Blogs de Glénat, Norma y Público

Aprovechando la entrada anterior, toca dar la bienvenida a nuevos blogs que vienen avalados, precisamente de ese halo “profesional” del que hablaba, ya que nacen amparados por periódicos o editoriales.
Si el DDT moría hace unos días, ya tiene sustituto: Bocadillos en su tinta es el blog de cómics del diario Público. Empiezan con fuerza y pueden lograr lo que no llegó a ser DDT, sólo hay que darles tiempo.
Y ojo con las editoriales, que descubren “el poder de los blogs”. Por un lado (no es noticia nueva, sorry), la editorial Norma abre tres blogs de visita obligada, dedicados al manga, tebeo USA y europeo.
Y la editorial Glénat, que estrenará web el próximo día 21, ya ha puesto en marcha los dos blogs que serán buque insignia: Glob! y El comicsario. El primero, se subtitula como el blog de Glénat y lo llevará Alejo Valdearena. El segundo supone la vuelta al mundillo tebeil de Hernán Migoya, prometiendo no dejar indiferente a nadie.
¡La blogosfera comiquera está más viva que nunca!

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Comic_CS en Angoulême

Nota de prensa:
Una representación de las Jornadas de Comic de Castellón, organizadas por la Universitat Jaume I y los colectivos Fanzone y Freaks in Black, participará en el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême (Francia). La presencia de esta comisión tiene por objetivo dar a conocer al resto de Europa las iniciativas alrededor del tebeo que se realizan en España. En un acto que tendrá lugar el sábado 26 de enero a las 12:00 en las instalaciones del festival, se presentarán las Jornadas de Castellón y su actividad a cerca de 300 invitados de la prensa francesa e internacional. En la presentación participan también otros festivales nacionales representando de esta forma a todo el territorio nacional.
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Adolescentes

En la última semana, varios blogs han reflexionado sobre el futuro de la blogosfera comiquera, compartiendo la idea de que pasa por un bache, por un momento de cierta melancolía, de ánimos bajos. El cierre de algún blog que podía haber abierto camino en prensa, el intento de abandono de algún bloguero de pro, la desaceleración de blogs de referencia, el cuestionamiento de la utilidad de tebelogs, la falta de participación en la elección de los mejores del año… Parecen síntomas que, en efecto, podían llevar a esa conclusión.
Sin embargo, me vais a permitir romper una lanza a favor de los blogs comiqueros y lanzar una teoría diferente. En primer lugar: no hay ningún medio artístico y cultural que haya logrado lo que el mundo del tebeo ha hecho en Internet. Con más de 400 blogs en continua renovación, organizados alrededor de al menos dos agregadores de noticias (Tebelogs! y decomics), los aficionados a la historieta tienen a su disposición información y opinión fácilmente accesible en cantidad y calidad infinitamente superior a la de cine, literatura, pintura, música, etc.
Y en segundo lugar: esa apatía que parece mostrar la “blogosfera comiquera” (menudo término éste), no es más que un reflejo de su todavía temprana adolescencia. No nos equivoquemos: el fenómeno blog en Internet está en pañales. Se supone que este blog es “el veterano” y apenas acaba de cumplir cinco tiernos añitos. Verdad es que el tiempo en Internet sufre una contracción que ríase usted de Lorentz y Einstein juntitos: un año en el ciberspacio son décadas en el mundo normal. Pero no nos equivoquemos: en la paradoja internera de los gemelos, el del mundo real sería ya un maduro cincuentón, pero el que ha vivido sus cinco ciberespaciales añitos, sigue siendo un crío de cinco años, pensando como tal. Una falta de madurez que se añade al ya crónico complejo de Peter Pan de la información sobre tebeos. Desde que yo recuerde, han sido los aficionados los que han arrastrado de ese carro. Si primero fueron los fanzines, ahora son los blogs, evolución natural tecnológica de aquéllos, pero que sigue sufriendo sus mismos errores. La imposible profesionalización de informadores y críticos ha generado una situación en la cual el aficionado depende de la ilusión de un puñado de iguales para poder estar al día de su pasión. Ilusión que, lógicamente, viene siempre mediatizada por los problemas mundanos del día a día. Los chavales que en su día hacían fanzines, dejaban de hacerlos cuando tenían que trabajar o fundar una familia. Lo mismo que pasa ahora, que por muchas ganas que se le eche al asunto, la vieja costumbre de comer tres veces al día obliga a dedicar al castigo divino una jornada laboral tras la que, difícilmente, quedarán ímpetus para hacer otras cosas. Eso mismo está pasando en Internet ahora, con la diferencia del dinamismo propio de la red. Si en su día la desaparición de un fanzine llevaba a otro, ahora el cierre de una web favorece la aparición de diez.
No significa lo anterior que deba desaparecer el amateurismo de la red. Antes al contrario, no estoy pensando en una web de sesudos profesionales, pero la inexistencia de medios profesionales lleva a los blogs a situarse en una especie de mundo del Último recreo altuniano, una isla aislada donde lo máximo que se puede llegar a ser es un señor de las moscas. En ese escenario, se pervierten las ideas y se confunden términos. La crítica, inexistente e igualmente adolescente, se desorienta pensando que la profesionalización e independencia es “hablar mal” de tebeos, en un intento desesperado de maduración que alcanza su máxima expresión en la freudiana concepción de “matar al padre”, traducida aquí en la idea de poner en solfa a los clásicos establecidos como ejemplo de buena praxis. Comportamiento adolescente clásico, obligado y necesario, pero que no deja de ser una etapa más en la evolución y que indica claramente en qué punto nos encontramos todavía los que creemos ser “críticos”, que seguimos confundiendo una crítica profunda con hablar de la transición de viñetas de una página.
Hace muy poco, en el congreso de literatura y cómic que se organizó en Valencia, pude comprobar con sonrojo a que distancia sideral nos encontramos todavía de la verdadera crítica, del trabajo real y concienzudo sobre la historieta. Las intervenciones de Jan Baetens, Pascal Lefreve, Antonio Martín y Thierry Groensteen fueron un mazazo contundente a cualquier ínfula de igualdad. El camino por recorrer es largo todavía, larguísimo, y no puede ser dado por amateurs que dedican sus ratos libres a su pasión.
Sin embargo, esto no significa que los blogs tengan que abandonar su labor, al contrario. Si bien es cierto que es difícil alcanzar el nivel de análisis y profundidad que requiere una crítica y teórica profesional, los blogs tenemos una baza importantísima a nuestro favor: la pasión. Difícilmente se podrá encontrar un medio profesional que pueda transmitir nuestro amor a los tebeos como lo hacen los 400 blogs que hay en Tebelogs. Cada uno con sus filias y fobias, cada uno con su personalidad propia, pero siempre amando profundamente esas páginas llenas de dibujos y letras. La labor de promoción y proselitismo de la historieta que hacen los blogs se está convirtiendo, sin duda, en uno de los motores de esa ansiada normalización de la historieta en nuestra sociedad. Es verdad que todavía su impacto es pequeño en un país donde el acceso a Internet es aún la excepción y no la regla, pero la ilusión que demuestran al hablar de su vicio preferido es tan grande que está contagiando a medios generalistas de mucha mayor implantación y difusión. Es más, me atrevería a decir que, por definición, los blogs deben cursar perennemente en esa adolescencia.
Muchos son los problemas de los adolescentes: incoherencias, indefiniciones, miedos y confusiones, pero es innegable que sólo en esa edad dorada todavía creemos que los sueños pueden ser realidad. Y ya se sabe, la materia de la que están hechos los sueños es la mayor fuente de energía del universo.

