Pensamientos inconexos sobre revistas, reediciones y nostalgia

Vuelvo de la tienda de cómics entusiasmado, con novedades calentitas y decidido a degustar como un enano durante esta semana las más de 1000 páginas de lectura que llevo en las bolsas cuando caigo en la cuenta de una cosa curiosa: ni una sola novedad. Es más: entre una cosa y otra, lo más moderno que he comprado tiene ya ha cumplidos los veinticinco añitos. Comprueben ustedes mismos: primer volumen de la edición recopilatoria de Creepy, de los años 60; primer showcase de The House of secrets, primeros años 70; segundo volumen de Jeff Hawke, con tiras de los años 60 también y primer volumen recopilatorio de American Flagg, primera mitad de la década de los 80. Sé que el primer comentario que se les ocurrirá es hacia la pasta que me he dejado en la tienda de cómics, para alegría de mi librero (que, con seguridad, ha conspirado contra mí al leer mi reseña de Batman, pero eso es otro tema) todo sea dicho, pero dejemos eso de lado, que la visa todavía gime de dolor cada vez que lo recuerda y no es cuestión de fastidiarla mucho más.
No, el tema en cuestión es… ¿no hay nada nuevo bajo el sol?
Pregunta de fácil respuesta: sí, pero es agosto, y con el debido respeto a las editoriales españolas, sus novedades son de lo más decepcionante.
Así que, aprovechando el necesario desajuste neuronal achacable a los calores, sigo hilando un razonamiento inconexo, porque repasando la edición de Creepy (paréntesis: exquisita, bien editada, pero que me deja la duda de su futuro…¿reeditarán los casi 150 números de Creepy a razón de cinco por volumen? Estos primeros son muy interesantes, pero a partir de de unos números más allá, la irregularidad es la constante, hubiera sido mucho más razonable una selección de contenidos, como en su momento hizo la propia Warren con los últimos números de Creepy. Pero oigan, impresionantes los Crandall, Frazetta, Toth o ese Williamsom más Raymondiano que nunca)… Me pierdo: digo que, repasando la edición de Creepy, no puedo menos que dejar volar la imaginación en forma de recuerdo nostálgico y pensar en aquella época dorada de las revistas, de lo mucho que la disfruté y el reciente anuncio de la ¿posible? reaparición de CIMOC. Pero la ilusión es una cosa y la realidad es otra. Es verdad que los días de las revistas fueron mágicos: uno, que era recién tardoadolescente en esos años, tuvo la suerte de vivirla, con zambullida y alegre regocije. Compraba el 1984 y disfrutaba de sus historias de ciencia-ficción, descubría lo mejor del tebeo europeo con TOTEM y Metal Hurlant, aprendí a querer a los clásicos con Comix Internacional a la vez que exploraba los nuevos caminos que llegaban de allende los Pirineos y de abajo después con Cairo, con Rambla o Madriz. Y con mi buen amigo Vicente, hacíamos equilibrios en nuestras maltrechas economías para poder comprar entre los dos la mayoría de las revistas, intercambiarlas y hacer infinitos listados para ver quién tenía más páginas de Corben u Ortiz.
Gracias a la diversidad de las revistas y su precio “asequible” (entre comillas, que bien caras que eran: 250 pesetas en 1982, el equivalente a una revista que costara de 10€ hoy), seguramente, sé lo que sé hoy de tebeos.
