El fin de la infancia

Nada mejor para hacer penitencia de la lectura de las obras de Sopena y Vidal que dejarse abrazar por la nueva obra de Emile Bravo que acaba de editar Ponent Mon. Pese a ser uno de los fundadores del famoso Atelier Nawak (y, posteriormente, del Atelier des Vosges) que gestó las bases de la renovación formal de la BD francesa durante los 90, nunca ha recibido el reconocimiento que sus homólogos han tenido. Mientras que Trondheim, Blain, David B., Sfar, Boilet o Satrapi copan todos los beneplácitos de la crítica, parece como si la obra de Bravo quedase reducida siempre a un segundo plano, más discreto, que por desgracia la hace muchas veces invisible al ojo del lector. Es posible que Bravo no participe de la ambición de sus ex-compañeros y que sus obras, dirigidas a un público siempre joven, nos hagan pensar en un nivel inferior de los trabajos, pero la simple lectura de cualquiera de los volúmenes de Las epatantes aventuras de Julien debería hacernos reflexionar sobre el profundo horror que estaríamos cometiendo. En apariencia, Bravo no parece tan rupturista como sus colegas, pero sus obras esconden siempre una profundísima reflexión sobre la narración, con una brillante e inteligente dosificación de los niveles de lectura. Bravo estudia cada detalle de sus obras para conseguir verdaderas joyas de la historieta.
mimama.jpgY buen ejemplo de esta tendencia es Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill, realizado sobre guión de Jean Regnaud (ojito a la errata continuada que hay en el libro, que lo renombra a Renaud). Bravo parte de un argumento muy sencillo, tan simple como la pregunta que hace repetidamente un niño de 6 años: ¿dónde está mamá? Un punto de partida tan nimio que permite hacer a los autores uno de los más bellos retratos que servidor ha podido leer sobre la infancia. Los autores sitúan a su protagonista, el pequeño Jean, en esa edad donde todavía no sabe leer ni escribir, en los comienzos de la edad escolar. Un momento indeterminado que les permitirá desarrollar todo un ejercicio de comunicación. Sin la ayuda de la escritura, el niño transforma su entorno en mensajes visuales puros, sintetizando su entorno en ideas sencillas pero profundamente efectivas. Es justo el momento del aprendizaje donde el niño debe transformar su universo icónico particular en el de las convenciones sociales que marca el aprendizaje de la escritura. Es el momento en el que la imaginación infantil pierde su batalla frente a la unificación conceptual de las palabras. Un caballo ya no será más el animal con el soñamos e imaginamos infinitas aventuras. Será, simplemente, un “caballo”. Es la frontera entre un mundo creado para explicar nuestras percepciones y la explicación definitiva de las mismas. Es, en el fondo, el comienzo de la pérdida de la niñez. Y Jean, más que nadie, tendrá que enfrentarse a esos momentos, perfecta y maravillosamente expresados por Reganud y Bravo. Con sensibilidad exquisita, saben ponerse en la piel del niño, consiguen la regresión perfecta hasta ese niño que tenía miedo de la bruja que había debajo de la cama y siguen paso a paso ese proceso inconsciente que nos lleva a olvidar nuestros miedos, sustituyéndolos por la realidad. El mito de Papá Noel se convierte por tanto en una especie de recuerdo de la pérdida definitiva del Peter Pan interior, que en el caso de Jean llevará, definitivamente al entendimiento, ese duro entendimiento que le dará la respuesta a las preguntas.
Cada uno de los capítulos expresa uno de esos pasos, pequeños saltos en el tiempo, elipsis perfectas de la maduración que avanza, pero en los que Regnaud y Bravo demuestran una capacidad insultante para estratificar niveles de lectura. Cualquiera que lea la obra encontrará una lectura propia y, sobre todo, se verá reflejado de forma inexcusable en los sentimientos de ese niño, ese Jean que consigue representar al niño universal, un espejo perfecto de todas las infancias que han sido. Y, sobre todo, encontrará un tratamiento que es capaz de unir la ternura con una reflexión demoledora sobre el fin de la infancia.
Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill es un libro de lectura obligatoria, una lúcida y brillante plasmación de la infancia y del aprendizaje de la vida. Toda una joya. (4)
Esperemos que este álbum abra la puerta a la edición de nuevas obras de Bravo (recordemos que Brosquil comenzó a publicar la serie de Julen, pero se quedó en el primer número).
Podéis ver unas páginas en la web de Ponent Mon (en Próximamente)

Adaptando al cine

Ahora que están de moda las adaptaciones de tebeos al cine (que si hoy se estrena la nueva entrega de Mortadelo y Filemón -uichs!-, que si Besson se atreve con Adéle Blanc-Sec -reuichs!-) encuentro vía Arflovers una adaptación que desconocía del genial Barney Google (no, no tiene nada que ver con el buscador) de Billy DeBeck al cine. Ojo que las caracterizaciones son perfectas.

