Uno más uno no es igual a dos

La historieta es un arte complejo, malentendido siempre como la suma de dibujo y letras pero que, en realidad, va mucho más allá de una simple adición. Es la evolución máxima de la narración gráfica, un arte complejo donde el protagonismo de la narración visual es completo, muy por encima de la calidad individual de sus partes.
Como demostración de lo anterior sirva la adaptación a la historieta del cuento Coraline, de Neil Gaiman. A priori, los referentes no pueden ser mejores: el cuento del creador de Sandman es un maravilloso relato infantil, que parte de la obra de Lewis Carroll para desarrollar un cuento moderno, en el que el niño (niña en este caso) deja de ser un sujeto pasivo que sufre la acción para ser un protagonista activo y proactivo, siempre jugando con referentes de todo tipo y con una ambientación más oscura de la habitualmente encontrada en el mundo infantil, construyendo un maravilloso libro para niños. Y el dibujante elegido se cuenta como uno de esos genios del lápiz: P. Craig Russell. Un artista de estilo elegante, de trazo recargado pero limpio, que destila clase en cada una de sus viñetas y que ha sido de trasladar al papel la épica sobresaturada de las operas wagnerianas y que en Sandman firmo una bella incursión del señor de los sueños en el mundo de las mil y una noches.
Dos extraordinarios autores, que ya habían trabajado previamente con grandes resultados, una obra de calidad… parece una quiniela ganadora, ¿no?
Pues no.
Es evidente que Craig Russell hace un gran esfuerzo para adaptar el cuento de Gaiman, pero cuando terminamos de leer, hay una sensación agridulce, extraña: lo que hemos leído no es Coraline. El cuidado trabajo del dibujante no llega a transmitir ese mundo de ambigüedades, la terrible sensación de normalidad anómala que destila “la otra madre”, la opresión del mundo tras la puerta escondida. Es verdad que Russell tiene que lidiar con el omnipresente referente de las extraordinarias ilustraciones de Dave McKean, pero lo que debería ser un problema menor para un dibujante de su talla, se convierte en una losa imposible de retirar. A la adaptación de Coraline le falta esa atmósfera única que da McKean a los cuentos de Gaiman, le falta alma, encerrada en esa prisión gélida de la perfección de dibujo de Craig Russell.
Quizás, si no se ha leído el libro original, Coraline pueda pasar como una obra interesante, menor dentro de los tebeos del inglés. Pero si se ha caído antes en su magia, esta adaptación queda como una triste oportunidad perdida.
Una lástima (1).

Terrorífico

Puestos a hablar de disfrutes variados, me van a permitir unos momentos de descanso del tema principal del blog para hablar de un libro que me ha tocado la fibra sensible de otra mis grandes aficiones: el género de terror. En Terror Cinema, Juan Andrés Pedrero Santos hace un largo y amplio recorrido por la historia del cine de terror desde sus inicios hasta 1975, representado por el simbólico estreno de Tiburón, la excelente película de Spielberg. El autor hace un recorrido por el género a través de casi 90 películas, agrupadas bajo diferentes ítems geográfico-temporales-autorales. Desde los orígenes al cine de la Hammer pasando por los lógicos capítulos dedicados al cine de la Universal y sin olvidar las contribuciones japonesas, italianas o españolas (y con un obligado -y de agradecer- capítulo dedicado a Val Lewton). Pese a que cualquier organización de este tipo está sujeta a diferentes visiones subjetivas y críticas, hay que reconocerle a Pedrero un adecuado afán completista y descubridor de pequeñas joyas que suelen olvidarse en este tipo de antologías. En ese sentido me ha producido especial disfrute encontrar referencias a películas europeas como Häxan o Vampyr, auténticos pilares del género, así como a otras obras magistrales que no se suelen incluir dentro del género de terror, como Les diaboliques, de Clouzot, la inalcanzable La noche del cazador, de Laughton, El testamento de Dr. Cordelier, de Renoir o El fotógrafo del pánico, de Powell. A lo que hay que añadir que se acuerda de la extraña El Cebo, de Ladislao Vadja, más ligada al thriller pero que, personalmente, me parece una de las obras maestras del género.
A destacar la excepcional documentación gráfica manejada por el autor, que hace de la lectura del libro todo un ejercicio de entretenimiento y regocijo visual, con centenares de imágenes, en algunos casos completamente desconocidas.
De refrencia obligada para los aficionados al género. A ver si vemos algo lejanamente parecido dedicado al cómic de terror algún día… 

¡Recórcholis! Neil Gaiman en Batman

No le estaba prestando demasiada atención a la San Diego Comic Con, pero la noticia no puede ser más sugerente: Neil Gaiman escribirá una historia de Batman el año que viene. Según ha comentado Dan Didio, la historia llevará por título algo así como “¿Qué le sucedió al cruzado de la capa?”, en clara alusión a la famosa historia de Alan Moore sobre Superman, “¿Qué le sucedió al hombre del mañana?”.
La noticia es interesante, a priori, aunque hay que recordar que Gaiman suele dedicarle bastantes pocas energías a sus trabajos más alimenticios. Obras recientes como 1602 o Eternos han sido indudables éxitos de ventas, pero son absolutamente olvidables como tebeos, más teniendola calidad que este guionista ha demostrado en series como Sandman o en sus colaboraciones con Dave McKean.
En ese sentido, la verdad es que espero más bien poco (por no decir nada) de esta nueva incursión en el mainstream de este escritor, pero hay un punto que me produce cierta esperanza de encontrar a un Gaiman bien entonado: el que sea una obra post-Moore. Me explico: Gaiman ha demostrado tener un especial cuidado en aquellas obras que ha tomado a partir de la colaboración inicial de Alan Moore. Aunque sea un poco de refilón, no se puede obviar que Sandman existe gracias a los cambios que Moore propuso para La Cosa del Pantano (y que Gaiman ya había aplicado en Orquídea Negra), que su Miracleman, tomado justo en el punto que lo deja Moore, es realmente brillante y que el guión que realizó para Hellblazer, una creación de Moore, es extraordinario (posiblemente uno de los mejores de la serie). Quizás, y es sólo un suponer, el hecho de hacer una versión Batmaniana de la historia que Moore hizo para Superman hace que el guionista de Sandman vuelva a regalarnos con otro de sus mejores momentos.

Quién sabe. La solución, en unos meses.

