Lecturas saloneras (XVIII). Juicios y finanzas varias

Glenat ha publicado en este Salón dos obras del guionista Richard Malka, especialista en lo que podríamos denominar temática thriller-económico-jurídica, muy deudora de las series de televisión americanas.
La segunda entrega de La Orden Cicerón, con dibujos del gran Paul Gillon mantiene un excelente tono para esta investigación jurídica de un enfrentamiento finisecular entre familias de abogados. El duelo entre la abogacía a la americana y la europea sigue siendo de lo más entretenido y las traiciones, espionajes, fraudes y mentiras siguen llenando las páginas de este distraído tebeo, que se lee siempre con agrado. Malka es un habilidoso guionista que hace uso de las trampas y trucos acostumbrados de los best-sellers, pero no se le puede negar su eficacia. Respecto a Gillon, es evidente que el gran maestro no está en plenitud de facultades, pero qué cierto es que quien tuvo, retuvo, demostrando una narrativa espléndida, clásica pero una eficacia incuestionable, sobre todo en un guión donde los diálogos son la base de la acción, lo que obliga a jugar con la puesta en escena para evitar aburrir al lector con un continuo de bustos parlantes. (1+)
Una opinión que casi se puede repetir casi palabra por palabra respecto a la nueva serie con Andrea Mutti a los dibujos, Sección financiera. Temática económico-financiera con trama de teoría de la conspiración de fondo, sociedades secretas que dominan el mundo financiero y político en la sombra y valientes detectives que anteponen el conocimiento de la verdad a su propia vida. No es desde luego un argumento excesivamente original y, de nuevo, las trampas pueblan cada página y cada viñeta, con la colección completa de trucos del “Manual del buen escritor de best-sellers”. No hay, desde luego, más interés de nuevo que lograr que el lector se evada durante un rato del quehacer diario. En su contra tiene, eso sí, que Mutti no es Gillon (ni de lejos, vamos) y que el guión sufre de un atracón de “conspiranoia” que a veces contrasta mal con la trama jurídica. Pero se deja leer, que es algo (1).

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