Vuelva usted mañana
Señoras y señores, servidor echa el cierre de La Cárcel durante una semanita. Hala, no se detengan por aquí, circulen, circulen…

¡Nos vemos en una semana!
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¡Nos vemos en una semana!
La historieta es un arte complejo, malentendido siempre como la suma de dibujo y letras pero que, en realidad, va mucho más allá de una simple adición. Es la evolución máxima de la narración gráfica, un arte complejo donde el protagonismo de la narración visual es completo, muy por encima de la calidad individual de sus partes.
Como demostración de lo anterior sirva la adaptación a la historieta del cuento Coraline, de Neil Gaiman. A priori, los referentes no pueden ser mejores: el cuento del creador de Sandman es un maravilloso relato infantil, que parte de la obra de Lewis Carroll para desarrollar un cuento moderno, en el que el niño (niña en este caso) deja de ser un sujeto pasivo que sufre la acción para ser un protagonista activo y proactivo, siempre jugando con referentes de todo tipo y con una ambientación más oscura de la habitualmente encontrada en el mundo infantil, construyendo un maravilloso libro para niños. Y el dibujante elegido se cuenta como uno de esos genios del lápiz: P. Craig Russell. Un artista de estilo elegante, de trazo recargado pero limpio, que destila clase en cada una de sus viñetas y que ha sido de trasladar al papel la épica sobresaturada de las operas wagnerianas y que en Sandman firmo una bella incursión del señor de los sueños en el mundo de las mil y una noches.
Dos extraordinarios autores, que ya habían trabajado previamente con grandes resultados, una obra de calidad… parece una quiniela ganadora, ¿no?
Pues no.
Es evidente que Craig Russell hace un gran esfuerzo para adaptar el cuento de Gaiman, pero cuando terminamos de leer, hay una sensación agridulce, extraña: lo que hemos leído no es Coraline. El cuidado trabajo del dibujante no llega a transmitir ese mundo de ambigüedades, la terrible sensación de normalidad anómala que destila “la otra madre”, la opresión del mundo tras la puerta escondida. Es verdad que Russell tiene que lidiar con el omnipresente referente de las extraordinarias ilustraciones de Dave McKean, pero lo que debería ser un problema menor para un dibujante de su talla, se convierte en una losa imposible de retirar. A la adaptación de Coraline le falta esa atmósfera única que da McKean a los cuentos de Gaiman, le falta alma, encerrada en esa prisión gélida de la perfección de dibujo de Craig Russell.
Quizás, si no se ha leído el libro original, Coraline pueda pasar como una obra interesante, menor dentro de los tebeos del inglés. Pero si se ha caído antes en su magia, esta adaptación queda como una triste oportunidad perdida.
Una lástima (1).
Puestos a hablar de disfrutes variados, me van a permitir unos momentos de descanso del tema principal del blog para hablar de un libro que me ha tocado la fibra sensible de otra mis grandes aficiones: el género de terror. En Terror Cinema, Juan Andrés Pedrero Santos hace un largo y amplio recorrido por la historia del cine de terror desde sus inicios hasta 1975, representado por el simbólico estreno de Tiburón, la excelente película de Spielberg. El autor hace un recorrido por el género a través de casi 90 películas, agrupadas bajo diferentes ítems geográfico-temporales-autorales. Desde los orígenes al cine de la Hammer pasando por los lógicos capítulos dedicados al cine de la Universal y sin olvidar las contribuciones japonesas, italianas o españolas (y con un obligado -y de agradecer- capítulo dedicado a Val Lewton). Pese a que cualquier organización de este tipo está sujeta a diferentes visiones subjetivas y críticas, hay que reconocerle a Pedrero un adecuado afán completista y descubridor de pequeñas joyas que suelen olvidarse en este tipo de antologías. En ese sentido me ha producido especial disfrute encontrar referencias a películas europeas como Häxan o Vampyr, auténticos pilares del género, así como a otras obras magistrales que no se suelen incluir dentro del género de terror, como Les diaboliques, de Clouzot, la inalcanzable La noche del cazador, de Laughton, El testamento de Dr. Cordelier, de Renoir o El fotógrafo del pánico, de Powell. A lo que hay que añadir que se acuerda de la extraña El Cebo, de Ladislao Vadja, más ligada al thriller pero que, personalmente, me parece una de las obras maestras del género.