La larga lista de los Premios Eisner 2008

La San Diego ComicCon (para más información, visitad Zona negativa y Entrecomics, que están haciendo un puntual repaso de toda la actualidad) toca a su fin y, como es tradición, se dan a conocer los premios Eisner de este año:

Mejor historia corta: Mr. Wonderful, de Dan Clowes
Mejor número o one shot: Justice League of America #11: “Walls”, de Brad Meltzer y Gene Ha (DC)
Mejor serie:
Y: The Last Man, de Brian K. Vaughan, Pia Guerra, y Jose Marzan, Jr. (Vertigo/DC)
Mejor serie limitada:
The Umbrella Academy, de Gerard Way y Gabriel Bá (Dark Horse)

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… y disfrutando (espero) en el futuro

Y aprovecho que estoy disfrutando con esos dos pedazos de libros para hacer un poco de adivino y prever con lo que disfrutaré en la primavera de 2009. La editorial Harry N. Abrams, que todavía me tiene babeando con el excelente Wordless Books: The Original Graphic Novels (reseña en breve), acaba de anunciar la creación del subsello ComicsArts, dirigido por Charles Kochman y dedicado a libros sobre historieta. Atentos a los primeros títulos anunciados: : The Art of Harvey Kurtzman: The Mad Genius of Comics, por Denis Kitchen y Paul Buhle; The Art of Jaime Hernandez: The Secrets of Life and Death, de Todd Hignite (con diseño de Jordan Crane e introducción de Alison Bechdel); Secret Identity: The Fetish Art of Superman’s Co-creator Joe Shuster, de Craig Yoe y Whatever Happened to the World of Tomorrow? , de Brian Fies, el autor de la aclamada Mom’s Cancer.
Casi ná, oigan, casi ná…

Disfrutando…

Oigan, y como un enano…
Primero, con Get Lost, la recopilación que acaba de editar Hermes Press de la versión que Ross Andru y Mike Esposito hicieron del MAD de Gaines en 1953. Tres números míticos que son la antesala de varias interesantes novedades que tiene esta editorial en cartera, como una nueva edición de Buck Rogers, la recopilación de las historietas que Will Eisner realizó para PS Magazine… ¡y un libro de pop-ups de zombies! :)

Y la segunda, el genial Strange and Stranger, The World of Steve Ditko, la completa y profusamente ilustrada biografía de este genio de la historieta que ha escrito Blake Bell. Lástima que sea casi imposible que aparezca un segundo volumen sólo con historietas, como pasó con la dedicada a Bernard Krigstein.
Aquí tenéis un avance en PDF del libro, su introducción y un video promocional, que podéis ver también un poco más abajo…

Más manga

Hay un libro que provocó en mí una verdadera pasión por la literatura japonesa: La escopeta de caza, de Yashushi Inoué. Había leído alguna cosa suelta antes, los cuentos de Ise, obras de autores instalados en Europa como Ishiguro, pero esta pequeña novela corta me impactó como pocas. Inoué contaba a partir de cuatro cartas, el relato de un adulterio. Era una narración sosegada, que hablaba con la reflexión que da el tiempo pasado, aportando cuatro visiones distintas de la misma situación: la del hombre, la hija que tuvo con su amante, su esposa y su amante. Apenas cien páginas que contenían la esencia del amor y del dolor, que me ayudaron a descubrir a Kenzaburo Oé, Yasunari Kawabata, Murasaki Shikibu, Haruki Murakami, Banana Yoshimoto, Ryonusuke Akutagawa, Yoko Ogawa o Junichiro Tanizaki.
Digo esto porque nada más comenzar a leer Love fragments Shangai, de Chaiko, me ha venido a la mente la obra de Inoué, motivando mi enésima relectura de este maravilloso libro. Una razón que, reconozco, ya de por sí me hace mirar la obra este autor chino de una manera más amable. Con toda la distancia que se deba poner entre este libro y aquella obra maestra, Love fragments comparte parcialmente su estructura, contando una misma historia de amor y desengaño desde diferentes perspectivas, apostando por una sencilla composición de página de tres grandes viñetas horizontales, animadas por una narrativa claramente cinematográfica y un estilo de dibujo elegante, claramente deudor de la ilustración publicitaria oriental. Participa también de esa actitud tranquila y un punto distante, en este caso tremendamente minimalista en los diálogos, que descargan sobre los números primeros planos la transmisión de sentimientos al lector. Un delicado envoltorio formal que no evita, sin embargo, cierta impostación en los planteamientos, excesivamente tópicos y forzados en algunos momentos y que se alza como el principal debe de la obra de Chaiko. En cualquier caso, un manhua que se aparta del tebeo romántico al uso, con una preciosista labor gráfica (excelente el uso del color) que puede hacer interesante su lectura (1).
Y, ya puestos a hablar de cosas niponas, sigo con el manga. Y sigo con esa vertiente historicista que tanto abunda en el tebeo japonés, con aproximaciones a la historia desde una perspectiva más cotidiana y didáctica. En esa línea, Relatos de un carbonero, Shigeyasu Takeno, entronca directamente con recientes obras que hemos podido leer en España como El árbol que da sombra, de Tezuka, Ikkyu, de Sakaguchi o muchas obras de Taniguchi, desde La época de Botchan a Seton. Una obra que, como se nos comenta en el epílogo, es una obra extraña, un debut de madurez por parte de su autor, ya pasada la cincuentena. Toma de partida la obra original de Toshikatsu Ue para contarnos la solitaria vida de su autor, un joven carbonero que lucha a día a día con la durísima tarea de fabricación del carbón bincho, una rica y energética variedad. Un hilo argumental que le permitirá una sorprendente variedad de acercamientos y reflexiones, que van desde la soledad y la relación con la naturaleza a hablar de las tradiciones populares japonesas, todo siempre impregnado de ese hálito pedagógico e instructivo antes comentado, que convierte la lectura de esta obra en una curiosa experiencia a medio camino entre el aprendizaje y la reflexión. Muy interesante (2+)

Espasa publica la novela gráfica de Deseo Oscuro

La editorial Espasa también publica tebeos, en este caso la versión en historieta de Deseo Oscuro, la famosa novela romántica de vampiros de Christine Feehan que Zid e Imaginary Friends Studios han adaptado con estilo amerimanga con bastante éxito en los USA. Podéis encontrar más información y una preview en Manga Comics by Christine Freehan.
El libro editado en España tiene una edición de bastante baja calidad, por lo que he podido ver, con bastante moiré.

Deseo Oscuro, de Christine Feehan, Zid e Imaginary Studios. Rústica. BN. PVP:10€
Unos cazadores furtivos atrapan a Riordan y le encierran en una jaula. Su deseo de venganza no tienelímites. Está al borde de la desesperación cuando le rescata la bella Juliette, una amante de los animales que no soporta verlos enjaulados.Riordan se queda como hechizadoal verla. La pesadilla se repite con Jasmine, la hermana de Juliette. Los dos tendrán que arriesgarlo todo para salvarla.
Christine Feehan lleva escritas más de treinta novelas, casi todas incluidas en la serie “Lo oscuro”, a la que pertenece este cómic. Ha recibido numerosos premios y sus novelas, de corte romántico, se han traducido a varios idiomas. En España se han publicado Oscura sinfonía, El príncipe oscuro, El oro oscuro, La magia oscura, El desafío oscuro y El fuego oscuro.

