Luneros atrasados

– Ya están aquíiiiiii: las listas de los mejor del año. Estrena el siempre interesante blog Warren Peace. Atentos porque hay muchos tebeos a descubrir.
Gosh! entrevista a Kevin O’Neil que habla de su trabajo en la Liga de los Extraordinarios caballeros:

Segunda entrega de la entrevista
– Ditko cumple 81 años y Scans daily le dedica un amplio homenaje gráfico.
Vas tú listo, web dedicada a las frikadas, incluyendo desde viodejuegos a cómics
– A través de Mundo D llego a este corto de Roberto Fontanarrosa:

– Gracias a Flora y fauna llego a este imprescindible enlace: 938 portadas de Daniel Gil. Incomensurables.
– Ya lo he recomendado alguna vez, pero no está de más repetir: Edén, por kioskerman
– De Liz Prince ya hemos podido leer algún tebeo gracias a Apa Apa Cómics, pero también podemos seguir sus tiras on line.
– ¡Vuelve +Qcomics! Nuevo diseño, nuevos bríos. Siempre indispensable.

¡Manga!

Tocan reseñas de manga, que ha habido Salón del ídem y hay unas cuantas novedades de las que, creo, vale la pena hablar.
Primero: el mastodóntico volumen recopilatorio de Tekkon Kinkreet que edita Glénat. Un tebeo de Matsumoto Taiyou de extraña filiación, que se mueve a medio camino entre la mejor tradición temática del manga y la admiración rendida al tebeo occidental. Por un lado, una historia de mafias y yakuzas transportadas a un futuro indefinido; por otro, dos huérfanos Shiro y Kuro que defienden su barrio de las intromisiones de los mafiosos. Dos extremos que se unen en un cóctel extraño, de sabor ácido y amargo en algunos momentos, pero sugerente y de lectura cautivadora. Encontraremos tópicos del manga, desde la hiperviolencia a un tratamiento surrealista y mágico, pero mezclados de una forma original y distinta, simbolizada perfectamente en el enfrentamiento constante entre los dos hermanos: Kuro es violento, brutal, pragmático. Shiro es pura imaginación desbordada, un espíritu puro inocente. Kuro cuida de Shiro, la violencia debe velar por la inocencia, una revisión exagerada del amor filial (una versión fraternal extrema del “todo poder conlleva una responsabilidad”) que se verá rota completamente ante la ausencia de Shiro. ¿Qué sentido tiene entonces la violencia aislada? La reflexión es esbozada por Taiyou a partir de imágenes de contundente fuerza, que llevan la voz cantante de una narrativa compleja claramente inspirada en el tebeo europeo. Pese a que el ritmo de la historia está claramente entroncado en la tradición del manga, hay una fructífera fusión entre aquél y la narrativa europea, más rápida, más elíptica, menos descriptiva, que Taiyou incorpora junto a una amalgama de estilos gráficos que va desde las evidentes referencias a Moebius a otras más sutiles que englobarían a José Muñoz (no sólo en trazo, sino en puesta en escena de las viñetas) o Didier Comés, sin olvidar a otros autores japoneses que también han acudido al tebeo europeo, como Katsuhiro Otomo. Es absolutamente innegable el atractivo del resultado final, al que hay que añadir un acercamiento inusual a los personajes y las relaciones entre ellos. Quizás la única objeción que se le pueda poner es que la mezcla casi antinatural de temas resulta al final en un eje argumental excesivamente frágil, que no llega a justificar plenamente todo el múltiple desarrollo de historias paralelas que se nos están contando. Un pero que queda compensado por el indiscutible atractivo y fuerza de cómo se nos está contando la historia y el arrastre que consigue en el lector. Eso sí, la luxación de muñecas que provoca la lectura del volumen sugiere que hubiera sido mucho más cómodo publicarlo en un par de entregas (2+).

Segunda: Nodame cantabile viene precedida de un importante éxito de ventas en Japón, pero en mi caso el interés se debía a la anterior obra de esta autora publicada en nuestro país, la inclasificable Vidas Etílicas, una obra que hablaba de los excesos alcohólicos de su protagonista desde una sorprendente perspectiva, describiéndolo no como un terrible y destructor vicio sino como una forma elegida de vida (hay una reseña en la entrada del 13 de Noviembre de 2004). Sinceramente, tras leer aquella obra, se me hacía muy difícil ver a Tomoko Ninomiya como una autora integrada dentro de un shojo tradicional, hablando de amores para adolescentes quinceañeras. Sin embargo, hay que reconocerle a la autora que consigue una curiosa hibridación entre los requerimientos del mercado y sus inquietudes argumentales con una historia tan aparentemente insustancial como la relación entre dos jóvenes en una escuela de música. Un tema que se desarrolla desde el habitual planteamiento de tensión amorosa (chico no quiere saber nada de chica, chica se siente perdidamente enamorada de chico, etc, etc) pero que Ninomiya contamina su obra de matices absolutamente imprevistos: su personaje principal, Chiaki, cumple las condiciones y normas del protagonista de un shojo (atractivo, inteligente, músico brillante..:) pero Nodame, su compañera de estudios, es aparentemente un excéntrico sinsentido incrustado a presión en la historia, que parece rememorar en ciertos momentos a la protagonista de Vidas Etílicas (síndrome de Diógenes, reacciones extremas…), pero que resulta conseguir una perfecta química para contar esta historia de música clásica con ribetes de comedia absurda desenfrenada. Eso sí, no deja de sorprenderme la capacidad de los autores de manga para conseguir que una temática aparentemente ajena a la historieta se vea integrada y consiga un ritmo que enganche al lector. Si hace un tiempo me maravillaba con el interés que podía conseguir una competición de panaderos en ¡Amasando japan!, reconozco ahora el mismo esquema en esta competición de músicos, que parece ser que ha conseguido desatar (gracias al manga y la serie posterior de actores reales) una nueva fiebre por la música clásica entre la juventud nipona. Lo que nunca viene mal. Curioso. (1+).

Y tercero, el que por fin se haya visto en España una obra de Kazuo Umezu, uno de los grandes de la historieta japonesa. Ponent Mon publica el primer volumen de Aula a la deriva, en la que podemos comprobar la capacidad del japonés para provocar la inquietud y el desasosiego. Aunque su planteamiento no es inicialmente original (una escuela al completo se ve bruscamente trasladada a un lugar desconocido), su desarrollo y la elección de un colectivo infantil como protagonista, con la sola presencia de algunos adultos, consigue una aproximación distinta e interesante, que toma elementos fantásticos para plantear la reacción del ser humano en una situación límite. Hay conexiones evidentes con clásicos de la literatura, como El señor de las moscas, pero Umezu busca fundamentalmente la reflexión sobre los límites del ser humano, sobre su verdadera reacción ante situaciones que exceden lo que puede aguantar el razonamiento y que obligan a una respuesta animal y brutal. La oposición entre la actitud de los profesores y los niños permite a Umezu además desarrollar dos líneas paralelas, enfrentando la reacción supuestamente adulta y reflexiva con la de una mente todavía por formar. La fuerza del relato se basa en una narrativa violenta y exacerbada, muy propia del manga de los años 70 en el que parece que todos los personajes reacciones de forma teatral y extrema, de dramatismo excedido, casi colérico, que puede resultar chocante al lector de hoy, pero que forma parte de la evolución del lenguaje del manga. Una obra importante, en la que muchos reconocerán rápidamente la conexión con obras posteriores como Dragon Head, de Minetaro Mochizuki, una obra que bebe directamente tanto argumental como formalmente del manga de Umezu. La edición de Ponent Mon, como siempre, modélica (3).