A destacar la excepcional documentación gráfica manejada por el autor, que hace de la lectura del libro todo un ejercicio de entretenimiento y regocijo visual, con centenares de imágenes, en algunos casos completamente desconocidas.
De refrencia obligada para los aficionados al género. A ver si vemos algo lejanamente parecido dedicado al cómic de terror algún día…
No le estaba prestando demasiada atención a la San Diego Comic Con, pero la noticia no puede ser más sugerente: Neil Gaiman escribirá una historia de Batman el año que viene. Según ha comentado Dan Didio, la historia llevará por título algo así como “¿Qué le sucedió al cruzado de la capa?”, en clara alusión a la famosa historia de Alan Moore sobre Superman, “¿Qué le sucedió al hombre del mañana?”.
La noticia es interesante, a priori, aunque hay que recordar que Gaiman suele dedicarle bastantes pocas energías a sus trabajos más alimenticios. Obras recientes como 1602 o Eternos han sido indudables éxitos de ventas, pero son absolutamente olvidables como tebeos, más teniendola calidad que este guionista ha demostrado en series como Sandman o en sus colaboraciones con Dave McKean.
En ese sentido, la verdad es que espero más bien poco (por no decir nada) de esta nueva incursión en el mainstream de este escritor, pero hay un punto que me produce cierta esperanza de encontrar a un Gaiman bien entonado: el que sea una obra post-Moore. Me explico: Gaiman ha demostrado tener un especial cuidado en aquellas obras que ha tomado a partir de la colaboración inicial de Alan Moore. Aunque sea un poco de refilón, no se puede obviar que Sandman existe gracias a los cambios que Moore propuso para La Cosa del Pantano (y que Gaiman ya había aplicado en Orquídea Negra), que su Miracleman, tomado justo en el punto que lo deja Moore, es realmente brillante y que el guión que realizó para Hellblazer, una creación de Moore, es extraordinario (posiblemente uno de los mejores de la serie). Quizás, y es sólo un suponer, el hecho de hacer una versión Batmaniana de la historia que Moore hizo para Superman hace que el guionista de Sandman vuelva a regalarnos con otro de sus mejores momentos.
Quién sabe. La solución, en unos meses.
La San Diego ComicCon (para más información, visitad Zona negativa y Entrecomics, que están haciendo un puntual repaso de toda la actualidad) toca a su fin y, como es tradición, se dan a conocer los premios Eisner de este año:
Mejor historia corta: Mr. Wonderful, de Dan Clowes
Mejor número o one shot: Justice League of America #11: “Walls”, de Brad Meltzer y Gene Ha (DC)
Mejor serie: Y: The Last Man, de Brian K. Vaughan, Pia Guerra, y Jose Marzan, Jr. (Vertigo/DC)
Mejor serie limitada:The Umbrella Academy, de Gerard Way y Gabriel Bá (Dark Horse)
Y aprovecho que estoy disfrutando con esos dos pedazos de libros para hacer un poco de adivino y prever con lo que disfrutaré en la primavera de 2009. La editorial Harry N. Abrams, que todavía me tiene babeando con el excelente Wordless Books: The Original Graphic Novels (reseña en breve), acaba de anunciar la creación del subsello ComicsArts, dirigido por Charles Kochman y dedicado a libros sobre historieta. Atentos a los primeros títulos anunciados: : The Art of Harvey Kurtzman: The Mad Genius of Comics, por Denis Kitchen y Paul Buhle; The Art of Jaime Hernandez: The Secrets of Life and Death, de Todd Hignite (con diseño de Jordan Crane e introducción de Alison Bechdel); Secret Identity: The Fetish Art of Superman’s Co-creator Joe Shuster, de Craig Yoe y Whatever Happened to the World of Tomorrow? , de Brian Fies, el autor de la aclamada Mom’s Cancer.
