Lecturas saloneras (XXXII) y otras. Biografías.

Qué difícil es el género biográfico. Es un género que debe luchar con unos referentes documentales que no se pueden obviar, lastrando en cierta medida las posibilidades creativas del autor, con la propia personalidad del individuo protagonista y con la indudable tentación de entrar a opinar sobre la vida y hechos de éste, pudiendo caer con tremenda facilidad en la hagiografía, bonita quizás, pero inútil para cualquier lector que realmente tenga interés en el personaje.
Curiosamente, nos han llegado estos días dos biografías que resuelven este problema desde perspectivas radicalmente distintas.
En primer lugar, King, de Ho Che Anderson, que se centra en la vida de Martin Luther King, el más famoso activista a favor de la no discriminación racial. Un personaje admirado y rodeado por una leyenda casi de santidad que hace la tarea del autor todavía más complicada si cabe, ya que el riesgo hagiográfico crece exponencialmente. Pero afortunadamente, Anderson opta por un complejo acercamiento a la vida de Luther King que camina por el filo de la navaja sin caer nunca en la admiración rendida, sino en una interesante disección del personaje que intenta realmente entender cómo llegó a ser un mito. Una narración múltiple, que va alternando la ficcionalización de la vida de King junto con las declaraciones de personas que vivieron los hechos, creando una visión múltiple de la realidad que permite acceder a todas las versiones, desde las de admiración irredenta a las más críticas. Una opción difícil, pero que permite al autor abordar al vida de King desde una perspectiva analítica y crítica, pero sin definirse directamente sobre el personaje, sino dejando que sea el lector, a través de los testimonios y contrastes que sea el que juzgue finalmente.
Un ejercicio de temeridad que es completado con una arriesgada puesta en escena, en la que Anderson va jugando con diferentes estilos gráficos, narrativos y compositivos. Cada episodio es narrado siguiendo un estilo que nos permite diferenciar desde la parte documental a la ficción, dirigiendo al lector a través de un espinoso camino, en el que debe confiar plenamente en el autor para que la lectura sea fructífera.
Afortunadamente, la apuesta se ve recompensada por un gran resultado, que convierte a esta obra en un valioso documento sobre la vida de Martin Luther King, pero también en un apasionante retrato de la vida de la comunidad negra americana en los 60.
Exquisita la edición de Ponent, a la que sólo se le puede poner el pero de una traducción en exceso literal, que acude, por lo menos en su primer tercio, en demasía a construcciones gramaticales más propias del inglés, lo que ralentiza la lectura y la hace extraña en ocasiones. Un pero menor, en cualquier caso (3).
Páginas de King: 1 2

Pero otra opción para contar la vida de alguien es, sencillamente, inventarse por completo la vida del sujeto en cuestión. Es la vía tomada por el siempre fascinante Joan Sfar en Pascin, que narra, supuestamente, la vida del pintor Julius Mordeca Pinkas, alías “Pascin”.
Con apenas algunos referentes cronológicos, la coincidencia con Chagall o la bohemia parisina de principios de siglo XX, Sfar va construyendo a través de pequeños retazos la compleja personalidad de un creador, creando una ficción en la que el propio autor se viste de Pascin para interpretar su vida, pero consiguiendo paradójicamente que a través del pinto atendamos a las constantes temáticas del propio Sfar. En un juego de engaños carnavalesco, el disfraz de pintor bohemio permite al autor divagar de forma libre sobre la creación artística y el concepto de arte, sobre el sexo como motor absoluto del hombre, sobre la religión y sobre las relaciones humanas. Pero esa libertad absoluta que da la máscara termina por engañar al propio autor, que al final se une a Pascin como un todo indisoluble. Es difícil no ver a Sfar en ese dibujante compulsivo, que usa cualquier momento para coger los lápices y que llega a afirmar que hace el amor a las mujeres cuando las pinta desnudas, transmitiendo como pocos esa necesidad interior de expresarse a través de los dibujos.
Pero pese a todo, Sfar consigue lo increíble: que aún sabiendo que es él el que nos habla, lleguemos a creer en esa ficción llamada Pascin como en alguien real. Es tal la sinceridad que destila tras el disfraz, que al final asumimos el engaño casi con simpatía, como en una travesura infantil que es, en el fondo, una puerta a un juego de posibilidades infinitas.
Publicado durante años en la revista Lapin de LAssociation desde 1997 a 2002 y posteriormente recopilado en 6 volúmenes, Ponent Mon publica ahora la serie en un único volumen recopilatorio modélicamente editado y que nos permite atender a la evolución personal y creativa de un autor a lo largo de sus 192 págs.
Una obra extraordinaria, que antecede a La Java Blue (reseñada por aquí), que también publicará Ponent Mon y que es una brillante conclusión, de momento, de esta fundamental serie. Recomendabilísima (4-).
Avance de Pascin: 1 2 3 4

12 Comentarios en “Lecturas saloneras (XXXII) y otras. Biografías.

  1. Francis 7 on 18 julio 2006 at 11:18 said:

    Sin haber leido el post… q bien vivís los profes! XD To el día en la playa leyendo TBOs! (ojo q mi mujer es profe; el q quiera q se lo curre, q este es un pais libre)

  2. Si es que Sfar vale la pena!

    los profes son chungos que siempre te cogen mania!

