And the güiner is… (III)

Y la última categoría, Mejor revista o fanzine de historieta. Varias consideraciones a hacer: el número de votos ha sido muy, muy bajo, demostrando lo poco conocidas que son estás publicaciones, a lo que hay que añadir que mucha gente ha votado por revistas sobre historieta (como Dolmen o Animangaweb), cuando lo que se buscaba era revista de historietas. Un error que se ha llevado muchos votos, al igual que el hecho de que hayan sido publicados en el 2006. Otro error común ha sido considerar revistas que aparecieron en el 2007, como El Manglar.
Con las anteriores consideraciones, el fanzine o revista que se lleva la consideración de Mejor Fanzine o Revista de Historieta 2006 es….

MALAVIDA

Pues en cuanto pueda, me pongo en contacto con los afortunados para hacerles llegar las carcelitas. Y, muy en breve, el sorteo de los cinco lotes de tebeos. Por cierto, el listado completo de votos de esta categoría, aquí.

And the güiner is… (II)

Y sigo con los resultados de los IV Premios de La Cárcel de Papel. En total, 422 votos (sí, vota menos gente, muchos de los votos fueron directamente sólo a web), con una dispersión altísima, lo que ya es habitual.
And the güiner is…

The Ultimates Vol. 2
Brian Hitch y Mark Millar
(Panini)

Interesante el que este año se haya considerado una única categoría, lo que incluye tebeos españoles y de cualquier otra nacionalidad. Así se puede ver, más o menos, las predilecciones del público. Y ojo, que el tebeo español no queda nada malparado, con cuatro obras en las 10 primeras posiciones. El listado completo, aquí.

Reglas para la superviviencia de la historieta (o Decálogo del gafapastismo ilustrado)

