Lecturas. Can’t get no

Si digo que suelo tener cierta querencia por los autores más “raritos”, supongo que, a estas alturas, nadie se sorprenderá. Pero curado que está uno de espantos tras tantas lecturas, con el “sense of wonder” aletargado desde hace mucho, la verdad es que lo “raro” comenzaba a tener una preocupante apariencia de normalidad, aunque afortunadamente, siempre ahí alguien capaz de provocar un terremoto en tus neuronas, estrujarlas, retorcerlas, provocar un electroshock y luego dejarlas ahí, medio deshechas, para que luego pasemos horas volviendo a poner cada cosa en su sitio.
Como Rick Veitch, que con Canget no (Vertigo USA) ha conseguido dejarme clavado en el sofá. No me preguntéis exactamente qué he leído, porque no sabría definirlo con palabras. Cant get no es un tebeo de sensaciones, imágenes y flashes que van proyectándose en nuestras retinas y provocando impresiones hipnóticas, es un viaje lisérgico, un tratado filosófico, una reflexión sobre la moral y la humanidad… Es todo eso y, posiblemente más.
Partiendo de la masacre del 11-S, Veitch se centra en la vida de un fabricante de rotuladores permanentes para llevarlo a un viaje iniciático por la américa pre y post 11-S, que comienza siguiendo a Bradbury, despertándose un día completamente tatuado, desconcertado como lo estaban los americanos el 11-S. Y, a partir de ahí, un sueño, un viaje, una locura… América se va abriendo en canal ante nuestros ojos, reflejando las incoherencias, contrastes y grandezas en un recorrido mesmerizante.
Mucha de la culpa de estas sensaciones que provoca la lectura es la arriesgadísima opción narrativa que elige Veitch, contando a modo de historia muda la epopeya del pobre hombre tatuado mientras una voz en off va hablándonos, desarrollando un discurso filosófico sobre la existencia y su sentido. Paradójicamente, y pese a que letra y dibujo llevan caminos diferentes, éstos se van cruzando y descruzando, con momentos donde la reflexión coincide con lo dibujado, y otros donde lo escrito se opone, generando una extraña confusión en el lector, que es obligado a entrar en la narración, debe necesariamente decidir sobre lo que está leyendo, detenerse a pensar y emitir un juicio que le permita seguir en la lectura. Un juego complicadísimo, pero que resulta absolutamente fascinante.
Un tebeo que no deja indiferente, que es capaz de poner en duda la escala de valores de uno mismo, nuestra propia concepción de “bien” y “mal”, de coherencia interna. Un demoledor documento que es, sin duda alguna, lo más sorprendente que he leído este año. Y puede que en mucho tiempo.
Editado en Vertigo en los USA; esperemos que Planeta lo publique en España (4).

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– Un par de reseñas: 1 2
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