Las crónicas (en diferido) del Saló (1)

Una de las ventajas del diferido es que uno puede hacer balance más o menos reflexionado de lo ocurrido durante estos días de locura tebeística, en los que una especie de posesión demoníaca colectiva contagia, felizmente, a todos los aficionados a la historieta. Y de contagio rápido proclamo, porque apenas media hora después de llegar a Barcelona estaba ya comiendo con la gente de sin sentido e Inrevés, que presentaba novedades tan interesantes como el NSLM 13 (espectacular, proclamo) por un lado y maravillas como el Apuntes para una historia de guerra o el Drácula de Breccia (dos obras impresionantes, atentos a las reseñas y más atentos, si cabe, a la espectacular edición del álbum de Breccia), pero que sirvió además para charlar con gente como Jaume Vidal, Luis Alberto de Cuenca, Max, Pere Joan, Pepe Gálvez y otros muchos que por allí estaban, pero sobre todo para escuchar la increíble historia que Ángel de la Calle está preparando, un manga sobre los japoneses que vivían en Brasil y no aceptaron la derrota de la 2 Guerra Mundial. Después, vuelta por el Salón para saludar a los (muchos) amigos, desde Ricardo Esteban de dibbuks (atentos, que este hombre se ha quedado con la mitad de los derechos de las series de Dargaud) al siempre hiperactivo Paco Camarasa, pasando por autores, blogueros, libreros y resto de gente indeseable de este mundillo, lo que favoreció un importante aumento del nivel de descafeína en sangre a costa de más de una docena de cortaditos.
Por la noche, y con un dolor de pies que me hacía pensar en que los zapatos habían sido sustituidos por cepos de cazar osos, me arrastré hasta la presentación de novedades de Glenat, en la que se nos invitó a un excelente sushi mientras nos enteramos de la nueva estructuración de colecciones de la editorial, de la que me gustaría destacar las colecciones Patrimonio de la Historieta (que comienza con la obra de Puigmiquel) y Opera Mundi, que se estrenará con el anunciado Sky Masters de Kirby y una selección de tiras de la Betty Boop de Fleischer, a la que seguirán verdaderas virguerías. Por fin verán también la luz las anunciadas colecciones de Víctor de la Fuente (que pasa por un delicadísimo estado de salud debido a un infarto, y desde aquí le deseo la más pronta recuperación) y de Adolfo Usero (la bondad hecha persona, oigan, la definición del concepto de “buena persona”). Tras el sushi, un buen rato de conversación con Antonio Martín sobre la industria y sus vericuetos, con apasionantes ejercicios de especulación, de esos que sólo se pueden hacer sentados tranquilamente ante unas copas.
El viernes comenzó con una visita a las excelentes exposiciones y más ristra de cafeses con los conocidos, hasta uno de los momentos más emotivos que servidor recuerda en esto de los salones: conocer a Ángel Puigmiquel y que con mano firme a sus ochenta y muchos años me dedicara e hiciera un dibujito en el álbum que ha editado Glenat. Servidor no es muy dado a las firmas y los dibujitos, pero debo reconocer que formé un rodal de babas a mi alrededor que ríanse ustedes del mar Mediterráneo. Tras ese momento de emoción, rápida subida a la sala de conferencias a presentar el Anuario de la Historieta 2005, una publicación de la AACE que en breve saldrá de imprenta y de la que ya hablaré más adelante.
Comida con Rafel Porta de SD, y vuelta a la histeria y con trabajo, que tocó hacer de traductor a los amigos Francisco Ruiz y Rafa Fonteriz ante Joan Hilty, la editora de Vertigo. A ver si tienen suerte…
Y tras eso, contactos con diferentes personas para preparar la famosa reunión con los diputados del día siguiente, mientras alguien me chivaba los premios del Salón (ayyyy esta prensa parlanchina) y servidor decidía que ya los pondría otro, que yo hasta hoy no me acercaba a un teclado.
Y en los premios, sorpresas por los populares y poca sorpresa en los de voto profesional, todo dentro de un guión muy predecible. Eso sí, divertido ver las idas y venidas de editores, autores y demás para consensuar hasta el último minuto el documento que al día siguiente se entregaría a los diputados.
Pero eso es otra crónica.

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