Me vais a perdonar pero…

Nada, que como habéis comprobado, me he tomado unas minivacaciones en esto de postear. La explicación romántico-festiva podría ser que los calores de Julio han estimulado mi vena holgazana y que me he pasado estos días tomando el sol en las preciosas playas del Mediterráneo. La realidad, mucho más triste y deprimente, es ridícula hasta decir basta: he estado impedido para postear por la enfermedad más terrible a la que puede enfrentarse un bloguero de pro. Y sé que en el momento en que la diga, os vais a reír cruelmente de mí, pero antes os debo recordar aquella fábula del león, rey de la selva que es finalmente derrotado por un simple mosquito. Asimilad la enseñanza de tan sabia parábola, porque para un bloguero el equivalente al minúsculo y trompetero insecto es… un uñero. Sí lo sé, ridículo y simple, pero eso de aporrear el teclado, aunque sea con la delicadeza con la que un miniaturista deposita la última pieza de su carabela, es un sufrimiento inconcebible. El puñetero, que no tiene otra definición, hacía que lo de escribir fuese un calvario. Servidor no es mecanógrafo profesional, pero escribe bastante rápido en estos bichos del diablo, usando, desgracia mía, todos los dedos. Claro, con la manía del castellano de usar palabras que contienen la jodida j o la inútil u, por poner un par de ejemplos de letras que suelo presionar con el dedo inválido, la cosa es un sin vivir. Intenté emular a George Perec y hacer un talentoso ejercicio de estilo sin usar esas letras, pero uno ni es sobrado en talento ni, mucho menos, recibe la visita de las musas cuando tiene un dedo acachiporrado que le está recordando continuamente que la evolución no pensó en uñeros cuando definió la función prensil de la mano.
Así que, otra vez con cinco dedos útiles (bueno, no, dejémoslo en cuatro y medio), vuelvo a mi tarea. Mañana actualizo con un montón de reseñas, noticias y novedades atrasadas. Atentos al DDT y a esta su casa.