Los cómics, arte para el consumo y formas “pop”

La culpa de que yo sea un gafapasta la tiene Terenci Moix. Sé que no está muy bien esto de echarle las culpas a los muertos, pero es cierto, completamente cierto. Y me explico, porque todo tiene su origen en mi tierna infancia, cuando servidor devoraba los tebeos de mi padre, los maravillosos tebeos de Novaro de superhéroes de la DC, los de Bruguera, con el DDT a la cabeza, las “exquisitas” ay, qué sabía yo en aquella época de los destrozos que hacían- ediciones de Dólar de Flash Gordon o El Hombre Enmascarado. Vamos que estaba en la gloria, que la biblioteca de mi casa era lo más parecido que uno podía imaginarse a todos los tesoros de la Cueva de Alí Babá.
Entre medio de todas estas joyas, siempre me atrajeron dos libros, de título escueto uno, Cine y ciencia-ficción, y otro más rocambolesco, Los cómics, arte para el consumo y formas “pop”, ambos en bonitas ediciones de Llibres de Sinera. El primero fue, valga la redundancia, el primero en caer, un libro que me descubrió que la ciencia-ficción era algo más que Flash Gordon, que el anime de ciencia-ficción estaba ahí, a la vuelta de la esquina y que no sabía lo que me estaba perdiendo por no haber visto El tiempo en sus manos y El ataque del hombre de 50 pies. Abro aquí paréntesis para decir que, sí, en efecto, como estáis imaginando, uno era un repelente empollón que a cortas edades ya estaba leyendo sesudos ensayos. Cierro paréntesis. El segundo libro fue un shock para mí. No era yo ni un preadolescente acneico y ya descubría que todos los tebeos que había estado disfrutando tenían segundas lecturas que nunca antes pude imaginar. Que los tebeos de Bruguera era un denuncia contenida de las dificultades de la posguerra, que los superhéroes era expresiones de alienación sufrida tras la depresión americana del 29 y que existía una sintomática pasión por la tortura masoquista en muchísimas series. No tengo yo muy claro que entendiese lo que había leído. Me consta, eso sí, que en séptimo de EGB hice un trabajo en la clase de Historia sobre la representación de la burguesía en el DDT de los 50 que casi consigue que mi joven profesor, recién licenciado por entonces, me subiese a los altares. Lo que sí que tengo claro es que, desde entonces, el libro de Terenci Moix se convirtió en una obra de cabecera para mí, que he leído y releído hasta la saciedad.
Verdad es que hoy, ya con unos cuantos años a la espalda, muchos de sus enjuiciamientos se me antojan excesivamente forzados y terriblemente lastrados por la época en la que fueron escritos (no lo olvidemos, 1968), en muchos casos influenciados por las consideraciones estéticas del cine de la época (recordemos también que Moix era crítico de cine en ese momento) pero, en general, creo que Los cómics arte para el consumo y formas “pop” es uno de los análisis sociológicos más acertados que he leído sobre la historieta. Estructurado en tres grandes bloques, el primero, dedicado al entroncamiento del cómic en la “cosmología” pop, es una aproximación hacia la teorización sociológica de la historieta deudora de los planteamientos de Umberto Eco, pero que consigue en muy poco espacio una excelente síntesis de la historieta con el resto de artes y culturas populares. Moix hace un acertado trayecto entre el origen del tebeo tal y como lo conocemos hoy, en la prensa americana, sus influencias en el arte y desde el arte y el proceso de “intelectualización” histórica de los 60 que se da en Europa, si bien parece obligado a incluir algunos aspectos sobre la consideración sociológica según las teorías de la época que aparecen como pegotes dentro de la discusión. El planteamiento sobre el tipo de personaje que se define en la historieta a partir de la mitología del cine americano es absolutamente prescindible, por ejemplo.
El segundo bloque, centrado en la historieta española, me parece extraordinario. Sintetiza de nuevo con maestría la historia del tebeo español y plantea con lucidez un análisis de la situación del tebeo de posguerra, tanto de aventuras como de humor. Los capítulos dedicados a la “mística de la masculinidad” en el héroe de cuadernillos o al tebeo femenino (“educando a las niñas en flor”) dan muestra ya del socarrón humor que practicará en su narrativa después, pero sobre todo de una despierta inteligencia y una gran capacidad de análisis global. Mejor todavía es el trabajo que realiza sobre las series de humor, con tesis que me parecen perfectamente válidas hoy en día.
Quizás el bloque más discutible sea el tercero y último, dedicado a analizar la mitología de la historieta, centrándose en los superhombres (divididos en hombres superiores Flash Gordon, El hombre Enmascarado, Batman, Príncipe Valiente y Tarzán- y semidioses Superman y Capitán Marvel-) y las amazonas. Por ejemplo, Moix no evita la polémica de calificar a Batman como un mito marcusiano, pero esta boutade no anula el correcto análisis que previamente ha realizado sobre él. Es muy interesante la comparación que realiza entre Superman y Batman, el primero como símbolo de la utopía no conseguida, el segundo como una sublimación del héroe espartano.
Independientemente de las teorías que plantea, yo le debo a este libro que me haya descubierto que existía historieta mucho más allá de lo que había leído. En sus páginas vi por primera vez una página de Little Nemo, Lil Abner , Jodelle o Barbarella, leí por primera vez sobre Tpfer, Al Capp, Milton Caniff, Stan Drake o Nicolas Devil. Supe gracias a él que existían publicaciones teóricas como Bang! y que la historieta era objeto de estudio, que señores como Luis Gasca y Antonio Martín tenían una extensa bibliografía sobre el tebeo (mitos para mí entonces, ¡quién me iba a decir que luego conocería!).
De hecho, es posible que si hoy escribo esto, sea gracias a o por culpa de, según gustos- este libro.

Todo esto viene a cuento de que, por fin, se ha reeditado este libro. Bruguera lo recupera con el título Historia Social de los Cómics. Eso sí, lo que no entiendo es porqué coño se le ha cambiado el nombre. Los cómics, arte para el consumo y formas “pop” me parece uno de los títulos más acertados que se le puede dar a un libro. Lo de Historia Social de los Cómics, por mucho que sea el título que el autor proponía en sus anotaciones, pudo tener sentido en los 60 para asimilarlo a la obra de Hauser, pero hoy no tienen significado alguno. Pero bueno, se ha reeditado, que era lo importante.

6 Comentarios en “Los cómics, arte para el consumo y formas “pop”

  1. le estuve echando un vistazo esta fds y la verdad que daba bastante pereza…aun así habrá quedarle unaoportunidad con mas calma.

    pero hay tanto que leer…

  2. ¿fds? Joder con los sms, están acabando con el lenguaje. Con perdón

  3. ibai on 20 marzo 2007 at 11:56 said:

    Yo me lo he comprado este fin de semana (o fds XD). Me he leído las dos introducciones y estoy devorando el otro libro que estoy leyendo. Los prólogos son de los que le abren a uno el apetito y ahora con el post de álvaro más todavía.

  4. No sé, habrá que darle una oportunidad… Respecto a lo del título probablemente sea para sintetizar y descontextualizar ya saben que ahora los títulos largos dan mucha grima y más los de la época de la primera publicación de este libro.

  5. rafa on 20 marzo 2007 at 13:52 said:

    Esta misma tarde lo compro. y ya puestos, maestro, ¿podría recomendar alguna otra lectura de este tipo?

    Gracias.

  6. …me parece que alguno ya nació con las gafas de pasta.

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