Nuevo “Sonaste Maneco”

Aparece el décimo número de SONASTE MANECO, la mejor revista on-line que se puede encontrar en la red. ¡Y en castellano!

Os adjunto la nota de prensa sobre contenidos:

En portada y páginas interiores, Sonaste Maneco analiza el relanzamiento de Fierro y su relevancia social para el noveno arte argentino. De compra opcional con el diario Página 12, y con gran parte del staff que la convirtiera en el fenómeno sociopolítico que fue, la revista de historietas más importante de la Argentina contemporánea enfrenta ahora su mayor desafío: estar a la altura de su historia.
Este número también incluye una entrevista a Frank Miller, centrada en las versiones fílmicas de 300, La ciudad del pecado 2 y el Spirit de Will Eisner; un adelanto de La película de Los Simpsons; un dossier sobre historieta latinoamericana dedicado al ilustrador chileno Coré, al superhéroe uruguayo Cispaltino y a la épica peruana El origen de los Incas; y un ensayo exclusivo sobre el uso del color en el cómic moderno. Y, como siempre, un completo servicio de novedades, reseñas de los últimos lanzamientos, críticas de 007 Casino Royale, City Hunters; y la galería de portadas dedicada a Roland, el corsario, recordada creación de Héctor Germán Oesterheld y José Luis García López.
La Bañadera del Cómic es un colectivo de trabajo conformado por Andrés Ferreiro, Mario Formosa (in memoriam), Fernando Ariel García, Hernán Ostuni y Norberto Rodríguez Van Rousselt, autores y editores de los libros Oesterheld: En primera persona y Vera historia no oficial del grande y famoso cacique tehuelche Patoruzu. Para la revista Sonaste Maneco, el lenguaje historietístico es un emergente de la cultura popular y, por lo tanto, una herramienta valida para desentrañar y comprender los comportamientos sociopolíticos del mundo contemporáneo.

Todo un regalo de Navidad. :)

Lecturas. La isla de nunca jamás

Puede que el autor que más me sorprendiera en el 2004 fuese Javier de Isusi con La Pipa de Marcos. Un álbum caminaba por el difícil filo de esa navaja que es hablar de las revoluciones, sabiendo contrastar el ideal romántico con el de la realidad incontestable del día a día. Un excepcional estreno que hacía esperar con muchísimas ganas la continuación que acaba de publicar Astiberri: La isla de Nunca Jamás. Un título de cuento de mil y una noches para adentrarse de nuevo en el lado oscuro de las revoluciones, el que no se cuenta, esas bambalinas del espectáculo que nos llega a nuestros televisores y que no se acuerda de las personas que sufren en sus carnes el dolor y la injusticia por parte de unos y otros. Isusi se adentra ahora en la revolución nicaragüense en su búsqueda de su amigo Juan, volviendo a demostrar una lucidez y sentido común en sus reflexiones dignas de encomio.
Una continuidad a la que se añade la experiencia de su primer álbum y las ganas de seguir aprendiendo recursos narrativos. Sigue fielmente las enseñanzas de Pratt y hace de Vasco todo un sosias de Corto Maltés (con un puntillo del León Doderlin de Del Barrio), al que remeda no sólo en actitudes y formas, sino en comportamiento. Quizás el mayor pero que se le pueda poner a estar obra es que la dependencia con la gran creación del italiano es excesiva a nivel formal (hay muchísimas viñetas donde la inspiración es clarísima y obvia), muy probablemente buscada por el autor en tanto en cuanto se confiesa admirador de su obra, pero que en algunos momentos puede resultar repetitiva. Un mal menor, en cualquier caso, ya que el sólido desarrollo de la historia oculta estos pecados veniales, que poco o nada influyen en la coherencia del argumento, en el que de nuevo vuelve a demostrar su sobria y pausada reflexión, a lo que hay que añadir esos momentos de sueño en los que el autor nos regala con recursos narrativos sorprendentes y que contrastan con el estilo anterior.
Otro buen álbum. Esperar otros dos años será una tortura.
Eso sí, nuevo tirón de orejas a Astiberri: las páginas 52 y 60 aparecen pixeladas, con menos resolución que el resto. Unos defectos que empañan lo que podría haber sido una edición perfecta (3-).

