Corta y pega (III)

La fuente, de Darren Aronofsky y Kent Williams, es una compleja novela gráfica que interpreta (no es una adaptación) el guión original del proyecto cinematográfico que el director de Pi lleva produciendo desde hace siete años y que pronto verá la luz. Una obra que esperaba desde su anuncio, arrastrado por el buen sabor de boca de la citada Pi y Réquiem por un sueño, dos excelentes películas que demostraban el extraño universo interior de Aronofsky, y por la presencia de Kent Williams, un extraordinario autor.
Es muy difícil explicar qué es La Fuente. Mi primera impresión ha sido la misma que tuve al ver 2001, una odisea del espacio por primera vez: fascinación y extrañeza. Y no son sólo esos los puntos de contacto con la mítica película de Kubrick, porque La Fuente es un viaje temporal a través de pasado, presente y futuro en busca del sentido de la vida, una reflexión sobre la inevitabilidad de la muerte, pero también de lo que sería la maldición de la inmortalidad sin un motivo. Aronofsky toma como base la búsqueda de la fuente de la eterna juventud de Ponce de León para crear una historia que se prolonga durante un milenio que se pliega para mostrarnos tres momentos simultáneos al lector: el pasado, la conquista española del imperio maya; el presente, la investigación científica contra el cáncer; el futuro, el final de una estrella. Tres momentos protagonizados por un hombre, Tom/Tomás, en los que la vida se crea, se destruye y se transforma a través de un único sentimiento, su amor por Izzy/Isabel. Intrincada estructura que pasa sin solución de continuidad de la reflexión a la poesía y de ahí a la acción, dejando al lector abrumado por el torrente de ideas y sentimientos que se vuelca sobre él gracias al impresionante trabajo de Williams, que juega con texturas y estilos para que obtengamos toda una experiencia sensitiva. Es su trabajo el que consigue que se palpe la delicadeza sensual del futuro, contrastada con la brutal rabia del presente.
Sin embargo, y pese a lo sugerente y abierto de la obra, se me antoja que Aronofsky ha elegido un camino demasiado relamido y afectado, constituyéndose éste en el mayor problema que puede tener la lectura de la obra y que, con seguridad, dará lugar a posiciones muy distintas sobre ella, seguramente apasionadas. En cualquier caso, interesante y que nos deja con muchas ganas de ver la otra versión, la cinematográfica. (3-)
Enlaces: una interesante entrevista con Aronofsky | Trailer de The Fountain

Publicado originalmente el 25 de Noviembre de 2005

Corta y pega (II)

Leído y disfrutado El derrotista (The Quitter), el primer trabajo que Harvey Pekar, el creador de American Splendor, hace para el mainstream, en este caso una lujosa novela gráfica para Vertigo. Pekar aprovecha esta primera incursión para un gran sello para ahondar en una parte de su biografía que sólo había sido tratada de forma tangencial en sus cómics: su infancia y su juventud. Como su título indica, es la historia de un derrotista, de alguien que, desde sus primeros años y experiencias, ve como los trenes de la vida pasan por su lado sin que él nunca coja uno. No estamos ante la brillante y lúcida reflexión sobre la cotidianeidad que plantea en American Splendor, sino ante un soberbio ejercicio de memoria y análisis del pasado hecho desde la perspectiva que dan seis décadas y media de vida y el convencimiento de que tu vida no ha sido lo que tú querías que fuera. Pekar no cae en una visión resentida hacia su juventud, sino en una exposición concisa y convencida de las causas que motivaron su trayectoria vital, un ejercicio de auto-psicoanálisis en el que ningún detalle es obviado y en el que el puzzle encaja poco a poco, sin estridencias, pero con una contundencia y lógica abrumadora.
Pero los tebeos de Harvey Pekar nunca se quedan en un simple apunte biográfico. Su siempre inteligente argumentación es, a la vez que una exposición de su vida interior, un espejo en el que la sociedad de la época es diseccionada con la precisión de un bisturí, pero sin anestesia que mitigue el dolor. Sus opiniones son simultáneamente sentencias sobre todo lo que ve y siente, lacerantes como sólo la perspectiva de quien ve pasar la vida desde fuera de ella puede hacerlo, convirtiéndose su propia vida en el testimonio de la vida de una sociedad.
Una brillante obra que es ilustrada por Dean Haspiel, colaborador suyo en algunas de las últimas entregas de American Splendor y que pasa el examen con corrección, pero sin emocionar. Su estilo, más heredero del cartoon, parece poco apropiado para la historia que se cuenta y rápidamente se siente nostalgia del gran Crumb, uno de los habituales de la serie.
Una excelente obra, esperemos que Planeta la publique pronto aquí. (3+)

Publicado originalmente el 21 de Octubre de 2005
Una vez vista la edición de Planeta, hay que reconocer que hace bastante justicia a la americana, aunque no he copmrobado la traducción..

Corta y pega (I)

Maravilloso esto del corta y pega, oigan. Y como parece que las editoriales están decididas a recuperar tebeos que ya había leído y de los que había dado cumplida cuenta en otros momentos, me dedico a hacer uso de semejante propiedad maravillosa de la informática ésta. Va la primera. Sandman, of course.

