La crítica

Maldita la crítica que no sea subjetiva, porque no será crítica: será, en todo caso, descripción. Un crítico tiene que tener filias, fobias y prejuicios, porque esa será la salsa de su estilo. Y un crítico sin estilo no es nada. También creo que un buen crítico debería tener un baremo flexible: no sirve el patrón Dreyer para hablar de una comedia de Will Ferrell.

Jordi Costa en Blogdecine.

[Aplausos]
Una frase inspirada y que suscribo al 100%. El resto de la entrevista no es menos jugosa. Lógico cuando el que habla dice las cosas claras y siempre con inteligencia.

El diario de un ingenuo

Emile Bravo es un autor discreto. Pese a que generacional y personalmente está ligado al que es sin duda el grupo más prolífico que ha tenido el tebeo francés, el Atelier Nawak de Sfar, Trondheim, Blain y David B., ni su producción ha sido tan copiosa ni su nombre es tan conocido para el gran público como el de sus compañeros. De hecho, en casi 20 años de trabajo apenas una docena de álbumes han salido de sus manos.
Pero qué álbumes, señores, qué álbumes.
Nunca fue más verdad aquello de que más vale calidad que cantidad, porque la obra de Bravo es un seguido de aciertos y de pequeñas joyas del noveno arte. Comenzando por la serie Una aventura epatante de Jules, una de las mejores series juveniles que servidor recuerde: inteligente, original, ingeniosa…, siguiendo por Aleksis Strogonov o sus maravillosas historias cortas para La Ferraille Ilustree y terminando con esa joya que es Mi mama está en América. Por desgracia, pese a lo escaso de su obra, su publicación en España ha sido mínima, apenas restringida a unas cuantas (y magistrales) historietas cortas en El Manglar y dos álbumes, el primero de Jules (Brosquil Edicions) y Mi mamá está en América (Ponent Mon). Ni siquiera su ascendencia española ha servido para que su obra se publique aquí.
Pero no todo iban a ser sinsabores: su participación en la serie Une aventure de Spirou y Fantasio par… permitirá poder leer en castellano (cortesía de Planeta DeAgostini) su última y maravillosa obra : Le journal d’un ingenu.
Una obra que se retrae al origen del personaje de Rob-Vel e intenta ser el inicio nunca contado de este personaje, pero que finalmente desarrollará un fascinante y complejo análisis del proceso de maduración. No son pocos, en ese sentido, los paralelismos que encontraremos entre esta obra y su anterior experiencia con Regnaud, Mi mama está en América. Si en aquélla se plantea el sutil y delicado momento en que se pierde la infancia, en este álbum de Spirou asistiremos a ese momento que significa el fin de la adolescencia, la asunción de la madurez. Bravo lo escenifica, además, en una propuesta triple: por un lado, la maduración del adolescente a través de ritos de paso sociales: el primer trabajo o el primer beso, representados por Bravo con una sensibilidad exquisita, en la que es posible captar perfectamente los matices que diferencian la ingenuidad infantil de los primeros reflejos del incipiente adulto. En segundo lugar, por la cuestión histórica, que se enmarca un año después de comienzo de la serie, en 1939, y en los momentos previos a la invasión alemana de Polonia. Y por último, en un requiebro ya genial, en el aspecto ficcional, dotando a Spirou de un pasado coherente y lógico, en el que comprenderemos desde su vocación por la aventura hasta su amistad con Fantasio o las razones que hacen de Spip una ardilla pensante. Tres rutas que, lejos de ser dispares, no sólo corren en paralelo, sino que van entrelazándose hasta formar una única y vital historia. La ficción se aglutina a la realidad, formando una única línea de sorprendente verosimilitud: Spirou deja de ser una invención para ser parte de lo real. Comprenderemos su sempiterno uniforme de botones, se identificará con su época hasta el punto de desarrollar un genial paralelismo con el reportero del Petit Vingtiéme, con inspirados momentos que conectarán además al personaje de con el autor de Tintin. Es simplemente genial ver cómo Bravo resuelve de un plumazo las acusaciones de racista, fascista y colaboracionista que recibía Hergé con las propias incertidumbres y vacilaciones de un joven belga de esa época. Y, sobre todo, la pasión por la aventura tendrá un sentido, natural, que nace con una aplastante sencillez como resultado de pasar esa línea invisible entre lo adolescente y lo adulto.
Bravo realiza además un trabajo de mimetización contextual brillante. Su Journal d’un ingenu parte claramente de las estructuras narrativas del tebeo francobelga más clásico, en particular del Spirou de Franquin de los años 50, con más de 15 viñetas por página y muchos diálogos que permitían el desarrollo de mucha acción y líneas paralelas. Su estilo de dibujo, personal y reconocible, no impide atender a la evolución del personaje, con referentes tanto de RobVel como de Jijé y Franquin e incluso de los trabajos de Chaland.
Un álbum brillante que, además, es cerrado con un guiño tan atrevido como sorprendente, hereje si se quiere ante la tradición de la escuela de Marcinelle pero que, personalmente, me parece todo un homenaje al Franquin más zahiriente de las Ideas Negras y de Le Trombone Illustré. Un sacrílego atrevimiento que, con seguridad, hubiera provocado una gran carcajada en el autor más famoso de Spirou. (4)
Enlaces:
Avance de 8 páginas en la web de BDGest
Entrevista en Klarelijninternational.
Vídeos:

Trailer del álbum:

Entrevista con Emile Bravo: 1 2