Lecturas. La tetería del oso malayo

Estoy seguro de que si a David Rubín se le hiere, su sangre vertida dibujará el contorno de una viñeta, líneas cinéticas y bocadillos. Porque la única explicación para lo de este hombre es que lleva la historieta en las venas, que corre por ellas con una fuerza violenta e incontenible. Buen ejemplo son las historias incluidas en La tetería del Oso Malayo, en la que se recopilan colaboraciones para la revista Dos Veces Breve (y aprovechando, ojito al editor breve, que nos tarera buenas nuevas muy pronto) e historietas inéditas como la extensa “Cosas que terminan por romperse“. Rubín ha redibujado y adaptado las historias para darle una coherencia al álbum. Una labor que, en mi opinión, no hubiese sido necesaria, habida cuenta de que existe una línea identificativa de toda la obra de este autor, desde sus historias más sencillas hasta las más largas, que se podría resumir en un concepto paradójico: la tristeza rabiosa. Todas las historias de David Rubín están contagiadas de una triste melancolía que empapa cada página. Sus personajes tiene siempre una mirada lejana y perdida, que parecen recordar momentos de antigua felicidad. Una tristeza que contrasta vivamente con la fuerza de su trazo, generando un sentimiento de extrañeza, en la que la melancolía se torna violenta y caótica, que empuja al lector, lo coge por los hombros y le grita su tristeza. Mientras que otros autores sacuden al lector con la alegría y felicidad, Rubín lo hace con su desconsuelo, en una carrera desenfrenada en la que le seguimos casi sin aliento, sabiendo que al final nos romperá el corazón y no podremos hacer nada más que ver cómo su angustia explota con ira en un arrebato de furia.
Aún la historia más apacible es en manos de este autor una fuerza incontenible, que nos quita el aliento y nos deja exhaustos. Me atrevería decir que las páginas pasan solas, que el álbum toma vida propia y nos agarra de las manos para que sigamos leyendo.
Tras leer las historias de esta tetería, sólo puedo pedir una cosa: más.
Eso sí, tirón de orejas a Astiberri, ya que en la reproducción de las tramas mecánicas se puede ver un molesto moiré en algunas de las páginas. Muy poco perceptible en muchas de ellas (bueno, yo lo veo y sí, lo sé, soy un tiquismiquis), pero en otras excesivamente molesto (verbigracia, pag 140). Una verdadera lástima, porque la edición esta muy cuidada, como es costumbre de esta editorial. (3)
Enlaces
– No os perdáis el weblog de David Rubín

Cuatro

Me vais a perdonar, pero hoy no estoy muy fino. Algo así como un batallón de miles de millones de virus está intentando hacerse con el control de mi cuerpo. De momento han logrado el dominio absoluto de mi nariz y lagrimales, provocándome una congestión más propia de un atasco en la Castellana de Madrid en hora punta. Y del resto del cuerpo van camino de la victoria total, no os creáis, que la publicidad del Frenadol y demás son mandangas, doy fe científica de ello.
Eso sí, entre las brumas del dopaje todavía recuerdo vagamente que tal día como hoy, hace cuatro años, empezó esta aventura de La Cárcel de Papel. Cuatro añitos ya oigan. Más de cuatro mil entradas, más de cincuenta mil comentarios, muchos trolls… Casi, casi un segundo trabajo, pagado con la nómina más alta que se pueda imaginar: los muchos amigos y amigas que he hecho gracias a esta página.
Me permitirán ustedes que en vez de con cava, brinde con el jarabe, pero la intención es la misma.
Va por ustedes. :)