Gaiman superstar

Neil Gaiman se ha convertido en una especie de paradigma de la paradoja. Buscador incansable de secretos alquímicos escondidos en antiguas leyendas, la tan ansiada piedra filosofal ha resultado ser él mismo, que convierte en jugosos ingresos todos los proyectos donde aparece su nombre. Planeta aprovecha el tirón del estreno de Stardust para editar en un volumen recopilatorio la miniserie Neverwhere, un cómic de extraña definición, ya que adapta al cómic (cortesía de Mike Carey y Glenn Fabry) la adaptación novelada de una serie de televisión que Gaiman y Lenny Henry firmaran para la BBC a mediados de los 90. Gaiman toma en cierta medida la estructura argumental de Sandman para realizar una especie de homenaje irredento a Londres. Si Morfeo le permitía moverse libremente por todos los cuentos y leyendas que ha creado el ser humano, el viaje del eternamente desconcertado Richard Mayhew por el mundo subterráneo de Neverwhere es una perfecta excusa para adentrarse en los mitos más profundamente británicos, desde la imaginería shaekesperiana hasta las series de TV. Carey se dedica a adaptar con oficio y buenas maneras y Fabry se esmera en su trabajo, pero en todo momento la sombra de Sandman es demasiado alargada, cayendo como una losa sobre este Neverwhere que, en todo momento, se nos antoja excesivamente como una versión “light” para la TV de su obra más conocida y extensa. Mientras que en Sandman existe un eje argumental que intenta buscar los orígenes de las creencias del ser humano, de la transformación de los sueños en leyendas, en Neverwhere la trama es una predecible “investigación criminal” teñida de anécdotas que, generalmente, se superponen a la propia historia para tomar el protagonismo principal. A poco que avancemos en la historia, lo único que nos interesa realmente es encontrar las referencias y guiños literarios, arrinconando realmente lo que se nos está contando.
El resultado final es tan entretenido como olvidable, un tebeo que, probablemente, sin el gancho del Sr. Gaiman hubiese pasado sin pena ni gloria por las librerías.