Casi ná, oigan, casi ná…

Oigan, y como un enano…
Primero, con Get Lost, la recopilación que acaba de editar Hermes Press de la versión que Ross Andru y Mike Esposito hicieron del MAD de Gaines en 1953. Tres números míticos que son la antesala de varias interesantes novedades que tiene esta editorial en cartera, como una nueva edición de Buck Rogers, la recopilación de las historietas que Will Eisner realizó para PS Magazine… ¡y un libro de pop-ups de zombies!

Y la segunda, el genial Strange and Stranger, The World of Steve Ditko, la completa y profusamente ilustrada biografía de este genio de la historieta que ha escrito Blake Bell. Lástima que sea casi imposible que aparezca un segundo volumen sólo con historietas, como pasó con la dedicada a Bernard Krigstein.
Aquí tenéis un avance en PDF del libro, su introducción y un video promocional, que podéis ver también un poco más abajo…

Hay un libro que provocó en mí una verdadera pasión por la literatura japonesa: La escopeta de caza, de Yashushi Inoué. Había leído alguna cosa suelta antes, los cuentos de Ise, obras de autores instalados en Europa como Ishiguro, pero esta pequeña novela corta me impactó como pocas. Inoué contaba a partir de cuatro cartas, el relato de un adulterio. Era una narración sosegada, que hablaba con la reflexión que da el tiempo pasado, aportando cuatro visiones distintas de la misma situación: la del hombre, la hija que tuvo con su amante, su esposa y su amante. Apenas cien páginas que contenían la esencia del amor y del dolor, que me ayudaron a descubrir a Kenzaburo Oé, Yasunari Kawabata, Murasaki Shikibu, Haruki Murakami, Banana Yoshimoto, Ryonusuke Akutagawa, Yoko Ogawa o Junichiro Tanizaki.
Digo esto porque nada más comenzar a leer Love fragments Shangai, de Chaiko, me ha venido a la mente la obra de Inoué, motivando mi enésima relectura de este maravilloso libro. Una razón que, reconozco, ya de por sí me hace mirar la obra este autor chino de una manera más amable. Con toda la distancia que se deba poner entre este libro y aquella obra maestra, Love fragments comparte parcialmente su estructura, contando una misma historia de amor y desengaño desde diferentes perspectivas, apostando por una sencilla composición de página de tres grandes viñetas horizontales, animadas por una narrativa claramente cinematográfica y un estilo de dibujo elegante, claramente deudor de la ilustración publicitaria oriental. Participa también de esa actitud tranquila y un punto distante, en este caso tremendamente minimalista en los diálogos, que descargan sobre los números primeros planos la transmisión de sentimientos al lector. Un delicado envoltorio formal que no evita, sin embargo, cierta impostación en los planteamientos, excesivamente tópicos y forzados en algunos momentos y que se alza como el principal debe de la obra de Chaiko. En cualquier caso, un manhua que se aparta del tebeo romántico al uso, con una preciosista labor gráfica (excelente el uso del color) que puede hacer interesante su lectura (1).
Y, ya puestos a hablar de cosas niponas, sigo con el manga. Y sigo con esa vertiente historicista que tanto abunda en el tebeo japonés, con aproximaciones a la historia desde una perspectiva más cotidiana y didáctica. En esa línea, Relatos de un carbonero, Shigeyasu Takeno, entronca directamente con recientes obras que hemos podido leer en España como El árbol que da sombra, de Tezuka, Ikkyu, de Sakaguchi o muchas obras de Taniguchi, desde La época de Botchan a Seton. Una obra que, como se nos comenta en el epílogo, es una obra extraña, un debut de madurez por parte de su autor, ya pasada la cincuentena. Toma de partida la obra original de Toshikatsu Ue para contarnos la solitaria vida de su autor, un joven carbonero que lucha a día a día con la durísima tarea de fabricación del carbón bincho, una rica y energética variedad. Un hilo argumental que le permitirá una sorprendente variedad de acercamientos y reflexiones, que van desde la soledad y la relación con la naturaleza a hablar de las tradiciones populares japonesas, todo siempre impregnado de ese hálito pedagógico e instructivo antes comentado, que convierte la lectura de esta obra en una curiosa experiencia a medio camino entre el aprendizaje y la reflexión. Muy interesante (2+)
La editorial Espasa también publica tebeos, en este caso la versión en historieta de Deseo Oscuro, la famosa novela romántica de vampiros de Christine Feehan que Zid e Imaginary Friends Studios han adaptado con estilo amerimanga con bastante éxito en los USA. Podéis encontrar más información y una preview en Manga Comics by Christine Freehan.