Interesante, polémico y provocativo el artículo que publicaba Vicente Verdú en Babelia la semana pasada: Reglas para la supervivencia de la novela. Una reflexión que, resume rápidamente, establece que la novela actual debe buscar una vía propia que la diferencie de otros medios, incorporando los nuevos recursos narrativos de la que denomina la “comunicación fragmentada” (los blogs), evitando que pueda ser trasladada a otros medios como el cine o la televisión, huyendo de los géneros clásicos y acercándose al espacio interior del individuo y a su visión de la realidad como fuente única de inspiración, pero sin olvidar nunca el humor como referente ineludible de la inteligencia. Diez puntos que retan claramente al debate y que se conforman, curiosamente, como una especie “Biblia de Gafapastismo” que tiene multitud de puntos de contacto (en tanto son discutibles y aplicables o no) con la historieta.
Sirva como ejemplo el primero de los puntos de su decálogo de mandamientos: la huída de la traslación a otros medios. Precisamente la historieta se ha convertido en una especie de inmensa barra libre para los productores cinematográficos, donde encontrar “inspiración” para sus nuevos “megahits”. ¿Es malo que esto se produzca? Depende de la visión que se quiera dar. Verdú plantea la necesidad de establecer la literatura como un medio diferenciado, que ofrezca satisfacciones alejadas de las que ya ofrece el cine y la televisión. Compara en cierta medida el papel actual de estos dos medios con el de la novela popular del siglo XIX. Si en ese momento la literatura popular servía como único mecanismo de evasión para vivir otras vidas, ese papel es ahora propiedad de otros medios. Una opinión interesante, pero que en el caso de la historieta lleva a otros matices y planteamientos: el tebeo ha sido parte fundamental de la cultura popular de este país, medio de evasión obligado para muchas generaciones. Era la “TV de los pobres”, como bien se dice. Y quizás, un poco en la línea de la reflexión de Verdú, el abandono y olvido del tebeo por parte del público podría tener mucho que ver con esa sustitución de roles en los medios que comenta. Aquellos que usaban el tebeo para evadirse, hoy son fieles teleadictos, que encuentran en este medio lo que el tebeo proporcionaba con más inmediatez y posibilidades. Es posible. Sin embargo, hay que añadir en el caso de la historieta que la actual proliferación de adaptaciones tiene una doble acción: por un lado, la indudable promoción que se está haciendo de la historieta. Es incuestionable que el aumento de ventas que está viviendo el tebeo está íntimamente relacionado, entre otras cosas, con la avalancha de películas basadas en tebeos que estamos viviendo. Pero, por otra parte, en el caso particular del género de superhéroes puede provocar una traslación entre medios, dejando sin sentido la publicación en papel frente a la espectacularidad alcanzable en cine y televisión.
Más discutible es su llamada al abandono de los géneros y la búsqueda de caminos de realismo basados en la vida. Pese a que, personalmente, no voy a negar que a priori me interesa mucho más una historia de corte costumbrista o autobiográfico que otra de género, la furibunda proclama contra ellos me sorprende. Pero, paradójicamente, el tebeo vive un proceso de dicotomización radical entre esos dos conceptos. Hoy por hoy, el auge de la narración costumbrista (eje fundamental del llamado “gafapastismo”) se establece como una especie de contrario obligado al género, estableciendo una suerte de elección forzada entre ambas opciones.
¿Por qué ese odio al género?¿Por qué esa defensa a ultranza de lo biográfico?
Admito y me atrae, desde luego, el razonamiento de Verdú: la realidad es fruto más que suficiente de historias como para buscarlas fuera de ahí. Y debo reconocer que me interesa mucho más lo que le pasa a mi vecino que a un kryptoniano. ¿Pero es válida siempre la referencia autobiográfica? ¿Hasta qué punto la vida de otro es siempre interesante? Me decía Carlos Giménez que a él no le interesaba leer cómo un chaval se hacía pajas viendo a la vecina de enfrente, porque eso lo hemos hecho todos. Y es verdad. ¿Interesa realmente lo que todos hemos hecho alguna vez? Evidentemente hay que matizar: el argumento, así expuesto, sólo tiene una respuesta negativa. No aporta nada, es cierto. Sin embargo, la historieta siempre tiene a su favor ese contexto formal gráfico que hace posible que existan otros valores apreciables. Me puede interesar lo que cuentan y, también, porqué no, cómo lo cuentan. En mi caso, no tengo problemas en admitir mi mayor sensibilidad y atracción por las historias de la vida cotidiana. No me interesan los héroes épicos, sino aquellos que nunca serán héroes. O como leí una vez, no existen los héroes, sino los actos heroicos, que pueden ser protagonizados por cualquier anónimo.
Pero el problema es, aceptando que la realidad puede ser muy rica y generar historias de todo calado y variedad…¿Anula eso la existencia de los géneros? Fantasía, ciencia-ficción, terror, negro… ¿Deben ser olvidados y sustituidos por un mayor verismo realista y cotidiano? Aquí, desde luego, entro en contradicción con Verdú y no llego participo de su razonamiento. Asumir que el género es un recurso que da lugar a obras estereotipadas es, a mi entender, confundir la estructura formal que da un género con los objetivos de su uso. Una historia de género, de cualquiera, puede ser tan eficaz en la transmisión de una reflexión como la realidad. Incluso, si se me apura, permite ciertos recursos simbólicos que son imposibles desde la representación fidedigna de la realidad. Por mucho que la realidad supere a la ficción, como enuncia Verdú, siempre existe ese pequeño reducto de lugar para la materia de lo que están hechos los sueños.Es verdad que – y supongo que es donde Verdú pone el acento el género se ha quedado desvirtuado por un uso exacerbado y sin motivo alguno. Muchos géneros, como la ciencia ficción, se han convertido en instrumentos vacuos, en carcasas sin alma donde la obra no aporta nada más allá del andamiaje formal, sea con grandes efectos especiales o con nombres rimbombantes. Una insipidez argumental que, por desgracia, se intenta esconder tras la excusa de ser “productos de entretenimiento”, asumiendo que entretener a una persona sea promover el encefalograma plano. Entretener, la evasión de toda la vida, no presupone que el lector sea imbécil. Se puede perfectamente contar historias hagan pasar un buen rato y que, además, no se resignen a no intentar transmitir nada más. Si Milton Caniff o Eisner conseguían historias entretenidas que, además, contaban más cosas…¿Por qué no se puede hacer hoy? En ese sentido, me temo que ese mandamiento del decálogo de Verdú que anima a evitar las estructuras prefabricadas no deja de ser un acta de rendición ante la fuerza de una componente industrial que parece decidida a calificar de forma sistemática a sus clientes como idiotas.
Ambas expresiones, la ficción y la realidad, pueden convivir en una sociedad que reclame productos culturales que sean algo más que un soma mediático. Que sean verdadero “alimento para el espíritu” sin renunciar a que parte de ese placer puede ser, simplemente, pasar un buen rato.
Pero, y Verdú aquí da en el centro del problema, ninguna de estas opciones debe suponer un relajo de la calidad y exigencia del creador. El autor debe cultivar su lenguaje y debe aspirar a ir siempre más allá de lo ya creado. Igual que Verdú defiende la necesidad de cuidar la expresión y el lenguaje, el uso de la forma, tan fundamental en la historieta. Un aspecto que, en el caso de la historieta, debe traducirse como la investigación continuada y en profundidad en la narración y en los recursos narrativos, en conseguir que estilo gráfico y narrativo se articulen en una unidad indivisible y perfecta. No es conseguir un dibujo de perfección renacentista, una composición cinematográfica o unos diálogos de calidad literaria, sino que todos sean componentes de un mismo lenguaje que se imbrican de forma necesaria, cada uno en función del otro.
Ilustración de Fermín Solís.

