Lecturas. Pescador nocturno

Lo intento, pero me cuesta recordar un debut formalmente tan brillante como el de Kikuo Jonson con Pescador Nocturno, una obra que ha permitido que su autor sea reconocido como uno de los talentos más prometedores del tebeo americano actual. Y no es para menos, porque la calidad narrativa y gráfica de este joven autor es sorprendente, fruto obvio de las lecciones bien aprendidas de David Mazzuchelli. En esta historia de rebeldía juvenil encuadrada en un escenario tan hermético y aislado como una isla hawaiana en medio del Pacífico, Kikuo Johnson demuestra un especial talento para el uso del silencio, un recurso complejo en la narrativa gráfica, pero sobre todo, un excelente sentido de la sobriedad y minimalismo narrativo. En un tiempo donde composición de página se confunde con hacer un póster de película y que la puesta en escena parece sacada de las páginas de una revista de modas, encontrar páginas donde la síntesis y la economía de medios se usa para obtener el mejor efecto narrativo es casi una noticia de primera página, más cuando el responsable es un debutante. Un dato al que hay que añadir un excepcional dibujo, claramente influenciado por Mazzuchelli.
El mayor pero que se le puede poner a Pescador Nocturno es que transita, en exceso, por los caminos del tópico. La descripción del enfrentamiento generacional o los actos la rebeldía juvenil ante la imposición social son generalmente previsibles o incluso obvios, sin llegar a profundizar en ellos y dejando de lado la oportunidad de aprovechar las diferencias propias del aislamiento insular que el propio autor va insinuando en muchos momentos. Argumentalmente, es cierto que la historia queda pobre y demasiado reconocible, pero también lo es que los aciertos narrativos logran compensar este defecto en cierta medida.
En cualquier caso, un autor a seguir obligatoriamente y que está llamado a ser una nueva referencia dentro de la historieta americana (2-).
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