El libro editado en España tiene una edición de bastante baja calidad, por lo que he podido ver, con bastante moiré.

- Deseo Oscuro, de Christine Feehan, Zid e Imaginary Studios. Rústica. BN. PVP:10€
Unos cazadores furtivos atrapan a Riordan y le encierran en una jaula. Su deseo de venganza no tienelímites. Está al borde de la desesperación cuando le rescata la bella Juliette, una amante de los animales que no soporta verlos enjaulados.Riordan se queda como hechizadoal verla. La pesadilla se repite con Jasmine, la hermana de Juliette. Los dos tendrán que arriesgarlo todo para salvarla.
Christine Feehan lleva escritas más de treinta novelas, casi todas incluidas en la serie “Lo oscuro”, a la que pertenece este cómic. Ha recibido numerosos premios y sus novelas, de corte romántico, se han traducido a varios idiomas. En España se han publicado Oscura sinfonía, El príncipe oscuro, El oro oscuro, La magia oscura, El desafío oscuro y El fuego oscuro.
Puede parecer un sinsentido, pero el manga en España sigue siendo un gran desconocido. Y no, no me refiero a la consideración que el público en general tiene del manga, con todos sus prejuicios e inopias, sino al conocimiento que los propios aficionados a la historieta tenemos del tebeo japonés. Es verdad que el manga arrasa en las listas de ventas y que copa las baldas de las librerías especializadas, pero apenas conocemos su historia, sus clásicos y sus obras maestras. Todos podemos citar un buen número de megaéxitos y archifamosos dibujantes japoneses, pero seguimos sin conocer más clásicos que a Osamu Tezuka o Rumiko Takahashi, estamos en la absoluta ignorancia de los autores menos comerciales, del fértil “underground” japonés que nació al amparo de la revista Garo. Nombres como Yoshihiro Tsuge, Shigeru Tamura, Seiichi Hayashi, Machiko Hasegawa, Sanpei Sato o Shigeru MIzuki siguen siendo ilustres desconocidos para el lector español. Aunque tampoco comencemos a fustigarnos demasiado rápido: aunque el refrán marque aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos”, la realidad es que las lagunas sobre el tebeo japonés son comunes en todo occidente. Afortunadamente, poco a poco se van dando pequeños pasos que, con suerte, veremos algún día por estos lares.
Vaya como anticipo el comentario de dos tebeos, muy diferentes entre sí, pero que coinciden en su origen en la generación Garo: El hombre sin talento, de Yoshiharu Tsuge y Red-Colored Elegy, de Seiichi Hayashi.