El resto del vídeo: Parte 2Parte 3Parte 4

Vidaleando

Bueno, pues ya me he leído La Ezpaña de ZP.
Y me he tomado ración quíntuple de antihistamínicos, todo sea dicho.
Mare de Deu Senyor. Allá vamos.
ezpana.jpgLo de Sopena era un panegírico a ZP, pero por lo menos Rajoy aparece en todas las páginas. Aquí el Sr. Vidal se dedica única y exclusivamente a resumir las ideas básicas que repite en su discurso libertinodigital: la teoría de la conspiración del 11-M (de hecho, abre el libro reivindicándola), la ruptura de España y la venta de la sociedad civil a rojos republicanos, terroristas, islamistas y maricones. De hecho, de ZP habla relativamente poco, haciendo un largo repaso a todos sus ministros… En cualquier caso, me abstendré de hacer valoraciones ideológicas porque bien es sabido que este señor está en las antípodas de mis opiniones y no es la idea de este post hacer un debate ideológico.
Sin embargo (y mira que me duele decir esto), hay que reconocerle al señor Vidal que su entrega funciona mucho mejor como tebeo que la del Sr. Sopena. Hay más agilidad en los textos, hay más intento de generar escenas y secuencias, de usar realmente el lenguaje de la historieta. No existe esa obsesión por la cita del dato (¡Claro!,¡Se los inventa! uichs, perdón, se mha escapao-) y más por cierta ironía, muy sui géneris y para inconcionales, pero ironía al fin y al cabo. Según explica el guionista en el prólogo, una de sus grandes ilusiones era haber hecho guiones de historieta y parece que ese anhelo juvenil se ha traducido en ese mejor uso de los recursos de la narración gráfica. No es que sean para echar cohetes, pero el resultado es más digerible, desde el punto de vista de la fluidez de lectura, que la plúmbea reiteración de su contrapartida marianista. Franfer puede dedicarse un poco más a desarrollar la narrativa y solventa la papeleta con indudable oficio.
En cualquier caso, confirmo que es una excelente iniciativa del Grup 62, que espero se repita en el futuro… pero con una mejor elección de guionistas, por favor (o contratando a estos señores como argumentistas, pero que el guión lo desarrolle un profesional).
Me voy a lavar los ojos con Ajax Pino un rato…

El Rajoy de Enric Sopena

Tenía yo curiosidad por leer las versiones españolas de La cara oculta de Sarkozyque edita Grup 62, dedicadas, en decisión salomónica, tanto a Zapatero como a Rajoy. La primera escrita por César Vidal y la segunda por Enric Sopena. Como hay que comenzar la lectura por alguna de las dos, aplico la coherencia ideológica y comienzo por leer La Esppaña de Rajoy, por aquello de que supuestamente está dirigido a los lectores de izquierdas para poner en solfa la figura del líder popular. Una razón que en mi caso se puede aplicar, pero a la que añado dos de cosecha propia, a saber, que el Sr. César Vidal me produce una molestia alergia y mi filia por el dibujante David Ramírez.
Zanjada la elección de la primera de las lecturas.
Ahora bien, una vez leído…¿Cómo enfocar el juicio que me merecen? Las especiales características de los libros hacen necesarias, a mi entender, dos reflexiones.
esppana.jpgLa primera, digamos sociológica, sobre la evidente necesidad de este tipo de iniciativas. Que la historieta adquiera entidad suficiente como para ser elegida como medio de debate en unas elecciones generales es una prueba más de hasta qué punto ha sobrepasado largamente el tratamiento peyorativo de otras épocas. Pese al lamentable prólogo de Enric Sopena, en el que poco más o menos intenta justificar el uso de la historieta en términos de quien cree que se ha degradado, lo cierto es que este tebeo y su contrapartida pueden tener una importante repercusión social, permitiendo que la historieta obtenga ya de forma plena esa imagen de normalidad que siempre hemos reivindicado. Los resultados pueden ser más o menos afortunados, pero lo importante en este caso es el efecto de arrastre de la iniciativa y la extrapolación de a historieta como medio más allá de la ficción. Ver tebeos tratando temas como éste demuestran la potencialidad del medio como transmisor de ideas, que permite el uso de unos recursos impensables en el ensayo literario, potenciando la comunicación aprovechando la indudable capacidad pedagógica del medio.
Desde ese punto de vista, la evaluación de los resultados del libro dependerán, obviamente, de la capacidad de transmisión del mensaje y de la realización de los objetivos buscados con el tebeo. Dejando de lado las cuestiones ideológicas, en las que se estará más o menos de acuerdo según la ideología del lector (aunque, sinceramente, presentar a ZP como Dios y a Azanar como el diablo me parece bastante simplón), La Esppaña de Rajoy, tiene dos problemas fundamentales: en primer lugar, y el más importante, el desconocimiento profundo del lenguaje de la historieta que demuestra Sopena. Ha intentado realizar un exhaustivo retrato del líder popular, evidenciando todas sus incoherencias mediante catalogación pormenorizada de todas sus intervenciones, lo que se traduce en un exceso de secuencias recargadas de datos y textos que sobrecargan las viñetas, enterrando y dejando casi atado de pies y manos al dibujante. El segundo problema deriva precisamente de ahí: siendo Ramírez un dibujante reconocible como pocos, aquí es prácticamente una sombra de sí mismo. Sepultado bajo interminables bocadillos y limitado gráficamente por la necesidad de hacer reconocibles a los personajes públicos, Ramírez se diluye por completo en un trabajo donde apenas puede expresar su oficio. El dibujante que siempre ha destacado por la expresividad de sus dibujos y su facilidad para el gag parece arrastrado por una corriente que le es ajena y que le obliga a encorsetarse en esquemas donde no está a gusto. Hay un impresionante trabajo para conseguir caricaturizar a toda la plana política española, pero que naufraga en su globalidad. Si Sopena hubiese dado más libertad al dibujante, centrándose en algunos temas nada más y no queriendo demostrar una enciclopédica lista de agravios de Rajoy, el resultado hubiese sido mucho más interesante. De hecho, sólo debería haberse fijado en la experiencia de La cara oculta de Sarkozy para saber qué camino seguir.
El resultado se hace, al final, pesado de leer, excesivamente monopolizado por los datos y textos, olvidando el ejercicio de la sátira que tan buen resultado da siempre en el debate político. Un pecado mayor teniendo a los lápices a uno de nuestros mejores dibujantes satíricos.
Ahora, a por el de César Vidal… (¿dónde he puesto los antihistamínicos?):P