Me parece casi insensato hablar de Sandman, la extraordinaria serie guionizada por Neil Gaiman. Más de quince años después de su creación, todo lo que se pueda decir de la serie se ha dicho ya y, seguramente, con más tino y mucho más criterio que el mío. Pero ya sea por vanidad o por oscuras motivaciones que ni yo mismo puede llegar a comprender, heme aquí hablando de una serie que ya se puede considerar como un clásico. Al igual que Moore reconvirtió a La Cosa del Pantano, Gaiman tomó prestado el nombre de un personaje clásico de la época dorada de la DC para construir un mundo propio que escapa de los límites de cualquier etiqueta. Muy por encima del género superheroico o incluso del fantástico, Gaiman fue un paso más allá, actuando de gran hacedor de toda una mitología propia, de una nueva religión. Si Tolkien amasó referentes que iban desde la mitología germánica a la nórdica pasando por las leyendas faéricas de su tierra para crear un mundo coherente, Gaiman hace uso de las religiones paganas y de la literatura fantástica del siglo XIX y XX para crear una mitología fascinante e hipnótica. Los Eternos, una familia de hermanos que se alimenta de los sentimientos más primarios de los humanos y que tiene en Sueño y Muerte a sus dos grandes conocidos, son la gran creación y los protagonistas de una serie que marcaría un punto y aparte en la historia del tebeo. Acompañado casi siempre de dibujantes que no llegaron nunca a la altura del guionista, Gaiman recorrió todo el imaginario colectivo de la fantasía, cimentando el infinito pasado de unos personajes que pronto conocieron decenas de copias e intentos de acercarse a un original al que nunca llegaron ni siquiera a atisbar en la lejanía. En cada arco argumental de la serie se avanza un paso en la concepción de un mundo paralelo que se nutre de los recuerdos, de los miedos y los anhelos de los simples humanos, diseñado con la precisión de un compositor que sabe perfectamente que instrumentos tocar en cada momento para que el lector se sienta subyugado y reconocido. Juega con los mitos más clásicos, desde los cuentos infantiles a los miedos adultos, mezclándolos y confundiéndolos hasta tal forma que al pasar las páginas sentimos escalofríos de nostalgia, sensaciones contrapuestas que nos llevan a seguir adelante y a esperar cada nueva viñeta, plena de referentes casi imposibles de enumerar. Sólo Gaiman fue capaz de pervertir los papeles del Sueño y la Muerte. La clásica guadaña, tétrica y enlutada, se convierte en manos del inglés en una pizpireta jovencita, alegre y hermosa a la que apetece acompañar, mientras que su hermano Sueño es el serio, el oscuro. Papeles trastocados en los que los sueños se convierten en la pesadilla de la vida y la muerte en su liberación y en los que es inevitable pararse fascinados.
Personalmente, sólo puedo que recomendarla con todas mis fuerzas, que os dejéis envolver por la magia de los eternos y que la imaginación vuele libremente en ese mundo de sueños y pesadillas. (4, de promedio)

Este texto fue escrito a raíz de la recuperación de la serie en tomos. Planeta reedita la serie ahora en prestigios de 48 páginas, un formato que no acabo de comprender sabiendo que la serie aparecerá en breve en su edición “absolute” en los EEUU, por lo que parece más lógico haberla editado en volúmenes en tapa blanda, aprovechando los bajos precios que esta editorial suele ofrecer (paradójicamente, la serie será más cara en entregas de 48 páginas que en volúmenes, si hacemos cuenta de los precios que suelen tener los tomos de Vertigo que ha publicado Planeta).
Ellos sabrán. En cualquier caso, si no la habéis leido, aprovechad la oportunidad.

Lecturas presaloneras (III)

Sexto volumen de Shade, the changing man y, sin duda, se alcanza el momento álgido de la serie con la saga The Road (La Carretera). Milligan ya ha trabajado con sus personajes y decide, tras abordar la exploración de la sociedad americana que acometió en la saga “the American Scream”, conocer la personalidad de su trío protagonista, desarrollando una de las sagas más fascinantes que servidor recuerda en el sello Vertigo. Milligan escoge un genero muy particular de la literatura y el cine americano, el road-movie, y al igual que Kerouac, usa el camino como medio para enfrentar a los protagonistas a sus miedos. Una excusa que en una serie cuyo protagonista es un hombre cambiante se exagera y amplifica, llevándola a sus últimas consecuencias, explorando la doble personalidad de Shade/Hades como un retrato del Jekyll/Hyde que todo ser humano lleva dentro. Pero el guionista se atreve a dar un paso más que el propuesto por Stevenson y se adentra en todas las incoherencias propias del hombre: el dilema sexual masculino/femenino, el paso generacional niño/adulto, el desarrollo del concepto de justicia… A través de un viaje psicodélico por una carretera sin fin, que devuelve siempre al mismo lugar, a un simbólico vertedero donde se refugian los desechos de la personalidad, Milligan consigue construir un triángulo mágico de cuatro lados, en el que Shade/Hades, Kathy y Lenny conforman las diferentes partes de un ser único.
Una brillante reflexión sobre la vida en la que, incomprensiblemente, Planeta ha decidido no incluir el último y sorprendente episodio de conclusión de la saga para el siguiente volumen. Una decisión que evita a los lectores poder disfrutar en toda su extensión, en un único volumen, de una de las mejores sagas del tebeo mainstream de los 90, teniendo que esperar al próximo mes para su conclusión. A cambio, eso sí, comenzará en ese volumen la también muy estimable saga de “Shade The Changing Woman”.
Un tebeo extraordinario, con un Bachallo en plenitud de facultades, cuando todavía sabía dibujar… (4)

