A vueltas con el Capitán América

Yo aviso: ¡SPOILERS SPOILERS!… aunque si a estas alturas no sabes lo del Capi, seguramente es que acabas de salir de una expedición espeleológica de varios meses de duración…

La semana pasada publiqué un texto en el diario EL PAÍS sobre la dichosa muerte. Por cuestiones de espacio, no pudo aparecer completo, así que os lo pongo aquí:

La dudosa muerte del Capitán América

¿Puede morir un mito? Es posible que, enunciada así la pregunta, la respuesta sea una negativa categórica, pero si nos restringimos a los tebeos americanos de superhéroes, la cosa es más compleja, más dependiente de la evolución de ventas de las series que de verdaderas consideraciones morales. De hecho, si en su día los ejecutivos de DC se atrevieron a matar nada más y nada menos que a Superman, el icono por antonomasia de este género, no debería sorprender excesivamente que Joe Quesada, el editor en Jefe de Marvel, anunciara que el Capitán América era asesinado en el número 25 de su serie, que se ponía a la venta ayer mismo. Una maniobra de marketing que, previsiblemente, conseguirá un aumento espectacular de la recaudación, pese a que las posibles consecuencias de la saga, resurrección incluida, son bastante predecibles, habida cuenta de que los personajes se han convertido en lucrativas franquicias para el cine, videojuegos y juguetes y no está el horno como para ir cerrando futuros ingresos..
Sin embargo, existen matices que hacen esta defunción ligeramente diferente a las anteriores. Es cierto que la maniobra de mercadotecnia es calcada a otras ya ensayadas, pero en este caso la presencia de un guionista de la categoría de Ed Brubaker tras la historia, permite albergar ciertas esperanzas sobre un tratamiento que vaya más allá del simple interés pecuniario. Responsable de la colección desde hace un año, ha sabido transformar la pesadísima carga ideológica que arrastraba un personaje nacido de la mano de Joe Simon y Jack Kirby en la segunda guerra mundial como representación de la América que luchaba contra el nazismo. Tras la guerra, el Capitán América desapareció en las aguas heladas del Atlántico, una situación perfecta para que el avispado Stan Lee lo resucitase inmaculadamente joven, en un perfecto estado físico por aquello de las maravillas de la conservación criogénica pero, pese a que su nueva encarnación se alejaba bastante de las tramas patrióticas que cabía esperar de un personaje vestido con la bandera americana, la realidad es que ni siquiera las trepidantes aventuras de espías firmadas por Jim Steranko consiguieron evitar la identificación del Capitán con los valores patrióticos más conservadores y retrógrados durante años.
Brubaker, escritor de probada inteligencia (basta echarle un vistazo a series tan interesantes como Sleeper o su actual etapa en Daredevil), saca partido precisamente de los tópicos del personaje, representando al Capitán América como una especie de ingenua versión del espíritu americano, incrédulo ante la realidad de un país que parece olvidar sus principios fundamentales. De hecho, su muerte es la culminación de la saga Civil War, donde los superhéroes se enfrentan entre ellos ante la instauración de una restrictiva ley que recuerda poderosamente a la Patriot Act aprobada tras el 11-S. No es, evidentemente, una denuncia explícita, pero si ya sorprende en un tebeo de gran tirada esta timidísima rebelión, más lo es la muerte de un personaje que, en la interpretación de Brubaker representa plenamente “el sueño americano”, asesinado esta vez por defender unos ideales que son puestos en entredicho por la actual política americana. En cualquier caso, el bueno de Steve Rogers, el hombre tras la máscara del Capitán, ya está acostumbrado a estar muerto en vida, desaparecer y resucitar, con lo que tras la recogida de los pingües beneficios y tras un periodo de descanso, es más que posible que lo volvamos a ver más sano que unas castañuelas