Lecturas. Ishanti

Crisse es todo un especialista en crear series que cumplen a la perfección los requerimientos y necesidades del público francés. Sabe preparar con habilidad esos menús en los que la fantasía se mezcla con el humor, aderezados con un estilo de dibujo diseñado casi milimétricamente según los gustos y antojos de la audiencia. Lo que, en principio, no sería nada del otro mundo, pero hay que reconocerle, además, el oficio necesario para dotar a ese producto de diseño de la chispa necesaria para que se una siempre el adjetivo de “entretenido” a la descripción de sus tebeos. Ishanti no es una excepción a esta norma, volviendo a demostrar por enésima vez su gran indudable olfato. Con las dosis de erotismo, humor, exotismo, magia y aventura bien medidas, crea la historia de una bailarina del antiguo Egipto que se ve introducida en una trama de intrigas entre los mismísimos dioses mitológicos. No hay novedad en lo que plantea Crisse, pero no se le puede negar que la fórmula vuelve a funcionar y la lectura de esta primera entrega cumple a la perfección lo que busca: entretener al lector y que pase un buen rato. Una ambición simple, pero que resulta tanto más de agradecer en cuanto es evidente que los autores no tienen mayor intención que ésa, una honestidad que les honra. Eso sí, me quedo con el Crisse de colores planos y no con éste de volúmenes photoshoperos que tanto está gustando ahora allende los Pirineos. Cosas mías, supongo (1).

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