Lecturas. Brigada Planetaria

Cualquier tebeo que tenga a Keith Giffen y J.M. De Matteis entre sus autores merece una oportunidad. Es lo menos que se les debe a los creadores de uno de los tebeos más divertidos que servidor haya leído en mucho tiempo, la delirante JLA/JLE/JLI en la que, junto con el excepcional dibujo de Kevin Maguire, pusieron patas arriba el universo superheroico DC. Si además viene anunciada como un spin-off de la interesante Héroe al cuadrado, la lectura de Brigada Planetaria era, cuanto menos, obligatoria.
El problema es que cuando uno tiene todos estos precedentes, espera ciertas cosas que, por desgracia no siempre se dan. Quizás porque en esto de las labores creativas, las normas científicas se hunden miserablemente y funcionan mejor esotéricas normas que tienen más que ver con la inspiración, el momento feliz y las conjunciones cosmogónicas de las que, me temo, Brigada Planetaria carece. Y eso que, como digo, los ingredientes son de lo más acertado, ya que dar a Giffen y DeMatteis la posibilidad de jugar con un supergrupo sin los imperativos que tenían en DC resulta a priori de lo más sugerente, pero no funciona. Vas pasando las páginas de Brigada Planetaria y sí, los diálogos son divertidos y los chistes graciosos… pero no, no funciona.
¿Por qué?
Pues a servidor sólo se le ocurren dos posibles explicaciones: la primera, y evidente, la falta de un buen dibujante apropiado para una temática humorística. A lo largo de esta primera entrega el baile de dibujantes (cinco en total) pasa una factura demasiado alta, con una cohesión estilística inexistente y, para colmo, una elección absolutamente errónea, con características estilísticas muy poco apropiadas para el humor, tan necesitado de dibujantes que controlen a la perfección la expresividad de sus personajes (de los que son ejemplos extraordinarios Maguire o Bobillo). Y la segunda, y menos evidente: los chistes en la JLA funcionan porque es la JLA. Nos reímos del cambio de papeles, de ver a personajes rompiendo sus tradiciones, del Detective Marciano comiendo sus galletitas Oreo, a Batman perdiendo los papeles con Guy Gardner… Lo que es divertido es la transgresión de las tradiciones clásicas, la ruptura de la continuidad de décadas, en resumen, la parodia de personajes archiconocidos, iconos perfectamente reglados y esquematizados.
Y ahí Brigada Planetaria no puede competir. Sin el juego autoreferencial, los chistes pierden mordiente y no dejan de ser diálogos graciosos, pero sin la corrosividad que tienen cuando el sello de una gran editorial como DC o Marvel están en la portada.
Al final, el resultado no es más que un tebeo divertido con una mala elección de dibujantes. Y poco más. (1-)

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