And the güiner is… (I)

Pues contabilizados los 483 votos recibidos, la categoría al mejor weblog sobre tebeos ha sido una durísima pugna entre dos gigantes, uno recién llegado pero que ya se ha marcado como uno de los mejores blogs sobre tebeos y todo un clásico. Casi, casi, casi, un empate, que se ha decidido en el último voto.
Asi que, seamos solemnes: el ganador del IV Premio La Cárcel de Papel en la categoría de Mejor Weblog en castellano sobre tebeos es….


EL BLOG DE JOTACÉ

Y aquí, la lista completa de votos.

¿Quién ganará el Premio Nacional de Cómic?

El lunes se reúne el jurado que fallará el primer Premio Nacional de Cómic. Casi un año y medio después, aquello que parecía un sueño es realidad. Una realidad que conlleva muchas preguntas:
¿Servirá para algo el Premio Nacional?
La respuesta, por lo menos en mi caso, es afirmativa: sí, y ya ha servido, sólo hay que ver el cambio de consideración hacia la historieta desde su creación.
¿Quién será el afortunado o afortunada?
Pues ni idea, pero entre los nombres posibles están todos aquellos que publicaron obra durante el 2006. Se admiten apuestas… :)

Globalización tebeística

Tomemos la siguiente noticia: “Marvel muestra bajo suscripción 2.500 cómics digitalizados en Internet“. Un titular interesante, que abrirá el debate sobre el uso de internet como medio de distribución de historietas y el paso a un formato digital de los comic-books tradicionales, perdiendo la fetichista obsesión por el papel que tiene el coleccionista.
Hasta ahí, pues lo de siempre, pero José Cano me hace la siguiente valoración, que considero acertadísima: “en los titulares sólo se destacan de esta forma empresas o marcas que se considera que el lector ya tiene “asumidas”. Es decir, normalmente un redactor no se molesta en explicar qué es Coca Cola porque todo el mundo lo sabe, pero en los casos de DC y Marvel no es raro encontrar aclaraciones tipo “la editorial de Superman” o “de Spiderman”. Si el periodista que ha pasado esta noticia ha decidido titular simplemente “Marvel” es que supone que la “marca” puede ser fácilmente reconocida por un público amplio “en castellano”, es decir, tanto de España como de América.
Una reflexión en la que, desde luego, no había caído y que me parece toda una confirmación de ese lento pero inexorable cambio que está sufriendo el tebeo en España. De medio recluido en ghettos, poco a poco está pasando a una consideración del mismo calibre que cualquier otra expresión cultural. Es evidente que, en este caso, la presencia del nombre de la compañía en las adaptaciones cinematográficas pesa sustancialmente, pero es indudable que está calando en la opinión pública la consideración del tebeo como un medio cultural más. La famosa “normalización” está poco a poco llegando a ese punto donde dejará de tener sentido usar el término porque los tebeos serán, simplemente, normales.