Ignorantes

Puede parecer un sinsentido, pero el manga en España sigue siendo un gran desconocido. Y no, no me refiero a la consideración que el público en general tiene del manga, con todos sus prejuicios e inopias, sino al conocimiento que los propios aficionados a la historieta tenemos del tebeo japonés. Es verdad que el manga arrasa en las listas de ventas y que copa las baldas de las librerías especializadas, pero apenas conocemos su historia, sus clásicos y sus obras maestras. Todos podemos citar un buen número de megaéxitos y archifamosos dibujantes japoneses, pero seguimos sin conocer más clásicos que a Osamu Tezuka o Rumiko Takahashi, estamos en la absoluta ignorancia de los autores menos comerciales, del fértil “underground” japonés que nació al amparo de la revista Garo. Nombres como Yoshihiro Tsuge, Shigeru Tamura, Seiichi Hayashi, Machiko Hasegawa, Sanpei Sato o Shigeru MIzuki siguen siendo ilustres desconocidos para el lector español. Aunque tampoco comencemos a fustigarnos demasiado rápido: aunque el refrán marque aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos”, la realidad es que las lagunas sobre el tebeo japonés son comunes en todo occidente. Afortunadamente, poco a poco se van dando pequeños pasos que, con suerte, veremos algún día por estos lares.
Vaya como anticipo el comentario de dos tebeos, muy diferentes entre sí, pero que coinciden en su origen en la generación Garo: El hombre sin talento, de Yoshiharu Tsuge y Red-Colored Elegy, de Seiichi Hayashi.
La obra de Tsuge, todo un clásico del gekiga, cuenta la historia del mangaka Sukezô Sukekawa, un autor de éxito que decide apartarse del mundo para dedicarse al arte del Suiseki, una disciplina que busca la belleza de las piedras naturales. En un pequeño puesto al lado del rio, Sukezô intenta vender las piedras que encuentra a unos turistas que lo ignoran. Es despreciado por su familia, que no entiende por qué tienen que vivir en la indigencia, por una sociedad que no entiende sus deseos e incluso por sí mismo, que se considera un fracasado. Un tebeo con gran cantidad de elementos autobiográficos (Tsuge padece depresión crónica y dejó el manga para abrir una tienda de cámaras fotográficas usadas) que supone una profunda reflexión sobre el arte, la creación y su inclusión en una sociedad de consumo. No hay juicios, sólo preguntas que van dejándose apenas esbozadas: ¿dónde está el arte en la industria? ¿es posible que exista arte dentro del entramado industrial?¿qué es lo que crea el artista? Sukezô/Tsuge rechazan de plano lo comercial, intentan desesperadamente encontrar la manera de ganar dinero de las formas más extravagantes, obviando siempre la forma más sencilla: dejarse llevar por la industria. Intentos vanos que el artista irá asumiendo como fracasos uno tras otro, como algo más que obstáculos en el camino. Son puertas que se van cerrando en su intento de poder vivir de aquello que le pide su corazón. Y con cada puerta, una esperanza que, en el fondo sabe imposible porque duda hasta de su propio arte. La elección del suiseki no es casual: ¿cuál es la tarea del artista en la elección de una piedra? El artista elige una forma caprichosa de la naturaleza pero, ¿hasta qué punto es él creador de algo? No es más que un mero intermediario entre las fuerzas de la naturaleza y un comprador, un simple interpretador que no aporta más que una idea a lo que ya está hecho. ¿Es el arte eso? ¿Realmente existe pues el arte?
Con la parsimonia habitual de la narración oriental, Tsuge nos introduce en un camino depresivo sin retorno, una visión pesimista y cruel que no admite que ilusiones y anhelos puedan tener un final feliz. Sentimientos que envuelven también al lector y que se contagian, obligando a una reflexión profunda sobre el propio sentido de la vida. Una obra maestra (5)
Por su parte Red-Colored Elegy de Seiichi Hayashi rompe por completo tanto en forma y fondo con la obra de Tsuge. Hayashi compone un poema visual sobre el amor, compuesto de pequeñas píldoras de cotidianeidad que van desgranando la esencia del amor. La historia de Ichiro y Sachiko, escrita entre 1970 y 1971, nace de una variada unión de influencias, que van desde los planteamientos realistas de la nouvelle vague francesa hasta la tradición de los haikus, combinándose en una forma distinta de poesía visual, en la que la página aporta un ritmo especial para unos dibujos apenas esbozados, en los que los personajes parecen apenas unos trazos livianos, de rostros sin rasgos que dejan toda la expresividad en el lenguaje de los cuerpos, obligados a narrar con sus posturas, con sus ademanes, haciendo que sus miembros formen líneas que llevan la vista como en un poema gráfico, en un hipnótico movimiento que nos hablará de la incomprensión de sus padres, de las dificultades de una joven pareja y, sobre todo, del amor, de su presencia en cada acto diario, desde un desayuno a un enfado, de una sonrisa al sexo. Pero es que, además, Hayashi se permite juegos con los referentes visuales de su época, incluyendo imágenes de animación, de publicidad, anclajes con la realidad que parecen elementos oníricos dentro de la existencia de los protagonistas. Una bellísima obra, delicada e insinuante, de sensibilidad exquisita. (4)

Dos obras soberbias que nos demuestran hasta qué punto somos ignorantes de las maravillas que el manga esconde para el público occidental. A ver si alguna editorial española se atreve con estas dos o con la deliciosa NonNonBa de Shigeru Mizuki.
Enlaces:
Avance de Red-Colored Elegy 

Más revistas desde latinoamérica

Y más revistas para descargar desde latinoamérica, una excelente oportunidad para conocer cuál es la realidad que se vive en países como Chile, Bolivia o Colombia, verdaderos desconocidos del mundo del tebeo en nuestro país.

Desde Bolivia, segundo número de PachamamaZombie:

Desde Chile, cuarto número de Blanco experimental

Desde Colombia, Vinagreta Garbo

Y, por supuesto, Corderitopatacomics desde Barcelona:

¿Qué sabes de editores de tebeos?

Curiosidad veraniega donde las haya: Mauro Entrialgo ha preparado un minipasatiempo de preguntas sobre editores de tebeos españoles para el videojuego Buzz! de la PS3. Para jugar, se puede acceder desde el propio juego, con toda la parafernalia propia o de él (sección “Mybuzz”, apartado “Cultura general”, subapartado “Cómics y diseño gráfico”) o bien de una forma más sencilla desde cualquier navegador, desde la web de MyBuzz.

Regreso al futuro

Si hay un autor que no deja de sorprenderme continuamente con sus propuestas narrativas, ése es Alex Robinson. Me acaba de llegar su última obra publicada en los USA, Too Cool to Be Forgotten y me vuelvo a quedar maravillado por la habilidad de este autor para buscar nuevas ideas y nuevas formas de expresar sus historias. En muchos casos, sus préstamos son sutiles variaciones de recursos pictóricos o de otras artes, pero siempre con una frescura e integración en la narración tan perfecta que sorprende casi como un hallazgo nuevo. En su nueva obra, Robinson entra en un terreno bien conocido, el del retorno al pasado que permita variar el futuro, una especie de revisión de Regreso al futuro de Zemeckis o, más bien, de versión americana de Barrio Lejano, esta vez en clave de fumador empedernido que debe buscar el primer momento en que cató un cigarrillo para poder dejar en el futuro su vicio. Una anécdota sencilla, que Robinson plantea directamente como una especie de largo sueño inducido por hipnosis que poco a poco se va convirtiendo en un sentimiento tan real que sustituye a la realidad. Y, a partir de ahí, una excelente y profunda reflexión sobre pasado y presente, sobre aquellas oportunidades que dejamos pasar y que nunca volverán. Un continuo de futuribles imposibles que Robinson maneja con pulso firme, sabiendo dosificar humor y reflexión a partes iguales, dejando que la historia fluya con naturalidad y consiguiendo que el lector llegue a asumirla como posible. Lentamente, aquella premisa inicial quedará sólo como una excusa para la verdadera intención del autor, que sobrepasará ese momento iniciático tabaquil para entrar en una situación mucho más compleja, de reivindicación de momentos robados.
A medida que avanza la obra, es verdad que existen muchos puntos de coincidencia con la obra de Taniguchi, sobre todo los derivados del planteamiento de un protagonista adulto en el cuerpo de un adolescente, pero no dejan de tener cierta lógica al partir de dos premisas argumentales tan similares. Sin embargo, el humor con que carga Robinson en muchos momentos sus planteamientos, cierta angustia vital más propia del underground americano y, sobre todo, el planteamiento narrativo, las separa como dos obras que, aunque similares, son valiosas cada una en su terreno. Sin llegar al nivel de su anterior obra, Estafados, Robinson demuestra un envidiable nivel medio de calidad y, sobre todo, un interés continuado por la investigación narrativa, de la que encontraremos momentos brillantes en este libro.
A ver si Astiberri (supongo) lo publica pronto en España (3).

