(Continuará). Fascículo 2

Sigamos con el ejercicio memorístico quiosquero y pasemos al meollo de la cuestión: quiosco y tebeos. Dos palabras que, hoy en día parecen irreconciliables, pero que en su tiempo eran uña y carne. O que se lo digan a los quiosqueros de los años 50, que vivían de los tebeos que se vendían a millones en este sacrosanto (entonces) país. Toneladas de títulos de Editorial Valenciana, Toray, Maga, Bruguera y decenas de editoriales más inundaban los quioscos de este país, para alegría de sus propietarios, que veían como la chiquillería del barrio (y lo que no era tan chiquillería) se peleaba por comprar las novedades que llegaban cada semana. Una costumbre que fue desapareciendo paulatinamente durante dos décadas, hasta que a mediados de los 70 los tebeos en los quioscos se reducían a un buen número de títulos de Bruguera que, eso sí, se vendían a paletadas.
Pero, ¡ay!, cuando se murió el Pacorro a los españoles se les despertó la libido y los quioscos pasaron a convertirse en sex-shops de mentijirillas, con decenas de títulos eróticos donde tetamen y culos (sin silicona, eso sí, que por esa época no se estilaba) mitigaban los calores de los españolitos, muy necesitados de los Lib y Susanas Estrada por esos tiempos.
El caso es que parece que los padres, demasiado preocupados por comprar su dosis de los relatos del Pen o el Party, se olvidaron de comprar tebeos para sus hijos, y los editores, poco a poco, se olvidaron de editar tebeos para los hijos y, como mucho, los editaban para sus mentores en la forma de Blancanieves y los siete enanitos viciosos o la caterva de Hessas y demás italianadas.
Hasta que a finales de los 70, ya casi rozando la nueva década, aparecieron en los quioscos unos tebeos completamente novedosos, para adultos, con nombres tan extraños como Blue Jeans, TOTEM o 1984, repletos de autores como Moebius, Pratt, Muñoz y Sampayo, Corben, Durañona, Maroto…Tebeos caros, carísimos, que costaban 75 o 100 pesetas de las de entonces, y que, para extrañeza de todos los que pensaban que unos tebeos tan caros fracasarían, arrasaron. Con tiradas que llegaron en algunos casos a los 70.000 ejemplares, las revistas de cómic “adulto” se comenzaron a multiplicar a velocidad de infarto: Creepy, Comix Internacional, CIMOC, Cairo, Vértigo, Calibre 38, Rambla, Hunter, Saloon… así hasta mediados de los 80, con casi 30 cabeceras. Un aumento rápido al que acompañó un incremento de precios espectacular (el galopante ascenso del coste del papel, se argumentaba), que llevó las revistas al escalofriante precio de 250 ptas (sí, 1.5EUROS era escalofríante).
Pero parece que todo este crecimiento fue hecho sobre cimientos falsos, y la cosa terminó siendo un globo incontenible que explotó. Salvo dos o tres cabeceras, que agonizaron durante algunos años más, las revistas desaparecieron de los quioscos completamente, dejando el terreno abonado para el desembarco de Forum, la nueva sección de cómics de Planeta (¿alguien se acuerda del plan inicial de esta editorial, dirigido por Enric Sió y enfocado al tebeo europeo nada más? Paradojas de la vida…). Planeta y posteriormente Zinco fueron las grandes protagonistas de una enconada lucha por la supremacía del quiosco que tenía que sufrir la aparición de un actor inesperado: las librerías especializadas. Poco a poco, las editoriales fueron cavando su propia tumba pensando que el mercado de librerías especializadas les daba un margen de ventas mucho más cómodo y seguro que el difícil mercado de los quioscos, trasladando su lucha de una forma de distribución masiva a otra limitada, sin percatarse de que le estaban quitando el sentido al coleccionable barato de pocas páginas y bajo precio.
Cuando se quisieron dar cuenta, las librerías especializadas que habían aparecido por todo el territorio español absorbían la principal venta de tebeos en España, mientras que los quioscos ya no tenían tebeos en sus anaqueles.
(Continuará)

Avance de Morlac

En breve estará en las librerías Morlac, la nueva obra de Leif tande que publica Diábolo ediciones y de la que se pueden ver algunas páginas cortesía de la editorial.
MORLAC, de Leif Tande. Rústica. 150 pág. BN. PVP:16,00 EUROS

Viñetas desde O Atlántico

Para los que no se han podido pasar por el salón coruñés, entre los que por desgracia me encuentro, sólo nos queda la posibilidad de ver lo bien que se lo han pasado otros. Así que os paso algunas razones para la envidia:
– Los crónicas de los chicos de Entrecomics: 1 2
– Lo mismo en Zona Negativa: 1 1
– Una visión desde dentro, la de Diego García: 1 2 3 45
– Y la más divertida, la de Manu Larcenet: 1

