Lecturas. Diario de una desaparición

¿Qué lleva a un hombre a desaparecer? ¿Qué puede motivar a abandonarlo todo y vivir en la calle, apartado de la sociedad y del mundo? Preguntas interesantes que intenta responder Hideo Azuma en Diario de una desaparición (Ponent Mon), contando su propia experiencia, que le llevó a mendigar y vagar por las calles en varias ocasiones.
A priori, la propuesta de Azuma me parecía interesantísima y el aval de los numerosos premios recibidos en Japón sólo hacía que aumentar el atractivo de esta obra, pero también debo reconocer que me encuentro un poco desconcertado ante su lectura.
Azuma hace una revisión metódica de su vida desde el momento en que decide abandonar su trabajo. Asistimos a una plasmación exacta de su rutina en la calle: los métodos para conseguir comida, para cocinarla o para calentarse en las noches de frío. Nos cuenta su vuelta a un trabajo tan ajeno a su profesión como el de instalador de gas y su caída en el alcoholismo, su internamiento en un hospital. A priori, temas que pueden ser muy dramáticos, pero que son contados con frialdad, centrándose más en lo anecdótico y superficial. Parece existir en el autor un intento sincero de expurgar sus demonios, pero también por otra parte la lectura de la obra deja un sabor extraño, como si no se hubiese contado todo. De forma consciente o no, Azuma deja de lado los sentimientos personales, hace una repaso exhaustivo de su vida, pero a modo de inventario, de episodios que van pasando sin apenas dejar rastro aparente en su personalidad. Una gelidez que se transmite al lector, por lo menos en mi caso, y que le aparta en cierto momento de la lectura y, de ahí, mi desconcierto. Parece como si quisiera decirnos que no hay razones para explicar un comportamiento irracional pero, por otra parte, la manera en que cuenta las anécdotas de su vida en la calle parece más nostálgica que dramática, generando una extraña tensión entre lo que se quiere contar y lo que leemos. Es como si el autor no tuviese claro a qué carta quedarse, que camino seguir, si el de la aprobación o el del rechazo, prefiriendo dejar en el lector las pistas suficientes para que sea el que juzgue finalmente. Una opción interesante, que de hecho se insinúa en las primeras viñetas al explicar el porqué no se ha optado por un estilo realista, pero que no llega a definirse claramente para el lector.
El resultado es una lectura agridulce, que en todo momento nos sugiere mucho más de lo que finalmente obtenemos. Lo anecdótico puede resultar interesante, pero a partir de cierto momento su acumulación no es necesaria para emitir un juicio, sino una reiteración que va en contra del ritmo de la obra.
En cualquier caso, lo original de su planteamiento hace recomendable su lectura, aunque espero que el anunciado segundo volumen consiga atar los cabos que quedan sueltos en éste. (1+)

Lecturas. París-Londres

Los alemanes intentan secuestrar al monstruo del Lago Ness para relanzar el turismo en Baviera. Añádanle a eso submarinos al estilo de Verne, detectives émulos de Holmes, faquires de extraños poderes y ejércitos de clones de científicos locos. ¡Ah! Y 800 ninfómanas desatadas…
No es, aunque lo parezca, un relato surrealista, sino Paris-Londres, un antigua obra de Sfar que acaba de editar Ponent Mon y que permite no sólo pasar un excelente rato sino, además, escarbar un poco en los referentes y evolución de este autor. Hace ya 10 años el francés daba mostrada prueba de su enfebrecida imaginación, que tomaba referentes tan variados como los relatos de Verne, el folletín y la novela de aventuras para construir un relato absolutamente delirante pero de inesperada coherencia y, sobre todo, divertidísimo, en el que comienzan a perfilarse personajes que luego desarrollará en obras posteriores, como el detective Peter Crow, antecedente directo del profesor Bell o el Malka de los Leones. Quizás el mayor pero que se le pueda poner a esta obra sea precisamente su incontinencia imaginativa, el exceso de ideas por viñeta que hacen que la narración funcione demasiado improvisadamente, a borbotones. Aunque es verdad que, pese a todo, existe una coherencia interna en la historia difícilmente explicable, sólo achacable a ese sobrenatural talento que tiene Sfar para la narración que ya comenzaba a entreverse en estas primeras obras.
Muy, muy divertido (2).

Lecturas. Ángel se fija

Servidor es de los que piensan que Mauro Entrialgo no debería ser llamado dibujante de historietas. Es más, también pienso que sus historietas no deberían recibir tal nombre y, mucho menos, ser calificadas de humorísticas. El Sr. Entrialgo, Don Mauro, es un notario y su obra son actas donde da fe de la realidad de cada día. Las historietas de Ángel Sefija son un buen ejemplo: es verdad que nos reímos al leerlas, pero a poco que recapacitemos un poco, veremos que no hay tal humor, que lo único que ha hecho Don Mauro es aplicar la contundencia del sentido que menos usa el ser humano, el sentido común. Cuenta verdades como puños. Y nosotros nos reímos, cuando lo que deberíamos es sonrojarnos, pues con casi toda seguridad nos veremos reflejados en uno de los comportamientos que describe. Que sí, que nos reímos mucho pensando “ja, ja, qué gilipollez acaba de contarme el Mauro“, pero ahora pensad un momento: lo que acabas de leer… ¿no es exactamente lo que hiciste ayer, la semana pasada o el mes pasado? Lo que has leído no es una historieta de humor, es una foto de la realidad cotidiana a la que se le ha aplicado el filtro del sentido común.
Te acabas de reír de ti mismo. Mauro sólo ha hecho que ponerte un espejo ante ti y tú solito te has dedicado a hacer el mico.
A este hombre le deberían levantar un monumento.
Aunque para eso, me temo, haría falta un poco de sentido común. (2+)
Por cierto, una buena noticia para los fans de Mauro: a partir del 1 de enero estrena blog en EL PAÍS, bajo la cabecera Interneteo y aparatuquis.

