Back to the 80’s

Con todo lo bueno y lo malo que eso significa, uno debe reconocer que es hijo de los años 80. Si aceptamos que la nostalgia se gesta en esa época de paso en la que descubrimos lo que significa “hacerse mayor”, esa adolescencia que busca desesperadamente su individualidad y personalidad, a servidor le tocó para suerte o desgracia la década de los 80.
Mi personal viaje en el tiempo comenzaba la semana pasada con el especial de El jueves dedicado a esa década. Recordar al infausto Naranjito, V o la teta saltarina de Sabrina fue el primer paso. El segundo lo ha producido una curiosa coincidencia de lecturas, que de una manera u otra me retraían a esos años.
Voy por orden y comienzo por la primera lectura: el segundo volumen de Tapping the Vein, recopilación de adaptaciones de cuentos de Clive Barker que, pese a ser producidas en los primeros años de la década de los 90, tienen el regustillo de las historias de terror que leíamos unos años antes, aumentado y amplificado por la elección de unos dibujantes que rápidamente traen a la memoria los años de Epic y Warren. Aunque no es uno de mis escritores de terror preferidos, debo reconocer que sus Libros sangrientos son una más que recomendable lectura para el aficionado al género, con ideas sugerentes y atractivas que en mucho casos no llegan a más por la afición de Barker a la escritura excesivamente recargada. Un pecado lovecraftiano de un entonces principiante que, pese a todo, era perdonado con rapidez por un lector adolescente ávido de emociones terroríficas. Pueden haber pasado más de 20 años desde que leyera por última vez a este autor, por lo que el reencuentro ha tenido hasta un puntillo nostálgico, con el agradable añadido de volver a ver a un dibujante tan dotado como Tim Conrad, espléndido en su adaptación del infierno en tierra, y a dos autores tan dotados como Bo hamoton y Stan Wooch (más Angus McKie que nunca). Un tebeo muy recomendable para cualquier aficionado al terror que tiene el único inconveniente de una traducción que en algunos momentos chirría y una reproducción muy deficiente, en este caso achacable con casi toda seguridad a que el material original proviene de Checker Book, una de las peores editoriales americanas, que ya masacró Supreme en su día. (2-)
Mi segundo encuentro con los 80 proviene también de Kraken, esta vez con la reedición recopilatoria de Juez Dredd, la famosa serie británica de 2000 A.D. El volumen 2.1 recoge el comienzo de la famosa saga de la Tierra Maldita, publicada en su día por Zinco en comic-book. El siempre provocador Pat Mills (a ver si alguien recupera alguna vez su genial Marshall Law) borda una delirante serie que hoy, con casi toda seguridad, sería tildada de políticamente incorrecta, jugando con ese juez ultrafascista empeñado en el cumplimiento estricto de la ley sin reflexión alguna, una inteligente vuelta de tuerca al género de justiciero solitario que tan de moda estuvo en el cine de los 70 con Bronson o Eastwood a la cabeza y que el guionista lleva a un extremo exagerado, permitiéndole ácidas reflexiones sobre la sociedad actual. Un tebeo de lo más recomendable que cuenta con un contrastado equipo de dibujantes: el agresivo Mike McMahon, de dibujo visceral, sucio y violento, claramente arraigado en el underground de los 70, y Brian Bolland, brillante seguidor del dibujo más académico de autores como Jesús Blasco. Una oposición de estilos que, paradójicamente no sólo no molesta, sino que se complementa. (2+)
Mi tercer encuentro con los 80 tiene autoría hispana: La reserva, de María Zapata, Juan Gándara y Francisco Poyatos. Un tebeo lujosamente autoeditado en el que los autores se sumergen en una historia postapocalíptica que recuerda poderosamente a aquellas que leíamos en 1984 o Zona 84. Este relato de un grupo de supervivientes de un desconocido holocausto, enfrentados a un mundo que desconocen tiene mucho que ver con aquellas historias de Ricardo Barreiro o Carlos Trillo que leíamos en esa década, con un poco de aderezo Metal Hurlant y un paseíto por la actual tendencia de series como Perdidos. Pese a que a esta primera entrega se le notan demasiado las costuras, lógico e incluso perdonable en una obra debutante, hay que agradecerle a los autores la ambición por contar una historia compleja, en la que no se arredran ante retos como mover a un amplio reparto de personajes o la dificultad de crear un mundo desde cero con planteamientos creíbles. Un empeño que se acompaña además con un intento serio y consciente de hacer que la narrativa se pliegue a las necesidades de la historia, con juegos gráficos entre personajes o composiciones atrevidas de página. Quizás el mayor problema que se le puede poner a esta obra es ajeno a cuestiones historietísticas: su envoltorio completamente profesional, obligado en estos tiempos que no hay revistas, hace olvidar que estamos ante una obra casi amateur, nacida de la ilusión de unos autores por llevar adelante su trabajo. El dibujo todavía por asentar, la definición de personajes asimétrica y en algunos casos tópica, un flujo argumental que funciona a golpes de trama demasiado inconexos… son errores que en una obra profesional no se pueden perdonar pero que en un principiante, como es el caso, son simples piedras que hay quitar en lo que se promete un largo camino. En pocas palabras: lo que en el mundo del fanzine podría calificarse como uno de las propuestas más sugerentes que he visto en mucho tiempo, en el campo profesional recibiría lógicos varapalos por su evidente bisoñez. Aviso pues a los lectores para que sean condescendientes ante esta obra y ánimo a los autores para que vayan puliendo los errores, que buenos mimbres hay.
Y para acabar mi recorrido ochentero, una obra maestra. Hace relativamente poco recordaba por estos lares esa maravilla de la historieta que es Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs. En ese momento desconocía por completo que existía una obra anterior en la que aparecía la conmovedora pareja protagonista, los Bloggs, por lo que el anuncio de Drawn & Quaterly de publicar Gentleman Jim, su primera aparición, fue una especie de shock. Necesitaba leer esta obra.
Os podéis imaginar la impaciencia con la que he esperado que me llegara esta obra y la avidez con la que me he lanzado a ella, con un poco de miedo, eso sí. Quizás era injusto generar tan grandes expectativas por una obra anterior. Cierto es que Briggs es una autor mayúsculo, pero es que su famosa reflexión sobre la guerra nuclear es una obra maestra de difícil alcance.
Y ahora que he pasado la última página sólo puedo decir una cosa: qué maravilla.
Briggs nos cuenta la historia de esta afable pareja, felices en su sencillez, pero Jim tiene más aspiraciones que ser un simple limpiador de aseos públicos toda la vida. Y comienza la búsqueda de posibles trabajos que le saquen de su rutina. Le cuesta leer los anuncios de prensa, pero poco a poco se va dando cuenta de las muchas dificultades que tiene ser soldado, un gran artista o cowboy, por lo que se decidirá por la apasionante vida del bandolero. La aplastante simplicidad de Jim y Hilda consigue que nos arrebate a la primera viñeta el corazón, es imposible no sentirse conmovido por su ingenuidad y su sencillez, por esa ilusión desbordante por la utopía y lo imposible, por la lucha por un sueño. Y Briggs, autor magistral como pocos, nos va desgranando su historia como un cuento de cuentos, como las fábulas que se narran al niño que va a dormirse. Pero con una diferencia: esos sueños ocurren en un mundo real, que pugnará por cercenarlos y destrozarlos. Briggs borda como pocos el enfrentamiento entre la imaginación y una sociedad severa que no admite que uno de sus miembros pueda ser feliz más allá de las convenciones. Y su crítica no puede ser más rotunda y brutal. En apenas 30 páginas desarrolla uno de los discursos más lúcidos que servidor ha podido leer sobre una sociedad que no deja resquicios a la imaginación y que lucha por alienar a sus miembros al máximo. Los Bloggs se vuelven a convertir en esa conciencia infantil que no entiende de lógicas enmarañadas y falsarias, que sólo comprende aquello que marca el sentido común y la bondad sin malsanos intereses.
Una genialidad que merecería una edición en castellano inmediata que, ya puestos, podría ser acompañada por la edición en condiciones de toda la obra de Raymond Briggs. (4+)
(podéis leer un avance de seis páginas en la web de D&Q)