Negra

He leído poco a Paco Ignacio Taibo II, demasiado poco. Y lo digo con un poco de vergüenza porque es un debe grave, más teniendo en cuenta que las dos recopilaciones de novelas de su serie del detective Héctor Belascoarán que he podido leer (Cosa Fácil y Sueños de Frontera) me parecieron libros sorprendentes y brillantes, con ese particular estilo socarrón de Taibo, pleno de referencias y detalles que hay que investigar en cada página. Una labor minuciosa que se hace más patente en su faceta de historiador, de la que he podido disfrutar gracias a su extraordinario libro sobre el Ché (obligatorio para los que tenemos/hemos tenido una larga relación con Cuba).
Quizás por eso me ha alegrado especialmente la publicación del primer volumen de Cuatro Manos, adaptación a la historieta de su novela de la mano del francés Améziane. Un libro que parte de una obvia dificultad: aunque Taibo tiene una amplia relación con el tebeo (entre sus múltiples ocupaciones ha estado la de guionista de historieta), las referencias que tenía de esta novela y el estilo de Taibo se me antoja complejo de llevar a las viñetas. Un prejuicio que desaparece rápidamente a las pocas páginas, porque Améziane borda el planteamiento de estas historias paralelas aparentemente inconexas. Como un camaleón, el dibujante va cambiando su estilo gráfico y, más importante, narrativo para ir contando la historia de los periodistas Greg y Julio, la escapada de Stan Laurel por la frontera (la omnipresente frontera en las historias de Taibo) que le lleva a presenciar el asesinato de Pancho Villa o la manipuladora misión de Alex un maquiavélico agente de la CIA. Historias que saltan en el tiempo y en el espacio y que por sí mismas resultan apasionantes, pero que poco a poco irán encajando a la perfección, como partes de un mecanismo que vamos montando sin tener muy clara cuál será su función y que duplican, si cabe, la intriga sobre la historia. Todo, por supuesto, aderezado por el inconfundible sello de Paco Ignacio Taibo II, con ese humor irónico que lo impregna todo y mil detalles que entremezclan realidad y política.
La espera por la segunda entrega va a ser muy, pero que muy dura…(3+)

Enlaces:
Un avance

Web de Améziane

Las desventuras de editar tebeos

Curiosísimo documental chileno inspirada en la historia real de Jorge David, creador de la Editorial Dédalos, la primera editorial profesional de comics en Chile. Su sinopsis no puede ser más clara: “Daniel David trabaja en la librería “Libromundo”, como vendedor en uno de sus locales. Una serie de acontecimientos lo harán embarcarse en el proyecto más ambicioso de su vida: fundar la primera editorial de comics chilena. Pero la inexperiencia, sumada a la gente equivocada y a conflictos personales, harán de su proyecto algo más que un negocio arriesgado…”
Parece ser que los autores están transformando el documental original en un largometraje…


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Más información, en su web.

Sin miedo

Después de tantos y tan comentados miedos, bueno es reconocer que hay algo que no me da ni un poquito de miedo: señoras y señores, nueva película de Hayao Miyazaki habemus, Ponyo.

Hablando se entiende la gente…

245, 93, 123, 65, 190,… por no hablar de los famosos 400 comentarios, ¿Qué está pasando que ultimamente los comentarios en esta página están disparados? ¿Tanto gusta debatir? :)

Lo curioso es que las entradas que hablan de un tebeo determinado son precisamente las que menos comentarios tienen…

Brujerías variadas

Reclamaba yo el otro día que aparecieran buenos tebeos para niños y, mire usted por dónde, hoy me encuentro con la grata sorpresa de Brujeando, tebeo de producción francesa pero autoría patria, con dibujos de Juanjo Guarnido y guión de Teresa Valero. Y poco se puede decir de esta obra que no sean buenas palabras: los autores firman una divertida historia de brujas tradicionales que se enfrentan al mundo moderno, con bebé élfico incluido para liar todavía más la situación. Un guión que recupera fielmente los cánones de la comedia infantil con reverencias a Goscinny y a Disney a partes iguales, sin más ambición que lograr que un chaval se lo pase bomba leyendo la historia. Lo que consiguen sobradamente con una medida arquitectura del gag, en el que Guarnido exprime al máximo la gestualidad de sus personajes demostrando quizás más todavía que en Blacksad la maestría de su dibujo, una aparente paradoja al pasar del tebeo adulto al infantil, pero que es obligada para poder llevar al papel los rápidos y divertidos diálogos de Teresa Valero. Pero no se contentan con ello, porque la lección de Goscinny (y Uderzo en este caso) está bien aprendida y se permiten el lujo de esconder entre viñetas una divertida crítica de la sociedad de consumo, aparentemente apta para todos los públicos, pero que un adulto disfrutará con una sonrisa, como un guiño entre autores y padres que compran el libro para sus hijos.
Comercialidad, calidad, ¿qué más se puede pedir? Un gran tebeo infantil (y para los que les gustaría seguir siendo niños). (2+)

ENLACE:
Entrevista a los autores en el blog Ausente.

Pieles rojas

Yo con el western tengo una extraña relación. No es un género que me entusiasme por costumbre, de hecho suelo evitarlo. Sin embargo, paradojas de la vida, algunas de mis obras preferidas en cómic y cine son westerns. Vamos, que servidor babea de gusto con las películas del oeste de Ford y Hawks (¡Ay! ¡Qué regusto da ver una y otra vez El Dorado!), por poner un ejemplo, y tiene en un altar a San Blueberry, por decantarme por otro más viñetero.
Pero repito, no es habitual que me acerque al género. Por eso tampoco le presté demasiada atención inicialmente a Scalped, la serie de Jason Aaron y R. M. Guera, hasta que reiteradamente me la recomendaron y caí. Y ha sido toda una suerte oigan, porque me he encontrado con un sugerente y atractivo tebeo que mezcla con habilidad los fundamentos del western con el policiaco en vertiente mafiosa, sin olvidar la acción y una trama compleja. Aaron y Guerra se atreven con una estructura temporal enrevesada, que va sorprendiendo al lector con giros inesperados y dejándole pistas para entender las sorpresas que encontrará después. Consiguen así que esta trama de mafias en las reservas indias, en algunos casos basadas en hechos reales (como la puesta en marcha de casinos en las reservas) vaya convirtiéndose en un relato bien construido, con un excelente ritmo y cadencia, muy entretenido, que no prescinde por ello de un duro mensaje de fondo hacia la situación de los nativos americanos, pero que en ningún momento cae en el reduccionismo o lo maniqueo, gracias a una excelente definición de personajes, llenos de matices que iremos descubriendo a cada página. A destacar además, el extraordinario dibujo del serbio R.M. Guera, soberbio en algunos momentos, que me ha recordado muchísimo al mejor Víctor de La Fuente en versatilidad gráfica y composición narrativa. Un tebeo para pasar un excelente rato de lectura, del que espero con muchas ganas la siguiente entrega (2).