Lecturas presaloneras (II)

Finaliza El árbol que da sombra, la impresionante saga histórica del gran maestro Osamu Tezuka, en la que se hace un recorrido por la llegada de la dinastía Meiji a Japón a través de la vida de un samurai y un médico, el bisabuelo del dibujante, que intenta introducir las técnicas occidentales en el país. Una pareja de protagonistas que le permite al autor hacer un perfecto reflejo del contraste de situaciones que vivía el país a finales de XIX, atrapado entre la tradición milenaria que gobernaba tanto los usos domésticos como los políticos y la pujante influencia de Occidente, que llegaba tanto por los lazos económicos como en las costumbres. Durante las más de 2000 páginas de este relato, Tezuka consigue transmitir al lector con perfección los argumentos de aquellos que querían renovar el Japón, pero también las tensiones internas que sufrían aquellos que veían cómo todo en lo que creían se derrumbaba a su alrededor. Con una rigurosidad histórica exquisita, Tezuka va desgranando la vida de estos dos hombres a la vez que hace un retrato fidedigno de la sociedad e historia del Japón feudal.
Una obra rica, compleja y apasionante, fundamental para aquellos que se quieran adentrar en la fascinante historia del país del Sol Naciente. A destacar en toda la edición las interesantísimas notas históricas de Marc Bernabé, un complemento realmente útil para la lectura. (4)

Lecturas presaloneras (I)

Se acerca el Saló, así que hay que acelerar el ritmo de lecturas para poder estar al día ante la avalancha de novedades de la semana que viene:

Autobiographix (Glenat) es una curiosa experiencia de Dark Horse, en la que se busca acercar el género autobiográfico a autores famosos, tanto aquellos que suelen hacer obras bien alejadas de él como aquellos que de una forma más o menos habitual lo han tratado. Como toda antología, la irregularidad es la norma, pero en este caso es realmente curioso cómo solventan su papeleta los autores elegidos. Así, encontramos desde los que buscan digamos una excusa autobiográfica centrada en su profesión, que van de la anécdota divertida como el encuentro de Sergio Aragonés con Richard Nixon a la nota nostálgica de Will Eisner, con una historia muy próxima a lo narrado en obras como El Soñador, pasando por la cruel y sarcástica autoparodia de Frank Miller, de lo mejorcito de este álbum. Por otro lado, tenemos a los que deciden contar un momento de su vida o una sensación, entre los que destacaría, pese a ser fallida, la visión “a lo McCloud” de Jason Lutes o la gastronómica elección de Matt Wagner, que se podría considerar como una irónica revisión del sentido estricto de la expresión “slice of life”. Una experiencia que, sin ser redonda, se lee con curiosidad. (2)

Goth, de Oiwa Kendi Otsuichi (Glenat), es una de esas decepciones esperadas. Parte de un supuesto atractivo, la exploración de la morbosa atracción que tiene la muerte sobre el ser humano, pero su fuelle se acaba a las pocas páginas, en un continuo de situaciones forzadas y repetitivas que en modo alguno consigue levantar el más mínimo interés. Pese a lo interesante del tema, no hay reflexión, sólo una exposición de situaciones que, en principio podría ser interesante (en una vía similar a la elegida por Suhehiro Maruo), pero lo absurdo del planteamiento impide que el tebeo pueda ir mucho más allá. Olvidable. (0)

Tebeos en EL MUNDO y EL PAÍS

Si ayer el suplemento YO DONA del diario EL MUNDO dedicaba un largo reportaje a mujeres que se dedican al cómic en España, con entrevistas a Raquel Alzate, Purita Campos y Olga Carmona (e incluso la sección de moda hablaba de influencias manga), hoy el mismo diario anuncia que a partir del 11 de Junio lanzará el segundo coleccionable “Clásicos del Cómic Español”, dedicado a volúmenes de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y Superlópez. No se puede decir que el nombre sea el más adecuado, pero es una clara demostración del éxito que tuvo el coleccionable del verano pasado.
Por su parte, en el suplemento EP3 del diario EL PAÍS del viernes se dedicaba un artículo a “La misma diferencia”, de Derek Kirk Kim. Un suplemente donde ya es normal que se recomienden tebeos en su sección “Puzzle” (esta semana, la última entrega de El Pulpo).
La presencia del tebeo en los medios de comunicación se normaliza poco a poco, señoras y señores.
:)

Enlace: Promoción de EL MUNDO