Hambre

Hay quien dice que la visión de la guerra civil de Carlos Giménez es maniquea y partidaria. Que es una aproximación sesgada por su ideología y que no tiene en cuenta todas las versiones. Es una opinión, respetable desde luego, pero que creo equivoca totalmente lo que es 36-39 Malos tiempos. Cuando Carlos Giménez habla de la guerra no está haciendo historia. Los dos álbumes aparecidos hasta el momento no son un reflejo riguroso e historicista de lo acontecido en esa terrible guerra. Ni siquiera es, si se me apura, un ajuste de cuentas con aquellos que lanzaron a media España contra la otra media.
No, no estamos ante lo que Carlos piensa de la Guerra Civil. Eso lo tiene muy claro, sabe quiénes fueron los hijos de puta que comenzaron la guerra, los verdaderos culpables, pero no tiene ningún interés en demostrarlo ni en discutir sobre ello.
No, Carlos no está haciendo nada de eso. Carlos está hablando de lo que no sale en los libros de historia. Nos está contando una historia de dolor, de hambre y de muerte. De cómo viven la guerra los que la sufren, los que corren bajo las bombas. Bombas que caían sobre personas, que no sabían de ideologías, que destrozaban igual a unos y a otros. Es una visión inmisericorde hacia la guerra, que sólo admite una lectura: el horror de la puta guerra.
Y es un objetivo que, quizás, queda todavía más claro en este segundo volumen, que se centra ya en esa familia que sufre la guerra en un Madrid sitiado. Es un álbum que habla de miedo y de hambre. De hombres, mujeres y niños a los que les importaba ya muy poco cuál era la razón por la que les lanzaban bombas o morían sus padres, hijos o hermanos, porque sólo tenían un pensamiento: el hambre. Omnipresente en todas las páginas, dolorosa.
Siempre ha sido difícil mantener la mirada a los niños que dibuja Carlos. Pero ahora es directamente imposible. Sus ojos ya no esconden sufrimiento, son un espejo de desesperación y de dolor. Niños raquíticos que cogen hierbas del campo para poder llevarse algo a la boca. Madres que ya no saben con qué alimentar a sus hijos, como Lucía, que aunque apenas sabe escribir su nombre, tiene claro que el discurso político que lanza su marido no le sirve para que sus niños no tengan hambre. Que por mucho que las ideas sean importantes, ella sabe que valen más hijos sin honra que honra sin hijos.
Carlos dibuja con rabia, con indignación hacia la guerra y sus secuelas, trasladando al lector esa rabia en forma de puñetazos en el estómago. Directos, sin concesiones. No deja espacio a la respuesta, como esa magistral página donde muestra el efecto de un bombardeo, donde es capaz de trasladar al lector el dolor, el miedo, la desesperación con un realismo tan terrible que nos quita la respiración. Su argumentación es tan contundente que nos quita las palabras de la boca. Tenemos que bajar la cabeza y asentir con él que no hay historia que valga. Que la guerra, la puta guerra, es siempre una mierda.
Y, por si fuera poco, por si no tuviéramos suficiente ya, termina su álbum con la historia de Sito. Unas pocas páginas que nos hablan de una familia de derechas, de toda la vida, que también sufrió la guerra. Que nos cuentan, de nuevo, que el dolor fue para todos, pero que irá poco a poco cambiando hasta llegar a un dramático final visceral, violento, que nos deja congelados, ateridos de un frío que nos sube por la columna como una espada. Algunos dirán que Sito es una exageración melodramática y sensiblera.
Mentira.
Lo que ha ocurrido es que Carlos nos ha dado una bofetada y nos ha dolido, nos ha dolido mucho, lo suficiente como para llorar de rabia e impotencia.
Y nos da miedo reconocer nuestra debilidad. La escondemos echándole la culpa al autor, poniéndonos altivos e inventando mil teorías: que este hombre ya está mayor, que si es muy lacrimógeno…
Pero es mentira.
Carlos nos ha hecho daño porque nos ha descarnado la guerra. Nos ha hecho sentir por un momento lo mismo que sintieron aquellos que pasaban hambre y miserias.
Y eso jode. Mucho.
Una obra magistral, que vuelve a recordarnos porqué Carlos Gimenez es el mejor autor de historieta de este país. (5)