Lienzos

Hagan caso del consejo de un lector ya curtido en esta ingrata tarea de leer tebeos: compren todo lo que en portada ponga Diego Agrimbau. Que este señor, argentino para las cuestiones geográficas, guionista para las del tebeo, está demostrando obra a obra que es uno de esos autores que, ya sea talento propio, trabajo enconado o por haber vendido su alma al diablo, es capaz de firmar obras originales, distintas y atractivas, combinando la reflexión con la imaginación a partes iguales y, para colmo, haciendo guiños a los clásicos del género.
Y como de los consejos hay que probar la eficacia en propias carnes, me acerqué a El gran lienzo, la nueva incursión de este guionista en la serie El Último Sur, que en este caso sigue su procesión por las artes para pasar del teatro a la pintura, pero de nuevo desde una perspectiva deformante y exagerada, como la que da esa ciudad de artistas que busca la unanimidad de criterio ante la creación definitiva. Una parábola del mundo del arte, caústica y mordaz, que reflexiona sobre precisamente sobre la imposibilidad del canon unánime, sobre el absurdo de establecer un pensamiento único sobre la creación. Y al igual que en la anterior entrega, lo envuelve de imaginación, de un mundo de normas extrañas que recuerda a los universos oscuros de Schuiten y Peeters, pero también a los cenicientos entornos urbanos de Bilal. De hecho, existen muchas conexiones estéticas entre El gran lienzo y la obra del yugoeslavo, que se podría ampliar a puntos temáticos comunes con su última tetralogía.
Aunque se pueda considerar por detrás de El muertero Zabaletta o La burbuja de Bertold, El gran lienzo es un recomendabilísimo álbum, en el que de nuevo destaca la extraoridnaria labor de Grabiel Ippoliti (2+).

Más miedos

Supongo que ya lo habréis visto por toda la red, pero no puedo evitar seguir con mi aburrida retahíla de prevenciones ante las adaptaciones cinematográficas que nos llegan. La verdad es que uno ve el trailer de la película de Snyder y no puede evitar pensar “¡Joder!¡Es Watchmen!”. Pero es, me temo un pensamiento erróneo: realmente lo que estamos viendo son las viñetas de Watchmen, pero no estamos viendo Watchmen. Y me explico: si algo tiene el tebeo de Moore y Gibbons es que es, sin duda, uno de los exponente máximos de lo que significa la narrativa gráfica, lo que realmente es la historieta. No se me ocurre concepto más alejado del lenguaje cinematográfico que esta obra, precisamente porque parte de su magistralidad reside en cómo exprime todos los recursos del arte secuencial. Watchmen es un magistral edificio formal, imponente en todos sus aspectos. Todos y cada uno de sus recovecos tiene sentido en esa concepción global de la narración visual, desde la composición, las entregas mensuales y la puesta en escena a las historias paralelas, todo construyendo una reflexión única sobre el concepto del superhéroe y del propio género. Es un metatebeo en toda su extensión, un tebeo que tiene sentido al reflexionar sobre un género que toma forma y se desarrolla en los tebeos, marcando un antes y un después. Pero con un punto débil: la excusa argumental, a mi entender excesivamente setentera. Un pequeño pero, mínimo, que en el caso de la historieta es casi irrelevante y olvidable: Watchmen es un obra maestra. Sin embargo, en la traslación al lenguaje cinematográfico, toda esa arquitectura majestuosa se perderá por obligación. No por la incompetencia del director, sino por la imposibilidad física de trasponer todos los recursos del lenguaje del cómic al del cine, más en el caso de llevarlos al límite como hacen Moore y Gibbons. Y ahí mi miedo: despojado de la forma, el fondo de la historia toma mayor protagonismo y corre un importante peligro: si Snyder se ha centrado en la trama principal, el resultado puede parecer decepcionante para muchos (“la mejor novela gráfica de la historia”, recordemos que se anuncia). Si Snyder se centra en la reflexión sobre el superhéroe, puede conseguir una película interesante… pero no será Watchmen. Veremos una película interesante, incluso muy buena, pero no será lo que firmaron Moore y Gibbons.

Enlace:
Una entrevista a Moore (Vía Entrecomics, como es obvio) donde expresa la imposibilidad de adaptar su obra al cine y su opinión sobre el 300 de Miller (que coincide bastante con la mía…).

