Lecturas. Bone

No me gusta la fantasía. No es algo nuevo, lo he dicho varias veces y debo reconocer que la sola mención de los elfos me produce urticaria y que acercarme a menos de un metro de un libro de Tolkien me causa una rinitis galopante que ni a capazos de antihistamínicos consigo remediar. Una alergia preocupante que va en aumento con el tiempo (¡ay!… Esa cuarentena que ya asoma a la vuelta de la esquina) y que me aconseja alejarme de este género por prescripción facultativa.
Pero, de vez en cuando, muuuuuy de vez en cuando, aparecen excepciones que confirman la regla, extraños ejemplos de obras de fantasía que consiguen romper las barreras sin que existan normas definidas que puedan explicar racionalmente este hecho.
O sí.
Porque, ya puestos a hacer excepciones de excepciones, hay una obra de fantasía de la que puedo explicar porqué me gustó: Bone, de Jeff Smith.
A primera vista, una candidata firme al olvido, inspirada clarísimamente en la famosa obra de Tolkien al contar la historia de tres primos que, expulsados de su ciudad Boneville, van a correr una serie de aventuras, recordando poderosamente el viaje iniciatico de los tres hobbits y los problemas que encuentran en su camino.
Pero había algo en la portada del primer número de la edición de Cartoon Books (y de esto hace ya casi 15 años) que me llamó la atención: los protagonistas parecían unas criaturas de dibujo animado, con un fortísimo parecido al Pogo de Walt Kelly.
Y eso me desconcertó, por lo que lo pedí y, cuando llegó ese primer número, la sorpresa fue todavía mayor. El desconocido Jeff Smith incorporaba a la historieta un ritmo narrativo más propio del dibujo animado, pero con un socarrón sentido del humor heredero directo de la influencia del ya citado Kelly, pero también de los grandes genios de Disney, Carl Barks y Floyd Gottfredson. Una característica que marcaba perfectamente los primeros números de la colección, que se desarrollaba en un largo arco argumental que terminaría en la famosa y genial “Gran Carrera de Vacas” de la abuela Ben, todo un recital de ritmo acelerado y sincopado, de humor desbordante y de genialidad narrativa, que arrastraba al lector en su enloquecida velocidad. Smith me había ganado para su causa con su extraño cóctel de influencias y había conseguido, de paso, un excelente antídoto contra mi alergia: un buen tebeo con humor desbordante, mezcla de la ingenuidad dysneiniana con gotas del vitriolo de Pogo.
Y no se queda ahí, ya que hay que añadir un excelente diseño de personajes, desde el elenco sensacional de secundarios (comenzado por las divertidas “rat creatures”, traducidas extrañamente aquí como “mostrorratas”) hasta los personajes más accesorios y, por supuesto, con un trío protagonista que es casi de manual de relato de aventuras: el bueno, el malo-pero-bueno y el bufón, perfectos para descomponer las responsabilidades en el transcurso del relato y poder derivar la acción según las necesidades de la historia.
La verdad es que seguí la serie durante años de la forma más sinuosa, en diferentes versiones: primero en comic-books, un formato que se reveló tremendamente desafortunado para el ritmo que Smith imprimía a su obra, después en algún retapado para luego volver a los cómic-books que editó Dude en castellano, una serie de saltos que afectaban bastante a la lectura y que terminaron llevándome a leer la serie cada vez que acumulaba una decena de comic-books, lo que implicaba saltos temporales que muchas veces afectaban a la lectura.
Con la aparición de la edición en un solo volumen, pude leer, por fin, la seriede un tirón (es un decir, ¡1300 págs!), que me permitió una consideración global más clara de la misma. Y debo reconocer que, aunque a mitad de su recorrido la serie toma un sentido más serio, más claramente tolkieniano, que no me acaba de convencer, el resultado final es de lo más grato y reconfortante.
Astiberri comienza ahora la edición de la serie siguiendo fielmente la edición americana de Scholastic, un poco más reducida que la original en comic-book (sumándose a la moda que invade a los americanos de reducir a un formato “novela”, como en Sin City o en Concrete o al tamaño del integral en un volumen, que en este caso no afecta excesivamente) y coloreada por Steve Hamaker. Un color correcto, aplicado con efectividad y mesura (aunque, a veces, con variantes tonales excesivas que pueden molestar, la verdad es que yo hubiese preferido colores más planos) pero que, ya puestos a buscarle problemas a esta edición, no me funciona totalmente, quizás porque el blanco y negro le aporta más frescura a la serie.
Una de esas obras que pueden leer y disfrutar niños de 9 a 99 años. (3)
Enlace:

Primer capítulo de Lejos de Boneville en PDF

Nuevos premios para Blacksad y Pellejero

Pellejero, Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales no paran de recibir galardones por sus obras. Esta vez ha sido en la 5 edición del Palais de la BD que se ha celebrado en la Conciergerie (Paris). Este certamen da tres permios que casi han copado los artistas españoles: Blacksad 3 ha recibido el Premio de los internautas de 16 a 25 años por votación popular, Pellejero, junto a Giroud y Germaine ha recibido el “Premio de la ciudad, arquitectura y patrimonio” por Secrets (“Lécorché”) , publicado por Dupuis. Por último el premio al mejor “trailer de BD” (sí en Francia se premia hasta esto…) ha sido para Bruno Barberi por el anuncio de “Je suis légion” (“Vlad”) de Fabien Nury y John Cassaday (Les Humanodes associés).