Más manga

Hay un libro que provocó en mí una verdadera pasión por la literatura japonesa: La escopeta de caza, de Yashushi Inoué. Había leído alguna cosa suelta antes, los cuentos de Ise, obras de autores instalados en Europa como Ishiguro, pero esta pequeña novela corta me impactó como pocas. Inoué contaba a partir de cuatro cartas, el relato de un adulterio. Era una narración sosegada, que hablaba con la reflexión que da el tiempo pasado, aportando cuatro visiones distintas de la misma situación: la del hombre, la hija que tuvo con su amante, su esposa y su amante. Apenas cien páginas que contenían la esencia del amor y del dolor, que me ayudaron a descubrir a Kenzaburo Oé, Yasunari Kawabata, Murasaki Shikibu, Haruki Murakami, Banana Yoshimoto, Ryonusuke Akutagawa, Yoko Ogawa o Junichiro Tanizaki.
Digo esto porque nada más comenzar a leer Love fragments Shangai, de Chaiko, me ha venido a la mente la obra de Inoué, motivando mi enésima relectura de este maravilloso libro. Una razón que, reconozco, ya de por sí me hace mirar la obra este autor chino de una manera más amable. Con toda la distancia que se deba poner entre este libro y aquella obra maestra, Love fragments comparte parcialmente su estructura, contando una misma historia de amor y desengaño desde diferentes perspectivas, apostando por una sencilla composición de página de tres grandes viñetas horizontales, animadas por una narrativa claramente cinematográfica y un estilo de dibujo elegante, claramente deudor de la ilustración publicitaria oriental. Participa también de esa actitud tranquila y un punto distante, en este caso tremendamente minimalista en los diálogos, que descargan sobre los números primeros planos la transmisión de sentimientos al lector. Un delicado envoltorio formal que no evita, sin embargo, cierta impostación en los planteamientos, excesivamente tópicos y forzados en algunos momentos y que se alza como el principal debe de la obra de Chaiko. En cualquier caso, un manhua que se aparta del tebeo romántico al uso, con una preciosista labor gráfica (excelente el uso del color) que puede hacer interesante su lectura (1).
Y, ya puestos a hablar de cosas niponas, sigo con el manga. Y sigo con esa vertiente historicista que tanto abunda en el tebeo japonés, con aproximaciones a la historia desde una perspectiva más cotidiana y didáctica. En esa línea, Relatos de un carbonero, Shigeyasu Takeno, entronca directamente con recientes obras que hemos podido leer en España como El árbol que da sombra, de Tezuka, Ikkyu, de Sakaguchi o muchas obras de Taniguchi, desde La época de Botchan a Seton. Una obra que, como se nos comenta en el epílogo, es una obra extraña, un debut de madurez por parte de su autor, ya pasada la cincuentena. Toma de partida la obra original de Toshikatsu Ue para contarnos la solitaria vida de su autor, un joven carbonero que lucha a día a día con la durísima tarea de fabricación del carbón bincho, una rica y energética variedad. Un hilo argumental que le permitirá una sorprendente variedad de acercamientos y reflexiones, que van desde la soledad y la relación con la naturaleza a hablar de las tradiciones populares japonesas, todo siempre impregnado de ese hálito pedagógico e instructivo antes comentado, que convierte la lectura de esta obra en una curiosa experiencia a medio camino entre el aprendizaje y la reflexión. Muy interesante (2+)

2 Comentarios en “Más manga

  1. Antonio J on 27 julio 2008 at 12:45 said:

    Kazuo Ishiguro difícilmente puede considerarse literatura japonesa, Álvaro. Lleva en Inglaterra desde los cuatro años, escribe en inglés exclusivamente, aunque sus primeros cuentos y novelas tuvieran de trasfondo Japón.

  2. álvaro on 27 julio 2008 at 12:51 said:

    Sí, sí lo sé, por eso puesto que está afincado en Europa y como exponente de lo poco que había leído… :)

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