Vuelve Dave Sim

Patidifuso me he quedado al leer en The Comics Reporter (el imprescindible blog de Tom Spurgeon) que Dave Sim, el autor de Cerebus, vuelve a la historieta. Cuando todo parecía indicar que tras los 300 números de su saga se dedicaría al “dolce far niente”, acaba de aparecer una tira diaria llamada Siu Ta (so far) en la web urge2film. No se sabe nada sobre el proyecto, ni extensión, ni temática…sólo esa primera plancha de debut que ya veremos a dónde lleva. Toda una sorpresa, oigan.

Lecturas. The Maximortal

Norma acaba de publicar esta semana el volumen recopilatorio de The Maximortal, última entrega de la innombrada trilogía de Rick Veitch dedicada a los superhéroes que comenzó con The One. Una obra ya de madurez, que recopila las ideas expresadas en The One y Bratpack para darles forma definitiva, asentándolas filosóficamente y dándoles una entidad propia. Y para eso, nada mejor que tomar la esencia del superhéroe y estudiarla desde su concepción más conocida: el Superman de Siegel y Shuster. Partiendo de la teoría del superhombre nietzchiano, el Übermensch, Veitch desarrolla la leyenda de Superman conectándolo con su historia, creando una obra singular, un ejercicio de metalingüismo que une realidad y ficción en una única línea histórica. Un recurso que le permite denunciar las terribles condiciones creativas que sufrieron los autores de la “golden age” mientras paralelamente reflexiona sobre la creación del concepto de superhéroe y la razón que lo hace tan popular, tan intrincado con la noción de héroe y con la necesidad del ser humano de creer en las leyendas.
A través de esas dos líneas argumentales que The Maximortal desarrolla, la unión de realidad y ficción fructifica violentamente en la figura del superhéroe, representado siempre como un niño hecho adulto, una tábula rasa, una “idea perfecta” que madura sólo a través de la imaginación de sus creadores transformándose lentamente, proyectando sus afanes, pero también sus miserias, en un contraste radical entre lo humano y la perfección del concepto.
Y de nuevo Veitch consigue un tebeo brillante, un inteligente ejercicio crítico, provocador hasta la exageración, que parte de los cimientos del género, del Gladiador de Wylie para llegar a teorías sobre el género provocadoras y atrevidas, que no olvidan un reverencial respeto hacia la figura del creador.
Atentos también al interesante epílogo de Veitch, en el que desarrolla de forma me atrevería a decir que didáctica la equivalencia entre la base ideológica de Superman con la filosofía de Nietszche.
Ahora sólo queda esperar que Norma publique Bratpack, la parte de la trilogía menos teórica y más evidente, en la que Veitch mete de nuevo el dedo en la llaga, denunciando las incongruencias del superhéroe que quería vender el mainstream.
Una excelente obra, de la que se echa en falta en este caso el brutal color original, que acentuaba la ultraviolencia con la que Veitch muestra al superhéroe. (3+)

Lecturas. Hellboy: Makoma

Richard Corben y Hellboy. Que me pellizquen para despertarme. O mejor, si es un sueño, que me dejen en él durante mucho tiempo, porque mezclar a uno de los personajes que más me agrada con uno de los que considero mejores dibujantes de la historia es como estar en un delicioso momento onírico. Aunque debo reconocer que, cuando leí la noticia, no pude menos que preocuparme, porque estas cosas generan muchas ilusiones y luego la decepción suele ser aplastante. Corben es un dibujante impresionante, pero dudaba seriamente de que las historias de Mignola fueran adecuadas a su potencia gráfica.
Pero debo reconocer que mis pesimistas previsiones no eran fundadas, porque Mignola conoce perfectamente las características de su dibujante y construye en Makoma (Norma Editorial) un guión perfecto para él, alejado de esas historias de ambiente victoriano-lovecraftiano que estamos acostumbrados a leer en la serie. En este csao Mignola busca su inspiración en las leyendas, construyendo una historia que evoca poderosamente los relatos orales que las mitologías crean alrededor de sus héroes, con un punto de cuento de mil y una noches. Un escenario perfecto para que Corben desarrolle una de las versiones más potentes y creíbles de Hellboy que servidor pueda recordar, volcando su habilidad narrativa en dotar de fuerza al personaje.
Un tebeo obligatorio para cualquier aficionado a Hellboy y, por supuesto, para todo admirador de Corben (2+).