Si me dejara llevar por la nostalgia, pensaría que una revista hoy es lo que le hace falta al mercado, pero me temo que la realidad es muy diferente. Han pasado casi treinta años y ya no es tiempo de revistas. Es tiempo de internet y de consumo rápido, los kioscos ya no son los que eran entonces y los compradores mucho menos. Pensar que un modelo de formato que funcionó entonces lo haría hoy sería tan absurdo como reclamar los cuadernillos apaisados de aventuras de 16 páginas a blanco y negro porque en su día vendían millones. Las revistas fueron un formato que funcionó por una coyuntura que lo hacía ideal, eran el paso a dar, precisamente, entre aquellos cuadernillos y la modernidad que venía de Europa, pero fueron una etapa que, como todas, se debe superar. El continuará es cosa del pasado, ya nadie quiere esperar meses y meses a que una historia acabe a cómodas entregas de ocho páginas. Las enciclopedias coleccionables en cuatrocientas fascículos ya no existen, se venden los volúmenes completos y, a ser posible, con casitas, trozos de coches teledirigidos, figuritas de porcelana o vajillas de diseño. Y, ya puestos, si se puede dar la figurita y olvidar el librito, mejor.
Las revistas de los 80 fueron un éxito que se reveló como un gran bluff: copiaron el modelo francés y tuvieron mucho éxito de ventas, pero la avaricia rompió el saco y la multiplicación de los panes y los peces, en este caso de cabeceras, no tuvo los mismos efectos beneficiosos para la industria que para los de las bodas de Canaan. Las primeras revistas de Toutain vivían de las rentas de las publicaciones de Warren, con material ya rentabilizado y relativamente barato de publicar, al igual que ocurría con las publicaciones de Rocca respecto a obras europeas. Las vacas gordas tentaron a los editores y comenzaron a fomentar la producción propia, pagando precios por página a nivel europeo que sólo tenían rentabilidad si después eran publicados en otros países. Cada vez más revistas, más necesidad de llenar páginas, más producción propia, más publicación de material de segunda, tercera y regional preferente. Y, entre medio, el cambio de tendencia que se daba en Francia, con un mercado que potenciaba el formato álbum frente a la revista. Los lugares foráneos donde antes se podían colocar las producciones propias van desapareciendo y lo que se paga por página es imposible de recuperar. Las revistas además ya no se venden como antes porque la basura inunda como nunca los sumarios… La burbuja estalla como nunca y la contracción es brutal: más de treinta títulos quedan reducidos a apenas media docena, que irían agonizando hasta entrados los 90.
Hoy, con un mercado que parece gustar de un tebeo que se llame “novela gráfica”, la revista ha quedado como una especie de reducto de la experimentación y la transgresión formal. Cuidados y lujosos volúmenes como Mome o la Ferraille Illustré que intentan buscar nuevos caminos más que recorrer los ya trillados. La revista como formato para el fanzine, con la única excepción, como siempre de El Jueves, que vendría a demostrar que la única revista que se vende es aquella de consumo rápido que proporciona un rato divertido de lectura. Nadie busca ya una revista para guardar, sino para leer en el metro. Y ni siquiera vale con cualquier lectura: en Francia todavía disfrutan de Fluide Glacial, pero el experimento hispano más parecido, El manglar, demuestra que, pese a su calidad, no es del agrado de los de aquí, que aprecian más la parodia cercana con su puntillo de sal gorda. Y, seamos realistas, una revista en estas condiciones a duras penas podría costear inversiones en producción propia y, con dificultades, la compra de derechos extranjeros.
Resumiendo: por mucho que el corazón me haga soñar con la vuelta de CIMOC , al realidad es que si vuelve, lo más probable es que se parezca poco o nada a aquella revista. Lo lógico, viendo cómo van las cosas, es que estuviera más próxima a la antología, a una especie de catálogo de presentación de autores, de prueba de mercado de periodicidad indefinida, pero nunca corta. Y quizás, como una especie de “novela gráfica” semestral o anual, a lo mejor funciona.
O a lo mejor no.