La obra de Tsuge, todo un clásico del gekiga, cuenta la historia del mangaka Sukezô Sukekawa, un autor de éxito que decide apartarse del mundo para dedicarse al arte del Suiseki, una disciplina que busca la belleza de las piedras naturales. En un pequeño puesto al lado del rio, Sukezô intenta vender las piedras que encuentra a unos turistas que lo ignoran. Es despreciado por su familia, que no entiende por qué tienen que vivir en la indigencia, por una sociedad que no entiende sus deseos e incluso por sí mismo, que se considera un fracasado. Un tebeo con gran cantidad de elementos autobiográficos (Tsuge padece depresión crónica y dejó el manga para abrir una tienda de cámaras fotográficas usadas) que supone una profunda reflexión sobre el arte, la creación y su inclusión en una sociedad de consumo. No hay juicios, sólo preguntas que van dejándose apenas esbozadas: ¿dónde está el arte en la industria? ¿es posible que exista arte dentro del entramado industrial?¿qué es lo que crea el artista? Sukezô/Tsuge rechazan de plano lo comercial, intentan desesperadamente encontrar la manera de ganar dinero de las formas más extravagantes, obviando siempre la forma más sencilla: dejarse llevar por la industria. Intentos vanos que el artista irá asumiendo como fracasos uno tras otro, como algo más que obstáculos en el camino. Son puertas que se van cerrando en su intento de poder vivir de aquello que le pide su corazón. Y con cada puerta, una esperanza que, en el fondo sabe imposible porque duda hasta de su propio arte. La elección del suiseki no es casual: ¿cuál es la tarea del artista en la elección de una piedra? El artista elige una forma caprichosa de la naturaleza pero, ¿hasta qué punto es él creador de algo? No es más que un mero intermediario entre las fuerzas de la naturaleza y un comprador, un simple interpretador que no aporta más que una idea a lo que ya está hecho. ¿Es el arte eso? ¿Realmente existe pues el arte?
Con la parsimonia habitual de la narración oriental, Tsuge nos introduce en un camino depresivo sin retorno, una visión pesimista y cruel que no admite que ilusiones y anhelos puedan tener un final feliz. Sentimientos que envuelven también al lector y que se contagian, obligando a una reflexión profunda sobre el propio sentido de la vida. Una obra maestra (5)
Por su parte Red-Colored Elegy de Seiichi Hayashi rompe por completo tanto en forma y fondo con la obra de Tsuge. Hayashi compone un poema visual sobre el amor, compuesto de pequeñas píldoras de cotidianeidad que van desgranando la esencia del amor. La historia de Ichiro y Sachiko, escrita entre 1970 y 1971, nace de una variada unión de influencias, que van desde los planteamientos realistas de la nouvelle vague francesa hasta la tradición de los haikus, combinándose en una forma distinta de poesía visual, en la que la página aporta un ritmo especial para unos dibujos apenas esbozados, en los que los personajes parecen apenas unos trazos livianos, de rostros sin rasgos que dejan toda la expresividad en el lenguaje de los cuerpos, obligados a narrar con sus posturas, con sus ademanes, haciendo que sus miembros formen líneas que llevan la vista como en un poema gráfico, en un hipnótico movimiento que nos hablará de la incomprensión de sus padres, de las dificultades de una joven pareja y, sobre todo, del amor, de su presencia en cada acto diario, desde un desayuno a un enfado, de una sonrisa al sexo. Pero es que, además, Hayashi se permite juegos con los referentes visuales de su época, incluyendo imágenes de animación, de publicidad, anclajes con la realidad que parecen elementos oníricos dentro de la existencia de los protagonistas. Una bellísima obra, delicada e insinuante, de sensibilidad exquisita. (4)
Dos obras soberbias que nos demuestran hasta qué punto somos ignorantes de las maravillas que el manga esconde para el público occidental. A ver si alguna editorial española se atreve con estas dos o con la deliciosa NonNonBa de Shigeru Mizuki.
Enlaces:
Avance de Red-Colored Elegy
Y más revistas para descargar desde latinoamérica, una excelente oportunidad para conocer cuál es la realidad que se vive en países como Chile, Bolivia o Colombia, verdaderos desconocidos del mundo del tebeo en nuestro país.
Desde Bolivia, segundo número de PachamamaZombie:
Desde Chile, cuarto número de Blanco experimental
Desde Colombia, Vinagreta Garbo
Y, por supuesto, Corderitopatacomics desde Barcelona:
Una excelente iniciativa: es posible descargar desde la web el libro Tinta Densa Patagónica. Una historia del cómic en el sur argentino. 1989-2008, de Alejandro Aguado. 76 páginas a color y muchìsimos e interesante datos.

Y, ya puestos, os podéis bajar también el tercer número de la revista La Duendes.

Todo, desde la web de la Duendes.
