Lecturas Marvelousas

Accedo a transigir en mi natural aversión a los tebeos que actualmente publica Marvel (y DC, que para estas cosas no soy especialmente maniático, pero servidor ya rebasó hace años la gotita de tolerancia para con estos monstruos industriales) para leerme dos entregas de esta editorial. Por un lado, el Bullet Points de J. Michael Straczynski y Tommy Lee Edwards y, por otro, la archifamosa Civil War de Mark Millar al completo.
bullet pointsComienzo por la primera, una reinvención del Universo Marvel descaradamente (¿o sería más correcto vergonzosamente?) inspirada en El Clavo de Alan Davis. Al igual que en aquélla, el guionista plantea qué ocurriría si un pequeño acontecimiento sin importancia cambiase la historia. Si antes fue un clavito inoportuno, ahora es una bala perdida que impide que Steve Rogers hubiese llegado a tomar el suero del supersoldado que le convertiría en Capitán América. A partir de ahí, el guión no deja de ser un seguido de anécdotas que tienen como único hilo de conexión el buscar una nueva vuelta de tuerca a la historia de la Marvel. Desaparecido el guión, lo único que puede tener interés es la curiosidad del lector para encontrar los nuevos roles asumidos por sus personajes favoritos. Superando la sorpresa de hasta qué punto se puede plagiar una idea ajena, la obra me parece un simple ejercicio de imaginación sólo válido para aficionados irredentos a la editorial. Y con poca imaginación, porque en el fondo Straczynski no reinventa realmente el universo Marvel, sino que se dedica a una sencilla práctica de recolocación que llega a un absurdo lógico: la dichosa bala perdida a la que hace referencia el título sólo logra que los mismos personajes protagonistas del universo clásico Marvel adquieran las habilidades de superhéroes distintos a los de partida, pero no cambia las reglas del juego. Hulk, Iron Man, Nick Fury, etc, etc, siguen existiendo, ergo ¿qué ha cambiado? Mismos perros diferentes collares. Un entretenimiento del que sólo se salva la interesante labor de Tommy Lee Edwards, que el pobre no tiene la culpa del desatino de su guionista. (1-), por deferencia a su trabajo.
civil warLa segunda, el gran archiacontecimiento Marvel, que partía, por lo menos, con el interés de contar con un guionista poco dado a estas cosas y más personal (aunque con exagerada tendencia a la autocomplacencia). Y lo cierto es que el arranque es prometedor: Millar realmente parece usar el género no para contar la misma y manida historia de siempre, sino para plantear cuestiones a priori interesantes. ¿Hasta qué punto el concepto de héroe enmascarado tiene sentido en una sociedad democrática? ¿No es más lógico que el estado los controle? Preguntas que, en medio de la histeria de seguridad derivada por el 11-S y la Patriot Act no deja de ser una reflexión sobre el límite de las libertades individuales frente al control del estado. La idea no es original, pero es atractiva, ya que la defensa de las libertades individuales entra en conflicto con el propio concepto de superhéroe, un ser que está por encima de las leyes y normas sociales para, paradójicamente, resolver los problemas que no alcanzan a solucionar éstas. Y la verdad es que, por lo menos los dos primeros números, son interesantes. Millar desarrolla una reflexión sobre el tema, sin entrar excesivamente en profundidades, desde luego, pero dejando caer temas de debate que pueden ser sugerentes. Sin embargo, supongo que desde Marvel algún ejecutivo pronto le recordó el profundo significado que tenía el término “War” en el título. Se olvidan por completo las ideas y se pasa a lo que se demandaba: tortazos a mogollón. Los diálogos dejan su espacio a espectaculares peleas donde Steve Mc Niven se encuentra mucho más a gusto, demostrando que es un buen dibujante de la figura humana, pero con un sentido del dinamismo y de la narrativa más que dudoso (¡Ay!, Sr. Davis, ¿dónde está usted cuando se le necesita?). Si la cosa hubiese quedado ahí, con un planteamiento de ideas atractivo que termina con tortazos sin más, pues la cosa queda como un entretenimiento menor y ya está, pero el absurdo y anticlimático final, unido a la pléyade de series paralelas inaguantables, hace que el conjunto sólo acepte un adjetivo: infumable. Servidor después de leer esto se refugió en el confortable refugio de los Showcases de DC, releyendo las siempre divertidas aventuras de Adam Strange, mucho más imaginativas y entretenidas (¿hay algo más triste que un retro-friki?). (0)

Presentación de PRÓTESIS

El próximo Jueves 17 de Enero 2008, a las 8 de la tarde, se presentará en FNAC Callao (Madrid), la revista PRÓTESIS. Publicación consagrada al crimen. El acto será presentado por el escritor Frank G. Rubio y contará con la presencia de los editores y el diseñador de la revista. Al finalizar el acto se invitará a los asistentes a una copa de cava.