Otro día, prometido, hablo de Jeff Hawke y American Flagg.

24 Comentarios en “Pensamientos inconexos sobre revistas, reediciones y nostalgia

  1. Xelo on 19 agosto 2008 at 1:43 said:

    "…a una especie de catálogo de presentación de autores, de prueba de mercado de periodicidad indefinida…"

    Creo que El Manglar tirará por esa vía. Una pena que no funcionara, pero con la elección de una línea estilística relativamente minoritaria (¿le damos nombre?) ;) lo tenía algo díficil. Pero fueron, ¿son?, valientes al intentarlo.

    Jeff Hawke, sí…¿lo habrá tratado bien el paso del tiempo? ¿A que espera PdA para editarlo? Y digo PdA porque me imagino que nadie más se atrevería a editarlo. ¿O sí?

  2. F. Gordon on 19 agosto 2008 at 1:43 said:

    Olvidas mencionar a la revista que apareció durante más tiempo y que curiosamente no copió el modelo francés, no aprovechó el legado de la warren ni del cómic europeo, no diversificó (en exceso) sus cabeceras y no se dedicó a las parodias con un puntito de sal gorda.

    Al final, eso sí, el Víbora cayó como todas…

  3. F. Gordon on 19 agosto 2008 at 1:50 said:

    …Y no era de consumo rápido para pasar un rato divertido, y ya por acabar de contradecir, apostó desde su mismo principio por la producción propia. Hay un fenómeno en esa revista que escapa a los preceptos comunes. También es curioso que una de las que más llegó a vender, quizás la que más, sea de las menos contempladas por los nostálgicos. Pero en contar historias "cercanas" al lector había un camino que iba hacia adelante, esto está clarísimo…

  4. F.Delgado on 19 agosto 2008 at 2:30 said:

    y ami que carajo me importa lo que usted lea o deje de leer.

  5. Yo también veo complicado que un posible regreso de CIMOC salga rentable. Precisamente por esa tendencia al consumo rápido. Puede que triunfe si limitan su tirada en algún formato lujoso destinado a los nostálgicos, pero una política para consumo popular creo que sería errónea. Ojalá me equivoque, de verdad.

  6. Vaya títulos que has mencionado, Alvaro! Estuviste así de cerca de arrancarme una lagrimilla nostálgica. Es por títulos como estos que muchos fanáticos de la historieta se han reafirmado en su posición de frikis voraces e imaginadores incorregibles. Felicidades por el espacio, está realmente increíble. Saludos desde Perú.

  7. alpargatus on 19 agosto 2008 at 10:34 said:

    Una revista de cómics funcionaría hoy día si la regalaran con un periódico. Y ya. En estos tiempos,

    ¿quién se compraría una revista con trocitos de libros?

    Yo no.

  8. Yo era un fiel seguidor de las publicaciones de Toutain, pero recuerdo que los últimos números del 84 y del totem eran infumables. El totem dejé de comprarlo en el número 49 (4 páginas de Giménez no compensaban) y del 84 lo compré todo siendo testigo de una cruel agonía (refritos, historias amateur, mediocridad). Siguiendo con la nostalgia, creo que más que Cimoc, un Creepy actualizado aún tendría salida (esta publicación no murió por malas ventas sino por el cierre de la editorial).

  9. Thedead on 19 agosto 2008 at 11:07 said:

    Es que la nostalgia nos viene porque las revistas cumplieron la función de descubrirnos a precio asequible autores (con historias cortas o continuará) de los que no se editaban álbumes o si se editaban no nos llegaba la pasta para comprarlos. Hoy, para descubrir a los autores nuevos, o a los clásicos, ya tenemos internet que es gratis.

    Pero sí, aquellas revistas, y sobre todo ese VÍBORA, fueron las que nos hicieron amar un poco más cada mes esto del cómic y seguir hasta hoy en ello.

  10. álvaro on 19 agosto 2008 at 11:44 said:

    Completamente de acuerdo alpargatus…

    Yo una vez ya lo comenté: no son necesarias revistas de historieta, sino que haya historietas en las revistas…

  11. John Space on 19 agosto 2008 at 11:15 said:

    “Por Dios, qué notición. Que también vuelvan las hombreras y, de paso, los calentadores de Eva Nasarre.”

    ?Malos recuerdos en tu época en Creepy?

  12. álvaro on 19 agosto 2008 at 12:38 said:

    Alguien que piensa con mucha mayor coherencia que yo:
    http://crisei.blogalia.com/historias/58976

  13. John Space on 19 agosto 2008 at 12:00 said:

    Ah, bueno :) Y a ver cuándo vemos un recopilatorio de tus historias.

