Javier Olivares es un poco rarito

Ya puestos a hablar de Javier Olivares, reciclo un texto que apareció en el fanzine de las Xornadas de BD de Ourense:

Javier Olivares es un poco rarito. No, no tiene ni seis dedos en una mano, ni una oreja de más o de su frente salen extrañas profusiones, no es eso. Ni siquiera esconde un Mr. Hyde debajo de su cama presto a sustituirle cuando menos se lo espera, no.
Hasta donde se puede saber, no es una rareza de feria o un candidato a tema de tesis de algún doctorando de psiquiatría, no.
Es que le gusta hacer tebeos. Y mucho.
Un atrevimiento, es evidente, sobre todo en un país donde eso de dibujar tebeos no es que esté mal visto, es que ni se ve.
Pero Olivares además de atrevido, era obcecado: decidió que iba a hacer los tebeos que le gustaban, los que le pedía el cuerpo, y que los publicaría.
Claro que semejante propósito no es fácil, por mucho que la voluntad sea inmensa, y como todo gran proyecto estuvo plagado de pequeños pasos. Comenzó con pequeñas píldoras, apenas una o dos páginas, que salían en publicaciones alternativas, “rarillas” que se decía, que el final de la década de los 80 fue buen compañero para estas cosas y las páginas de Krazy Comics, Urich, Madriz o Medios Revueltos fueron viendo contribuciones dispersas, pero que seguían un patrón común: la evolución de un autor inquieto y curioso, a la búsqueda de nuevos aires. Las historias cortas de Olivares eran pequeños pasos que confluían en un camino común, donde la imaginación se desbordaba y hablaba de mundos de geometrías imposibles habitados por monstruos, piratas, niños… un catálogo de seres extraños que podían protagonizar los sueños más extraños y divagantes. Obsesiones hechas viñetas que perdían su forma tan rápido como la recuperaban, que surcaban líneas narrativas retorcidas y sinuosas que podían confundir o subyugar, pero siempre en el filo de la radicalidad más elegante. Cuentos y fábulas que se desarrollaban bajo la tenue luz de una estrella legumbre para quedar encerradas en cúbicas cajas negras sin lados, pero con aristas y curvas.
Un inconformismo que se alzaba como forma de vida, que obligaba a sus lectores a seguirlo de revista en revista, de página en página, ayer en El Maquinista, mañana en U, y después en las pequeñas joyas editadas por las pequeñas Camaleón (El segador de tus cosas), en El Pregonero o en su segunda casa, el sello Malasombra que él mismo creo y en el que recalaron Noticias para Magüi, Estados Carenciales o La canción de María Mortecina. Regalos mínimos que apenas alivian el síndrome de abstinencia de los que le seguimos desde hace ya casi dos décadas, obligándonos a guardar páginas y páginas, revistas de todos los tamaños y colores (vale, sí, que el Navarro nos obsequió con una recopilación llamada La caja Negra, pero sólo consiguió ahondar en nuestra necesidad), sabiendo que continuaremos en la búsqueda de todos los meses, la de encontrar esas dos o tres paginillas que nos lleven de nuevo al mundo de Olivares, que nos saquen de este universo por unos minutos, los justos para soñar otra vez.

3 Comentarios en “Javier Olivares es un poco rarito

  1. luisdeluis on 18 marzo 2006 at 17:59 said:

    ¡Si será raro que hasta hace tebeos para niños!

    Y encima …¡ los hace bien!

  2. luisdeluis on 18 marzo 2006 at 18:58 said:

    Echen un vistazo a "Astro"

  3. jali on 19 marzo 2006 at 19:50 said:

    de lo bueno.LO MEJOR!!!!!!

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