Back to the 80’s

Con todo lo bueno y lo malo que eso significa, uno debe reconocer que es hijo de los años 80. Si aceptamos que la nostalgia se gesta en esa época de paso en la que descubrimos lo que significa “hacerse mayor”, esa adolescencia que busca desesperadamente su individualidad y personalidad, a servidor le tocó para suerte o desgracia la década de los 80.
Mi personal viaje en el tiempo comenzaba la semana pasada con el especial de El jueves dedicado a esa década. Recordar al infausto Naranjito, V o la teta saltarina de Sabrina fue el primer paso. El segundo lo ha producido una curiosa coincidencia de lecturas, que de una manera u otra me retraían a esos años.
Voy por orden y comienzo por la primera lectura: el segundo volumen de Tapping the Vein, recopilación de adaptaciones de cuentos de Clive Barker que, pese a ser producidas en los primeros años de la década de los 90, tienen el regustillo de las historias de terror que leíamos unos años antes, aumentado y amplificado por la elección de unos dibujantes que rápidamente traen a la memoria los años de Epic y Warren. Aunque no es uno de mis escritores de terror preferidos, debo reconocer que sus Libros sangrientos son una más que recomendable lectura para el aficionado al género, con ideas sugerentes y atractivas que en mucho casos no llegan a más por la afición de Barker a la escritura excesivamente recargada. Un pecado lovecraftiano de un entonces principiante que, pese a todo, era perdonado con rapidez por un lector adolescente ávido de emociones terroríficas. Pueden haber pasado más de 20 años desde que leyera por última vez a este autor, por lo que el reencuentro ha tenido hasta un puntillo nostálgico, con el agradable añadido de volver a ver a un dibujante tan dotado como Tim Conrad, espléndido en su adaptación del infierno en tierra, y a dos autores tan dotados como Bo hamoton y Stan Wooch (más Angus McKie que nunca). Un tebeo muy recomendable para cualquier aficionado al terror que tiene el único inconveniente de una traducción que en algunos momentos chirría y una reproducción muy deficiente, en este caso achacable con casi toda seguridad a que el material original proviene de Checker Book, una de las peores editoriales americanas, que ya masacró Supreme en su día. (2-)
Mi segundo encuentro con los 80 proviene también de Kraken, esta vez con la reedición recopilatoria de Juez Dredd, la famosa serie británica de 2000 A.D. El volumen 2.1 recoge el comienzo de la famosa saga de la Tierra Maldita, publicada en su día por Zinco en comic-book. El siempre provocador Pat Mills (a ver si alguien recupera alguna vez su genial Marshall Law) borda una delirante serie que hoy, con casi toda seguridad, sería tildada de políticamente incorrecta, jugando con ese juez ultrafascista empeñado en el cumplimiento estricto de la ley sin reflexión alguna, una inteligente vuelta de tuerca al género de justiciero solitario que tan de moda estuvo en el cine de los 70 con Bronson o Eastwood a la cabeza y que el guionista lleva a un extremo exagerado, permitiéndole ácidas reflexiones sobre la sociedad actual. Un tebeo de lo más recomendable que cuenta con un contrastado equipo de dibujantes: el agresivo Mike McMahon, de dibujo visceral, sucio y violento, claramente arraigado en el underground de los 70, y Brian Bolland, brillante seguidor del dibujo más académico de autores como Jesús Blasco. Una oposición de estilos que, paradójicamente no sólo no molesta, sino que se complementa. (2+)
Mi tercer encuentro con los 80 tiene autoría hispana: La reserva, de María Zapata, Juan Gándara y Francisco Poyatos. Un tebeo lujosamente autoeditado en el que los autores se sumergen en una historia postapocalíptica que recuerda poderosamente a aquellas que leíamos en 1984 o Zona 84. Este relato de un grupo de supervivientes de un desconocido holocausto, enfrentados a un mundo que desconocen tiene mucho que ver con aquellas historias de Ricardo Barreiro o Carlos Trillo que leíamos en esa década, con un poco de aderezo Metal Hurlant y un paseíto por la actual tendencia de series como Perdidos. Pese a que a esta primera entrega se le notan demasiado las costuras, lógico e incluso perdonable en una obra debutante, hay que agradecerle a los autores la ambición por contar una historia compleja, en la que no se arredran ante retos como mover a un amplio reparto de personajes o la dificultad de crear un mundo desde cero con planteamientos creíbles. Un empeño que se acompaña además con un intento serio y consciente de hacer que la narrativa se pliegue a las necesidades de la historia, con juegos gráficos entre personajes o composiciones atrevidas de página. Quizás el mayor problema que se le puede poner a esta obra es ajeno a cuestiones historietísticas: su envoltorio completamente profesional, obligado en estos tiempos que no hay revistas, hace olvidar que estamos ante una obra casi amateur, nacida de la ilusión de unos autores por llevar adelante su trabajo. El dibujo todavía por asentar, la definición de personajes asimétrica y en algunos casos tópica, un flujo argumental que funciona a golpes de trama demasiado inconexos… son errores que en una obra profesional no se pueden perdonar pero que en un principiante, como es el caso, son simples piedras que hay quitar en lo que se promete un largo camino. En pocas palabras: lo que en el mundo del fanzine podría calificarse como uno de las propuestas más sugerentes que he visto en mucho tiempo, en el campo profesional recibiría lógicos varapalos por su evidente bisoñez. Aviso pues a los lectores para que sean condescendientes ante esta obra y ánimo a los autores para que vayan puliendo los errores, que buenos mimbres hay.
Y para acabar mi recorrido ochentero, una obra maestra. Hace relativamente poco recordaba por estos lares esa maravilla de la historieta que es Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs. En ese momento desconocía por completo que existía una obra anterior en la que aparecía la conmovedora pareja protagonista, los Bloggs, por lo que el anuncio de Drawn & Quaterly de publicar Gentleman Jim, su primera aparición, fue una especie de shock. Necesitaba leer esta obra.
Os podéis imaginar la impaciencia con la que he esperado que me llegara esta obra y la avidez con la que me he lanzado a ella, con un poco de miedo, eso sí. Quizás era injusto generar tan grandes expectativas por una obra anterior. Cierto es que Briggs es una autor mayúsculo, pero es que su famosa reflexión sobre la guerra nuclear es una obra maestra de difícil alcance.
Y ahora que he pasado la última página sólo puedo decir una cosa: qué maravilla.
Briggs nos cuenta la historia de esta afable pareja, felices en su sencillez, pero Jim tiene más aspiraciones que ser un simple limpiador de aseos públicos toda la vida. Y comienza la búsqueda de posibles trabajos que le saquen de su rutina. Le cuesta leer los anuncios de prensa, pero poco a poco se va dando cuenta de las muchas dificultades que tiene ser soldado, un gran artista o cowboy, por lo que se decidirá por la apasionante vida del bandolero. La aplastante simplicidad de Jim y Hilda consigue que nos arrebate a la primera viñeta el corazón, es imposible no sentirse conmovido por su ingenuidad y su sencillez, por esa ilusión desbordante por la utopía y lo imposible, por la lucha por un sueño. Y Briggs, autor magistral como pocos, nos va desgranando su historia como un cuento de cuentos, como las fábulas que se narran al niño que va a dormirse. Pero con una diferencia: esos sueños ocurren en un mundo real, que pugnará por cercenarlos y destrozarlos. Briggs borda como pocos el enfrentamiento entre la imaginación y una sociedad severa que no admite que uno de sus miembros pueda ser feliz más allá de las convenciones. Y su crítica no puede ser más rotunda y brutal. En apenas 30 páginas desarrolla uno de los discursos más lúcidos que servidor ha podido leer sobre una sociedad que no deja resquicios a la imaginación y que lucha por alienar a sus miembros al máximo. Los Bloggs se vuelven a convertir en esa conciencia infantil que no entiende de lógicas enmarañadas y falsarias, que sólo comprende aquello que marca el sentido común y la bondad sin malsanos intereses.
Una genialidad que merecería una edición en castellano inmediata que, ya puestos, podría ser acompañada por la edición en condiciones de toda la obra de Raymond Briggs. (4+)
(podéis leer un avance de seis páginas en la web de D&Q)

PRIMER PREMIO INTERNACIONAL DE CÓMIC PLANETA DEAGOSTINI

Lo pongo aquí porque la cosa es impresionante: ¡20.000€!

Planeta DeAgostini convoca su Primer Premio Internacional de Cómic con el objetivo de promover la creación de proyectos de alto nivel en el ámbito de la historieta. El proyecto ganador será publicado por Planeta DeAgostini Cómics y estará dotado con un premio de 20.000 euros.
El plazo de recepción de los trabajos comenzará el 30 de julio y finalizará el próximo 15 de noviembre.
Debido al carácter internacional del concurso, las obras pueden estar escritas en español, inglés, francés o italiano; y tener un mínimo de 46 páginas.En el documento adjunto podéis encontrar las bases del concurso, que también permanecerán colgadas en nuestra web:www.planetadeagostinicomics.com
Esperamos vuestros trabajos.¡Suerte!

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Ya no sé si tengo miedo…

De hecho no sé ni lo que tengo tras ver esto:


Spirit trailer

En efecto, trailer de Frank Miller’s The Spirit habemus. Y recalco lo de “Frank Miller’s” porque las sensaciones son contrapuestas. Por un lado, creo que podemos estar ante un “suceso visual” similar a lo que en su día me sugiró Sin City. Miller es un genio de la narrativa gráfica y visual y su paso al cine está generando una forma nueva de entender la narrativa cinematográfica, creando recursos inexistentes previamente. Con todos los peros que se le puede poner a sacar conclusiones de unos minutos, hay detalles que me parecen tremendatamente atractivos: las texturas gráficas, el uso del color, esa peculiar forma de entender la narrativa dentro del plano por encima de la narrativa de la secuencia (una mezcla real de cómic y cine, no lo que se entiende siempre por poner cuatro viñetas en la pantalla o varias escenas simultáneas)… Pero existe un “pero”. Y bien gordo. Yo no veo al Spirit de Will Eisner por ningún lado. Vale, que sí, que tendré que esperarme a ver la película para juzgar, pero algún guiño al Spirit de toda la vida hubiese sido de agradecer. Y ojo, que reconozco que esto es pataleta: si Miller hubiera hecho lo mismo con cualquier otro personaje de tebeos me la refanfinflaría espectacularmente, pero es que me ha tocado el corazoncito con una de las series de mi santísima Trinidad tebeística. Reconozco pues que, por coherencia, debería aceptar que la traslación a otro medio y otro tiempo implica cambios sustanciales, lo sé…. ¡joder!, ¡pero es que es The Spirit!….
Snifffffff
PD: aunque lo de Lorelei, seamos claros, tiene pinta de intoxicación por los vapores de los líquidos de revelado o algo así…

