Más cosas de Batman

Ahora que está de moda la versión de Nolan y el Joker de Ledger, no está de más recordar los trailers que sobre Batman han hecho algunos aficionados, como por ejemplo las producciones de Bat in the Sun, Patient J y Batman Legends.

Patient J:

Segunda parte

Batman Legends:

Y un par de chorradas divertidas…

Una nueva versión del interrogatorio de Batman al Joker…

Y lo que hubiera sido Batman vs. Spiderman…

¿OT Cómics?

No es que Operación Triunfo me importe mucho, pero ya se sabe, es Agosto y de algo hay que hablar: resulta que la ganadora del último OT ya tiene tebeo. Parece que movimiento fan alrededor de esta chica ha sido de tal calibre que no sólo han hecho engrosar la arcas de Telecinco a base de sms, sino que se han atrevido incluso con una serie en historieta (¿?- la verdad es que es una mezcla extraña de 3D, fotonovela e historieta) protagonizada por la susodicha, reconvertida en “Virginia Croft“.
El tebeo es gratis (se puede bajar desde esta web), aunque como la cosa tenga un mínimo de respuesta en internet, no descartemos una versión comercial… Que la pela es la pela.

El caballero oscuro

Toda la parafernalia mediática que se ha cocido alrededor del nuevo y suculento taquillazo que ha significado la reaparición de Batman me producía bastantes dudas a la hora de acercarme al cine a verla. Un resquemor al que había que añadir el mal sabor de boca que me dejó Batman Begins, alabada por aficionados y parte de la crítica y que a mí me pareció una película muy floja, en la que la bien conocida habilidad de Nolan brillaba por su ausencia, con momentos –léase “escenas de acción” en los que, para horror mayor, parecía más un clon del infame Michael Bay.
Pero el verano consigue maravillas y nada mejor que un puente de agosto para acercarse al cine. Primero porque dos hora y media de película son muchas horas, pero más soportables bajo un buen aire acondicionado. Y segundo, y más importante, porque el exilio veraniego favorece que esa subespecie humana de “gente-que-no-para-de-hablar” que tanto ha proliferado en los cines, emigre.
Pero olvidemos las circunstancias y vayamos al grano, es decir a responder llanamente a la pregunta fatídica “¿qué te ha parecido la película?”. Y la respuesta es simple: una película muy buena, posiblemente la mejor adaptación del género de superhéroes al cine con permiso de Richard Donner y su Superman.
El primer Batman de Nolan padecía, a mi entender, de una falta absoluta de definición como género. Parecía claro que el director quería hacer algo realista con el personaje, pero no tenía muy clara la dirección que seguir. Pese a tener un villano de la categoría de Ra’s Al Ghul, Nolan no llegaba a entender esa bicefalia necesaria entre supervillano/superhéroe que tan necesaria es al género y que, por fin, acepta plenamente en este Caballero Oscuro.
El superhéroe precisa al supervillano. Es una especie de ley natural, una máxima que Moore lanzó como mensaje básico de La Broma Asesina y que Nolan admire aquí literalmente: para que el bien exista, debe existir el mal. Y en el caso del superhéroe, ese mal debe ser exagerado, brutal e imposible. El heroísmo tiene una vertiente de sacrificio vital, de humanidad, que el superhéroe no se puede permitir. No puede salvar a las víctimas del 11-S o parar a todos los delincuentes, pero sí que puede focalizar todo ese desastre y crimen en un icono, en una representación de todo el horror que se alce como su némesis. El superhéroe sale así de la temida realidad para entrar en el terreno de los símbolos, donde su muerte es innecesaria, donde puede vivir eternamente.
Y Nolan por fin lo comprende, enfrentando a Batman con un Joker que es imagen perfecta de la anarquía, del caos y de la locura. De todo lo irrefrenable a lo que sólo un Batman se puede enfrentar. El resultado es una película con muchísima más épica y profundidad, que es redondeada por un cuidado guión, que desarrolla con acierto el argumento de la necesidad de la elección y su responsabilidad como base del comportamiento humano adulto. Los hermanos Nolan y David S. Goyer van un paso más allá del “todo poder conlleva una gran responsabilidad” que simbolizaba el paso de la adolescencia a las primeras muestras de mayoría de edad para entrar plenamente en la reflexión sobre la propia asunción