Continuaciones

Unas cuantas lecturas que tienen en común ser continuaciones de series (o casi):
– Sfar ha conseguido que el inspirador de Arthur Conan Doyle sea el protagonista de una saga apasionante de álbumes, El Profesor Bell, que con El carguero del rey Mono llega a su tercera entrega con un cambio importante: los dibujos de la serie pasan a ser responsabilidad del siempre interesante Hervé Tanquerelle, que demuestra una sorprendente capacidad camaleónica para calcar el estilo gráfico de Sfar (aunque, quizás, con algunos matices a Tardi), que sólo desarrollará los guiones de la serie. Una sustitución casi imperceptible que permitirá gozar de este álbum en absoluta continuidad con los anteriores, en este menú decimonono que incluye desde fantasmas a todo tipo de esoterismo pasando por el eje argumental de esta entrega, la reescritura de la historia de King Kong. Quizás algunos saltos narrativos chirriantes pueden disminuir un poco la experiencia lectora, pero el resultado final sigue siendo un rato de deliciosa lectura, plagada de guiños referenciales tan inteligentes como divertidos. Una de las series más recomendables de Sfar, en cuidada edición de sins entido (3).
– Aún a sabiendas de que es un tebeo difícil y que mi entusiasmo no es compartido por muchos, soy un firme defensor del particularísimo Hellboy de Mike Mignola. Su deslumbrante grafismo suele ser el principal atractivo de sus historias para muchoas aficionados, pero a mí me encanta su irreverente visión de mitos y leyendas, que se acumulan y entremezclan sin medida, rompiendo estructuras narrativas y jugando con ironía con la historia hasta desfigurarla en muchas ocasiones. Hay que reconocer que Mignola olvida a sus personajes muchas veces para centrarse en su investigación sobre las creencias populares, lo que puede afectar negativamente a la serie, resultando pesado e insulso a aquellos que prefieren encontrar historias armadas con una solidez más clásica. Sin embargo, los que renieguen de las historias de Mignola deberían acercarse a su serie esqueje, AIDP, donde el correcto John Arcudi toma los argumentos de Mignola y les da una forma más clásica y definida, con una mayor profundización en los personajes (en este caso los secundarios de la serie) y con un desarrollo tan tradicional como intachable, siempre acompañado de un espléndido Guy Davis que da el tono gráfico perfecto a las historias. Norma acaba de editar El jardín de las almas, cuarto volumen de la serie y un excelente ejemplo de la eficacia de este equipo creativo, que consigue siempre historias interesantes y muy entretenidas como esta que ahonda en el origen de Abe Sapien. Los habituales de Hellboy encontrarán las constantes de la serie (fantasía, esoterismo, leyendas, mitología variada…) mientras que los menos seguidores de la misma no tendrán que sufrir las extrañas concepciones de Mignola. Una serie a seguir, sin duda (2+).
– Y, aunque no sea una continuación estricta, se puede considerar como tal la publicación de las Crónicas Birmanas de Guy Delisle (Astiberri), que podrían englobarse en una especie de serie sobre la vida en países exóticos (a ser posible, con regímenes dictatoriales). Si en Shenzen y Pyonyang viajaba por razones de trabajo a China y Corea del Norte, ahora acompaña a su mujer en una misión de Médicos sin Fronteras a Myanmar (Birmania) durante un año. Delisle vuelve a ensayar la fórmula que tanto éxito le dio en sus dos anteriores obras, uniendo una descripción costumbrista de la vida diaria, más focalizada en las anécdotas de choque cultural, con el análisis de la situación política del país. En este caso, se añade como elemento de interés el poder atender al funcionamiento de una ONG como Médicos sin fronteras, los problemas que tiene que afrontar y su impresionante labor humanitaria. Para los que hemos podido estar involucrados en tareas de cooperación, aunque una escala muchísimo menor, resulta además muy interesante comprobar cómo se repiten los esquemas de las situaciones problemáticas. El principal problema que se le puede poner a esta obra es la pérdida del factor sorpresa: tras Pyonyang y Shenzen, las similitudes de planteamiento y de tratamiento de la obra hacen que, pese a las diferencias de país y de situación, la lectura de Crónicas Birmanas genere un déjà vu continuado. Si es la primera obra de este autor que se lee, no supone ningún problema, al contrario, pero siendo la tercera comienza a ser repetitivo. Pese a todo, una lectura agradable con momentos interesantes (2).

Mickey Mouse, ¿de dominio público?

La noticia puede ser un bombazo o un simple globo de verano: según se ha difundido por agencias, parece ser que existe un error en el Copyright de la creación de Mickey Mouse, lo que anularía los derechos de Disney y pasaría al personaje, uno de los iconos del siglo XX, al dominio público. Por lo que pone la noticia, todo el problema reside en la primera aparición de Mickey en el corto Steamboat Willie: la palabra Coypright no aparece al lado de Walt Disney, sino después de los nombres de “Ub Iwerks” y “Cinephone”, lo que invalidaría los derechos de autor.
Sinceramente, me extraña que no existan más referentes y, en cualquier caso, Disney debe tener más marcas registradas alrededor del ratón y su nombre que ninguna otra casa comercial en el mundo pero la cosa no deja de tener un punto de justicia poética: siendo Disney, junto con Moulinsart, uno de los más voraces y estrictos perseguidores de las violaciones de los derechos de autor, por leves que éstas sean, que ahora toda su cruzada se caiga abajo es de lo más irónico…