Otra vez Watchmen

Estoy acostumbrado a que Peter Milligan dé una de cal y otra de arena. Tras su espléndida etapa en X-Factor/X-Statix, la regla anunciaba un seguido de obras poco interesantes y olvidables, como así fue, por lo que esperaba con cierto interés que The Programme significase la vuelta del Milligan más interesante. Sin embargo, tras leer el primer recopilatorio, recién editado por Norma, la sensación es agridulce. Hay que reconocerle a la obra ciertas virtudes: hay una cuidada apuesta por una atmósfera opresiva, un intento de mantener un ritmo narrativo complejo, basado en varias historias simultáneas y un afán claro de crítica social. Incluso el trabajo de base fotográfica de C.P.Smith me parece interesante. Reconocible y muy influenciado por otros autores como Jae Lee o Sean Philips, pero atractivo y muy funcional para la historia, con un planteamiento narrativo de grandes viñetas que es muy adecuado para la atmósfera buscada.
Pero, pese a todas las buenas maneras, uno no puede evitar tener la sensación perenne de déjà vu mientras está leyendo The Programme: Volver a plantear el “¿qué pasaría si hubiera superhéroes en un mundo real?” es luchar de nuevo contra el inmenso “muro Watchmen” y todos sus derivados. Un gigantesco “pero” que se ve agravado, además, porque la serie apenas aporta nada nuevo y en todo momento nos referencia a otras obras similares, como New Statemen, Rising Stars o tantas y tantas que se han intentado introducir en esos peligrosos cenagales. Una verdadera lástima, porque Milligan demostró una brillantez inusitada cuando en X-Statix planteó un tema muy similar.
Sería injusto decir que The Programme es un mal tebeo. Pero a estas alturas, volver a leer la misma historia por enésima vez con pequeñas variaciones, no justifica dedicar tiempo a un tebeo cuando hay propuestas mucho más interesantes. (1-)

Los premios Ignatz

Se acaban de conceder los Premios Ignatz, que galardonan lo mejor del panorama independiente USA:

Mejor Artista: Laura Park, Do Not Disturb My Waking Dream (self-published)
Mejor Antología o colección: Papercutter #7, edited by Greg Means (Tugboat Press)
Mejor novela gráfica: Skim, Mariko Tamaki and Jillian Tamaki (Groundwood Books)
Mejor historia: The Thing About MadeleineLilli Carre (self-published)
Nuevo talento más prometedor: Sarah Glidden, How To Understand Israel in 60 Days or Less (self-published)
Mejor serie: Snake OilChuck Forsman (self-published)
Mejor Comic: Snake Oil #1Chuck Forsman (self-published)
Mejor Mini-Comic: BluefuzzJesse Reklaw
Mejor Cómic Online: Achewood, Chris Onstad (www.achewood.com)

[Vía The Beat]

El Batracio Amarillo cumple 15 años

Si hace poco celebrábamos los 100 números de TMEO, toca ahora hablar de otra celebración de revista satírica: El batracio amarillo cumple 15 años. Y nada mejor que hacerlo el próximo 23 de Octubre, a las 22:00 h. en la Sala Tren de Granada.

Os paso la nota de prensa:
Tras 15 años intentando hacer humor para evitar llorar de la risa, el Batracio Amarillo ha decidido tras una larga reunión de todos sus accionistas celebrar que cumplimos la edad del pavo. Puesto que no son fechas pa jartarse de pavo y además los pavos son unos animales muy simpáticos e inofensivos, tras otra áspera reunión de la cúpula directiva se decidió celebrar una especie de festival en la Sala Tren y olvidar de comernos cualquier animal o cosa: pavos, políticos, marranos….
En estos 15 años hemos sacado a la calle 160 números y más de 30 títulos al margen de la revista. El Batracio nació inspirado en Hermano Lobo y la chispa que la hizo salir a la luz fue la pasividad con la que los estudiantes de 1994 se mamaron la entrada en vigor de los famosos contratos basura, de ahí nació, de una tontería.
Digamos que el Batracio nace con dos intenciones: La primera sería cambiar el mundo más allá de las barras de los bares. Dar la lata hasta que suene a música y hacerlo de tal forma que no se note que el humor que practicamos nace del sufrimiento o lo que es lo mismo: nos reímos por no llorar. La segunda intención es la de servir de puerta o trampolín a cualquier sujeto que armado con un bolígrafo o pluma pretenda desdramatizar un panorama social a través del humor y de paso mande algún mensaje que invite a reflexionar sobre lo que nos están vendiendo.
La leyenda de la cabecera dice así: Revista de humor serio para un país de risa. Pues de eso se trata, de alimentarnos con la sonrisa de los demás y de la nuestra, alimentarnos sonriendo y de paso descubrir que sonreír es la mejor manera de enseñar los dientes al destino. Puedo asegurar que no conozco mejor manera de pasar el trago. Pues nada más, quedan todos invitados al festival de música, flamenco y monólogos que se celebrará el 23 de Octubre a partir de las 22:00 h. en la Sala Tren de Granada.
Un saludo y hasta el 25 aniversario. Palabra.
Fdo. Javier Martín, Editor de la cosa.

¡Felicidades!

El canon del subjetivismo

El otro criterio para juzgar al arte de nuestros días es el del puro subjetivismo, el derecho que tiene cada cual de decidir, por sí mismo, de acuerdo a sus gustos y disgustos, si aquel cuadro, escultura o instalación es magnífica, buena, regular, mala o malísima. Desde mi punto de vista, la única forma de salir de la behetría en la que nos hemos metido por nuestra generosa disposición a alentar la demolición de todas las certidumbres y valores estéticos por las vanguardias de los últimos ochenta años, es propagar aquel subjetivismo y exhortar al público que todavía no ha renunciado a ver arte moderno a emanciparse de la frivolidad y la tolerancia con las fraudulentas operaciones que imponen valores y falsos valores por igual, tratando de juzgar por cuenta propia, en contra de las modas y consignas, y afirmando que un cuadro, una exposición, un artista, le gusta o no le gusta, pero de verdad, no porque haya oído y leído que deba ser así. De esta manera, tal vez, poco a poco, apoyado y asesorado por los críticos y artistas que se atreven a rebelarse contra las bravatas y desplantes que la civilización del espectáculo exige a sus ídolos, vuelva a surgir un esquema de valores que permita al público, como antaño, discernir, desde la autenticidad de lo sentido y vivido, lo que es el arte verdaderamente creativo de nuestro tiempo y lo que no es más que simulacro o mojiganga.

Mario Vargas Llosa, Tiburones en formol, EL PAíS, 5/X/2008

Aunque no comparto el objetivo final del artículo del que he extraído el párrafo (una reivindicación de la necesidad de volver a un canon clásico en el arte), creo que este párrafo define claramente lo que creo que debe ser la evaluación del arte hoy en día. Ya sea porque los cánones se han dejado atrás o porque el canon del siglo XXI tardará todavía siglos en aparecer, el arte debe ser considerado como una respuesta subjetiva a una propuesta estética. Y a partir de ahí debe ser criticado, no desde una simple evaluación académica de reglas, sino desde lo “sentido y vivido”, como dice Vargas Llosa.
Y la historieta, recordemos, es arte.