Novedad de Julio de Ariadna Editorial

(**) – DOS VECES BREVE Nº 15. Rustica 30 x 21,5 cm. 48 págs, color y BN. PVP: 5,95 €
Colaboraciones de Luis García y Jorge García, Enrique Bonet y Álex Romero, Olga Carmona, Alberto Guitián, Ángel de la Calle, Raúl Ariño, Lorenzo Gómez, Esteban Hernández, Ed y Diego Arandojo, Juanjo el Rapido y Ceferino Galan, Fermín Solís, Ken Niimura, Jose M. Fonollosa, Rafa Infantes y Égar Burgos.
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Vuelve Tebeosfera

Una de esas noticias que le alegran a uno el día: vuelve Tebeosfera, la excelente web dirigida por Manuel Barrero. Y no es una simple vuelta, porque Barrero ha recargado pilas y nos regala lo que con seguridad será a partir de ahora una herramienta inexcusable para los estudiosos del tebeo, con completas guías del tebeo publicado en España, diccionarios de autores, etc…
Un fijo en cualquier lista de favoritos sobre el tebeo. Pinchen en la imagen y dediquen un buen rato…

Premios Diario de Avisos 2007

Ya se han dado a conocer los Premios Diario de Avisos 2007, los veteranos premios concedidos por este diario canario desde 1977.

Guión historieta realista: Paco Roca
Dibujo historieta realista: Roger Ibáñez
Guión historieta humor: Paco Alcázar
Dibujo historieta humor: Ozeluí
Revista del año: “El Manglar”
Editor del año: La Cúpula
Mejor labor pro historieta: AACE
Mejor comentarista: Patricio G. Ducha
Totalidad obra humor: José L. Beltrán “Tran”
Totalidad obra realista: Alberto Marcet

¡Enhorabuena a todos!

¡Vuelve Isa!

Una de esas noticias que me llena de emoción: según leo en BDZoom, Bourgeon continuará la maravillosa Los pasajeros del viento a partir del año que viene. Tras el largo periodo de litigios entre Bourgeon y Casterman, y tras un breve paso por Vents de l’Ouest, será la nueva editorial Éditions 12 bis la que se encargue de proseguir con las aventuras de Isa. En principio se anuncian dos volúmenes más, previstos para 2009 y 2010.
Vuelve Isa, vuelve Adéle… ya sólo falta que por fin se publique el 16º volumen de Philemon para que mi dicha sea completa… :)

Adaptando

Fin de semana marcado por las adaptaciones literarias a la historieta. En primer lugar Fugitivo, de Laurent Maffre (sins entido), que parte del trabajo de uno de los padres del periodismo de investigación, Albert Londres. Londres narra la injusticia de las cárceles que Francia mantenía en la Guayana a través de la historia de Dieudonné, un militante anarquista injustamente condenado a diez años de trabajos forzados. Maffre realiza un cuidadoso trabajo de traslación a la historieta de esta contundente crítica a la terrible realidad de unos presos olvidados del mundo, que dejaban su vida para la expansión colonialista y que sólo vivían con la esperanza de la “bella”, la ansiada libertad que tomaba forma de mujer inalcanzable.
Una labor rigurosa que permite transmitir al lector el exhaustivo trabajo de Albert Londres, consiguiendo dotar de la contextualización necesaria para poder comprender su importancia, sin dejar en ningún momento de transitar con acierto entre la ficcionalización y el ensayo periodístico. Con su estilo gráfico a medio camino entre Tardi y Comés, Maffre logra que la lectura sea siempre interesante, componiendo una obra de indudable atractivo. (3)
Bien diferente es Tres veces uno, de Gabrielle Piquet (La Cúpula), que adapta tres relatos breves de Tonino Benacquista. Sirva como primera impresión que, pese a que desconocía por completo la obra de este escritor, tras la lectura de este álbum pasa a ser objetivo prioritario de mis próximas lecturas. Las tres historias que componen el libro editado por La Cúpula me recuerdan en cierta medida a esa narración carveriana de realidad de giros inesperados, sazonadas con un sanísimo punto de humor soterrado mediterráneo. Es verdad que existe una matiz de previsibilidad en los giros finales de las historias, pero el desarrollo de las mismas me parece fresco y sugerente, perfectamente ejemplificado en “La pajarera”, esa historia que abre el álbum y que nos cuenta la dificultades que un sobrino tiene para cumplir las últimas voluntades de su tío. Historias atractivas que se ven potenciadas por la espléndida labor de Gabrielle Piquet, una joven autora que debuta aquí con un estilo perfecto para la obra de Benacquista. Un trazo limpio, de línea fina, que elude el marco de las viñetas para conseguir un flujo del dibujo realmente acertado y que se permite, en algunos momentos, interesantes experiencias tomando préstamos de la ilustración clásica y satírica de los años 20.
Un excelente libro que me ha descubierto a un escritor que debo explorar y a una autora que hay que seguir en el futuro (3+).

Mi nombre es Inspector, Inspector de Hacienda

Parece difícil que una serie tenga como protagonista a un inspector de hacienda. En el imaginario colectivo la figura de estos funcionarios aparece marcada con el estigma de la dolorosa obligación anual que tenemos los ciudadanos de a pie, y su sola mención suele provocar un canguelo creciente, de lo menos recomendable para estas cosas de la identificación con el héroe y demás.
Pero no es imposible: a fin de cuentas, la experiencia dice que algunos de los villanos más peligrosos del mundo real han visto frenada su carrera no por la presión policial, sino por la ímproba labor de un inspector de hacienda. Que se lo digan al señor Capone, que acabó con sus huesos en la cárcel gracias a Don Elliot Ness, quisquilloso inspector de hacienda.
Intentando emular al famoso agente y sus intocables, Desberg y Vrancken han creado la figura de Larry B. Max, un inspector del fisco que se dedica a buscar grandes defraudadores y que protagoniza IR$. Eso sí, más que un laborioso funcionario lo que encontraremos es un emulo de James Bond, guapo, atlético y con una capacidad deductiva sin igual, capaz de deducir la talla del pantalón que usamos con sólo ver nuestra declaración de hacienda.
La idea, aunque rara, podría ser atractiva, pero a poco que vamos pasando las páginas, es evidente Desberg – un guionista de oficio que sin ser brillante suele ser eficaz- acude desde el principio a la fórmula y el truco para poder hacer avanzar una historia casi inexistente. La trama se crea a golpe de efectos sin demasiada conexión y resulta cada vez menos creíble, sin que el mecánico dibujo de Vrancken consiga sacar la serie de la atonía. De hecho, su estilo a medio camino entre Vance, Franq y Renaud –destrozado, todo sea dicho, por el colorista – sólo logra que la comparación del dibujo alcance al guión. Y evidentemente, Desberg no es Van Hamme. Ni siquiera Senté, del que hace poco leíamos un experimento con no pocas conexiones con esta obra (Janitor, un Bond fuera de lugar) pero mucho mejores resultados, fundamentalmente porque Senté y Boucq parten desde el primer momento del homenaje sin ocultarlo.
IR$ ha tenido un gran éxito en Francia, donde lleva ya diez volúmenes que, espero, sean mejores que éste. (0)