Lecturas. Mira más allá

Una dependienta de una tienda de discos busca desesperadamente su amor ante un desfile de jóvenes pretendientes a cada cual más obtuso. Resumido así, el argumento de Mira más allá parece carne perfecta para un “slice of life”, pero también de una perversión de este género que asume que cualquier historia de este estilo, contada de cualquier manera es válida. Sus detractores argumentan que los tebeos autobiográficos suelen estar llenos de autores que no tienen nada que contar y que deciden usar esta vía como forma de ocultación de sus carencias. Una objeción rebatible en muchos casos, pero por desgracia para los que somos amantes de este género, muy cierta en una mayoría de otros. Muchas veces los autores olvidan que tras ese argumento debe haber algo más: una reflexión, un aporte formal, algo que transforme el episodio vital en un vehículo para contar algo, para transmitir al lector. A veces puede ser tan sutil como una sensación o tan contundente como un tratado filosófico, pero siempre tiene que existir un intercambio entre lector/autor que sea válido. Se podrían dar ejemplos de casos que sí usan el género como es debido y de otros que no, pero no es el momento ni el caso, ya que el álbum de McLahan y Williams opta por una curiosa vía intermedia. Si bien su reflexión no es especialmente novedosa, lo que es original y sorprendente es su alterada puesta en escena. Los autores optan por poblar su historia de una fauna de lo más variopinta, que va de demonios tricornios a animales, hombres de paja y monstruos de todo tipo (con una clara, aunque lejana, influencia de las primeras historias de Love & Rockets de Jaime Hernández) , todo aderezado con un ritmo sincopado y delirante, acelerado como un dibujo animado de la Warner en algunos momentos o más propio de una tebeos de “bustos parlantes” a lo Woody Allen en otro. Una característica que lo aparta de los slice al uso y que consigue aportar un punto de sorpresa que hace la lectura entretenida. No es que sea una maravilla, pero se deja leer. (1)

Lectugas conbstipadas vaguiadas. Diez dedos

Lo bueno de los estados griposos invernales es que uno tranquilamente retraerse a la infancia sin más que acurrucarse debajo de una mantita – a ser posible delante de una estufa-, acumular un buen montón de tebeos y dedicarse al lujurioso placer de leerlos sin que nadie te diga nada, ni siquiera tu conciencia, hábilmente adormilada bajo dos o tres arrobas de analgésicos varios. Vale que los mejunjes estos liofilizados que llevan los sobres con los que me dopo (en cantidades industriales) no parecen ser muy efectivos en su lucha contra los virus y, a lo sumo, consiguen que, muy de vez en cuando, un hilillo de aire consiga atravesar el bloque monolítico mucoso en el que se ha convertido mi nariz lo que, todo sea dicho, es bastante satisfactorio-, pero lo de los tebeos, oigan mano de santo para el alma.
Así que me pongo al día con un montón de lecturas y reseñas pendientes (Nota recordatoria: el portátil encima de las piernas quema de (/y los) cojones, así que a lo mejor es cierto lo de la esterilidad, impotencia y demás. Cierro nota recordatoria). Amos a ello:

Diez dedos es una curiosísima experiencia que propone la editorial dibbuks, apartándose con originalidad de las propuestas, bastante habituales, de álbum colectivo. Si generalmente estos volúmenes sirven como muestrario de diversos autores, la irregularidad y poca coherencia de las intervenciones suele deslucirlos. Un problema que ha resuelto dibbuks en cierta medida proponiendo a diez autores que hagan una especie de “cadáver exquisito” prefabricado, en el que se propone una historia de género negro y cada autor cuenta una parte del relato. Un ajuste de cuentas entre mafiosos es la excusa argumental elegida, que es narrada con diez estilos muy diferentes, pero que logran un nexo común muy poco habitual en este tipo de publicaciones. La referencia a la extinta Metropol es evidente y el resultado es igualmente sugerente, pese a las limitaciones de guión, que se ven paliadas en parte por la curiosidad a la hora de comprobar las diferentes visiones del episodio que se cuenta. Un interés al que hay que añadir la calidad de los autores seleccionados, en general muy interesantes, pero de los que me gustaría resaltar a Enrique Lorenzo, que articula una propuesta original e innovadora (una especie de composición al estilo de Ware, pero con dibujo realista).
Un álbum interesante y diferente, lo que ya de por sí es siempre un valor añadido (2-).