Absurdo katchoriano

Las historietas de Ben Katchor son diferentes.
Corrijo.
El mundo de Ben Katchor es diferente. Totalmente diferente. Habita en una especie de dimensión paralela, copia exacta del nuestro, pero donde las reglas que conocemos parecen no ser aplicables. Es un mundo que reconocemos como real, pero como en esas ilusiones visuales de Escher, a poco que nos detengamos a estudiarlo encontramos pequeños detalles incongruentes. Son anacronismos extraños, retazos de realidad que huyen y se tornan surreales en una estructura microscópica sin lógica que, paradójicamente, consigue recrear una imagen de realidad. Y sólo Julius Knipl, su alter ego, un fotógrafo al que jamás veremos tomar una foto, es capaz de sacar a la luz esos desatinos de la lógica.
Un mundo sin normas internas al que Katchor intenta poner lindes con una férrea composición, de dos tiras de cuatro viñetas, pero que no deja de esconder a su vez, cual fractal, una ruptura interna: las viñetas superiores van decreciendo de anchura mientras que las inferiores aumentan, de tal forma que nunca coinciden entre sí. La cuadrícula, la estructura más simple, parece nunca alcanzarse, rota. Al igual que esos textos siempre inclinados, creando una especie de geometría antinatural que deja siempre al lector descolocado.
Se podría pensar que dejar a su protagonista para contar la sorprendente historia de Mordecai Noah suponía que Katchor abandonara su retiro y entrase en el mundo real. Y, a simple vista, de nuevo, parece que es así. Vemos páginas con composiciones distintas, personajes diferentes y una época distinta. Pero, en el fondo, Katchor sólo nos demuestra que su mundo es un caleidoscopio, que sólo con girarlo un poco nos dará una imagen completamente diferente de los mismos papelitos de colores.
Para contar la historia del hombre que intentó crear un estado judío en Búfalo a finales del siglo XIX, Katchor comenzará un impresionante rodeo, que le irá llevando de personaje en personaje, en una estructura carveriana que adopta con sorprendente habilidad para ir contando historias paralelas. A primera vista, evita la historia central, pero pronto nos vamos dando cuenta de que está creando una especie de molde de historias, que van delimitando y cercando su objetivo final. Cada historia, cada personaje es un papel enyesado que se va colocando delicadamente para conseguir una figura sin forma, incierta. Una figura que nos deja extrañados tras pasar la última página, que nos obliga a seguir pensando en lo que hemos visto para que suceda el milagro: que el molde se vaya deshaciendo poco a poco para dar lugar a una historia que estaba escondida, completamente invisible. Y es cuando entendemos que el autor de Julius Knipl no se ha movido ni un milímetro de su posición inicial: encontramos que la estructura de dos tiras de cuatros viñetas asimétricas está ahí, escoltando nuevas estructuras que se van repitiendo de forma cíclica. Volvemos a ver esos textos inclinados, que parecen querer caerse de sus bocadillos. Y es entonces cuando de nuevo vemos Nueva York, cien años antes, pero escondiendo ya los ingredientes de lo que después Knipl encontrará en su vagabundeo por las calles de la ciudad. Vemos que el absurdo, que lo increíble, ya estaba en los cimientos de la ciudad y que Katchor, sólo se dedica a pasar su cepillo de arqueólogo para dejarlo a la vista.
Quizás Un judío de Nueva York no sea la mejor manera de entrar en el universo de Katchor. Es posible que el golpe sea demasiado fuerte y nuestra psique se niegue a entrar en dimensiones que no conoce. Quizás sería necesario darse un paseo antes por Beckett, Calvino o Borges. O dejarse llevar por la peor banda del mundo del portugués José Carlos Fernandes, su discípulo más aventajado. O quizás, como cuando entramos en el agua de mar, sea mejor tirarse en plancha y sentir como el frío del agua nos llega hasta la médula.
Ustedes deciden. Pero no dejen pasar la oportunidad de leer a Ben Katchor. (4)

Imaginadores, en Cinema Jove

Dentro de la programación del festival Cinema Joven, el próximo martes 24 de Junio, a las 22:30, se proyecta en el Centro Cultural Bancaja de valencia (plaza Tetuán) el filme Imaginadores, de Daniela Anastasia Fiore.
El largometraje documental «Imaginadores», propone un recorrido por el universo de la historieta argentina desde una visión propia del lenguaje del cómic. «Imaginadores» no sólo aborda el género documental en sí mismo sino que también apuesta a la animación tradicional otorgándole voz y movimiento a personajes clásicos de la historieta argentina que hasta ahora han permanecido estáticos.
Más información, en la web de Cinema Jove.