Cincuenta años con Mortadelo y Filemón

Cincuenta años… Los personajes más famosos de nuestro tebeo cumplen ya medio siglo con una salud absolutamente envidiable, convertido en representación icónica ya de los tebeos españoles. Si a cualquier habitante de esta piel de toro le preguntáis que os diga un tebeo, con casi toda probabilidad se referirá a la creación de Francisco Ibáñez. Su éxito es indudable. Difícilmente se puede encontrar un equivalente en nuestro tebeo, con una popularidad que ha permanecido constante durante estas cinco décadas y con un nivel de ventas que hace palidecer a cualquier otro tebeo.
Porque, en el fondo, cuando lloramos sobre la situación del tebeo en España y la triste situación de los autores españoles, cometemos siempre, de forma consciente o no, un terrible olvido: el de Mortadelo y Filemón. La realidad, nos guste o no, es que en este país se venden muchísimos tebeos, millones de ellos. La gente no ha olvidado el tebeo, sigue comprándolos y devorándolos… los de Mortadelo y Filemón, claro. 170 títulos vivos en catálogo, que se reeditan continuadamente en ciclos de dos años, generando una cifra de negocio de vértigo. De hecho, no sería exagerado decir que sólo esta serie de Ibáñez es responsable de casi un 15-20% de las ventas de tebeos en nuestro país. La ecuación es obvia: ser autor de tebeos en España es un negocio millonario… si te llamas Francisco Ibáñez, claro.
Es verdad que la serie lleva años instalada en una rutina mecánica y repetitiva, con historias que aunque tengan todavía cierta capacidad de provocar unas sonrisas, son tan predecibles como olvidables, pero lo que es indudable es que el fenómeno Ibáñez es fundamental para el tebeo español. Es el equivalente al Astérix francés, un motor del mercado que permite que el tebeo se introduzca en todas las casas y que siga siendo parte indisoluble de la cultura popular de este país. Es muy probable que la crisis del tebeo que se dio en los 90 hubiese sido todavía más profunda de no contar con esta pareja de alelados agentes resistiendo impertérritos en los quioscos.
Aunque hoy la serie sea tan sólo una sombra de lo que fue, Mortadelo y Filemón es una obra que merece una reivindicación clara y sin prejuicios, que recuerde su mejor momento (desde las primeras historias de Pulgarcito a esas genialidades que son El sulfato atómico, Valor y al toro, Safari callejero, Chapeau el esmirriao o Contra el gang del chicharrón, por mucho que el autor abomine de ellas) y que respete su papel de impulsor de la industria del tebeo en el momento actual, pese a que esté lejos de su calidad actual.
Así que, ¡Felicidades!

Watchmen, tebeo perfecto para niños

Me pasan este comunicado de prensa de la nueva edición de Watchmen en catalán:

Y claro, yo me pregunto: ¿Es que los que se encargan de programar las colecciones en las editoriales no se leen los libros que editan? Watchmen, perfecto ejemplo de libro infantil-juvenil. Hombre, me encantaría pensar que los niños tienen semajante capacidad intelectual como para apreciar los giros y vericuetos argumentales que Moore propone en su obra, pero me temo que se van a quedar a dos velas. O peor, que pronto aparecerá la asociación de padres de turno diciendo: “¡Les están vendiendo a los niños tebeos donde salen hombres que enseñas sus atributos sexuales!!!!!¡¡¡Penitenciágite!!!!!”.
(Gracias Jordi)

Promocionando la historieta (o Galicia forever, again)

¿Cómo se debe promocionar la historieta?

