Lecturas. Tratado de Umbrografía

El portugués José Carlos Fernándes es un maestro del engaño. Un prestidigitador, un taimado embaucador que se divierte con su víctima, mostrándole la verdad y cambiándosela por una mentira sin que sea capaz de percibir el rápido movimiento, ese quiebro de manos que canjea palabras y frases para conseguir que el pobre lector, indefenso, siga los caminos que Fernández le marca. Unos senderos donde la realidad se pervierte sutilmente con pequeñas dosis de surrealismo y absurdo, las justas para que el lector se sienta extrañado ante una realidad astutamente desquiciada. Una suerte de composición de Escher donde los ojos nos dicen que todo es correcto pero la razón nos descubre que las reglas y normas se han roto inexcusablemente, una dicotomía que nos lleva al mareo y a la sorpresa. Siguiendo estas líneas, el portugués consiguió establecer en La Peor Banda del Mundo las bases y leyes físicas y sociales de este universo alternativo donde lo extraordinario es costumbre y lo ordinario es la excepción. Sin embargo, el timador cayó en su propia trampa, porque al cabo de un tiempo, la ruptura de normas se convirtió en ley, creando una cruel paradoja de difícil solución: al final, lo la rutina de lo extraordinario se convierte en ordinario. Sabedor de su error, Fernándes fue más allá, descubrió que su error era haber intentado jugar con unas mínimas reglas, por lo que decidió destruirlas completamente en esa experiencia alucinógena que es El último viaje de Aaron Sblodjom, donde todo explota por los aires, desde la secuencialidad al principio propio de causalidad.
Pero quedaba todavía, un pequeño resquicio de cadena que impedía la liberación total: él mismo. Así que, al igual que Aaron, decide inmolarse y quedarse en la retaguardia, como una sombra a la que nadie presta atención. Esa vuelta de tuerca final es Tratado de Umbrografía, donde Fernandes se libera totalmente escribiendo guiones que otros retratarán, convirtiéndose en esa sombra que da título al libro, en el que Luis Henriques toma los lápices y se convierte en el portavoz de una historias donde Fernandes explora sin ataduras los límites de su imaginación. Es verdad que el adjetivo “borgiano” sigue estando ahí, pero la oscuridad le permite ahora una libertad que hace que ése sea sólo uno más de los muchísimos calificativos que se podrían dar a esta recopilación de cuentos extraordinarios, que van desde el recuerdo a Sábato, que transforma a ciegos en sombras en la historia que da nombre al libro, al corrosivo análisis del concepto actual de arte en “Elegía americana” , pasando por un homenaje a medio camino entre Bradbury y Lovecraft en “Zuma el Tatuador” o “La feria de políticos de segunda mano”, una historia que bien podría haber incluido Papini en su magistral Gog. Henriques se une al juego de espejos y se transforma en cada historia, con estilos tan radicalmente distintos que es difícil asegurar que es la misma mano la que está detrás de todas las historias, una capacidad camaleónica que resulta decisiva para conseguir que el lector termine otra vez hipnotizado, mesmerizado por un mundo de ilusiones donde nada es lo que parece.
Al final, Fernandes vuelve a ganar, logra otra vez que su espectáculo de quimeras nos atrape sin remisión y nos deje desamparados, sin saber finalmente qué es real y qué es ficción.
De lectura obligatoria (3).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation