Los cómics llegan a la galería de arte

Nota de prensa:
Nuevamente, coincidiendo con el SALÓN DEL CÓMIC, FICOMIC lleva el cómic a la galería de arte. De esta manera se presenta el noveno arte ante un público diferente al habitual. Por segunda vez será la Galería Saavedra (Enric Granados, 97. 08008 Barcelona) el lugar dónde se podrá visitar una exposición protagonizada por originales de cómics con obras de Tim Sale, Salvador Larroca, Pasqual Ferry y Carlos Pacheco, cuyo comisario es Jaume Vidal.

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Libros para niños

Con motivo de la aparición de Mamut, comentaba la necesidad perentoria de tener tebeos para niños. Es curioso que un medio que nace ligado los lectores infantiles y que, por eso, ha sido tildado tradicionalmente de infantil, sufra hoy una preocupante falta de obras dirigidas a los más pequeños. Y no digamos nada si los elegidos son los niños más pequeños, aquellos que todavía no saben leer.
Paradójicamente, la historieta tiene dificultades para abrirse paso entre la abrumadora oferta de literatura infantil, pero eso no significa que existan interesantes y sugerentes opciones, como la recientemente publicada Tom y el pájaro, de Patrick Lenz, editada por Los libros del Zorro Rojo. una historia dirigida a los niños que todavía no saben leer pero que ya son capaces de entender el lenguaje de la secuencia gráfica. Lenz construye una bella historia, tan sencilla como tierna, pero que consigue trasladar una idea tan compleja y difícil como la libertad. Una labor nada baladí: simplificar una idea tan abstracta como es la libertad para un niño que apenas ha comenzado a hablar y a entender la existencia conceptos abstractos, que apenas distingue entre bien y mal, es un trabajo que supone una gran capacidad didáctica y una sensibilidad especial.
Un libro precioso, pero que introduce además al niño en el lenguaje de la historieta. Un lenguaje natural, pero que precisa, obviamente, de un pequeño aprendizaje.

Nuevo fanzine: Pez

Pez es un nuevo fanzine, con versión en papel y en formato pdf, que pretende reflexionar sobre el fenómeno fanzinero y su relación con otros medios de expresión como internet, el arte callejero, el arte postal, etc.
Así mismo se busca que el medio sea también un vehículo estético y artístico con contenidos de creación en literatura, fotografía, ilustración y cómic. Su edición es aperiódica.
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Ed y Robert

Si tuviera que señalar acusadoramente a los dos mejores escritores de género superheroico de la actualidad, no me temblaría el dedo ni una fracción de segundo: Ed Brubaker y Robert Kirkman. Dos autores que demuestran reiteradamente que género no está reñido con calidad y que comparten varias características: la primera y obvia, un dominio del oficio. Cuando se lee una obra de cualquiera de estos dos escritores, es un placer encontrarse con guiones elaborados, que saben desarrollar historias y personajes, que tienen diálogos brillantes y que van mucho más allá de la estructura simplona que repite el 90% de los tebeos industriales. La segunda, quizás menos evidente, el profundísimo conocimiento de la historia del género, que se plasma en detalles aparentemente insustanciales, pero que permiten que sus historias muestren un respeto al género que no se había visto antes. La tercera, aparentemente contradictoria con la anterior, su clara vocación de renovación constante del género. Y recalco lo de “aparentemente”, porque sus propuestas de cambio, si bien siguen caminos diferenciados, parten de ese respeto reverencial a los personajes que he comentado.
Hablemos de cada uno por separado:
Robert Kirkman, el escritor de obras tan obligadas como Los Muertos Vivientes o Invencible, es uno de los pocos autores que ha entendido perfectamente el mensaje de Stan Lee. En los años 60, Lee tuvo una perspicacia única al entender que el género, constreñido por las limitaciones del Comics Code, estaba en una agónica vía sin salida, y planteó un inteligente viraje: humanizó a los superhéroes. Los personajes, convertidos en dioses ridículos, bajaban a la calle y se enfrentaban a problemas mundanos, consiguiendo un automático reconocimiento de los lectores. Hoy, ya casi a punto de cumplir la primera década del siglo XXI, Kirkman ha usado exactamente la misma estrategia. Sin embargo, mientras otros autores han usado esa estrategia intentado hacer el género adulto a base de confundir de nuevo madurez con sexo y violencia, Kirkman ha renovado el género volviendo a ese lector más joven y buscando cuáles son sus inquietudes. Humaniza de nuevo al superhéroe, pero lo hace en los términos actuales. Sirva como perfecto ejemplo Invencible, una revisión casi perfecta de Spiderman en términos modernos, donde la moraleja de la responsabilidad que otorga el poder, ese concepto casi militar nacido de la guerra fría, es visto con distancia por los jóvenes y cambia radicalmente: el poder es ahora un don que se vive con alegría no con amargura. Es algo con lo que jugar y divertirse, como una especie de agraciada lotería, en un planteamiento más superficial, si se quiere, pero que es hábilmente dirigido por Kirkman para ir desgranando el desarrollo de la madurez de su personaje. Otro excelente ejemplo es El incorregible Hombre Hormiga, recientemente publicado por Panini y que muestra un héroe que repite en cierta medida el esquema de Invencible: no hay una atormentada asunción del poder (en este caso, el de volverse pequeño), sino un viaje de descubrimiento, en el que las ventajas del poder, más que para poder defender la verdad y a los débiles, están dirigidas a poder ligar con las chicas o poder infiltrarse en un vestuario femenino. A diferencia de Invencible, Kirkman opta aquí por un tono desenfadado que tiene muchos puntos de conexión con los tebeos de Giffen y DeMatteis, con largos (y divertidos) diálogos que van definiendo al personaje poco a poco. Y, como buen conocedor del Universo Marvel, lo hace con multitud de guiños y referencias al lector más veterano, pero sin perder un ápice de frescura. Phil Hester no es Ryan Ottley, pero cumple sobradamente. No es una obra maestra, no es un tebeo para los altares, pero está a años luz de lo que se está publicando actualmente y, tras leer el primer volumen de la serie, uno se queda con ganas de más, lo que no se puede decir de muchas series actuales. (2)

Ed Brubaker, por su parte, entiende la renovación del género desde la fusión. Al igual que Moore hace veinte años, el guionista de Sleeper o Capitán América ha sabido ver que el género no es una finca cerrada y vallada, sino un medio para contar historias que no tiene reglas fijas o marcadas. Que puede contaminarse, mezclarse, fundirse o mutar sin que pierda calidad ni sentido. Y lo demuestra con hechos, desde su clara predilección por el género negro y policiaco, que da lugar a obras tan estimables como Gotham Central o Catwoman, hasta su vibrante apuesta por el género de espías con inevitables tintes negros, como ha demostrado en Capitán América o Sleeper. Sin olvidar, por supuesto, el drama carcelario que borda en el primer arco argumental de Daredevil, consiguiendo sacar lo mejor del personaje desde que Miller lo dejara, superando incluso la interesante etapa de Ann Nocenti.

Y, para el salón, Norma publica en un único volumen su paso por The Authority, por debajo de las anteriormente citadas, pero que no deja de mostrar elementos interesantes. Mientras que su antecesor, Robbie Morrison, intentó en vano desarrollar la teoría del superhéroe-dios del Miracleman de Alan Moore que iniciara Mark Millar, Brubaker plantea un giro muchísimo más interesante, en el que el supergrupo descubre que las utopías son simplemente utopías y que debe volver a su postura inicial. Una opción lógica ya no desde la coherencia argumental, sino desde la propia comercial: se quiere desarrollar una serie de este tipo, el planteamiento de Moore es un callejón sin salida a corto plazo. Y, con oficio y buen hacer, deshace todo lo hecho hasta ahora en una historia entretenida, bien llevada, vibrante y con ideas. Los personajes dejan de ser estereotipos, el guión es complejo y bien estructurado, con sorpresas, giros inesperados y un ritmo envidiable. Brubaker sabe que no está haciendo su obra personal, sino un tebeo de encargo, pero eso no le resta un gramo de profesionalidad, creando una historia que cumple los mínimos exigibles a cualquier medio de evasión: que nos haga pasar un buen rato. ¿Qué más se puede pedir? (1+)
Dos autores extraordinarios, que incluso en horas bajas consiguen tebeos recomendabilísimos.