  3. Álvaro on 18 julio 2006 at 11:54 said:

    Francis 7: pues servidor todavía está en la facultad, y hasta arriba de trabajo… :(

  4. Francis 7 on 18 julio 2006 at 12:45 said:

    ¿Me equivoco o es por ser tribunal de algo por lo q dan tambien pasti-pasti? (ya t dije q mi mujer es profe) Si es q hay q pagarse el vicio este de los TBOs y claro…

  5. SISSY on 18 julio 2006 at 15:05 said:

    Sí, la traducción de King es lo peor. Faltan más expresiones coloquiales.

  6. Hola, soy Alex Serrano, traductor de "King".

    Los que hayan leído la edición original en inglés de "King" y la hayan cotejado con la edición española (si es que, verdaderamente alguien se ha tomado la molestia o ha tenido la posibilidad, permítanme dudarlo) seguramente podrán ver con facilidad que "King" no es una lectura fácil, ni en inglés ni en español. En las múltiples conversaciones que he mantenido con Ho Che Anderson antes, durante y después de la edición española de "King" ha habido un constante diálogo sobre matices, expresiones y sentidos de muchas construcciones, frases y momentos de la obra.

    El inglés, las expresiones y la jerga que utiliza Anderson en "King" es particularísima, por lo que en todo momento fui de puntillas con una obra que, ya de por sí, me parece bastante densa.

    Una traducción literal no es una mala traducción. Una traducción es eso, una traducción, es decir, buscar el equivalente en tu idioma de una palabra o expresión de tu lenguaje o, al menos, el más aproximado, dentro de su contexto. En el caso de "King" hacer una interpretación, que parece que es lo que habrían preferido algunos, habría sido un craso error, o al menos esa es mi opinión, y ese fue mi enfoque. Se trata de una obra con un tono muy particular y, en ocasiones, con un uso del inglés poco habitual.

    Quizás el problema sea que estamos demasiado acostumbrados al protagonismo excesivo del traductor a la hora de publicar ciertas obras aquí cuando, opino, el traductor debe pasar a gatas por la obra y cederle a ella todo el protagonismo.

    El texto de "King" está repasado varias veces y ajustado, consultado y revisado de manera repetida. Algunos pasajes de "King" son escarpados y angulosos en su prosa, igual que lo son en sus imágenes. Las dos cosas vienen de fábrica, ninguna la añadió Edicions de Ponent. Afirmar que una parte del mismo es más literal que otra, y más afirmarlo así a la ligera y porque sí es, como mínimo, osado, por no decir que es gratuito.

    Las expresiones coloquiales que hay en "King" son, exactamente, las que el autor pretendió en su momento, tal y cómo las quiso presentar. Ni más ni menos. Para textos especializados en este tipo de lenguaje, recomiendo el "Tocho cheli" o cosas así. Hay un montón y, precisamente, el libro trata de eso, de expresiones coloquiales.

    Sorprende y entristece lo de siempre. Un comentario con poca base se transmite y cobra fuerza porque sí, tirando al traste un dedicado trabajo de meses y una apuesta editorial arriesgada.

    Poca o ninguna vez suelo ver comentarios sobre traducciones. En algunas editoriales, por cierto, los años han hecho que estas empeoren espectacularmente en algunos casos y no he visto a álvaro ni a nadie decir ni mu. Qué casualidad, ¿no?.

  7. Álvaro on 18 julio 2006 at 20:00 said:

    "Un comentario con poca base se transmite y cobra fuerza porque sí, tirando al traste un dedicado trabajo de meses y una apuesta editorial arriesgada."

    A ver, primero, mi "comentario con poca base" s ebasa precisamente en haber comparado con el original y entender que algunas construcciones son en exceso literales. Si a eso se le añade que al leerlas en castellano suenan extrañas, no creo que haya tan poca base. Y no tiro por tierra ni la edición ni la obra. Me parece un gran tebeo, que hay que comprar y leer, pero que en su primera parte es en exceso literal, dificultando el fluir de la lectura, un problema que va disminuyendo a medida que avanza el texto. Si te fijass no estoy diciendo que la traducción sea mala, sino que la opción por una mayor literalidad (correcta, como tú mismo dices) se traduce en este caso en una ralentización de la lectura ante la extrañeza de algunas construcciones.

    Y respecto al ataque sobre otras traducciones, repásate la Cárcel Alex, veras que lo hago a menudo. No veo la casualidad por ninguna parte.

  8. Víctor on 18 julio 2006 at 20:22 said:

    Pues a mí lo único que me chocó realmente fue lo que ponía en las solapas, de que el Ché era un "revolucionario cubano"… Ejem…

  9. Álvaro on 18 julio 2006 at 22:08 said:

    No, la traducción no es mala, es en exceso literal, lo que no significa que sea mala.

  10. SISSY on 19 julio 2006 at 15:52 said:

    El Pons va a por ti, chaval. :)

  11. Tom Pérez on 19 julio 2006 at 17:23 said:

    No he leído King y no puedo opinar, lo que sí creo es que independientemente del tema del estilo, que el traductor o el editor es libre de elegir, y del que se deben hacer responsables…quiero hacer la siguiente pregunta: ¿creéis que hay algún cómic traducido en el mercado al que no se le puedan sacar bastantes fallos? Yo sinceramente creo que no.

  12. ángel on 13 agosto 2006 at 13:11 said:

    Pues si el traductor no es malo, lo es el escritor en inglés… el caso es que el resultado final es durísimo de leer, a veces no se sigue bien el hilo y realmente te pierdes. No sé de quien es la culpa pero es una pena.

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