Curiosidad veraniega donde las haya: Mauro Entrialgo ha preparado un minipasatiempo de preguntas sobre editores de tebeos españoles para el videojuego Buzz! de la PS3. Para jugar, se puede acceder desde el propio juego, con toda la parafernalia propia o de él (sección “Mybuzz”, apartado “Cultura general”, subapartado “Cómics y diseño gráfico”) o bien de una forma más sencilla desde cualquier navegador, desde la web de MyBuzz.

Si hay un autor que no deja de sorprenderme continuamente con sus propuestas narrativas, ése es Alex Robinson. Me acaba de llegar su última obra publicada en los USA, Too Cool to Be Forgotten y me vuelvo a quedar maravillado por la habilidad de este autor para buscar nuevas ideas y nuevas formas de expresar sus historias. En muchos casos, sus préstamos son sutiles variaciones de recursos pictóricos o de otras artes, pero siempre con una frescura e integración en la narración tan perfecta que sorprende casi como un hallazgo nuevo. En su nueva obra, Robinson entra en un terreno bien conocido, el del retorno al pasado que permita variar el futuro, una especie de revisión de Regreso al futuro de Zemeckis o, más bien, de versión americana de Barrio Lejano, esta vez en clave de fumador empedernido que debe buscar el primer momento en que cató un cigarrillo para poder dejar en el futuro su vicio. Una anécdota sencilla, que Robinson plantea directamente como una especie de largo sueño inducido por hipnosis que poco a poco se va convirtiendo en un sentimiento tan real que sustituye a la realidad. Y, a partir de ahí, una excelente y profunda reflexión sobre pasado y presente, sobre aquellas oportunidades que dejamos pasar y que nunca volverán. Un continuo de futuribles imposibles que Robinson maneja con pulso firme, sabiendo dosificar humor y reflexión a partes iguales, dejando que la historia fluya con naturalidad y consiguiendo que el lector llegue a asumirla como posible. Lentamente, aquella premisa inicial quedará sólo como una excusa para la verdadera intención del autor, que sobrepasará ese momento iniciático tabaquil para entrar en una situación mucho más compleja, de reivindicación de momentos robados.
A medida que avanza la obra, es verdad que existen muchos puntos de coincidencia con la obra de Taniguchi, sobre todo los derivados del planteamiento de un protagonista adulto en el cuerpo de un adolescente, pero no dejan de tener cierta lógica al partir de dos premisas argumentales tan similares. Sin embargo, el humor con que carga Robinson en muchos momentos sus planteamientos, cierta angustia vital más propia del underground americano y, sobre todo, el planteamiento narrativo, las separa como dos obras que, aunque similares, son valiosas cada una en su terreno. Sin llegar al nivel de su anterior obra, Estafados, Robinson demuestra un envidiable nivel medio de calidad y, sobre todo, un interés continuado por la investigación narrativa, de la que encontraremos momentos brillantes en este libro.
A ver si Astiberri (supongo) lo publica pronto en España (3).
He leído poco a Paco Ignacio Taibo II, demasiado poco. Y lo digo con un poco de vergüenza porque es un debe grave, más teniendo en cuenta que las dos recopilaciones de novelas de su serie del detective Héctor Belascoarán que he podido leer (Cosa Fácil y Sueños de Frontera) me parecieron libros sorprendentes y brillantes, con ese particular estilo socarrón de Taibo, pleno de referencias y detalles que hay que investigar en cada página. Una labor minuciosa que se hace más patente en su faceta de historiador, de la que he podido disfrutar gracias a su extraordinario libro sobre el Ché (obligatorio para los que tenemos/hemos tenido una larga relación con Cuba).
