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En “Drowning by numbers”, Peter Greenaway planteaba un hipnótico escenario en el que los números inundaban, literalmente, la pantalla. Como en los juegos a los que se dedicaban las tres protagonistas, el espectador se veía pronto contagiado por algo tan simple como contar de uno a cien. En cualquier esquina, en un primer plano, en una conversación… la búsqueda de la serie de números se convertía en un juego interactivo que lanzaba al espectador a un argumento paralelo en el que todo se amalgamaba en una experiencia distinta.
En cierta medida, Thomas Ott plantea en El número 73304-23-4153-6-96-8 un juego muy similar al espectador, una historia en la que el argumento se ve pronto abducido por el reto matemático, intercambiándose y diluyéndose entre sí en una experiencia interactiva, donde el lector busca casi con más avidez que el protagonista dónde estará la siguiente sorpresa numérica. Pero Thomas Ott va mucho más allá del artificio formal: está tejiendo una compleja telaraña para atrapar al lector, llevándole a una sorprendente conclusión. Su propuesta formal tiene por tanto un oscuro sentido, algo kafkiano si se quiere, que recuerda en cierta medida a esas inquietantes historias de Metal Hurlant de Caro y Jeunet.
Una historia cuya eficacia se ve amplificada por la elección estética de Ott. Sus historias, siempre mudas, se inspiran claramente en los grabados de los “wordless books” Lynd Ward, usando el claroscuro para conseguir la máxima expresividad e impacto en sus páginas. Apenas unas pocas viñetas, pero siempre medidas para obtener la mayor fuerza plástica, pero también para provocar en el lector una sensación constante de inquietud y desasosiego.
Un libro muy recomendable, con una exquisita edición de La Cúpula. (3)