Algunas lecturas sabatinas

Un conejo antropomorfo con gafas de sol llega por accidente a una desierta playa, donde unas chicas se reúnen durante las vacaciones para hacer surf. Una curiosa excusa argumental que sirve a Mawil para demostrar un excelente pulso narrativo y un sugerente estilo de dibujo que consiguen llevar al lector a una interesante reflexión sobre la felicidad escondida en esos momentos donde, simplemente, no pasa nada. La soledad del extraño conejo se va transformando en placidez, en ese indefinido estado de felicidad donde los pequeños detalles son los que cuentan: un baño, un juego, estar sentados compartiendo el momento con unos amigos… Mawil consigue retratar en Safari Playero la esencia de lo que significan las vacaciones: no importa de dónde vienes o quién eres, no importa dónde vas, sólo que pases un buen rato y te olvides del mundo exterior. Sabe trasladar los momentos más dinámicos, con muchísima energía, para balancearlos adecuadamente con otras más instrospectivos, logrando una mezcla perfectamente equilibrada. Un tebeo de esos que demuestra que, a veces, no contar nada esconde muchas cosas detrás. Siempre que sepas hacerlo, claro. (2)

Y la segunda lectura es la esperada conclusión de La venganza del conde Skarberk, de Sente y Rosinski. Un sólido y excelente tebeo del que resulta muy difícil hablar sin caer en el pecado de desvelar algunas de sus sorpresas argumentales. Si de la primera entrega comentaba que era una especie de revisión de la eterna novela de Dumas, El Conde de Montecristo, ahora sólo puedo decir que Sente ha jugado con el lector y que este segundo álbum está repleto de sorprendentes e inesperados giros argumentales, que homenajean toda la narrativa francesa de aventuras, no sólo a Dumas, sino las novelas de piratas clásicas, sin descartar en este caso la influencia clara del escritor y pinto Robert Margerit. Un entretenidísimo tebeo al más puro estilo de la narrativa popular de género del s. XIX, con un Rosinski soberbio y espectacular (3).