la estadounidense Marvel. Los más avispados ya se habrán dado cuenta de que hablo del Capitán Britania de Alan Moore y Alan Davis y del X-Statix vs. Los Vengadores de Milligan y Allred, dos tebeos distintos pero que comparten una excelente calidad.
Comienzo por el Capitán Britania, un trabajo de transición para Moore, que marca el paso de su etapa en el cómic británico hacia el mainstream americano recogiendo un personaje que vagaba sin rumbo por la filial británica de Marvel para, literalmente, hacerlo renacer de sus cenizas en una nueva dirección. Tras el absurdo argumento ideado por Dave Thorpe, que llevaba al personaje a un callejón sin salida (que se evita en esta edición de Panini, entrando directamente en la etapa Moore y dejando al lector confuso y desorientado ante lo que lee), la única opción que le quedaba a Alan Moore era hacer borrón y cuenta nueva. Una opción radical, pero que el barbudo sabe introducir y resolver con elegancia y rapidez, lo justo para, en apenas unos comics-books, hacer renacer el personaje e introducir nuevos secundarios, tramas e ideas suficientes como para que el personaje haya vivido de ellas durante casi dos décadas. No se puede decir que estemos ante una de las habituales obras maestras de Moore, pero es una lectura que ya deja entrever mucho de lo que luego veremos en sus obras posteriores. Todavía es patente la influencia apabullante y casi omnipresente de Luther Arkwright, y se podría decir que Capitán Britania es un típico tebeo de ciencia-ficción a la inglesa en la mejor tradición de 2000 AD, pero hay multitud de detalles que dejan entrever la capacidad del guionista para crear tramas desde la nada con apenas unos mínimos ingredientes, así como muchas de las ideas sobre el género que desarrollaría en otras series. Un tebeo divertido que se lee con facilidad y con un Davis que evoluciona espectacularmente viñeta a viñeta. (2+)
Y el final viene de la mano de Milligan, que cierra con X-Statix vs. Los Vengadores lo que sin duda es la mejor serie de superhéroes que hemos visto en la última década. Un cierre brillante, cómo sólo podía idear la retorcida mente de Milligan. Porque lo que, a primera vista, es un enfrentamiento a la antigua entre superhéroes, esconde una de las más irónicas reflexiones sobre el género que se pueden encontrar: un enfrentamiento entre los cánones clásicos de los superhéroes, simbolizados en esos Vengadores al mejor estilo Stan Lee, contra la renovación formal y temática del género propuesta por Milligan. Siguiendo la tradición de los grandes duelos entre superhéroes, cada episodio es un enfrentamiento entre personajes que sólo hacen que resaltar el absurdo del mantenimiento a ultranza de unos modelos de los años 60 en el siglo XXI. Divertidas a rabiar, las luchas llegan a su apogeo con el combate a muerte entre un Iron Man y un Mr. Sensible desnudos, liberados de todo uniforme y representados como son, en una situación tan ridícula y patética que el lector recibe un choque de realidad que le hace consciente de estar ante una ficción. Un punto y aparte en el que el relato cambia radicalmente y entra en un final lógico de los cánones de los superhéroes, épico y triunfal, pero que esconde la única verdad de la industria del entretenimiento al dar la vuelta a la página: “the show must go on”.
Un broche final perfecto para una serie que deberían estudiar con lupa aquellos que están haciendo series de superhéroes en la actualidad, en la que Milligan ha demostrado que hoy en día todavía se pueden hacer tebeos de superhéroes con personajes reales, plenos de matices, con ideas nuevas y frescas y que reflejen la realidad que los circunda, devolviendo el género a lo que es, no el objetivo en sí mismo, sino un vehículo de transmisión de ideas. (4)