A la segunda va la vencida

Hace poco comentaba por aquí el intento de David Lafuente de hacer un tebeo en 24h. Por muy poquito, David no consiguió su reto, pero es persona de ideas fijas y, tras un tiempo de entrenamiento y puesta a punto, con los lápices bien afilados y el ratón reluciente…. ¡mañana lo vuelve a intentar!
Así que atentos al segundo round. Esta vez, ¡seguro que lo consigue!

Cosas de prensa

Atentos a a cobertura que está haciendo el diario EL PAÍS al Salón del Manga. Jordi Costa está firmando unas crónicas excelentes (lógico y esperable viniendo de él, todo sea dicho), muy alejadas de la tradicional visión aséptica o tópica que se suele dar al manga. Revisiones serias, que hablan del manga como un fenómeno cultural de primer orden y que se están extendiendo a muchos otros medios que también están atendiendo a todo lo que llega del recinto de La Farga.
Por cierto, ya puestos a hablar de EL PAÍS, no os perdáis el Babelia de hoy, con un dosier especial dedicado a la traducción en España (el oficio invisible) y que permite entender muy bien la situación de la traducción de tebeos por estos lares, a años luz de la situación de la literatura.

Lectures/Lecturas. Musculman

Delirant, esvalotada, surreal, absurda, boja, disbarat, escatològica, esquizofrènica, demencial, accelerada, sonada, estrambòtica… Podeu agafar qualsevol combinació d’adjectius d’aquesta llista i de tots els seus sinònims. Feu la combinatòria que vulgau, el resultat serà aplicable sense problemes a eixe monument al trastornament mental que és Musculman. Servidor era dels que disfrutava amb la sèrie d’anime emesa anys abans en algunes autonòmiques, però el manga supera totes les expectatives que poguera tindre. L’estrany duo d’autors, possiblement oligofrènics escapats d’algun sanatori mental, es van plantejar en aquest manga trencar totes i cada de les convencions formals i temàtiques amb arguments absurds i surrealistes, que barrejan la ingenutat infantil amb un concepció que m’atreviria a qualificar d’escatològica de la maduresa, usant una narrativa basada en la inexistència d’un pla previ i l’esquivament total amb el que s’havia fet abans. Partixen de les ensenyances de l’omnipresent Tezuka (recordem que aquest manga naix en 1979) i es riuen obertament de totes les tendències del manga que existien en eixe moment, des dels de lluita, els de robots a sèries tan arxifamoses com UltraMan, gràcies a les estrafolàries aventures d’un extraterrestre, Musculator, arribat a la terra amb la intenció de ser el superheroi més important del planeta a pesar de ser dalló més inútil que l’univers ha concebut. A partir d’aquí, qualsevol cosa és posible: des d’enfrontaments absurds amb gegantins èmuls de Godzilla a aparicions estellars de Silvestre Stallone, passant per descomptat per la presència dels principals superherois japonesos i americans (familiars directes de Musculator, tota siga dit) i poders tan inclassificables com obtindre la fora de menjar alls (una possible referència a Popeye) i volar tirant-se pets…
A pesar que tot l’anteriorment dit puga fer pensar que és un còmic infumable, la veritat és que Musculman és una d’eixes obres que es lligen a mandíbula batent, amb risotades continuades. L’absurd, la bogeria, es contagia fàcilment i la veritat és que els curts episodis de 5 o 6 pàgines de les seues aventures són divertidísims, de boig en boig i amb la incògnita de quina serà la burrada que trobem al passar la pàgina. El duo Yudetamago no té respecte per res i qualsevol preconcepció és invàlida, destrossant a consciència totes les convencions socials, morals, ètiques o formals, avanant-se i deixant posada la primera pedra per al que, uns mesos després, seria una de les, a la meva opinió, grans obres mestres del manga dels 80: el Dr. Slump de Toriyama.
Curiosament, aquest manga compartix qualitats amb la principal font de poder de Musculator, el all: en moltes quantitats, repetix i inclús molesta. Millor anar llegint-ho a xicotetes entregues i disfrutant amb les bogeries del personatges. (¿?…¿com coi qualificar aò?).

Delirante, alocada, surreal, disparatada, absurda, patochada, escatológica, esquizofrénica, demencial, acelerada, chiflada, estrambótica… Podéis coger cualquier combinación de adjetivos de esta lista y de todos sus sinónimos. Hagáis la combinatoria que hagáis, el resultado será aplicable sin problemas a ese monumento al desquicio mental que es Musculman. Servidor era de los que se lo había pasado pipa con la serie de anime emitida años ha en algunas autonómicas, pero el manga supera con creces todas las expectativas que pudiera tener. El extraño dúo de autores, posiblemente oligofrénicos escapados de algún sanatorio mental, se plantearon en este manga romper todas y cada de las convenciones formales y temáticas con argumentos absurdos y surrealistas, que mezclan la ingenuidad infantil con un concepción me atrevería a calificar de escatológica de la madurez, usando una narrativa basada en la inexistencia de un plan previo y el quiebro total con todo lo que se había hecho antes. Parten de las enseñanzas del omnipresente Tezuka (recordemos que este manga nace en 1979) y se ríen abiertamente de todas las tendencias del manga que existían en ese momento, desde los de lucha, los de robots y series tan archifamosas como Ultraman gracias a las estrafalarias aventuras de un extraterrestre, Musculator, llegado a la tierra con la intención de ser el superhéroe más importante del planeta pese a ser lo más inútil que el universo ha concebido. A partir de aquí, cualquier cosa vale: desde enfrentamientos absurdos con gigantescos émulos de Godzilla a apariciones estelares de Silvestre Stallone, pasando por supuesto por la presencia de los principales superhéroes japoneses y americanos (familiares directos de Musculator, todo sea dicho) y poderes tan inclasificables como obtener la fuerza de comer ajos (una posible referencia a Popeye) y volar tirándose pedos…
Y pese a que todo lo anteriormente dicho pueda hacer pensar que es un tebeo infumable, lo cierto es que Musculman es una de esas obras que se leen a mandíbula batiente, con carcajadas continuadas. El absurdo, la locura, se contagia fácilmente y la verdad es que los cortos episodios de apenas 5 o 6 páginas de sus aventuras son divertidísimos, a cada cual más alocado que el anterior y con la incógnita de cuál será la burrada que encontremos al pasar la página. El dúo Yudetamago no tiene respeto por nada y cualquier preconcepción es inválida, destrozando a conciencia todas las convenciones sociales, morales, éticas o formales, avanzándose y dejando puesta la primera piedra para lo que, apenas unos meses después, sería una de las, a mi entender, grandes obras maestras del manga de los 80, el Dr. Slump de Toriyama.
Curiosamente, este manga comparte cualidades con la principal fuente de poder de Musculator: en muchas cantidades, repite e incluso molesta. Mejor ir leyéndolo a pequeñas entregas y disfrutando con las locuras del personajes. (¿?…¿cómo coño calificar esto?)