5 Comentarios en “Back to the 80’s

  1. Radar on 20 julio 2008 at 17:19 said:

    El link a tu comentario sobre El Viento Sopla está roto. Un amable servidor me dice que:

    "Not Found

    Lo siento, no hay entradas de lo que busca."

    Yo conocí la obra de Briggs a través de la película, y cuando vi el tebeo lo primero que pensé es que la adaptación había ido en sentido inverso. Aún recuerdo las vinyetas en negro poco después de la explosión. Acaban de sacar (al menos en Alemania) una nueva edición en DVD de la película, pero la impresión que me provocó en su momento es tan fuerte que dudo en comprarla. Un producto de su época, eso es seguro.

  2. mariano on 20 julio 2008 at 20:20 said:

    Que conste que esos números del Juez Dredd fueron editados en la segunda mitad de 1978 si no me equivoco. Y que lástima la edición tan leeeeeeeeeeeeeeenta que está haciendo Kraken. ¿Por qué tiene que fragmentar en 3 o 4 albumes cada tomo inglés? Y como ha partido esta saga en dos tomos aun no sé si recuperará las dos o tres historietas censuradas en su momento.

  3. "Marshal Law" es una maravilla (que bien te lo pasas leyendolo).

    Impacientes Saludos.

  4. Álvaro, yo de Briggs tengo su maravilloso cuento infantil Papá Noel. me voy acercando a los cuarenta y no hay diciembre que no me lo lea. ¿Lo conoces? No, nada que ver con otras obras más adultas, pero maravilloso en su tono.

  5. álvaro on 24 julio 2008 at 22:18 said:

    Punch: toda la obra infantil de Briggs es maravillosa. Father Christmas es maravillosa, igual que The Snowman o Fungus. Es un genio.

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