La pregunta es tan sencilla como tramposa. O por lo menos lo parece habida cuenta de las faringitis crónicas que ha provocado en los múltiples debates en los que se ha hablado del tema. Desde que el año pasado se anunciara en el congreso de los diputados la intención de realizar acciones de promoción de la historieta, el mundo del tebeo se ha desgañitado discutiendo cuáles son las dichosas acciones que pueden hacer salir al tebeo de su famoso ghetto. Ríos, océanos de tinta para intentar centrar cuáles eran las acciones más necesarias. Reuniones maratonianas. Propuestas de Academias, de asociaciones, de gremios y de mafias si se venía al caso. De todo se ha hablado y, casi siempre, terminando con una cantinela única: que San Estado nos acoja en su seno. “Hay que pedir subvenciones”, braman unos. “Sí, pero para tí, no, para mí”, responden acalorados los otros…
Soy de los que creen necesaria la intervención del estado en defensa de la cultura. Me parece una de sus obvias funciones. Sin embargo, también soy de los que tienen muy claro los terribles efectos secundarios que tienen las políticas de apoyo cuando no han sido diseñadas correctamente: clientelismos, borreguismos y aprovechamiento viciado de las ubres de Papá Presupuestos Generales, una especie de Papá Piernas Largas indeterminado maravilloso que da de comer sin pedir nada a cambio.
No tengo la receta perfecta para evitar estos problemas, pero por lo menos me parece evidente que hay dos campos donde los que hay que actuar: la promoción del tejido industrial, que permita a los autores vivir de su obra y, por otro lado, la promoción de la creatividad de los nuevos autores. La primera, como obvio sustrato de sostenimiento de la actividad del medio: la dicotomía ya conocida entre cultura y entretenimiento del arte actual obliga necesariamente a que la creación artística tenga que sobrevivir sostenida por la estructura del entretenimiento. Es evidente que esta relación puede llevar efectos indeseados, la famosa suprevivencia única de “lo que vende” (¡ay! cuántos artistas serían hoy desconocidos si sólo se hubiesen valorado aquellos que en su tiempo “vendieron”), en una especie de sosias darwinista biológico que no debería ser de aplicación en la cultura. Pero ya que existe, el estado debería entonces actuar de forma apaciguadora de los excesos consumistas para intentar que el propio mercado sea el que apoye y potencie obras novedosas, avalando nuevos autores o corrientes más experimentales. En ese sentido, ayudas a la publicación de obras de nueva creación pueden ser perfectos complementos de las anteriores. Se apoya la industria, pero también la creación, trasladando a la acción institucional la propia dialéctica de los medios artísticos y favoreciendo, en cierta medida, que ese monstruo de dos caras se siga manteniendo en su psicótica dualidad: la creatividad necesita de una industria sobre la que sobrevivir y la industria necesita de una creatividad que la saque de los ciclos infinitos adocenantes. Buen ejemplo de esa sana convivencia puede ser el caso francés: L’Association se aprovecha de un circuito de ventas y distribución creado por las grandes editoriales comerciales, genera autores y tendencias diferenciadas que son rápidamente engullidas por las grandes editoriales. Pese a que J.C.Menu abomine de esta relación y lance todo tipo de exorcismos y maldiciones, la realidad es que el mecanismo ha funcionado y el mercado se ha modificado, ha admitido nuevas tendencias estéticas que jamás se hubiesen pensado factibles hace apenas unos años (Sfar, Blain, etc), permitiendo que la rueda siga funcionando.
El problema que tiene todo esto que digo es que precisa de consenso e iniciativas conjuntas entre todos los implicados. Autores, editores, libreros, distribuidores, etc, tienen que dejar de lado sus diferencias y hacer camino conjunto a sabiendas de que todos ganan en esa empresa común. Pero si cada uno hace la batalla por su cuenta… ni de coña.
Un buen ejemplo viene, de nuevo, desde Galicia. La consellería de Cultura gallega ha anunciado diferentes acciones de promoción de la historieta gallega, que pasan por el apoyo a la asistencia a salones como Angouleme, Barcelona o la Feria del Libro de la Habana, así como la puesta en marcha de un programa de becas de apoyo a la creación. De momento, tres becas dotadas con 6000EUROS cada una con el fin de impulsar y apoyar el trabajo de los creadores gallegos. Sin duda, una iniciativa que hubiera sido imposible sin la connivencia y apoyo de todas las partes implicadas, pero que demuestra clarísimamente que el camino es posible.
Sólo hay que empezar a andar. Pero juntos.

Lógica cinematográfica (y comiquera)

A ver, hagamos un gendankenexperiment de marketing programador cinematográfico. Supongamos, y es mucho suponer, que existe una película que haya sido premiada en el Festival de Cannes, seleccionada por su país para los Oscar de este año, que aparece en periódicos como EL PAÍS, El Mundo, los gratuitos Metro, Qué, etc… en todos, vamos, en diversas revistas, en televisiones y radios. Teniendo en cuenta la promoción anterior, ¿dónde la programaría usted?.
Respuesta lógica: “pues en muchas salas oiga”.
Uy, se me olvidaba, trata de un tema candente: la situación en Irán, además desde la perspectiva de una mujer.
Respuesta lógica 2: “mejor, mejor…hasta se podría estrenar en versión original subtitulada, que a los progres les gusta más”.
Upppps, otro olvido: es de dibujos animados.
Respuesta no tan lógica, pero real: “¿Ein? Dibujos animados….¡anda hombre! Pues en una sala y en horario infantil… ¿Hay alguna sala que sobre esta semana?“.