  14. Por Dios, qué notición. Que también vuelvan las hombreras y, de paso, los calentadores de Eva Nasarre.

  15. MarvinMarciano on 19 agosto 2008 at 13:13 said:

    ¿Revistas? ¿Ahora? Para los archivos y las bibliotecas.

  16. ?Malos recuerdos en tu época en Creepy?

    XD No, hombre, solo quería decir que me parece absurdo titular algo nuevo (otros tiempos, otros autores) con una cabecera tan apolillada. Yo me lo pasé muy bien publicando en las revistas de Toutain y en el Cimoc. Pero hoy en día el comic ha salido del ghetto, hay más variedad que nunca y yo, como lector, disfruto mucho más que entonces.

    No sé… lo veo como reeditar el "Super pop" o algo así…;D

  17. dvd- on 19 agosto 2008 at 17:22 said:

    Hay nuevas generaciones de jóvenes que SI que podrían engancharse a las revistas de tebeos como hizo Álvaro y alguno más en el pasado.
    Y por otro lado: La publicidad, amigos, la publicidad: el sustento de toda la prensa escrita actual. ¿dónde están los comerciales de las editoriales de tebeos???

  18. También está Cthulhu, la única en su género en España.

  19. spendius on 19 agosto 2008 at 19:54 said:

    Las revistas de antes eran más parecidas a la BD Banda, que a Manglar.

    En su buena época incluso traían historias completas, como Boomerang, el Manglar es más como fueron las revistas al final, tres autores interesantes, varios mediocres y mucha morralla foránea que no hace gracia.

  20. Ismael on 20 agosto 2008 at 11:55 said:

    Es verdad que también está Cthulhu y, además, internacionalizada:
    http://maisquadrinhos.blogspot.com/2008/07/fico-s

  21. Excelente el texto. Leerlo me trajo gratos recuerdos de aquellas publicaciones, de las que conservo colecciones de Metropol, Totem (la primera), Comix Internacional, Zona 84 (que lujo!!!), El Víbora, Cairo, Comix Internacional (exquisita) y Címoc (otro lujo). Se las extraña y eso que escribo desde Patagonia (vieron hasta donde llegaban esas revistas?)

  22. koki on 24 agosto 2008 at 17:43 said:

    Álvaro, copie 100 veces: Frazetta, Frazetta, Frazetta.

    Alguien debería explicar alguna vez la extraña longevidad de Dossier Negro.

    ¿Qué tal está funcionando en Argentina el retorno de la revista Fierro?

  23. Koki preguntó por el regreso de la Fierro… Por estos lados es todo un tema. Se podría decir que si se la compara con la vieja publicación que salió dos veces mejor revista del mundo del género (85 y 86, creo), sólo queda la marca. Ahora es otra revista con el mismo nombre. Es como que hasta hace unos números no lograban equilibrar la línea vieja con la nueva, pero va remontando, unificando su línea editorial. El contenido va de excelente a aceptable (según los gustos de cada lectos). En el ambiente de la historieta existe como cierto recelo a comentarla o criticarla, supongo que en parte porque la gran mayoría ansía publicar ahí y no quieren perderse la oportunidad. Publicar en Fierro da prestigio. Es la única de las grandes que quedó o, mejor dicho, volvió.

    Respecto de las ventas, si se analizan los ejemplares que llegaban inicialmente a los quioscos de revistas, a los que llegan ahora, se diría que la tirada no es muy considerable. Fierro se edita a través de un diario de línea oficialista y las publicidades con las que se sustenta la revista, son mayoritariamente del Estado.

    Hoy en Argentina, las nuevas tendencias en historieta y autores se difunden mayoritariamente a través de Internet y pequeñas editoriales que editan en formato álbum y algunas revistas de menor circulación (pese a que Fierro lleva el subtítulo “la historieta argentina”).

    De todos modos, es muy bueno que la revista haya vuelto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation