Experimentos

Dice Dash Shaw que con sus historietas intenta capturar los sentimientos. Dice también que no lo hace a través de dibujos o palabras, sino a través de la secuencia, de la esencia de la historieta. Afirma también en aquella entrevista que no quería describir las cosas, quería las cosas.
Son afirmaciones atrevidas, desde luego, contagiadas de ese entusiasmo del principiante que apenas comenzar, cree haber descubierto la última clave, la piedra filosofal definitiva que antes nunca se ha vislumbrado. Se podría decir que Dash Shaw es bastante ingenuo, que lo único que ha hecho es descubrir lo que ya se sabe, que la historieta es mucho más que la simple yuxtaposición de dibujos y palabras. Pero yo, al menos, prefiero pensar que en su inocente y hasta cándido apasionamiento está precisamente el germen de una reflexión que es la base para poder avanzar en la historieta. Que es el punto de partida para explotar al máximo el lenguaje de la historieta, buscando realmente exprimir cada gota de eso llamado la narrativa. Y, por lo menos aparentemente, Dash Shaw lo intenta. Durante mucho tiempo, sus webcomics han sido un ejemplo de experimentación continua, de análisis, de pruebas, de ejemplos y contraejemplos, de algunos éxitos y muchos fracasos, de coherencias e incoherencias. Un taller de aprendizaje que, al final se plasmó en una obra larga: La boca de mi mamá, en la que el aprendiz demostraría que había conseguido curtirse como autor. Lo hace, como debe ser en todo principiante, con prepotencia y ambición, planteando una historia compleja y difícil: Virginia, una joven poco agraciada, con sobrepeso, en un trabajo oscuro y gris, debe volver a Nueva Orleans porque su madre está muriendo. Allí conocerá a Dick, un músico en ciernes con el que mantendrá una relación que le recordará una amistad de infancia de luctuoso final. Y como alumno bien aplicado, demostrará sus conocimientos, planteando arriesgados contrastes, jugando con líneas y trazos, juntando fotos con láminas psicológicas, dibujos de niño o secuencias. Su dibujo se ve modificado según las exigencias de esa búsqueda de los sentimientos, de las sensaciones, obligando al lector a leer la página con atención, buscando las pistas que va dejando. Algunas evidentes, otras más sutiles, pero siempre en una especie de toma y daca donde esa costumbre tan actual de leer deprisa un tebeo es imposible.
Ambición desmedida de mostrar lo aprendido que en ocasiones juega en su contra, creando escenas inconexas que dificultan el seguimiento de lo que nos quiere contar en exceso, pero que en su individualidad suelen ser muy interesantes. Sirva como ejemplo esa brillante doble página en la que Virginia se encuentra con su madre postrada, enferma de Alzheimer. Una mano tambaleante busca un vaso de agua, su hija le ayuda y un gran texto nos anuncia “Ten, Déjame ayudarte con esto”. Una idea, un concepto, que se ve plasmado en las viñetas siguientes con la inerte cabeza postrada de la madre bebiendo. Una secuencia descriptiva que contrapone a la siguiente página: cuatro viñetas con cuatro macetas de plantas. Perfecta metáfora de la sensación de una hija, que ve la relación con su madre reducida al mecánico riego de un vegetal.

No siempre alcanzará Shaw esta inspiración, pero se agradece, y mucho, ir descubriendo a lo largo de La boca de mamá estos intentos de cruzar fronteras y buscar que la secuencia salte de la descripción a la sugestión y la interpretación.
La obra de Dash Shaw puede parecer irregular, quizás perdida en los aspectos formales y olvidando centrar la historia que contaba, pero con suficientes hallazgos como para hacer su lectura un ejercicio de lo más gratificante. Si se entiende la historieta como algo más que la yuxtaposición de letras y dibujos, claro. (2)
PD: atentos a Bodyworld? la historieta que está serializando en su web. Se pueden ver más páginas de La Boca de Mamá en la web de Apa-Apa Cómics.

Doctor Mortis, de Alfons Figueras

Gracias a un comentario de Oski me entero de otra de las jugosas novedades que han visto la luz en el Salón de A Coruña, esta vez de la mano de El Patito Editorial, que ya nos deslumbrara con el excelente álbum de Jacobo Fernández, Las aventuras de Cacauequi. La editorial gallega se atreve nada más y nada menos que con la genial Doctor Mortis de Alfons Figueras. Una obra de humor negro (negrísimo) absolutamente imprescindible.

Además, la editorial publica Home Sweet Home, de Dudi.
Doctor Mortis, de Alfons Figueras. 30x21cm. Rústica con solapas. 48 págs. BN. PVP:15 €
Home, sweet home, de Dudi. Textos en gallego. 30x21cm. Rústica con solapas. 96 págs. BN. PVP: 12 €
En la web de la editorial hay extractos de ambas obras.