Agenda de la semana: sigue el “tour” de El Manglar

EL MANGLAR sigue su tour por diferentes ciudades españolas, y esta semana toca en las FNAC de Madrid.

– Miércoles 31 de Enero: FNAC Plaza Norte. 19:00 horas. Presentación a cargo de Ricardo Esteban, Manuel Bartual y Carlos Vermut.
– Viernes 2 de febrero: FNAC Callao. 19:00 horas. Presentación a cargo de Ricardo Esteban, Manuel Bartual, Borja Crespo y Carlos Vermut.
– Sábado 3 de febrero: FNAC Parque sur . 19:00 horas. Presentación a cargo de Ricardo Esteban, Manuel Bartual y Carlos Vermut.

No Darwyn, no…

Anoche acabé de leerme el segundo número de las nuevas aventuras de The Spirit que firma Darwyn Cooke y, sinceramente, lo único que se me ocurre es que con gusto le pegaría una colleja al amigo Darwyn. De esas estruendosas, con ganas, de las que la mano alcanza una trayectoria balística perfecta y es acompañada de un sonoro “¡pero serás tonto!”.
Y es que era un desastre anunciado. O no, seamos un poco justos: si uno lee los dos tebeos aparecidos hasta el momento despojado de todo prejuicio, hay que reconocerlo, son divertidos y están bien realizados. Cooke se desvive por dibujar como nunca, planteando historias de aventuras de aire retro, con un punto a serie de prensa de los años 50, más cercana al glamour de Rip Kirby que al delirio visual de Eisner. Tiene su encanto, es innegable. No es una serie para recordar más allá de su lectura, pero ésta tampoco se hace especialmente pesada, pese a los tópicos y los guiones quizás excesivamente forzados. Yo creo que le pondría un (1+) de mis puntuaciones, una lectura para pasar el rato sin demasiados problemas.
¡Ay! Pero la realidad es que en la portada pone The Spirit y, claro, la comparación es obligatoria, obvia. Nada más y nada menos que con la que se puede calificar como la mejor serie de la historia del tebeo (hoy estoy spiritófilo, sorry Darwyn, me podías haber cogido krazykatofilo o nemófilo, pero hoy toca Spirit), con la que revisó el lenguaje de la historieta de arriba abajo, la que más recursos creó, la que sintetizó todo lo que se había hecho en los años anteriores para dejar un libro de texto sobre cómo hacer historieta. Y, además, trufada de historias absolutamente geniales. Cooke no puede competir con los magistrales diálogos de Feiffer, con la síntesis narrativa de Eisner, que encajaba en siete páginas una historia sin que faltase o sobrase una viñeta. Si comparamos la puesta en escena de una de las peleas de Spirit, en las páginas de Eisner hay dinamismo, acción, los puñetazos se salen de la página y las viñetas vibran… mientras que Cooke apenas consigue copiar unas cuantas viñetas. No hay esa milimétrica coreografía visual que nos arrastra por la acción, sólo una composición aceptable y punto.
La cosa se complica cuando, además, intenta rehacer a personajes clásicos como P�Gell. Eisner conseguía que cada aparición suya fuese un torrente de sensualidad, que enamoraba al lector con su caída de ojos y su mirada de chica mala de película, definiendo su personalidad con apenas dos pinceladas y marcando a la perfección la tensión sexual entre Spirit y ella. Una bomba que en manos de Cooke se queda en un petardito, para colmo a la que se intenta dar una razón para justificar que en el fondo no es una chica mala, sino que el destino la ha marcado. Cooke necesita 22 páginas para definir los personajes y contar la historia, mientras que Eisner hacía lo mismo en quince menos.
Quizás el gran error de Cooke es que ha intentado hacer un The Spirit excesivamente fiel al original. Ha intentado ponerse a la altura de Eisner y, como Ícaro, sus alas se han quemado al acercarse al Sol-Eisner. Hubiera sido mil veces más interesante que se rompiese con la tradición y se hubiera partido de los esquemas básicos del personaje para plantear una revitalización de la serie ajena por completo a la historia, evitando así la obligada comparación.
Porque, al final, es imposible aislarse e intentar juzgar en este tebeo sólo la labor de Cooke. Es The Spirit y todo lo que eso conlleva, un bagaje del que es imposible evadirse y que pasa una factura altísima al autor.
Es posible que, si el lector de esta nueva singladura de The Spirit no conoce absolutamente nada del clásico, pueda pasar un rato ameno, sin demasiados aspavientos ni muchas ambiciones. Cooke es un dibujante de estilo elegante y eso se agradece siempre. Pero a poco que se sea un fan de Eisner (¿es posible no serlo?), las comparaciones pesarán demasiado en la lectura.
Enlace: Avance de The Spirit #2 en PDF