21st Century Deception

Tras el cierre en falso de 20th Century Boys, reconozco que esperaba como agua de Mayo la publicación de los dos volúmenes de 21st Century Boys, una supuesta miniserie que, en realidad, debía aportar el verdadero final a la larga obra de Naoki Urasawa. Tras casi tres años fascinado por la increíble capacidad narrativa y creadora de este autor, los últimos volúmenes de esta larga historia me dejaron completamente descolocado. Con el referente previo de Monster, era muy consciente de la extraordinaria capacidad de Urasawa para extender la narración sin perder nunca un ápice de tensión dramática. Lo que en otros autores japoneses se suele traducir en aburrida repetición de estructuras y argumentos hasta la extenuación, en Urasawa suele ser una inspirada e inteligente apertura de nuevos caminos e ideas. Es evidente que está alargando la historia, pero conseguía amagar su intención tras una compleja estructura de personajes y un argumento de líneas paralelas que le permitía saltar de una a otra, explorar determinados aspectos de la trama, etc. La lectura de 20th Century Boys me pareció subyugante: cada nuevo giro del guión te dejaba clavado a la silla, con nuevas sorpresas, nuevas ideas y un tratamiento formal extraordinario. Urasawa es un narrador nato, que mueve los hilos de la historia con una precisión milimétrica, un tramoyista perfecto para un espectáculo que en el fondo, agradecemos que se eternice.
Sin embargo, a medida que se acercaba el final de la saga, comenzaba a sembrarse la duda. ¿realmente sabía Urasawa hacia dónde se dirigía? En Monster el autor tenía muy claros el principio y el final, lo que dotaba al conjunto de una sólida consistencia, pero en esta nueva obra no parecía tan claro ese final de cabo que atase todo el conjunto. Y, de hecho, lo que era una sensación se transformó en una constatación: el final de 20th Century Boys fue inconsistente y, si se me apura absurdo. Afortunadamente, ese final se acompañó del aviso de que el autor retomaría la serie unos meses después para dar un epílogo real a la historia. Era una nueva tranquilizadora: si Urasawa había perdido las riendas de la narración, un descanso podía ayudarle a retomar con más bríos la historia y cerrarla de forma coherente.
Y llegó el ansiado 21st Century Boys, un epílogo que, tras pasar la última página, me ha dejado completa y absolutamente decepcionado. El cierre en falso se mejora levemente, es indudable, pero con un final que en modo alguno está a la altura de la macrosaga. Urasawa ha intentado escenificar un gigantesco “efecto mariposa” temporal, jugando con la clásica estructura de relato de Stephen King y llevándola mucho más allá, pero sin llegar a conseguir cerrar el círculo de una forma perfecta.
Que no se me malinterprete: 20th Century Boys y 21st Century Boys conforman una serie brillante en su conjunto, pero que deja una sensación agridulce tras pasar la última página. La expectativa continuada que va generando en cada volumen queda desvirtuada por un final que sabe a poco, incluso difícil de seguir tras el baile de personajes del último tercio de la obra. Pese a que la serie tiene un 80% de desarrollo brillantísimo, en algunos momentos memorable, ese último 20% es el que queda en nuestra memoria y que hace que se minusvalore injustamente el juicio final.
Servidor se queda con los excelentes buenos momentos de lectura que he tenido con esta serie y con el increíble pulso narrativo de Urasawa. Intentaré borrar lo más rápido de mi memoria esta decepción final para esperar con ansia la publicación de Pluto.

La novela gráfica y Paul Gravett en la Semana Negra

Dentro de los muchos contenidos programados en esta edición de la Semana Negra de Gijón el debate sobre Novela Gráfica ocupará su espacio. Bajo el título “Novela Gráfica ¿algo nuevo?” y la coordinación de Ángel de la Calle, el viernes 18 tendrá lugar una mesa redonda en la que intervendrán: Juan Sasturain, escritor (“Manual de Perdedores”) y guionista de cómic (“Perramus”), Paul Gravett, autor de libros teóricos imprescindibles como “Graphic novels: stories to change your life” o “Manga: La Era del Nuevo Cómic”, Antoni Guiral, responsable de la más importante enciclopedia sobre la historia del cómic que se haya realizado en castellano y Quim Perez, crítico de comics, responsable de la conferencia “El boom de la novela gráfica en el cómic”.
La presencia de Paul Gravett en la Semana Negra servirá tambien para que, también el viernes 18, se realice la presentación mundial de su último libro: “The Mammoth book of best crime comics”, que se pondrá a la venta en Gran Bretaña (y en Gijón) ese mismo día 18.

Otra vez…

Otra vez se arma la polémica del racismo… ¡por un tebeo de 1940!
Segun leo en EL PAÍS: “Primero irritó a la comunidad negra y al gobierno de George W. Bush por sus “estereotipos raciales ofensivos”; ahora, Memín Pinguín, célebre personaje de cómic mexicano, ha visto cómo le retiraban sus viñetas en los Wal-Mart estadounidenes. Memín Pinguín, creado en la década de 1940 por Yolanda Vargas y objeto de burla de los personajes blancos en las tiras cómicas en las que aparece, es un niño de raza negra, retratado con rasgos exagerados, como unos labios muy gruesos y orejas de soplillo, que ayuda a su madre vendiendo periódicos y limpiando zapatos.”
Los comentarios son verdaderas perlas: “Es una vergüenza. Esto es reírse de los rasgos físicos de toda una población”, etc..
Vamos a ver: Caricatura, según la RAE ” Dibujo satírico en que se deforman las facciones y el aspecto de alguien”. ¡Y además de un personaje de 1940! Por favor, ¿es que nadie se preocupa en ir más allá de la apariencia? En estudiar la coyuntura sociocultural de cuándo se creó, en leer las historias, en analizar… ¿Tenemos que retirar las venus esteatopígicas paleolíticas de los museos porque denigran la imagen de la mujer?
Cuantas ganas de disparar antes de preguntar, por favor…
[gracias maremaremare]

ACTUALIZACIÓN: entrevista a Sixto Valencia, dibujante de Memín Pinguín

LINGUA COMICA 2008

Lingua Comica, proyecto organizado por la ASEF (Asia-Europe Foundation) y coordinado por el experto en cómics británico Paul Gravett (en estos momentos, uno de los invitados de la recién inaugurada Semana Negra de Gijón), llega a su tercera edición. El pasado año reunió en Londres a 14 jóvenes autores de Europa y Asia que colaboraron en proyectos conjuntos relacionados con la historieta; por España participó J.M. Ken Niimura. Este año, Lingua Comica se desarrollará en la población japonesa de Kyoto del 13 al 16 de Noviembre. Si eres dibujante de cómics, tienes de 20 a 30 años, hablas inglés y te gustan el trabajo en equipo y los intercambios multiculturales… ¡tú puedes ser uno de los elegidos! El plazo de admisiones caduca el 30 de julio. Más información en: www.paulgravett.com/articles/131_lingua_comica/131_lingua_comica.htm

¡Por fin! Llega El manglar 7

La espera ha sido muy larga, pero Manuel Bartual desvela en su blog los detalles del próximo número de El manglar, que ya está en imprentas. Aumenta la presencia de autores españoles, lo que siempre se agradece y, en mi caso, aporta una razón más que sobrada para comprarlo: la incorporación de Mathieu Sapin, autor de la divertidísima Supermurgeman. Pasen, pasen ustedes por el blog de Bartual y disfruten del espectáculo.