Premio para Emile Bravo (y entrevista)

Emile Bravo ha recibido el Premio de las librerías especializadas 2008 por Le journal d’un ingénu, su esplendida visión de las aventuras de Spirou (que editará Planeta en España). Una excelente noticia que se puede ampliar con la completa entrevista que se publica en Klare lijn international, donde el autor anuncia una posible segunda entrega de aventuras de Spirou (¡bien!) y el esperadísimio sexto álbum de Julien (¡requetebien!).

Féminin

Toca lectura afrancesada y coinciden en la lista tres tebeos de mujeres. Tres tebeos que me llegan por la siempre importante recomendación de los esenciales de Angouleme, selección que tiene la virtud de decepcionar en muy pocas ocasiones. Y tres tebeos que, curiosamente, mantienen fuertes paralelismos con otras obras anteriores.
Comienzo la lectura por Mourir partir revenir, le jeu des hirondelles, de Zeina Abirached, una joven ilustradora libanesa que tras la reconocida [Beyrouth] Catharsis, ha conseguido una importante repercusión con esta segunda obra. A priori, una candidata perfecta a ser nominada como clon perfecto de Persépolis: autora libanesa viviendo en Francia que desarrolla una obra autobiográfica en blanco y negro sobre su niñez en Beirut. Una primera sensación que se agudiza al comprobar, en una rápida hojeada, que el estilo gráfico parece clónico del de Satrapi. Así que debo reconocer que afronto la lectura con ánimo bajo, pensando en que voy a encontrarme una obra seguidista de modas al estilo de las de Katherin de Villiers o Johanna. Sin embargo, los prejuicios van cayendo rápidamente: pese a que existe, es indudable, una profunda similitud argumental, las diferencias estilísticas y narrativas se van acentuando a medida que avanza la obra. Marjane Satrapi está en deuda permanente con David B y tanto su estilo como recursos narrativos son referidos continuamente a la obra de este autor. Sin embargo, Zeina Abirechad proviene claramente de la ilustración y de la animación y sus planteamientos estéticos y narrativos son profundamente diferentes. Su estilo gráfico es una aparente evolución de la ilustración clásica musulmana de los s. X y XI (un efecto que también utiliza en algunos momentos Satrapi), pero combinada con recursos narrativos actuales, derivados en muchos casos de la ilustración. Su composición de página crea motivos geométricos de indudable belleza, utilizando la propia estructura de la página como elemento gráfico más, en un evidente trasvase de la ilustración de corte más narrativo o jugando con viñetas de estructura repetitiva para marcar los ritmos de lectura. Una elección gráfica que se demuestra como muy acertada tanto para la parte inicial del libro, casi didáctica, en la que se nos cuenta las dificultades del día a día de la vida en una ciudad sitiada por los francotiradores; como para la segunda parte, más opresiva y cerrada, en la que se centra en la angustia de la espera tras un bombardeo. No hay, a diferencia de la obra de Satrapi, un espíritu tan crítico y reflexivo, sino un intento más descriptivo de la terrible realidad del Libano inmerso en una guerra civil, lo que marca en cierta medida todavía más las distancias entre las dos obras. Sin embargo, en el continuado uso de nuevos recursos narrativos de la ilustración, Abirached pierde en algunos momentos el pulso: la repetición constante de viñetas se alarga excesivamente y rompe la necesaria tensión dramática, despegando al lector del libro en algunos episodios. Una obra que arriesga y busca contar una historia distinta y que, pese a los errores e irregularidades, mantiene un tono interesante (2-). [Podéis ver unas páginas en la web de la editorial Cambourakis]
La segunda lectura, el flamante premio al autor revelación: L’Elephant, de Isabelle Pralong. Una obra que trata el enfrentamiento de una mujer a la figura de su padre, que reaparece en su vida postrado en la cama de un hospital, en estado terminal. Argumentalmente, las concomitancias con la impresionante Faire semblant c’est mentir, de Domenique Goblet son evidentes: desde el propio planteamiento de la relación padre-hija hasta las relaciones derivadas de la hija hacia sus propios hijos. Una similitud que se prolonga al aspecto gráfico: el expresionismo radical de Goblet es seguido fielmente por Isabelle Pralong, centrándose quizás más en un dibujo que busca dejar caer toda la expresividad en las miradas. Ojos gigantes que intentan catalizar toda la fuerza expresiva del dibujo, alternándose con composiciones de escena que protagonizan algunos de los momentos del álbum. Sin embargo, Pralong no consigue conectar con el lector con la fuerza necesaria. Mientas que Goblet parece inyectar una conexión profunda con nuestros sentimientos desde la primera página, L’Elephant tarda en arrancar y nunca logra esa comunión lector-autor que alcanza Faire semblant c’est mentir. Ha ideas interesantes, momentos gráficos de indiscutible atractivo, pero es inevitable una comparación de la que es imposible salir victoriosa. Seguramente, si no hubiese leído antes la obra de Goblet, mi consideración sería mucho más indulgente, pero no se puede obviar la cadencia secuencial en las lecturas, me temo. (1+)
Y por último, la sorpresa absoluta: Le Poulet du dimanche, de Sylvie Fontaine. Un álbum del que no tenía ninguna referencia y que llegó a mi columna de lecturas por el simple impulso de una portada. Lo vi en una librería (esos sitios malditos que tienen tebeos en lenguas bárbaras) y su portada me atrajo poderosamente: un aire a Dave Cooper fue suficiente para cogerlo sin ni siquiera ojearlo un poco. Cosa rara en mí, la verdad.

Bendito impulso. Porque acabo de encontrar una autora que me ha fascinado profundamente gracias a historias de libertad e imaginación total. Le Poulet du dimanche está organizado en historias cortas, de una o dos páginas como mucho, mudas, donde la autora plasma ideas y conceptos en forma de mutaciones continuadas. Toma a dos personas y traduce sus pensamientos en un continuo de transformaciones, de alteraciones de forma y espacio que consiguen, paradójicamente, articular discursos de coherencia casi poética. Nada más ver las primeras historias, es imposible no recordar a OPS, las tiras de Barbé o las ilustraciones de Moebius que presentan imágenes en mutación. Pero Fontaine va mucho más allá: en las primeras páginas, consigue entroncar sus transformaciones con un repaso a diferentes estilos artísticos abstractos, llegando a un punto al que difícilmente han llegado muchos pintores: dar una explicación a un estilo. De repente, el expresionismo deja paso al fauvismo, Fernand Leger a Dalí y de ahí a Henry Moore… Cada estilo es elegido para representar una forma de comunicación entre dos personas, del olvido a la pasión, del odio a la indiferencia. La férrea estructura de 4 o 6 viñetas por página se diluye ante nuestros ojos para dotar a las imágenes de movimiento, de una fluctuación persistente en el tiempo. Como en las ilusiones visuales, la elipsis entre viñetas parece desaparecer para reconvertirse en continuo cambiante. Y mientras, la autora va lanzando sus dardos: su grafismo es un mantra hipnótico con el que nos retiene para atacarnos con reflexiones sobre las relaciones humanas, duras, lapidarias en algunos casos, que rara vez dejan lugar a la ternura. Un álbum recomendabilísimo (y que se puede leer sin problemas habida cuenta de ser mudo). (3+) [Podéis ver una historia en el PDF promocional y en la página web de Tanabis].
Tres álbumes muy distintos, pero que tienen en común su autoría femenina ¿Veremos alguno de los tres en castellano? En principio la obra de Zeina Abirached será publicada por sin sentido, pero el resto…