El diálogo anterior, por desgracia, no sé si es cierto, pero el resultado sí: Persépolis estrenada sólo en una sala de la periferia de Valencia (y tan de la periferia, como que está a diez kilómetros de la ciudad).
Y luego dirán: “No ha tenido nada de éxito”.
Algo parecido a lo que pasa con los tebeos: se dejan caer en una estantería, sin promoción, sin información, sin que nadie sepa que han salido y luego los quejidos del editor se oyen hasta en Sebastopol: “es que este tipo de tebeos no los quiere la gente”…
Así nos va.

Tebeos en la universidad (y van varias)

Oigan, que sigue la relación entre tebeos y universidad. Y en este caso, debo reconocer que he puesto un granito de arena, así qe espero que salga bien, porque el curso “Literatura y cómic. Dibujos escritos-escritos dibujados. Una visión femenina” que organiza la Facultat de Filología de la Universitat de València del 28 al 30 de Noviembre traerá a la capital del Turia a especialistas de la talla de Pascal Lefévre, Jan Baetens, Thierry Groensteen, Antonio Altarriba o Antonio Martín, además de las editorias Mar Calpena y Hélose Guerrer y las autoras Sonia Pulido y Chantal Montellier. Un plantel de lujo, si me permiten decirlo con cierto orgullo. La dirección del curso corre a cargo de la profesora Adela Cortijo. En la web del curso podéis consultar el programa y la inscripción (si se quiere que se convalide el curso como créditos de libre opción, la asistencia a las charlas es libre y sujeta sólo a aforo de las salas).

Estulticia editorial

Es cierto que, de un tiempo a esta parte, los errores editoriales se están convirtiendo en costumbre en nuestra país. Sobre todo en algunas editoriales que todos conocemos, que son capaces de acumular errores sin el más mínimo propósito de enmienda. Errar es humano, lo sabemos y hay que ser tolerantes con los pecados de los demás, pero llega un momento que el vaso de la tolerancia está tan lleno que uno empieza a pensar si no estará haciendo el primo. Hasta aquí, el razonamiento no es nuevo y lo podéis encontrar calcado en multitud de blogs sobre tebeos. Vale.
Sin embargo, la razón del post es para traeros un consuelo digno del dicho “mal de muchos, consuelo de idiotas”, uséase y al caso: “todavía puede ser peor…“, leído esto, si me permitís, con cierto retintín y música de Poltergeist cuando la niña anuncia la llegada de los malísimo espíritus. Aunque parezca increíble, hay editoriales que lo hacen todavía peor. Y con nombre y apellidos: la editorial americana Checker. Servidor es de los que está sufriendo puntualmente cada nueva entrega de los Early Works de Winsor McKay como una mezcla masoquista entre una extracción dentaria sin anestesia con un ataque nefrítico mientras redactas el impuesto de la renta. Y mira que, pese a todo, me estaba ya yo acostumbrando a la calidad ínfima en las reproducciones, que ni fotocopias oigan, de fax y antiguo como mucho, el orden aleatorio de las reproducciones, los tamaños caprichosos o las imágenes empastadas hasta la más siniestra negritud… (marca de la casa, recuérdese el Supreme escaneado con papel de calco que publicaron) Debe ser cosa del umbral de dolor, que va aumentando sin que uno se aperciba, siempre con una gotitas de autoengaño piadoso. “Es que es la única forma de tener este material”, pensaba yo y me justificaba ante mi librero, que cada vez que me llevaba uno de los libros me miraba ya casi compasivamente.
Pero lo del último número ya es simple y pura estulticia editorial, pero de la gigantesca, inmensa, colosal e inmarcesible. Me explico: este número incluye bocetos de la maravillosa animación de Gertie el dinosaurio. Bocetos de bastante calidad para lo que es habitual en Checker, lo que hubiera significado un agradable y sorprendente oasis de calidad reproductiva de no ser porque alguno de los editores tuvo en esos momentos algún tipo de inhibición de las sinapsis neuronales y decidió que semejantes bellezas merecían ir a lo grande: a doble página en un grueso tomo. Fascinante. Una maravillosa decisión que permite tener un montón de planchas de Gertie de las que es imposible ver la parte central. Parte central que, curiosamente y debido a ser una animación, tiene todo el foco de la acción.
Verbigracia:

Pa’abernos matao, que decía aquél.
Menos mal que, por lo menos, se puede seguir disfrutando de la animación gracias a internet… (la calidad de YouTube es muy mala, pero si buscáis por emule y demás, encontraréis versiones muy aceptables).