Adaptando

Fin de semana marcado por las adaptaciones literarias a la historieta. En primer lugar Fugitivo, de Laurent Maffre (sins entido), que parte del trabajo de uno de los padres del periodismo de investigación, Albert Londres. Londres narra la injusticia de las cárceles que Francia mantenía en la Guayana a través de la historia de Dieudonné, un militante anarquista injustamente condenado a diez años de trabajos forzados. Maffre realiza un cuidadoso trabajo de traslación a la historieta de esta contundente crítica a la terrible realidad de unos presos olvidados del mundo, que dejaban su vida para la expansión colonialista y que sólo vivían con la esperanza de la “bella”, la ansiada libertad que tomaba forma de mujer inalcanzable.
Una labor rigurosa que permite transmitir al lector el exhaustivo trabajo de Albert Londres, consiguiendo dotar de la contextualización necesaria para poder comprender su importancia, sin dejar en ningún momento de transitar con acierto entre la ficcionalización y el ensayo periodístico. Con su estilo gráfico a medio camino entre Tardi y Comés, Maffre logra que la lectura sea siempre interesante, componiendo una obra de indudable atractivo. (3)
Bien diferente es Tres veces uno, de Gabrielle Piquet (La Cúpula), que adapta tres relatos breves de Tonino Benacquista. Sirva como primera impresión que, pese a que desconocía por completo la obra de este escritor, tras la lectura de este álbum pasa a ser objetivo prioritario de mis próximas lecturas. Las tres historias que componen el libro editado por La Cúpula me recuerdan en cierta medida a esa narración carveriana de realidad de giros inesperados, sazonadas con un sanísimo punto de humor soterrado mediterráneo. Es verdad que existe una matiz de previsibilidad en los giros finales de las historias, pero el desarrollo de las mismas me parece fresco y sugerente, perfectamente ejemplificado en “La pajarera”, esa historia que abre el álbum y que nos cuenta la dificultades que un sobrino tiene para cumplir las últimas voluntades de su tío. Historias atractivas que se ven potenciadas por la espléndida labor de Gabrielle Piquet, una joven autora que debuta aquí con un estilo perfecto para la obra de Benacquista. Un trazo limpio, de línea fina, que elude el marco de las viñetas para conseguir un flujo del dibujo realmente acertado y que se permite, en algunos momentos, interesantes experiencias tomando préstamos de la ilustración clásica y satírica de los años 20.
Un excelente libro que me ha descubierto a un escritor que debo explorar y a una autora que hay que seguir en el futuro (3+).

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