Velos y obsesiones

De las novedades de Norma que han llegado a las librerías, hay dos verdaderas curiosidades: El caso del velo, de Petillon y Mister X, de Dean Motter y los Hernández.
Vamos con la primera, que pertenece a las aventuras del detective Jack Palmer, una genial creación de Petillon muy poco conocida en España (apenas un par de álbumes editados por Dragon Comics hace muchos años y alguno más serializado en revistas) y casi mítica en Francia. Un particular personaje, bastante inútil, que ve como los casos que se le encomiendan se resuelven por inercia propia o caen en una espiral de surrealismo absoluto. Desde hace varios años, Petillon ha involucrado a su personaje en temas de actualidad, con corrosivas visiones que se basan en la perversión del tópico para que éste se convierta en una demoledora crítica. Una fórmula que le funcionó perfectamente en “La investigación corsa”, consiguiendo una durísima visión del problema del terrorismo corso, ácida con terroristas, gobierno y todos los involucrados, y con la que se atreve con el espinoso problema del integrismo islámico en Europa con “El caso del velo”. La búsqueda de una joven francesa que ha decidido convertirse al Islam lleva a Jack Palmer a introducirse en el mundo del islamismo francés, tanto de los que se han integrado en la sociedad y costumbres francesas como en el fundamentalismo más aislacionista. Petillon parte de los tópicos más conocidos para relanzarlos con fuerza de martillo pilón contra sus protagonistas, pervirtiéndolos, haciendo que jóvenes francesas aparezcan como integristas, que integristas discutan con moderados, que moderados defiendan el modelo francés burgués, en una mezcla tal en la que todo pierde su origen y uno nunca sabe muy bien quién es el que tiene un mínimo punto de sentido común, llevados de los dos émulos de Romeo y Julieta en versión musulmana. El caso del velo tira con bala a todos los protagonistas del conflicto, desde los inútiles y políticamente correctos intentos de mediación del gobierno a los propios musulmanes, llegando por fin a la absurda situación de esa discusión final con la que se cierra el álbum. Divertido, mordaz y, sobre todo, una inteligente crítica a la situación social que vive Francia, no sólo con el problema del velo, sino en general con el enfrentamiento cultural que vive Europa y que resulta especialmente valiente en estos días. Lástima que Norma haya decidido publicarlo en el mini-formato al que parece que todas las editoriales nos quieren acostumbrar, reduciendo el tamaño prácticamente a la mitad (es el mismo que la edición reducida de Tintín que distribuye Panini). Es verdad que la edición es idéntica en calidad de reproducción, con buena encuadernación, etc, pero la reducción de tamaño le hace un flaquísimo favor a la labor de Petillon (¡el grueso trazo de este autor parece una línea fina…!) , que no compensa la reducción de precio. (3+)

Mister X, por su parte, es todo un ejemplo de la obsesión de Dean Motter. Encumbrado durante los 80 a la categoría de tebeo de culto, veinte años después se comprueba como forma parte de un ejercicio de diseño a gran escala con el que Motter está obsesionado. Mister X nace a partir de unas ilustraciones de Motter, en la que se definía un misterioso personaje, calvo y con gafas redondas oscuras, siempre con fondos de estética “retrofuturista”,fuertemente influenciados por el expresionismo alemán y el Metrópolis de Fritz Lang. Imágenes que obsesionaban a Motter y que fueron la excusa para orquestar a su alrededor una historia, que fue dibujada inicialmente por unos recién llegados al panorama indie de entonces: los hermanos Hernández. Jaime y Beto llevaron al papel la fascinación de Motter por la arquitectura, dibujando las aventuras de un extraño sujeto que vive sin dormir, únicamente preocupado por el diseño de su ciudad. Cada historia se suponía inspirada en una ilustración, contando el enfrentamiento de este sujeto contra el magnate de la ciudad.
En su momento, las historias de Motter fascinaron por su concepción basada en el diseño (recordemos, eran los 80, los años del ¿diseñas o trabajas?) y, sobre todo, por el excelente trabajo de los Hernández, que en muchos casos llevaron la historia a su terreno, el del debutante Love & Rockets, para desespero de Motter.
Más de veinte años después, la lectura de Mister X tiene un interés básicamente arqueológico, por el fenómeno que supuso, con una importante influencia posterior, como punto inicial de encuentro con toda una generación de autores que luego protagonizarían la escena “indie” americana (los Hernández, Seth, McKean…) y, sobre todo, como parte fundamental para entender la carrera de un hombre obsesionado con una estética, que ha repetido sistemáticamente en todas sus obras posteriores (Terminal City, Electrópolis…). Sin embargo, hoy resulta más evidente que nunca lo endeble de las historias, casi sin sentido o absurdamente estiradas en pos de un efecto estético. Vale la pena, eso sí, por ver el sólido trabajo gráfico de los Hernández o sorprenderse con un principiante Seth clon de Jaime Hernández. (1+)

8 Comentarios en “Velos y obsesiones

  1. John Space on 15 marzo 2006 at 20:29 said:

    Profe, ¿por qué Seth se disfraza de William Butler Yeats?

  2. cayetanodondest&aacu on 16 marzo 2006 at 11:15 said:

    Qué valiente es Petillon!!!

  3. Hombre… si no me engaña la memoria, lo que los Hernández hicieron en Mister X fue algo más que alargar una excusa estética. Me pareció, entonces, un excelente trabajo. Sería cosa, es cierto, de volver a leerlo hoy…

    No sé, ya contaré…

  4. Eduardo,(yo) on 16 marzo 2006 at 12:33 said:

    que miedo,esperaba este tebeo con expectacion pero despues de esta critica tan demoledora……

    habra que lerlo.

  5. No comparto su punto de vista "carcelero", a mí los catorce números de Mr X, me parecen más que interesantes, será que a mi Motter me gusta mucho…¿Y Seth clon de Jaime? Creo que no, yo le recuerdo muy línea clara, nada que ver con Jaime.

    Un saludo

  6. Existe otro "album" editado en castellano de Petillon que lanzó La Cupula dentro de la colección "Historias Completas" y que hacía el número 6 de la misma.

    El titulo era "La muela picada", y en ella, Jack Palmer se metía en una delirante aventura en la que entremezclaban fraudes electorales, tráfico de droga, la CIA, el KGB, un tal Dr Supermaketeisten, entre otros elementos. Un coctel surrealista e hiperconcentrado que a veces volvía muy densa la lectura, pero que no deja de ser un embrollo bastante divertido.

    A ver si no tarda mucho en llegar "El caso del velo" a mi libreria habitual, que esto de vivir en provincias no es una ventaja para la tebeofilia…

    Una preguntilla. ¿Ha llegado "Loco por los superheroes" a las librerias? Vi que lo habían editado hace unos meses, pero es que aqui en Logroño nadie sabe nada…

  7. alex on 17 marzo 2006 at 11:01 said:

    Os sugiero que entréis en
    http://isidrosaiz.blogspot.com
    Los cuentos son una pasada.

  8. Pingback: Zona Negativa » El Caso del Velo (la reseña)

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