de la elección como signo inequívoco de madurez. Aunque sea una comparación simple, la inclusión de Dos Caras actúa de forma efectiva en esta argumentación, como contraste entre la elección azarosa y la elección reflexionada, entre una justicia probabilística y aséptica y otra más humana pero que puede errar. Una intención que precisa de una revisión del Joker más compatible con esa búsqueda del realismo y que, a mi entender, es uno de los grandes aciertos de la película. Sin perder la referencia original de los tebeos, este Joker cinematográfico resulta tan creíble como espantoso, con una excelente actuación de Ledger que sin llegar a ser de Óscar (aunque la querencia por las actuaciones de personajes histriónicos y morbo de la Academia le da muchísimos puntos para recibirlo), es muy destacable, por encima de las de Bale o Eckhart (y mira que me gusta este actor, sobre todo después de la vitriólica Gracias por fumar).
Pese a que ha hecho muchos deberes respecto a la anterior, en el debe de Nolan siguen quedando varios apartados por resolver. En primer lugar, el acercamiento al personaje Batman. Paradójicamente, el protagonista de la historia es, de lejos, el peor tratado por director y guionistas. Comparado con Joker, Dent o Jim Gordon, Bruce Wayne y su alter ego quedan desdibujados y poco definidos, maltratados por la cámara. Frente a las brillantes secuencias del Joker, Batman como personaje apenas tiene las casi necesarias entradas épicas en escena, sustituidas por sus contrapartidas tecnológicas. Resulta sorprendente que sean más vibrantes las escenas con el batmóvil o la batmoto que las propias del hombre murciélago. De hecho, esta indefinición se acentúa en algunos de los pocos momentos de naufragio del guión, que lo llevan a convertirse en algunas secuencias en una especie de émulo de James Bond, con Q/Morgan Freeman incluido.
En segundo lugar, la propia estructura de la película, que rompe la clásica de presentación-nudo-desenlace (perfecta para este tipo de películas, no hay porque experimentar con algo que es perfecto) por una especie de perfil en diente de sierra con varios nudos/desenlaces continuados. Quizás no se deba achacar a Nolan este problema, derivado de la mala costumbre de incluir varios villanos en las películas de superhéroes a los que hay que dar salida por separado por las cosas de producción hollywoodiense, pero en un película de una duración tan exagerada, llega a romper completamente el necesario clímax final.
En tercer lugar, y aquí debo reconocer que es una cuestión personal, la falta de una concepción visual unitaria de la película. El afán de realismo de Nolan olvida que la propia “suspensión de la incredulidad” inherente al género permite ahondar la carga dramática con una cuidada coreografía visual. Algo que entendió perfectamente Tim Burton en la, a mi entender, espléndida Batman vuelve, dotada de una poderosa imagen gótica que se convierte en un recurso narrativo más de la película. Quizás sin llegar a este extremo, Nolan podría haber conseguido una imagen más personal, basada quizás también en el realismo arquitectónico urbano, pero sin tanta incoherencia visual.
El cuarto puesto tampoco creo que sea achacable al director: la manía del cine actual por llegar casi a las tres horas para contar una historia. Creo que con media hora menos, la película hubiera sido mucho más redonda. ¡Si de verdad se necesita más tiempo para contar una historia, hagan ustedes una serie de televisión, no una película!
Dejo para el final el mayor pero que le puedo poner a la película: la banda sonora. Frente a la épica música de Elfman, la banda sonora de Zimmer me parece tan insulsa y poco acertada como, en general, todas las que compone este hombre, sin una correlación clara entre el dramatismo de la escena y lo que oímos. Un problema que acentúa la frialdad que Nolan suele aportar a la dirección, evitando que la película llegue a emocionar en muchos momentos.
No es, desde luego, ni la mejor película del año ni, mucho menos, la mejor película de la historia, pero El caballero oscuro es una buena película, que pese a los problemas señalados cumple con las expectativas y tiene motivos más que sobrados para ser considerada como una de las mejores películas de superhéroes que se han visto hasta el momento. Muy recomendable.