Quizás por eso me ha alegrado especialmente la publicación del primer volumen de Cuatro Manos, adaptación a la historieta de su novela de la mano del francés Améziane. Un libro que parte de una obvia dificultad: aunque Taibo tiene una amplia relación con el tebeo (entre sus múltiples ocupaciones ha estado la de guionista de historieta), las referencias que tenía de esta novela y el estilo de Taibo se me antoja complejo de llevar a las viñetas. Un prejuicio que desaparece rápidamente a las pocas páginas, porque Améziane borda el planteamiento de estas historias paralelas aparentemente inconexas. Como un camaleón, el dibujante va cambiando su estilo gráfico y, más importante, narrativo para ir contando la historia de los periodistas Greg y Julio, la escapada de Stan Laurel por la frontera (la omnipresente frontera en las historias de Taibo) que le lleva a presenciar el asesinato de Pancho Villa o la manipuladora misión de Alex un maquiavélico agente de la CIA. Historias que saltan en el tiempo y en el espacio y que por sí mismas resultan apasionantes, pero que poco a poco irán encajando a la perfección, como partes de un mecanismo que vamos montando sin tener muy clara cuál será su función y que duplican, si cabe, la intriga sobre la historia. Todo, por supuesto, aderezado por el inconfundible sello de Paco Ignacio Taibo II, con ese humor irónico que lo impregna todo y mil detalles que entremezclan realidad y política.
La espera por la segunda entrega va a ser muy, pero que muy dura…(3+)
Enlaces:
Un avance
Web de Améziane
Curiosísimo documental chileno inspirada en la historia real de Jorge David, creador de la Editorial Dédalos, la primera editorial profesional de comics en Chile. Su sinopsis no puede ser más clara: “Daniel David trabaja en la librería “Libromundo”, como vendedor en uno de sus locales. Una serie de acontecimientos lo harán embarcarse en el proyecto más ambicioso de su vida: fundar la primera editorial de comics chilena. Pero la inexperiencia, sumada a la gente equivocada y a conflictos personales, harán de su proyecto algo más que un negocio arriesgado…”
Parece ser que los autores están transformando el documental original en un largometraje…
.
Más información, en su web.
(*)- Breakdown Vol. 1 (de 4), de Takao Saito. Formato 114×175 mm, rústica con sobrecubiertas, 354 páginas en B/N. Periodicidad Bimestral. PVP: 12,00€
- Aprende a Dibujar Manga: Personajes Shoujo Vol. 1 (de 3) , de Akaro. Formato 180×260 mm, rústica con sobrecubiertas, 144 páginas en B/N. PVP: 13,95€
(más…)
Después de tantos y tan comentados miedos, bueno es reconocer que hay algo que no me da ni un poquito de miedo: señoras y señores, nueva película de Hayao Miyazaki habemus, Ponyo.
245, 93, 123, 65, 190,… por no hablar de los famosos 400 comentarios, ¿Qué está pasando que ultimamente los comentarios en esta página están disparados? ¿Tanto gusta debatir?

Lo curioso es que las entradas que hablan de un tebeo determinado son precisamente las que menos comentarios tienen…
Reclamaba yo el otro día que aparecieran buenos tebeos para niños y, mire usted por dónde, hoy me encuentro con la grata sorpresa de Brujeando, tebeo de producción francesa pero autoría patria, con dibujos de Juanjo Guarnido y guión de Teresa Valero. Y poco se puede decir de esta obra que no sean buenas palabras: los autores firman una divertida historia de brujas tradicionales que se enfrentan al mundo moderno, con bebé élfico incluido para liar todavía más la situación. Un guión que recupera fielmente los cánones de la comedia infantil con reverencias a Goscinny y a Disney a partes iguales, sin más ambición que lograr que un chaval se lo pase bomba leyendo la historia. Lo que consiguen sobradamente con una medida arquitectura del gag, en el que Guarnido exprime al máximo la gestualidad de sus personajes demostrando quizás más todavía que en Blacksad la maestría de su dibujo, una aparente paradoja al pasar del tebeo adulto al infantil, pero que es obligada para poder llevar al papel los rápidos y divertidos diálogos de Teresa Valero. Pero no se contentan con ello, porque la lección de Goscinny (y Uderzo en este caso) está bien aprendida y se permiten el lujo de esconder entre viñetas una divertida crítica de la sociedad de consumo, aparentemente apta para todos los públicos, pero que un adulto disfrutará con una sonrisa, como un guiño entre autores y padres que compran el libro para sus hijos.