Loto Rosa

4035a.jpgLibro fetiche como pocos, El Loto Rosa es una curiosa aproximación a la famosa creación de Hergé, primero desde el análisis más teórico, a partir de antiguos ensayos de Antonio Altarriba y, por otra, desde la ficcionalización de la vida de Tintín tras la desaparición de su creador. Dos opciones de homenaje que se acompañan de un apartado gráfico soberbio, la primera con ilustraciones de Ricard Castells, el gran creador cuyo triste hueco nunca ha sido cubierto en el tebeo español. La segunda, con pinturas del hiperrealista Javier Hernández Landazabal. Genios del pincel que bordan un trabajo espectacular para un libro de diseño atípico, a modo de flip-book alterado donde una parte se lee en formato vertical y otra en apaisado. Delirio de diseñador y dolor de cabeza de encuadernador que consigue un efectista resultado que aumenta todavía más la consideración de libro-objeto (al que sólo encuentro una pega: la reproducción de las ilustraciones de Castells se hace en tamaño excesivamente pequeño en algunos momentos).
De los textos teóricos de Altarriba poco se puede decir, más allá de su bien conocida sapiencia y lucidez, pero debo reconocer que me ha parecido todavía más interesante la ficción que los acompaña, una historia en la que Tintín baja de los altares de la historieta en una desmitificación en toda regla de un icono abandonado tras la muerte de su autor, pero que Altarriba se encarga de remitificar elevándolo a las alturas del mayor glamour, el de las estrellas de cine, haciendo que el otrora joven y pizpireta detective alcance la mayoría de edad, pero esta vez dejando el género aventurero para aventurarse en el negro. Reconvertido en una especie de Marlowe de flequillo rebelde, Tintín tendrá que lidiar con una investigación que nos lleva a las cloacas de Hollywood (sentinas, en este caso), que conseguirá que Tintín madure definitivamente. Un relato acertado, que con seguridad levantará las iras de los quisquillosos ejecutivos de Moulinsart. Lo que siempre es bueno.
Dos ilustraciones del libro:
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