Comercialidad, calidad, ¿qué más se puede pedir? Un gran tebeo infantil (y para los que les gustaría seguir siendo niños). (2+)
Yo con el western tengo una extraña relación. No es un género que me entusiasme por costumbre, de hecho suelo evitarlo. Sin embargo, paradojas de la vida, algunas de mis obras preferidas en cómic y cine son westerns. Vamos, que servidor babea de gusto con las películas del oeste de Ford y Hawks (¡Ay! ¡Qué regusto da ver una y otra vez El Dorado!), por poner un ejemplo, y tiene en un altar a San Blueberry, por decantarme por otro más viñetero.
Pero repito, no es habitual que me acerque al género. Por eso tampoco le presté demasiada atención inicialmente a Scalped, la serie de Jason Aaron y R. M. Guera, hasta que reiteradamente me la recomendaron y caí. Y ha sido toda una suerte oigan, porque me he encontrado con un sugerente y atractivo tebeo que mezcla con habilidad los fundamentos del western con el policiaco en vertiente mafiosa, sin olvidar la acción y una trama compleja. Aaron y Guerra se atreven con una estructura temporal enrevesada, que va sorprendiendo al lector con giros inesperados y dejándole pistas para entender las sorpresas que encontrará después. Consiguen así que esta trama de mafias en las reservas indias, en algunos casos basadas en hechos reales (como la puesta en marcha de casinos en las reservas) vaya convirtiéndose en un relato bien construido, con un excelente ritmo y cadencia, muy entretenido, que no prescinde por ello de un duro mensaje de fondo hacia la situación de los nativos americanos, pero que en ningún momento cae en el reduccionismo o lo maniqueo, gracias a una excelente definición de personajes, llenos de matices que iremos descubriendo a cada página. A destacar además, el extraordinario dibujo del serbio R.M. Guera, soberbio en algunos momentos, que me ha recordado muchísimo al mejor Víctor de La Fuente en versatilidad gráfica y composición narrativa. Un tebeo para pasar un excelente rato de lectura, del que espero con muchas ganas la siguiente entrega (2).
Hagan caso del consejo de un lector ya curtido en esta ingrata tarea de leer tebeos: compren todo lo que en portada ponga Diego Agrimbau. Que este señor, argentino para las cuestiones geográficas, guionista para las del tebeo, está demostrando obra a obra que es uno de esos autores que, ya sea talento propio, trabajo enconado o por haber vendido su alma al diablo, es capaz de firmar obras originales, distintas y atractivas, combinando la reflexión con la imaginación a partes iguales y, para colmo, haciendo guiños a los clásicos del género.
Y como de los consejos hay que probar la eficacia en propias carnes, me acerqué a El gran lienzo, la nueva incursión de este guionista en la serie El Último Sur, que en este caso sigue su procesión por las artes para pasar del teatro a la pintura, pero de nuevo desde una perspectiva deformante y exagerada, como la que da esa ciudad de artistas que busca la unanimidad de criterio ante la creación definitiva. Una parábola del mundo del arte, caústica y mordaz, que reflexiona sobre precisamente sobre la imposibilidad del canon unánime, sobre el absurdo de establecer un pensamiento único sobre la creación. Y al igual que en la anterior entrega, lo envuelve de imaginación, de un mundo de normas extrañas que recuerda a los universos oscuros de Schuiten y Peeters, pero también a los cenicientos entornos urbanos de Bilal. De hecho, existen muchas conexiones estéticas entre El gran lienzo y la obra del yugoeslavo, que se podría ampliar a puntos temáticos comunes con su última tetralogía.
Aunque se pueda considerar por detrás de El muertero Zabaletta o La burbuja de Bertold, El gran lienzo es un recomendabilísimo álbum, en el que de nuevo destaca la extraoridnaria labor de Grabiel Ippoliti (2+).
La ya veterana cita gallega se inicia hoy con Horacio Altuna, Kenny Ruiz, Luis Davila, Tirso Cons, Manel Fontdevila y Al Barrionuevo como invitados. Más información, en su web.